"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 7 de noviembre de 2017

Escuelas de arte



Por Fernando Trujillo

“Las obras del estilo VIP no son así porque denuncien a nuestra sociedad banalizada y violenta, son así porque son un producto de esa sociedad. No son reflejo del problema, son parte del problema”

Avelina Lesper

El arte moderno es basura en su totalidad, sé que existen artistas modernos muy talentosos que aun en estos tiempos se podredumbre pueden crear belleza pero en su mayoría el arte moderno consiste en el relativismo, en el así llamado “arte efímero” y en darle un valor artístico a cosas u objetos que no lo tienen.
Este arte moderno, pretencioso, con un discurso seudo filosófico y pomposo, todo este relativismo cultural que opaca a los verdaderos artistas es gestado y patrocinado por las escuelas de arte, antes enfocadas en crear una generación de artistas, ahora albergan y patrocinan a un montón de niños ricos, berrinchudos, sin talento, liberales con un ego demasiado grande.
En mi artículo Las universidades como santuarios del progresismo hable de como la educación universitaria ha sido tomada por completo por el liberalismo, las escuelas de arte son una extensión de este virus pero llevado a niveles extremos y tragicómicos.
Porque las antiguamente respetadas academias de artes eran centros para formar artistas pero ahora es—como toda la educación—un gran negocio, todas estas escuelas con sus colegiaturas altas, su elitismo, forman chicos pretenciosos, forman un arte feminista, posmoderno, políticamente correcto y por supuesto carente de belleza.
Una frase atribuida al cirquero Barnum es que “cada minuto nace un tonto” y el arte moderno así como sus representantes han hecho de esa frase su lema de vida.
Rollos de papel higiénico apilados, cuadros hechos con mierda o sangre menstrual, una montaña de dildos usados pegados, un hombre afeminado cagando en público, un performance en donde una gorda feminista se toma su propia sangre menstrual en protesta contra el patriarcado. No, no es un circo de fenómenos (bueno si lo es), tampoco es una película de terror, es una exposición en un museo, son obras de graduados de escuelas de arte, esa es la educación que se da en esas pomposas escuelas, ahí va el dinero del contribuyente en esos museos y en esas escuelas, en ver obras hechas con sangre menstrual, mierda, orines y basura.

El arte moderno que se enseña en estas escuelas es el de figuras como Warhol, Picasso, Pollock, Matisse y Frida Kahlo a los que se les dedican libros enormes de grandes cantidades de dinero, se les llama maestros, son algunos de los referentes de las escuelas de arte y de los artistas modernos.
Si ven a figuras como Miguel Ángel, el Greco o en general el arte renacentista, lo ven como algo “superado”, algo “retrogrado” y es que en el pensamiento posmoderno, la época del Renacimiento (y en general todo tiempo pasado), es vista como una época “machista”, “patriarcal”, “racista”, etc.
Por supuesto esa época que tanto aborrecen dio al mundo occidental un arte elevado, hermoso, un arte eterno que las mentes sanas aún seguimos admirando y respetando.
Es más que obvio que en esas escuelas de arte jamás van a ver la obra de Arno Breker ni el Arte Heroico surgido en la Alemania nacionalsocialista, eso ni lo mencionan porque para estas escuelas, los fascismos fueron “periodos de militarismo donde no hubo un avance artístico”, además de que pueden herir los sentimientos de sus patéticos estudiantes.
Lo que vas a ver es arte conceptual, performance, arte efímero, relativismo cultural y un montón de seudo filosofía combinada con corrección política.
Ese relativismo cultural es uno de sus pilares, donde predomina la subjetividad, donde impera el dicho “el arte es arte” y “todo es arte”, con esto ponen al mismo nivel la Catedral la Sagrada Familia de Gaudí con una toalla sanitaria usada en una exposición realizada por una artista femenina de la cual nadie recordara su nombre.
No existe el relativismo en el arte, existe el Arte elevado y el arte basura, existe un arte jerárquico, elevado, de alta calidad, una manifestación de la Belleza y que despierta un sentimiento en el espectador. Existe otro arte, un arte hecho para el consumo de un público pretencioso, un arte inferior, de baja calidad, carente de belleza y una manifestación de la fealdad, este arte solo causa indiferencia y risa (en algunos casos) en el espectador.
Así que artistas moderno tu frasco de orina no está al mismo nivel que una obra del Renacimiento.
Hace unos años TV UNAM (Como su nombre lo indica la televisora de dicha universidad) transmitió un reality show llamado <> en que un juzgado conformado por jueces, tutores y “artistas” en el que se mostraba todo tipo de arte basura y pomposo, con jóvenes participantes que no sabían justificar o defender su anti-arte, un espectáculo lamentable que la siempre genial crítica de arte Avelina Lesper se encargó de destrozar en su texto Arte shock, arte soporífero.
En las escuelas de arte ya no se evalúa el talento ni importa el alma sensible de todo artista, todo está encerrado en un frio intelectualismo, con arte efímero para consumo, porque el verdadero arte ya no importa solo crear mercancías de consumo, hacer el ridículo con performances o ese llamado arte efímero.
El arte ha dejado de importar a estas escuelas artísticas, el arte verdadero, estas escuelas sirven principalmente como centros de reclutamientos de antifascistas, feministas, SJW, por-islámicos, toda esa horda que en el mundo occidental se dedica a destruir las calles en manifestaciones, invadir espacios públicos, hacer performances abominables como una representación de la Virgen abortando, atacando ciudadanos que no estén de acuerdo con ellos. Las escuelas de arte sirven para crear estas milicias y el anti-arte moderno es un arma cultural del antifascismo.
Como los performances públicos que realiza el actor Shia LaBeouf en manifestación contra Trump que ha sido arrestado varias veces y cuya credibilidad ha caído más bajo. Otro caso es el de un artista transexual que en protesta contra Trump enfrasco su propia orina en envases. Si señores esto es el así llamado arte moderno que se va gestando en esas escuelas.
A todo esto deberíamos preguntarnos ¿Por qué el arte moderno es tan feo? El controvertido obispo Richard Williamson en sus textos sobre este tema tiene como respuesta que el arte moderno es feo porque las almas modernas es fea, la sociedad moderna está en guerra con lo Divino y este arte presenta esta falta de armonía, esta fealdad.
El arte moderno es basura, es feo, es carente de toda estética porque es un reflejo de la civilización occidental moderna.
Para dar un ejemplo la obra Cristo en orina una fotografía de una representación de Jesucristo bañado en orina del fotógrafo afrocubano Andrés Serrano es considerado una obra maestra, gano el premio de artes visuales del Southeastern Center for Contemporany Art una importante galería de arte de Carolina del Norte.
Esta fotografía celebrada por el mundo artístico es una muestra de lo grotesco y bajo que es el mundo del arte moderno, ahora se imaginan que hubiera pasado si en lugar de Cristo el artista hubiera colocado una imagen de Mohammed, la que se hubiera armado, con protestas, el artista obligado a pedir disculpas, el retiro del financiamiento para dicho museo, musulmanes enojados. Insultar las figuras del cristianismo es válido pero hacer crítica al Islam es políticamente incorrecto en el mundo del arte moderno.
Ramón Bau en su texto Arte y lucha política afirmo que el arte moderno es transmisor de una nueva mentalidad, esta mentalidad está basada en el completo materialismo, la economizacion del mundo y los valores liberales, así podemos decir que el arte moderno es puro consumismo para un público elitista, una vulgarización de una idea tan sublime como lo es el arte a un solo objeto de consumo.
Uno de los iniciadores de esta vulgarización del arte fue Andy Warhol y su pop art, el arte como mercancía carente de identidad y de originalidad, como objeto de consumo público, como una moda pasajera y como mencione antes Warhol y su filosofía son referentes en las escuelas de arte.
Aun en el basurero cultural todavía queda resistencia al anti-arte moderno, el público prefiere visitar los museos donde exhiban las grandes obras de ese “retrograda” pasado, mientras que los museos de arte moderno y las exhibiciones solo son para inflar egos, para platicar, para tomarse selfies pero no para disfrutar el anti-arte. El público prefiere el verdadero arte sobre el anti-arte. Críticos como Avelina Lesper en México han criticado duramente el arte moderno y sus referentes, por supuesto en las escuelas de arte y los museos odian a la señora Lesper y a través de sus espacios en Internet la critican como “anticuada”.
El arte moderno está destinado a desaparecer, no es recordado, sus artistas por mas exhibiciones que monten nadie los tomara en cuenta, todo el dinero invertido en esas escuelas de arte al final sirvió para nada, excepto claro llenar los bolsillos de sus dueños.
El arte sin el elemento sacro, sin verdadero talento es solo mercancía, es solo lo vulgar y lo grotesco, es solo indiferencia y es formado en escuelas sin propósito excepto tener dinero. Este arte moderno que se exhibe en museos carentes de ese ambiente de contemplación y meditación del pasado es solo un circo de fenómenos dentro de otro circo de fenómenos conformado por la política, la economía y la sociedad actual.

Noviembre 2017


Bibliografía

Bau, Ramón (2017). Arte y lucha política. [En red] Recuperado de  http://editorial-streicher.blogspot.mx/2017/04/ramon-bau-arte-y-lucha-politica.html

Mons. Williamson, Richard (2010). Comentarios Eleison. [En red] Recuperado de http://statveritasblog.blogspot.mx/2010/11/arte-moderno-i-y-ii.html

Lesper, Avelina (2017). Warhol y el power fake. [En red] Recuperado de http://www.avelinalesper.com/2017/06/warhol-y-el-power-fake.html

Lesper, Avelina (2015). Art Basel Miami 2015, selfie crisis. [En red] Recuperado de http://www.avelinalesper.com/2015/12/art-basel-miami-2015-selfie-crisis.html


Watson, Joseph Paul (Director). (2016). The Truth About Modern Arte. [Video] Estados Unidos https://www.youtube.com/watch?v=ANA8SI_KvqI

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Nuestra obsesión con los zombies




Por Fernando Trujillo

Están presentes en películas de terror, videojuegos, novelas gráficas y series de televisión, los zombies en los últimos años han tenido un boom en todos los aspectos de la cultura pop, apareciendo en todos los medios de entretenimiento disponible, cada año salen nuevos productos que nos hablan de un apocalipsis zombie y es que la cultura posmoderna ha llevado la fascinación por este monstruo hasta romper todos los limites.
No es nada nuevo, los muertos vivientes han estado presentes desde que George A. Romero lo introdujo a la cultura pop a través de su película La noche de los muertos vivientes y todas sus secuelas y refritos posteriores.
La palabra zombie viene del Vudú pero la visión de Romero—y por lo tanto de toda esta subcultura fascinada por el monstruo—difieren grandemente de la idea inicial, no me adentrare en hablar de las diferencias entre el zombie del Vudú y el zombie cinematográfico, eso nos alejaría del tema que estoy tratando.  
¿Por qué nos fascina el zombie? En si nuestra fascinación no es por el zombie sino por lo que se conoce como “Apocalipsis zombie”, un término introducido en la cultura popular y que describe un mundo dominado por los muertos vivientes y en donde los seres humanos tienen que luchar por sobrevivir.
Todas o casi todas las historias que involucran zombies esta este Apocalipsis zombie que provoca la caída de la civilización del confort y retorna al mundo a un primitivismo en el que solo los más aptos sobreviven.
Es ahí donde radica nuestra fascinación, en un evento que destruya toda o casi toda la civilización para retornar a la condición primitiva humana.
Jack Donovan menciona en un capítulo de The way of men que la idea de un Apocalipsis zombie ofrece la fantasía de retornar a una masculinidad primordial—esa masculinidad “toxica” como la llaman las feministas—y no está equivocado en su observación, una vez que la sociedad de consumo colapsa ese instinto violento y primitivo retorna para obligarnos a sobrevivir en medio del caos.
La fantasía zombie no sería la única que nos permite vivir esa fantasía masculina, todas esas ficciones apocalípticas de un mundo destruido por un gran desastre (guerra nuclear, un virus, extraterrestres, etc.) nos permiten liberar esas fantasías masculinas oprimidas por una mass-media políticamente correcta y dominada por la agenda feminista.
Concentrémonos en los muertos vivientes, la sociedad ha caído, hordas de muertos vivientes van por los pocos sobrevivientes y estos se juntan en grupos liderados por los más aptos para hacer frente a la amenaza.
La serie televisiva The walking dead es un ejemplo de esto, la serie vislumbra una Norteamérica donde hordas de muertos vivientes han arrasado con la civilización, las instituciones del estado han dejado de servir, son obsoletas y solo queda sobrevivir.  
Por supuesto los seres humanos como es su naturaleza se juntan en manadas, los hombres más aptos para el liderazgo asumen el mando mientras que los demás le siguen sobre todo los más vulnerables que resultan ser las mujeres y los niños.
La masculinidad patriarcal tan odiada por el feminismo retorna, es esa masculinidad “toxica” tan odiada por los colectivos de izquierda la que resurge para asegurar la supervivencia de la especie.
En el mundo de The walking dead las instituciones han caducado, los nuevos grupos humanos ya no tienen senadores, burócratas, abogados, nada de eso sirve (habría que preguntarse ¿Ha servido alguna vez?), hemos retrocedido a los tiempos en los que los más fuertes, los más astutos gobiernan por medio de un arma.
“Esto no es más una democracia” menciona el protagonista Rick Grimes en un punto de la serie, los votos y todo el sistema democrático han caído, ahora quienes rigen son los chicos malos, los más despiadados, los más brutales, los que tienen que tomar las más duras decisiones y no temen mancharse las manos por el bien de la manada, se ha regresado al barbarismo. Eso lo dice la escena del primer capítulo con Rick Grimes cabalgando en medio de una ciudad en ruinas y con un arma en la mano.
Así en este escenario vemos a personajes que encarnan esta masculinidad primordial como Daryl Dixon, un motociclista, un tipo duro, un cazador, originario de la América rural de la que los medios de comunicación y las grandes ciudades tanto se burlan y desprecian, ser uno de los héroes y líderes que el nuevo mundo necesita.
The walking dead el tema de los zombies es secundario, la verdadera trama es los grupos humanos luchando por sobrevivir, el colapso de la civilización y el resurgimiento del tribalismo. Si el mundo posmoderno el individualismo es un dogma—rige el “cada quien vive como quiere”, el “soy único y diferente”, etc. —en el mundo tribalista es el colectivo, la manada lo primordial sobre el individuo.
He dicho que en este nuevo mundo la democracia y las buenas maneras han desaparecido, gobiernan los más fuertes y los más aptos, en estas nuevas tribus hombres como el Gobernador y Negan han ascendido al poder.  
El primero se nos dice que en el mundo anterior a la catástrofe tenía un empleo regular y era alguien casi invisible, con la caída de la civilización ha sacado todo su potencial reprimido, toda su astucia y maldad para hacerse con el poder y mantener unida a la manada. Por otro lado Negan el villano por excelencia con su chamarra de cuero, su sonrisa despiadada, sus botas negras y su bate Lucille destrozando cráneos y teniéndolo como símbolo de su autoridad.
Por supuesto nadie pone en duda que tanto el Gobernador como Negan son sociópatas que nadie quiere ser regido por ellos pero en un mundo donde la civilización ha desaparecido y solo quedan manadas humanas, hombres como ellos mantienen unida a la tribu aunque sea a través del miedo.
Las tribus celtas, vikingas, los primeros romanos, los barbaros no estaban liderados por gente razonable ni de buenos sentimientos, sino por hombres despiadados y sanguinarios que la psicología moderna calificaría de sociópatas.
El comportamiento brutal de Negan no se diferenciaría de un líder como Temujin (Gengis Khan) o de un Alarico (rey godo que saqueo Roma), es un hombre despiadado para un entorno salvaje.
Claro y como no puede ser de otra manera The walking dead tiene mujeres fuertes para cubrir la dosis de feminismo obligatoria, así tenemos a la marimacha Michonne que representa a la mujer fuerte, independiente, desprovista de feminidad que es una máquina de matar y que resulta el personaje políticamente correcto de la serie (mujer afroamericana, feminista, etc.).
Tanto en The walking dead como otros productos de temática similar están el colectivismo como forma de supervivencia en un entorno hostil, las armas tan odiadas por la corrección política son ahora vitales para la supervivencia, volvemos a las leyes naturales donde los más aptos sobreviven y por supuesto en nuestras fantasías nosotros somos los más aptos.
Tanto es así que he visto memes o estados de Facebook que dicen más o menos así: “situación actual: esperando el Apocalipsis zombie” y es que sirve de escapatoria para nuestras vidas rutinarias, nuestros trabajos rutinarios y sin sentido, el vivir dentro de una sociedad que ha anulado toda masculinidad en pro de una agenda feminista.
La cacería, las corridas de toros, el consumo de carne, las armas, hasta beber una soda con un popote son censuradas y vistas como incorrectas por una sociedad con políticas inclusivas, pacifistas y sumamente feministas.
The walking dead y los numerosos Apocalipsis zombies son escapatorias para esa masculinidad reprimida.
El camino de los hombres, es el camino de la manada, de la tribu, si estas solo en un mundo infestado de muertos vivos estar solo te lleva a ser devorado por ellos. Sin querer la serie da el mensaje de que la tribu, el grupo de hombres por encima del individualismo posmoderno, pero eso lo opacan con feminismo introducido y la corrección política que corre en las últimas temporadas.
La pandilla de hombres, el grupo de hombres es una idea fascista, en un mundo de muertos vivientes es entonces donde grupos de hombres como Amanecer Dorado y CasaPound son el último bastión que queda.
Nuestra obsesión por los zombies, escondería nuestra obsesión por retornar a la masculinidad, a la libertad, a la manada frente a la civilización, a todos esos aspectos salvajes y viriles que nos hacen humanos.


Noviembre 2017

viernes, 20 de octubre de 2017

Islandia



Por Xavier Bankimaro
Si observas un mapa del mundo o un globo terráqueo y localizas Islandia, te das cuenta de que está justo en el fin del mundo: muy al norte, cerca del ártico, en una posición geográfica y poética que la aleja de Europa, pero también de América, un simple y libre más allá.
Sólo por el origen escandinavo de sus habitantes y su situación política es que se denomina un país europeo. Y menciono lo anterior porque para ser descendientes de los vikingos, su temperamento es increíblemente pacífico y moderado en general; tal vez se deba a sus géiseres que hacen que todo rastro de ira sea expulsado de sus entrañas en forma de agua hirviendo, desde lo más profundo de la tierra, desde lo más profundo del infierno, hasta ser enfriado por sus majestuosos cielos, extirpando así los demonios de la isla.
Sus paisajes son tan hermosos que de noche, cuando se observan las auroras boreales, pareciera que así como en algunos lugares el cielo se duplica en el mar, en Islandia las montañas se duplicaran en el cielo; jardines flotantes donde los adultos aún pueden soñar a que son niños y los niños a jugar que aún pueden, en este mundo predador, a ser niños.
Hay menos islandeses en todo el mundo que en un sólo distrito de ciudades como México, São Paulo, Nueva York, Londres, Berlín, Tokio…
Sólo hay dos caminos cuando todo esté perdido: la locura o Islandia.
Cuando todo vaya a morir, cuando se acerque cuando se acerca el apocalipsis, cuando el corazón se despedace en amorfos pedazos de hielo…
Toma un globo terráqueo o un mapa y concéntrate en Islandia, y comprende que siempre hay un lugar más allá de donde estamos, un fin del mundo que nos ofrece otro camino hacia otro fin del mundo.
Un territorio inexplorado, un agujero en la jaula por el que no te has asomado y ofrece, por lo menos, la ilusión de un escape.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Mishima y la homosexualidad



Por Fernando Trujillo

Junio ha sido declarado el mes gay por la comunidad LGBT y este mes se asocia a esta cultura con marchas, reivindicación de personajes asociados a los ambientes homosexuales o que haya aportado algo a la cultura gay.
En estos festejos el Lobby LGBT nunca ha mencionado y hecho apología de la obra del autor Yukio Mishima siendo este uno de los primeros autores en abordar de forma abierta este tema. ¿Por qué? Hay muchas razones pero principalmente porque la figura de Mishima es el opuesto a los ideales del lobby gay.
Mientras que la comunidad homosexual occidental predica un estilo de vida basado en el hedonismo y los valores burgueses, Mishima predico la acción, los valores tradicionales japoneses frente a los valores occidentales decadentes. Mientras que ellos ponen de ejemplo un tipo de hombre afeminado, vestido de colores chillones y exhibicionista, Mishima era ejemplo de masculinidad, militancia, estética aristocrática frente a la anti-estética y el mal gusto de la comunidad gay occidental.
Pero más que nada se debe a que la obra temprana del autor se aborda la homosexualidad no como algo “fabuloso”, sin gozo ni alegría sino como algo tormentoso. Las novelas Confesiones de una máscara y Colores prohibidos ambas presentan a personajes atormentados y confundidos con su propia sexualidad, la primera es la narración de un joven que oculta su homosexualidad y que remite a varios paisajes autobiográficos del autor—narrando un episodio verdadero de la adolescencia del autor en el que se masturba con una imagen de San Sebastián—su admiración en secreto por el cuerpo masculino y su intento de enamorarse de una muchacha de su edad, el personaje de Confesiones no celebra su propia homosexualidad, intenta cortejar y enamorarse de una muchacha pero cae en frustración cuando sus instintos homosexuales se lo impiden. Lejos de ser una apología Confesiones de una máscara es un relato trágico de una persona homosexual, más apegado a la realidad que la ficción gay posterior.
La siguiente novela Colores prohibidos publicada en 1951 es una historia trágica sobre un escritor ya anciano obsesionado con un atractivo joven al que convence de seguir un plan perverso para vengarse de todas sus frustraciones con el sexo femenino. La novela es la más abiertamente homosexual del autor y en ella nuevamente vemos el elemento gay no como algo saludable o divertido sino como algo insano, bajo, como elemento asociado al odio hacia las mujeres y a la frustración sexual, el personaje de Yuichi el joven hermoso objeto del viejo escritor, al no poder amar a las mujeres se embarca en los bajos fondos en busca de sexo tanto con hombres como mujeres, busca destruir a las mujeres en un juego insano entre el joven y el anciano.
En ambas novelas la condición homosexual se presenta como un elemento trágico, el autor nunca celebro su propia homosexualidad, tampoco la condeno abiertamente sino que fue esta asociada a una dualidad de erotismo y muerte, en toda su obra hay siempre se encuentra presente esta dualidad, el amor y la muerte, lo fuerte y lo débil, todo converge en una narración trágica y pasional.
Donde se presenta mejor esta dualidad entre el Eros y Thanatos es en el relato Kyoko’s House (adaptado brillantemente por Paul Schrader en su biopic sobre Mishima), donde un joven actor se involucra en una relación sadomasoquista que termina en un pacto suicida y en relato corto llevado al cine, Patriotismo donde el protagonista comete con un suicidio ritual frente a los ojos de su amada.

Mishima antes que nada fue un samurái y un poeta, no quiso solo escribir sino hacer de su vida una obra viviente, vivir el camino del samurái. Por eso ejercito su cuerpo, el cuerpo flácido está asociado con la fealdad, con la modernidad, mientras que un cuerpo musculoso está asociado con lo fuerte, con lo alto, con los valores del guerrero.
Dentro de la mentalidad posmoderna es común ejercitar su cuerpo para ser más atractivo frente a otros hombres y mujeres, para conseguir sexo en un bar, por tener una buena salud pero no para ser mejores hombres o mujeres, solo por atractivo físico. Mishima realizo un culto al cuerpo por ambas razones, un cuerpo musculoso es hermoso pero también representa una masculinidad sana frente al cuerpo decadente de la posmodernidad.
Todas estas cuestiones están recogidas en su ensayo Sol y Acero, el ejercitar el cuerpo no es con fines meramente sexuales sino para ser un mejor hombre, un samurái.
El ejercitar el cuerpo masculino está asociado a la comunidad gay, no para ser mejores hombres sino con fines sexuales, la sexualizacion masiva del cuerpo y el ver todo de una manera sexual es herencia del freudianismo.
Mishima predicaba la masculinidad frente al afeminamiento del hombre moderno, el heroísmo frente al hedonismo y la promiscuidad.
Pero más que nada Mishima hablaba del autocontrol, el someter tus bajas pasiones mediante el entrenamiento del cuerpo y el espíritu. Esa es una de las razones por las que el lobby gay nunca lo ha usurpado como un icono para su agenda, porque la filosofía tras su obra y vida contrasta con todas sus ideas.
El lobby gay quiere una agenda arcoíris, presentar una imagen homosexual desbordante de alegría, optimismo, una vida que se presenta fabulosa. Mishima es un pesimista, un hombre trágico, la condición homosexual se presenta sórdida y trágica, todo un contraste con ese “mundo fabuloso” que los medios a favor del lobby nos quieren mostrar.
El lobby gay quiere personas exhibicionistas, vestidos de colores, promiscuos y descontrolados. Mishima predico la mesura, el autocontrol, la ética frente a la inmoralidad, las tradiciones de su patria frente a las ideas occidentales.
A pesar de estas diferencias, en su vida personal Mishima mantuvo una amistad con Akihiro Miwa, cantante, director y compositor abiertamente gay y drag queen, actualmente un símbolo del lobby gay en Japón.
Miwa compuso una pieza para una adaptación de un texto de Mishima al teatro, desde ahí mantuvieron una cercana amistad hasta su suicidio ritual en 1970.
Mishima es uno de esos “homosexuales de derecha” como Jack Donovan y Michael Kuhnen (uno de los primeros lideres neonazis en Alemania, expulsado de su propio movimiento debido a su homosexualidad y muerto de Sida en 1991), personajes incomodos para el lobby gay y que su estilo de vida así como su pensamiento es una Cosmovisión totalmente diferente y opuesta a este.
Mishima contrajo nupcias en 1958 con Yoko Sugiyama la cual le dio dos hijos, posiblemente nunca supero sus tendencias homosexuales pero si las controlo por medio de la autodisciplina y el estilo de vida del samurái.
La lección en todo caso es que una vida de disciplina, guiada por la ética del guerrero puede subliminar y someter las pasiones, la mesura como forma de vida.
Por todas esas razones Mishima nunca será un icono gay y es mejor asi. Su vida y su obra han superado toda la vulgaridad de la época posmoderna.


Septiembre 2017

sábado, 9 de septiembre de 2017

La identidad mexicana



Por Fernando Trujillo

“Respeta la raza, la cultura y la identidad de todo pueblo. Al tuyo amalo”

Pedro Varela

En este mes conocido como “mes de la patria” de venta de banderas en cada puesto, de que el gobierno y la televisión hacen apología de un patriotioterismo artificial, de exclamar “¡Viva México!” como mantra, de vestir sombreros charros y embriagarse con tequila barato en las llamadas “fiestas patrias”—algo que puedes hacer cualquier fin de semana—mientras gritas “viva México” con una bandera hecha en China, es necesario revaluar lo que es la identidad mexicana o mejor dicho las identidades mexicanas.
Septiembre es pura mercadotecnia, la independencia se dio el 24 de agosto de 1821 con la firma de los Tratados de Córdoba entre Don Agustín de Iturbide y el virrey Juan O’Donoju y si vamos más atrás veremos que la verdadera independencia se dio cuando Hernán Cortes y los conquistadores liberaron a los pueblos indígenas del yugo de los tiranos aztecas.
¿Qué es la identidad mexicana?
Primero que nada en vez de hablar de una sola identidad mexicana deberíamos hablar de diversas identidades mexicanas, porque el territorio mexicano es tan diverso y cada uno de sus pueblos es tan diferente.
La idea de una única identidad mexicana es una creación centralista-federal para borrar toda la diversidad del territorio y mantenerlo sometido a la tiranía republicana. Una misma identidad para atraparlos a todos, emulando al Anillo Único de Sauron de la literatura de Tolkien.
En el contexto indígena, México no es un país azteca—como la historia oficial y el discurso patriotero nos imponen—existen diversos pueblos indígenas como los mayas, los zapotecas, los totonacas, los chichimecas y los tan odiados por la historia oficial tlaxtaltecas. La Corona Española entendió estas diferencias y por eso respeto la libertad y autonomía de los indígenas, cosa que la republica masónica nunca ha hecho.
Pero el territorio mexicano no es únicamente los pueblos indígenas, sino y sobre todo la herencia hispano-criolla y esta herencia es tan diversa que no se puede juntar en una misma idea de “identidad nacional”.
Esa idea de crear una única identidad nacional nació con la republica que a fuerza quiso crear una misma historia, una uniformidad y eliminar los elementos que son parte del alma hispana (la monarquía, la fe católica, etc.), creando una identidad artificial que nunca ha correspondido con los pueblos de México.
En realidad no existe tal cosa como la identidad mexicana, existen la identidad yucateca, la identidad regimontada, veracruzana, tapatía, chiapaneca, etc. Existen muchas identidades unidas por el elemento hispano-criollo como nuestra herencia.
Cada uno de estos pueblos tiene su propia idiosincrasia, sus propias tradiciones y raíces. Me explico, no es lo mismo la idiosincrasia del yucateco que la del regimontano o la del michoacano, si visitas cada uno de los estados veras que su gente, sus costumbres y formas de pensar son muy diferentes. Nos une el español y la herencia hispana pero en si somos muy diferentes unos de otros.
Una de las principales razones del estancamiento del país es debido a que estamos atados al gobierno capitalino, una ciudad cosmopolita y liberal que no respeta y somete la cultura y diversidad de otros estados.
La Corona Española entendió esta diversidad y los imperios de Iturbide y Maximiliano pero la república se encargó de acabar con la diversidad cultural.
Una vez independizado y derrocado el imperio de Iturbide, se impuso el sistema republicano, copia del yanqui pero totalmente mal hecho, la republica masónica conformada por burgueses que odiaban la herencia hispana y su diversidad se encargaron de crear divisiones artificiales de los estados y su ineptitud provoco la gran pérdida de la totalidad del territorio del norte a manos de Estados Unidos.
A la republica masónica no le interesaba tener pueblos orgullosos de su identidad y de su historia, así que mutilo al país creando estados artificiales y se encargó de crear una sola identidad basada en los valores republicanos.
Con el fin del imperio de Maximiliano, Juárez reafirma y hace más fuerte el sistema republicano y desde ahí se estableció una misma identidad (liberal y anti-tradicional), una misma historia oficial, un mismo sistema de gobierno. Todo ello artificial.

En el siglo XX la hegemonía cultural del cine, la televisión y la música se han encargado de crear y recrear una falsa identidad nacional.
Así el temprano cine mexicano impuso la imagen del charro, del mexicano cantor, pícaro y tramposo. La figura del charro es auténtico de Jalisco, es una expresión cultural propia de los tapatíos pero no de los otros pueblos. Pasa lo mismo con la música de mariachis que es propia de Jalisco, Colima y Michoacán, es música folklorica de esos estados pero a mí como yucateco y neoleonés no me representan.
Las figuras del charro y el mariachi son propiamente hispano-criollas y resulta una contradicción muy grande que sean parte de una identidad nacional artificial que ve a los españoles como invasores y genocidas.
Alrededor del mundo se asocia al mexicano con el charro y el mariachi, esta exportación ignora los trajes típicos de los otros estados y crea una falsa uniformidad.
Otra imagen de falsa identidad nacional es el pachuco, imagen importada por los chicanos de Estados Unidos, el pachuco es una figura relacionada a ambientes barriobajeros, criminales y marginales, el cine y la televisión se han encargado de hacer del pachuco otra cara de México a través de figuras como el cómico Tin Tan y la música de la Maldita Vecindad. Así tenemos la imagen del mexicano como pachuco, vendiendo drogas o regentando un burdel, si esa es la imagen que exportamos a todo el mundo.
Pero de todos los estereotipos e identidades artificiales la peor es la figura del chilango. Nombre con el que se conoce a los habitantes de la Ciudad de México, la hegemonía cultural han convertido al chilango en sinónimo de identidad nacional.
Bandas como Café Tacuba, Molotov y la antes mencionada Maldita Vecindad se han encargado de importar a todo el país (y al mundo) la imagen del chilango barriobajero, mal hablado, resentido socialmente, asociado con el aberrante lema de “el pueblo unido jamás será vencido”. Por su puesto la imagen del chilango es alguien perteneciente a la izquierda política, desarraigado de sus raíces hispano-europeas.
El cine mexicano (cada vez más sórdido y repulsivo) importa esta imagen, el chilango viviendo ya sea en su faceta de “naco” viviendo en barrios, delinquiendo, siendo oportunista y tramposo o en su faceta de “mirrey” drogándose en elegantes vecindarios, conduciendo autos lujosos y diciendo “wey” en cada línea, se han convertido en dos caras de la misma moneda, arquetipos decadentes de una identidad artificial cada vez más repulsiva.
La hegemonía cultural volvió al chilango símbolo de identidad nacional, esta imagen corresponde a la capital no a los otros pueblos de México.
La republica masónica ha creado una identidad única y artificial importada en la que el chilango es el mexicano ideal, Frida Kahlo y Diego Rivera son símbolo del mundo del arte, Benito Juárez y Pancho Villa son los héroes por excelencia y la música de Café Tacuba es nuestro máximo intérprete. Ídolos esquizofrénicos y mediocres para una identidad esquizofrénica y mediocre. Toda esta (anti) cultura no me representa.
Todos estos elementos mencionados son celebrados cada “mes patrio” como símbolos de la identidad mexicana, una identidad que resulta ser un monstruo de Frankenstein cultural.
Los pueblos que conforman México tienen cada uno su propia identidad, su propia cultura y tradiciones que no se acoplan a una única identidad, compartimos valores como la herencia europea y la fe católica, la hispanidad es tan diversa y en el entendimiento y respeto de esta diversidad puede haber un avance.
No somos un país chilango, no somos un país azteca, somos un territorio diverso con pueblos que poseen su propia alma e identidad.
Frida Kahlo comunista y feminista podrá representar a la muy liberal CDMX pero a mí no me representa, a mí me representan los Montejo los fundadores de la ciudad de Mérida y don Luis de Carvajal y de la Cueva fundador de la ciudad de Monterrey.
Si ha de haber una nueva independencia será la de los pueblos libres de México contra la tiranía neo-mexica de la capital, por el derecho y el respeto a su identidad.
Este septiembre no festejare ni los héroes ni la mercadotecnia republicana, en todo caso a los verdaderos libertadores: Hernán Cortes y Agustín de Iturbide, héroes y hombres de honor borrados por el federalismo de (su) la identidad nacional.

Septiembre 2017



viernes, 18 de agosto de 2017

Monumentos y ciudades



Por Fernando Trujillo

Las protestas en Charlottsville han dado la vuelta al mundo, no obstante los medios lejos de hablar de la protesta en si, han hablado de que algunos de sus participantes portaban banderas con esvásticas, banderas confederadas y estética del Ku Klux Klan.
Una horda conformada por antifascistas, feministas y SJW llegaron como grupos de choque a frenar la protesta, cosa que los medios de forma hipócrita buscaron torcer a su favor y tergiversarla para que parezca que los nacionalistas fueron los causantes y de esta forma seguir criticando—como lo han hecho ininterrumpidamente desde la elección—la presidencia de Trump.
Pero en todo el circo mediático armado por la prensa, se olvidó—o se dejó en segundo término—que la marcha fue para protestar contra el retiro de la estatua del general confederado Robert E. Lee.
No es mi intención dar una larga explicación sobre la Guerra Civil Norteamericana, sus causas y consecuencias para la actualidad—lo cual sería un tema largo y extenuante—solo decir que a diferencia de lo que afirman los medios no solo blancos fueron a la marcha, sino personas de todas etnias a defender su historia de las corrientes políticamente correctas, los blancos no solo fueron neonazis—estos fueron una minoría—sino pertenecientes a la alt-right, libertarios, capitalistas, de varias ideologías pero unidos por una conciencia racial e identitaria, en defensa de su historia.
Los colectivos de izquierda están buscando desaparecer toda la historia por no ajustarse a sus normas políticamente correctas, quieren no solo remover los monumentos a los héroes confederados sino que también remover monumentos y estatuas hechas a héroes nacionales como Theodore Roosevelt y hasta se habla de George Washington por haber poseído esclavos (cosa común en su tiempo), esto último lo que dijo el presidente Trump en su discurso.
Pero esto no es exclusivo de Estados Unidos, desde hace años la izquierda iberoamericana de corte indigenista, ha ido vandalizando y destruyendo los monumentos a los conquistadores, cada 12 de octubre estos colectivos manchan de pintura roja y hasta derriban los monumentos, además de vandalizarlos escribiendo frases denigratorias.
Tal como paso en Chiapas donde en el año de 1992, el EZLN y agrupaciones indigenistas derriban la estatua de Don Diego de Mazariegos y Porres, conquistador y fundador de la ciudad de San Cristóbal de las Casas.
En Mérida se intentó hacer lo mismo con el monumento a los Montejo, se ha llamado a su derribo, se ha exigido al gobierno local que las estatuas sean retiradas, pese a que fueron los Montejo los fundadores de la ciudad.
Lo irónico es que la mayor parte de los miembros de estos colectivos viven en las ciudades fundadas por los tan odiados conquistadores, fueron ellos quienes erigieron aquellas majestuosas ciudades, con su bella arquitectura, sus edificios y catedrales, parte de la herencia europea que es nuestra.
Pasa lo mismo en grandes ciudades como Buenos Aires y hasta Madrid donde la estatua de Hernán Cortes es manchada de pintura roja cada doce de octubre.
Tanto en los casos de los confederados en Estados Unidos como los conquistadores en Hispanoamérica se ve reflejado el odio de una horda sin identidad, sin cultura y sumamente caprichosa que buscan destruir el legado de los hombres que construyeron sus ciudades y sus naciones.
Esos monumentos no están de adorno sino como un homenaje a los fundadores de las ciudades, los héroes que nacieron en ellas y que construyeron esa tierra.
Pero la izquierda tanto en el primer como en el tercer mundo son agentes del globalismo, buscan la destrucción del pasado y de la identidad para imponer un Pensamiento Único regido por la corrección política y el feroz liberalismo cultural.

En Sucia los colectivos de izquierda repudian y hasta destruyen el legado vikingo, en Francia la estatua a Juana de Arco es vandalizado y se busca que se retire. La izquierda siente un extremo odio por el pasado—al que estúpidamente se le califica como retrogrado—pero por el pasado europeo, en realidad no buscan reivindicar los derechos de ninguna minoría ni de ninguna cultura “victima”, sino es solo puro odio por la herencia europea, por sus logros y hazañas.
Las plebes aborrecen todo lo que es grande, todo lo que es hermoso, el sentido aristocrático de una gran cultura, esta es la revuelta de esas plebes contra la grandeza del pasado.
Ellos son una subcultura de lloriqueos, de “espacios seguros”, de arcoíris, música rap y la idea de imponer una aldea global donde las ideas de raza y nación sean abolidas, fuera de eso no tienen ninguna retorico, solo un fanático odio por la herencia blanca.
En España se vienen retirando nombres de personajes asociados al franquismo de las calles, por esa iniciativa llamada “ley de memoria histórica” apoyada por Podemos y colectivos de izquierda asociados, hace poco el parlamento aprobó retirar el cadáver de Francisco Franco del Valle de los Caídos y también borrar toda simbología franquista por exigencia de los colectivos de izquierda.
Lejos de ser un acto reivindicativo es un acto de resentimiento y odio puro, esta plebe no conoce la historia—ni busca conocerla—sino destruirla, reescribirla bajo el Pensamiento Único, solo lo motiva el odio contra todo lo que es superior.
Son estos colectivos los que reivindican y llaman “expresiones culturales” a asociaciones delictivas como la mara salvatrucha, los latin kings, los cholos y la cultura de pandillas, con la música rap y hip hop, toda una plebe amparada bajo los derechos humanos que destruyen las grandes ciudades de herencia europea como Buenos Aires en Argentina, Sao Paulo en Brasil, Córdoba, Monterrey y Guadalajara en México, así como las bellas ciudades del suroeste norteamericano con ciudades con una herencia española, francesa y anglosajona.
De la misma manera que la izquierda predica la iconoclasta, en Medio Oriente el Califato del Estado Islámico destruye las pirámides, las estatuas dedicadas a los antiguos dioses sumerios y asirios, arrasa con el pasado pagano de esa tierra por ir contra los preceptos de su fe, así como asesina indiscriminadamente a los yezidis, busca borrar la herencia de los viejos pueblos para debilitar espiritual y moralmente a los pueblos sometidos.
Destruir los monumentos, retirar las estatuas, borras la herencia europea, de esa forma quedara un pueblo vacío y dispuesto a ser llenado con cualquier ideología nociva, con un Pensamiento Único y totalitario—el Islam en medio oriente y el liberalismo cultural en Occidente—para conquistarlos.
Paso en Chiapas, una vez que el EZLN derribo la estatua del fundador de San Cristóbal de las Casas e impuso en sus comunidades un indigenismo total, donde predominaba un odio por la herencia hispana y católica.
En la actualidad Chiapas no solo es uno de los estados más pobres de México sino que también se presentan sectas protestantes y donde ya hay una mayoría musulmana. Es la consecuencia cuando se borra la identidad de un pueblo.
Citando la tan trillada pero totalmente real frase de Orwell: quien controla el pasado, controla el futuro y los oligarcas que están en el poder, la hegemonía cultural dominante busca destruir ese pasado para tener un futuro que controlar.
Ese pasado tan—para los liberales—“retrogrado, racista y homofóbico” fue forjado por hombres y mujeres mucho mejores que los del presente, hombres de honor como el general Lee que buscaron la autonomía del gobierno yanqui y ese fue su pecado para el gobierno de Lincoln y para el presente posmoderno.
La bandera confederada no es un símbolo de odio sino de identidad, así como la estatua erigida en su honor y esas ciudades que una generación orgullosa de su raza y su cultura erigieron. Esa es la cultura que hay que defender.
En el combate cultural la defensa de los monumentos es otro frente en el cual pelear por preservar nuestra identidad.
No solo son edificios, ni estatuas, son herencia y son nuestra identidad, aquí la de los conquistadores y ahí la de los confederados.
Esa es la herencia por la cual enorgullecernos y la cual proteger para que una generación mucho mejor que esta pueda verla y apreciarla.

Agosto 2017


miércoles, 9 de agosto de 2017

México es un país de dinosaurios



Por Fernando Trujillo

El día de ayer falleció Eduardo del Rio, conocido popularmente como “Rius”, caricaturista (o monero como se les llama), famoso por su historieta “Los Supermachos”, su crítica política orientada a la izquierda y su ateísmo militante que plasmo en sus libros.
Desde el día de ayer he leído elogios y despedidas por parte de medios intelectuales, la revista Gatopardo público ayer un texto que se titulaba “Adiós a Rius, el caricaturista que educo a México”, en este texto se encuentra una frase del intelectual de izquierda Carlos Monsiváis que reza lo siguiente: “En México existen tres sistemas educativos nacionales: la Secretaria de Educación Pública, Televisa y Rius”, agrega Monsiváis (no en esta revista) que Rius era más importante para la educación que la SEP.
Ahora podemos entender porque México esta y sigue anclado al tercermundismo.  
Los libros—mejor dicho panfletos—de Rius son entretenidos si tienes menos de veinte años y eres fácilmente impresionable pero una vez que maduras y lees más allá de la literatura mexicana contemporánea—en su mayor parte que viene de pensadores de izquierda—veras que Rius lejos de ser un “maestro” o un intelectual, era un panfletero de la izquierda mexicana. Con esto no estoy insultando su memoria sino que estoy diciendo la verdad.
El activismo político mexicano, la clase intelectual y los movimientos de izquierda suelen llamar al PRI como “dinosaurios” y ese término se le conoce al partido pero déjenme decirles que el PRI y la clase política no son los únicos dinosaurios, sino la clase intelectual a la cual perteneció Rius.
Si, México es un país de dinosaurios.
La clase intelectual mexicana conformada por el fallecido Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, el colombiano Gabriel García Marques—mexicano por adopción—y por supuesto Rius, son todos ellos dinosaurios, todos homenajeados, laureados, ganadores de elogios y considerados maestros por los movimientos estudiantiles y la misma clase política a la que critican.

Rius era un monero que desde el principio de su carrera supo acercarse al pueblo con su crítica política de forma humorística, respaldo la tiranía comunista de Castro—misma que el PRI al que tanto criticaba respaldo también—en su libro Cuba para principiantes, muchos años más tarde expresaría su desilusión del régimen.
De la misma manera la clase intelectual se acercó al pueblo, solidarizándose con causas sociales, usando el lenguaje popular para sus textos y criticando las instituciones del gobierno y la Iglesia Católica a las que culparon de todos los males del pueblo mexicano.
Así Rius con su crítica fácil y digerible del gobierno y la Iglesia a través de sus dibujos, Poniatowska con La Noche de Tlatelolco se volvieron referentes de los movimientos sociales en el país. Sus libros son leídos y citados por estudiantes de izquierda, se les llama maestros en centros de estudio, en el caso de Poniatowska es una referente incuestionable del activismo político de izquierda.
Descendiente de la nobleza europea y de una familia porfirista exiliada, ostenta irónicamente el título de princesa de Polonia, un título que ha rechazado debido a sus ideas políticas. Poniatowska es una de las más fieles partidarias de López Obrador en sus campañas presidenciales y actualmente está afiliada a su partido MORENA—partido conformado en su mayoría por exmilitantes del PRI—haciendo apología y campaña por el político, la princesa roja—como es llamada—es una crítica del poder establecido no obstante no duda en acudir a los homenajes y recibir premios por parte del mismo sistema político o de tomarse fotos con el antiguo presidente Carlos Salinas de Gortari.
Es que la clase intelectual mexicana vive afirmando que se solidariza con el pueblo, criticando a la supuesta ultraderecha política y culpándola de todos los males de los mexicanos, al mismo tiempo que como Poniatowska, el fallecido Monsiváis y Taibo II respaldan a un miembro de esa misma clase política a la que tanto critican, porque si López Obrador es parte del circo politiquero de México.
Para esta clase intelectual no existe ninguna crítica, son venerados ciegamente por la izquierda juvenil que ve en sus libros una verdad incuestionable, para ellos solo existe el elogio perpetuo tanto de los colectivos de izquierda como del sistema político e intelectual.
Más que educadores tanto Rius como Poniatowska son adoctrinadores de la izquierda, intelectuales que se quedaron anclados al esquema político de la Guerra Fría y de ahí no evolucionaron más.
La izquierda occidental evoluciono—o involuciono mejor dicho—pero en México se quedó en el sesenta y ocho, el mismo tipo de pensamiento político intransigente, la misma defensa del comunismo y el mismo anti-priismo.
Pero las cosas han cambiado, el comunismo es un sistema obsoleto reducido a unos pocos países, el PRI de los sesenta—cuando Rius y Poniatowska empezaron a escribir—ya no es el mismo sistema totalitario con su presidencialismo incuestionable, todos pueden criticar al partido, pueden burlarse del presidente en redes sociales y en espectáculos de stand up (cosa impensable hace treinta años), pueden escribir sus críticas políticas en periódicos y redes sociales, si en la CDMX un policía reprime a un manifestante los organismos de derechos humanos, periodistas y asociaciones civiles se encargaran de que el estudiante quede libre y hasta se cese al policía, los manifestantes están protegidos por estos organismos. Televisa lejos de ser una televisora conservadora es portadora de una agenda liberal a favor del feminismo y el LGBT mientras que la Iglesia Católica carece de ese gran poder que la historia oficial le otorga.
Ese mismo pensamiento ya obsoleto es el mismo que se mantuvo en la mayor parte de la obra de Rius.
¿Cuál es la trascendencia de Rius?
Ninguna, tanto Rius como Poniatowska, Monsiváis y Taibo II supieron aprovechar las lagunas culturales de las que adolece el pueblo mexicano e hicieron una crítica superficial y fácil para ganárselo.
Si Rius trascendió más allá de los sesenta fue por la misma clase intelectual, el mismo sistema al que crítico y por supuesto la izquierda política.   
Si la narrativa del chairismo mexicano es que Televisa y el gobierno le daban basura al pueblo, pues Rius y los suyos le dieron también basura solo que roja.
En el caso del fallecido Rius supo adoctrinar mediante dibujos, una forma sencilla (y manipulada) de hablar de política, religión e historia.
Cuando alguien menor de veinte años lee por primera vez alguno de los librillos de Rius queda impresionado, son lecturas sencillas y con el objetivo de moldear la mente del lector, conforme uno va creciendo va leyendo más, investigando más y vera que las obras de Rius no son más que panfletos sobrevalorados. No obstante la gran mayoría de los lectores de Rius son incapaces de leer o investigar algo que los saque de su zona de confort, quedándose con sus planteamientos y sus críticas fáciles, es ahí donde ha radicado su éxito y el de toda la clase intelectual mexicana.
Rius supo explotar al chairismo mexicano con su ateísmo militante y su crítica mordaz a la “malvada” Iglesia Católica, su apología a la legalización de la marihuana, su crítica al yanquismo y su apoyo al régimen cubano. Además claro esta su incongruencia ideológica—una vez era ateo, para después de ser “cristiano” sin ser católico, para después admirar el budismo y el new age—todos estos ingredientes fueron los necesarios para ganarse el chairismo y al parecer para ser un escritor de prestigio en México.
Alguna vez exprese que si alguna vez nos deshacemos de la clase política, todavía quedara la clase intelectual, tan parasitaria como la otra.
En este país es necesario un movimiento como lo fue el Futurismo en la Italia de principios del siglo XX, un movimiento que combata el frio intelectualismo, la poesía pasiva, la mediocridad de las instituciones artísticas y que sea un golpe para la tan homenajeada clase intelectual.
Porque en si la clase intelectual es otro dinosaurio, un fósil arcaico que se sigue perpetuando en el mundo cultural.
Es necesaria una nueva generación de escritores que disientan de este intelectualismo viejo, que exalten los valores de lucha, acción, juventud y la rebeldía frente a esta vieja clase de literatos. Necesitamos un nuevo futurismo que incendie las letras mexicanas.
Pero por el momento los medios y los izquierdistas le hacen homenaje a su maestro (mío no) Eduardo del Rio “Rius”.


Agosto 2017