"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







lunes, 15 de noviembre de 2010

La hija del rey de los hielos



©Por Fernando Trujillo

(Publicado en Ars Militia el 26 de mayo del 2009, recopilado en La bruja de Endor y otros cuentos)

Mi expedición me había abandonado a mi suerte a merced del frió e inhóspito clima de la Antártica, los seis hombres a los que contrate para que me acompañaran en mi búsqueda se fueron con todo mi dinero y parte de las provisiones, mi única compañía ahora era Lobo mi fiel perro, un hermoso pastor alemán con toda la apariencia de un lobo siberiano. Lobo y yo lucharíamos contra el frió con tal de encontrar la puerta al Mundo Interior. Durante mis años en la UADY (Universidad Autónoma de Yucatán) dentro de la carrera de arqueología empecé a leer sobre mitos de distintas culturas como parte de esa inagotable búsqueda de conocimiento que ardía dentro de mí desde que era niño. Para mi vigésimo tercer cumpleaños mi hermana mayor me regalo un libro que cambiaria mi vida, su titulo era "La Antártica: el continente mágico" una compilación alemana de distintos mitos y leyendas que giraban alrededor de aquel continente, uno de esos mitos era aquel que conectaba a la Antártica con el Mundo Interior, un reino habitado por una raza de semidioses conocedores de grandes poderes y una raza elevada espiritualmente portadora de una sabiduría divina.

Sin descuidar mis estudios, me dedique a leer todo sobre el Mundo Interior, en Tibet lo llamaban Shamballa y al igual que otros mitos relacionados con ese mundo, era un reino sagrado pináculo de todo lo que es bello y puro. Un mundo totalmente opuesto a este mundo malsano lleno de violencia y vulgaridad, nuestro mundo era una burda parodia del Mundo Interior, conforme leía sobre Shamballa y sus míticos secretos, repudiaba cada vez mas este horrible mundo en el que me movía, un mundo lleno de idiotas, hipócritas y gente ignorante viviendo vidas sin un sentido espiritual, solo viviendo a través del consumo. Trabaje un breve periodo en la compañía de mi padre pero ese trabajo nunca me dejo satisfecho, sin embargo todo lo que ganaba lo ahorraba para algún día partir a la Antártica, estaba decidido a buscar la puerta que me llevara al Mundo Interior, a sus secretos y a su sabiduría. Por supuesto estos pensamientos no podían ser expresados en voz alta, hablar del Mundo Interior y de mi idea de partir en mi búsqueda implicaría que me tilden de loco y me lleven por la fuerza a un psiquiátrico, tenia que ser discreto hasta con mis amigos más íntimos, ante todo el mundo tenia que fingir que seguía siendo un borrego como ellos.

Pasaron cinco años hasta que me gradué (con un promedio bajo) y con el suficiente dinero ahorrado pude pagar mi expedición a la Antártica, no le dije a mis padres o a mis amigos, partiría yo solo en busca de Shamballa y sus misterios.

Al único que permití que me acompañara fue a Lobo mi mejor amigo, no soportaría vivir sin el a mi lado, por lo demás le dije a mi familia que me iría a viajar por toda Sudamérica, después de una fiesta de despedida deje mi ciudad y a mis amigos en busca de la aventura.

Contrate a ocho personas para mi expedición, pasaron dos semanas buscando la puerta pero fracaso tras fracaso mi grupo se canso de lo que ellos en murmullo llamaban "delirios" y me abandono una noche a mi suerte, los cobardes ni siquiera me vieron a los ojos para decírmelo, mientras Lobo y yo dormíamos se fueron como dije antes con parte las provisiones. Lo único que tenía ahora eran unos snickers, un carro de nieve, una pistola y mi viejo libro que me introdujo a mi destino. El radio ya no funcionaba, por lo que estaba incomunicado, lo más probable es que esos cerdos no digan nada de mí o incluso inventaran que estoy muerto. Que se vayan al diablo, ellos y el mundo exterior, yo encontrare la puerta.

-Tranquilo amigo, encontraremos la puerta, no te desesperes amigo ya veras que encontraremos la puerta a Shamballa y ahí comeremos como reyes y tomaremos del Soma—le dije a mi perro acariciando su cabeza, Lobo lanzo un ladrido de apoyo.

Nos teníamos el uno al otro, dormíamos juntos compartiendo las dos colchas que teníamos, compartíamos la poca comida que teníamos y compartía mis sueños con mi mejor amigo. Pasaron tres días en el que incansablemente luchábamos contra las ventiscas para encontrar Shamballa. El alimento se agotaba, pronto tendríamos que encontrar algo con que alimentarnos si no queríamos llegar a comernos uno a otro. El solo pensarlo me ponía la piel de gallina.

En las frías noches veía junto a Lobo las fotos de mi familia y mis amigos, se encontraban mis padres en su aniversario de bodas, mi madre al lado de mi abuela en Monterrey, mi tía y su hijo en la tienda que ella administraba, mi hermana con su novio—un muchacho al que llamaban "Cosmo" debido a lo idiota que era—tenia una foto de unos amigos de la facultad y otras de mi prima con su esposo. Yo nunca tuve una novia a pesar de que mis padres y amigos me alentaban a tener una, no es por que fuera tímido si no por que no me interesaba estar al lado de alguien que me quitara tiempo y concentración para mi ardua investigación. Había cosas mas importantes que una relación de pareja, una de ellas era el camino hacia un nuevo mundo, no existía mujer en este mundo que comprendiera mi camino, solo encontraría una interesada en comer en restaurantes caros y pasear por aburridos centros comerciales, ir de fiesta a Cancún, cosas por las que no sentía el menor interés.

Frente a la fogata, mi perro y yo compartíamos algo de carne seca que mi primo me trajo de Monterrey.

-Estamos cerca amigo, puedo sentirlo—Lobo me respondió con un aullido de aprobación.

-En Shamballa no existen las drogas, ni la política barata a la que estamos acostumbrados amigo. Es un reino de justicia y belleza—otro ladrido de aprobación, acaricie su cabeza como un gesto de nuestra amistad.

-¿Tienes frió verdad?—me sentía mal por haberlo traído a este territorio cruel pero ninguno de los dos quería alejarse del otro. Se junto a mi brazo, lo abrace con cariño.

-Gracias por tu amistad camarada—le susurre al odio mientras se quedaba dormido, lo cargue para introducirlo dentro del auto, me quede un momento mas mirando el fuego, recordando mi vida en la civilización, recordando a mis amigos y familia, toda mi vida paso por ese fuego, desde mi infancia, mi estancia en los aburridos colegios a los que asistí, las veces que me sentí alegre, molesto, triste. El fuego era como un calidoscopio de mi existencia en este mundo. Mis ojos estaban ya cansados, agarre el cubo de agua que tenia al lado para apagar la fogata, entre al carro acomodándome junto a Lobo con la colcha, creo que vi una sombra moviéndose, debe ser mi imaginación, cerré los ojos lentamente, esa noche soñé con las puertas de Shamballa ante mi. Fue maravilloso.

Los primeros rayos del sol me despertaron.

Lobo a mi lado lanzo un fuerte ladrido matutino.

-Buenos días camarada—dije acariciando su cabeza, abrí la puerta del auto dejando a Lobo correr alrededor del auto, me levante tomando un poco de agua de la cantimplora, luego recostado debido al pecado de la pereza me decidí a leer un libro recopilatorio de poemas de Fernando Pessoa, le recite a Lobo unos poemas del escritor portugués mientras la mañana seguía su camino. Lo que quedaba de carne seca se lo di a Lobo, yo podía aguantar un día sin desayunar pero mi amigo tenia mucha hambre, guarde el libro de Pessoa para sacar el libro sobre la Antártica que encendió la llama para esta aventura.

Lo había leído tantas veces, hoja por hoja, me sabia cada palabra, ahora lo volvía a abrir para descubrir una puerta que me llevara al Mundo Interior, aquí debía de estar la forma de entrar, solo tenia que descifrar el código. Minutos después y sin encontrar algo nuevo deje el libro en la guantera.

-Bien Lobo es hora de seguir nuestra búsqueda—Lobo lanzo un ladrido de afirmación, entro dentro del auto, arranque el vehiculo recorriendo el territorio una vez mas. Tenia sed sin embargo quedaba poca agua en la cantimplora, se tenia que guardar para casos de extrema necesidad. Una puerta, un símbolo, algo que me ayudara a entrar a Shamballa, un sueño o una visión, era todo lo que pedía. Sin embargo mis suplicas no eran escuchadas conforme avanzaba me daba cuenta que el Mundo Interior estaba cerrado para mi, Lobo lamía mi rostro para que no me desanimara, le di un fuerte abrazo como una señal de todo mi afecto, solo que ya ni mi mejor amigo podría animarme, mi estomago pedía a gritos carne o algo que lo dejara satisfecho, detuve el auto y busque algo que me sirviera para pescar, nunca lo había hecho pero podía intentarlo, sin embargo no encontré nada que me sirviera. Así pasaron tres horas, luego otras dos horas sin encontrar algo que me ayudara, mis sueños y esperanzas se evaporaban, solo la fría sensación de derrota era la que continuaba a mi lado. Baje de auto dándole unas patadas al vehiculo, me encontraba a punto de explotar, lleno de furia por toda mi frustración, Lobo ladrada de ira a mi lado, cuando me hube calmado me eche a llorar apoyado en el vehiculo, Lobo lamió mi rostro y llore con el. Vi que le quedaba poca gasolina al auto, pronto me quedaría varado aquí en la nada sin comida y sin agua, lance gritos y más gritos con la esperanza de que algún esquimal me escuchara. Nada, nada a mi alrededor, salvo mi perro, me senté cerca del auto temblando no por el frió si no por el miedo.

Estábamos solos ante la nada, el hambre estaba llegando, mi estomago gruñía y Lobo se ladraba por el hambre. Derrotado entre al auto a pedir ayuda por el radio con la esperanza de que por un milagro funcionara pero que ingenuo, nada, estaba muerto como lo estaríamos mi camarada y yo si no encontramos algo de comer. Tome un cordón delgado que estaba atado a un gancho, lo encontré debajo del asiento, le puse un poco de comida y me encamine a tratar de pescar algo. Desde siempre he sido malo en la pesca y esta vez no fue la excepción, Lobo y yo sentados intentando agarrar un pez, nada, el cabron se comió la carnada dejándonos sin nada. Volvimos al auto y rendido arranque con rumbo a buscar un laboratorio para que nos den cobijo. Mi búsqueda espiritual, se convirtió en la búsqueda por sobrevivir, allí fueron mis sueños.

Una llanta se trabo, intente arrancar pero estaba bien trabada la desgraciada, molesto me baje intentando levantar el auto, me dolían las manos y mis brazos no tenían fuerza pero lo seguí intentando, caí jadeando pero me levante, estaba bien atorado, Lobo empezó a ladrar hacia la ventana, sus ladridos eran mas fuertes que nunca, deje de intentar zafar el auto para acompañarlo.

-¿Qué sucede amigo?—pregunte acariciando su cabeza, estaba mirando furioso por la ventana, de la guantera saque la pistola cerrando la puerta, intente arrancar el auto una vez mas mientras Lobo seguía ladrando.

De pronto un enorme oso se erguía ante nosotros con un escalofriante grito, me quede sin aliento sosteniendo el arma, el oso ataco el auto con sus enorme garras, golpe el cristal hasta romperlo, Lobo y yo salimos por la otra puerta cayendo sobre la nieve mientras el oso destrozaba el auto.

-¡Cuidado Lobo!—grite sosteniendo la pistola y disparando dos veces sobre el oso, rozando únicamente su brazo, el oso furioso se dispuso a atacarme, Lobo se abalanzó contra el pero el monstruo de un golpe dejo a mi perro del otro lado. Me levante en busca de mi camarada herido disparando tres veces sobre el oso, falle por una bala mientras que las otras dos le dieron en el cuello y en el brazo. El monstruo irascible se lanzo contra mi pero por fortuna pude evitarlo, agarre un cuchillo que estaba entre la nieve, corrí y dispare mi ultima bala sobre el cuerpo del oso. El animal estaba cada vez más furioso pero también muy herido, con el cuchillo me tire sobre el animal cuando estaba distraído, le penetre el cráneo lleno de ira por haber lastimado a mi perro, el oso lanzo unos aullidos de rendición antes de caer muerto. Corrí hasta donde estaba Lobo herido, el pobre Lobo me lamió el rostro, intente detener la hemorragia pero estaba lleno de sangre. Le pedí que reaccionara, que luchara, me lamió el rostro antes de cerrar los ojos, rompí a llorar sobre el cadáver de Lobo, lo abrace tan fuerte como cuando estaba vivo. Muerto por mi obsesión, estaba muerto por un estupido sueño, acaricie su cabeza por ultima vez, me aparte por un momento cavando en el suelo, cave todo lo que pude, rompiéndome las uñas y los dedos pero quería que mi perro tuviera una tumba decente.

Deposite el cuerpo de Lobo y después de enterrarlo, rece una oración, adiós amigo, lamento haberte llevado a este final, espero me perdones.

Vague por todo el frió terreno desorientado, todas mis fuerzas las gaste en el entierro de Lobo, solo me quedaban fuerzas para vagar sin esperanzas de sobrevivir. El auto y la tumba de mi camarada los deje atrás, cubrí mi cuerpo con mis brazos, el frió realmente era insoportable. Una risa, pude escuchar una risa infantil, por un momento creí estar perdiendo la razón, voltee por todos lados, nada, otra vez esa risa.

-Saludos viajero—dijo la voz de una niña, mi vista y mi cordura me engañaban o por lo menos eso creía. Detrás de mi estaba una niña, tenia un vestido blanco sin mangas, parecía tener unos trece años cuando mucho, su belleza era una cosa indescriptible. Ningún adjetivo que utilice podrá describir su exaltada hermosura, ninguna estrellita juvenil de Hollywood igualaba a esa diosa. Alucinación o no, contemple la belleza de esa niña de pies descalzos y rostro risueño. La niña fue acercándose lentamente a donde me encontraba, caí de rodillas delante de ella, no se si fue por el frió o por respeto. La niña toco mi mejilla derecha y un confortable calor sacudió mi rostro, ella me recostó sobre la nieve acariciando mi cabello.

-¿Quién eres?—pregunte, la niña rió.

-Mi nombre viajero es Eva la hija del Rey de los Hielos y princesa de Shamballa—dijo dejándome maravillado, Eva seria la valkiria que me condujera a Shamballa la tierra de los Dioses Blancos y de la juventud eterna, sonreí esperanzado, por fin todos mis sueños se convertirían en realidad. Lobo tu muerte no fue en vano, nada fue en vano, mi valkiria me guiaría a la tierra de las manzanas de oro y sabiduría sagrada. Entonces los labios de Eva se fundieron con los míos y una agradable sensación de calor penetro mi frió cuerpo, ya no sentía hambre o sed, Eva calmo todo.

-Mi padre es rey de estas tierras noble viajero y te ha observado todo este tiempo, ha visto tus sueños y ha visto tu dolor, se ha compadecido de tu sufrimiento y me ha enviado a salvarte—su delicada mano toco otra vez mi mejilla derecha, mi interior ardía de felicidad al saber que por fin estaría en Shamballa, toque su rostro con mi débil mano en una muestra de felicidad, una felicidad que nunca antes había sentido.

-Estoy listo, llévame a casa—suplique, Eva hizo un gesto negativo lo que hizo que el frió volviera por un segundo, la respuesta fue como un violento viento dentro de mi alma.

-¿Por qué? He buscado Shamballa todos estos años, mi mejor amigo esta muerto….dime Princesa de los Hielos……. ¿Dime por que no puedo entrar?—Eva acaricio mi cabello para confortarme pero estaba muy alterado, el intenso frió me lo impedía, el sentimiento de frustración invadía mi ser, la ira se apoderaba de mi mente pero no podía moverme. Era posible que Eva me lo impidiera.

-¿Tanto lo deseas viajero?—asentí con la cabeza, ella mostró un gesto.

-Si eso es lo que desea tu corazón y tu espíritu, entonces las puertas de Shamballa se abrirán, tu espera el momento—me dijo dándome un beso en las labios, la imagen de Eva sonriendo se hacia cada vez mas borrosa, mis ojos se cerraban y a mi alrededor todo lo que veía desaparecía.

-¡Muchacho despierta!—escuche, al abrir los ojos estaban tres hombres y una mujer de acentos chilenos, me levante confundido encontrándome en pijamas, dentro de una habitación calida.

-¿Dónde estoy?—pregunte desesperado.

-Somos un equipo de exploración, estábamos tomando fotos a unos pingüinos cuando Mauro te vio agonizando, si no fuera por el estarías muerto—me dijo la mujer señalando a su amigo, le di la mano agradecido, un tanto confundido pero feliz de conservar mi vida. Mis ojos se fijaron en un medallón de oro que estaba sobre una mesa, un medallón hermoso que contenía la figura del dios hindú Vinshu.

-¿Y eso?—pregunte señalando el medallón, camine hacia el como un sonámbulo tomándolo entre mis manos y acariciándolo.

-Estaba contigo amigo—me dijo la mujer, mi rostro se ilumino viendo el medallón, no fue un sueño, todo había sucedido.

Tal vez pueda entrar a Shamballa, si mi corazón y mi espíritu son fuertes, entonces Eva volvería para llevarme a casa. Solo tenia que esperar.

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