"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 20 de julio de 2012

Reflexiones acerca del espíritu y la materia




Por Fernando Trujillo

En todo hombre hay una lucha constante entre dos opuestos, las masas no están consientes de esta lucha en su interior pero unos pocos han despertado de este letargo llamado conformidad y se han percatado de esta verdad oculta. Estos dos opuestos son la materia y el espíritu.
Nuestra existencia transcurre plácidamente en nuestras actividades, el trabajo, la escuela, nuestras actividades recreativas, mirando la televisión, sentados en misa.
Así se desarrolla nuestra vida cotidiana pero en esta placida vida cotidiana se esconde un velo que muy pocos han logrado pasar. Somos víctimas de nuestro tiempo, estamos obligados a creer en el progreso, en la ciencia y en esta civilización, a creer en sus dogmas y en la promesa bíblica del “paraíso en la tierra” que este sistema persigue.
Tenemos comodidad, tenemos grandes televisiones, tenemos seguro medico y tenemos sobre todo tecnología. Internet, sillones reclinables, aire acondicionado, automóviles y grandes piscinas.
Estudiamos y trabajamos siguiendo el sueño utópico del “paraíso en la tierra” una invención puramente judeo-cristiana que las civilizaciones capitalista y comunista han adoptado de diferentes maneras.
Para el capitalismo este sueño es tener más, consumir más, tener lo mejor, comprar lo que está de moda. Para el comunismo este sueño es la igualdad, un mundo sin clases sociales, sin religión y unidas bajo la fe de Marx y Lenin.
Ambos sueños se han tornado pesadillas, el comunismo provoco la muerte de cien millones de vidas inocentes, un sistema represor y el colapso económico de las naciones en las que fue implantado. El sistema capitalista ha causado crisis económicas, pobreza, inflación y la destrucción de la naturaleza.
Actualmente el comunismo es considerado un fracaso como sistema político pero muchos aun creen en el capitalismo y en la promesa abrahamica del “paraíso en la tierra”. Si esta civilización es tan perfecta y este sistema es el mejor como se nos quiere hacer creer ¿Por qué existe la melancolía? ¿Por qué la depresión es el mal de esta época? ¿Por qué a pesar de todo estamos insatisfechos? En esta época de materialismo es cuando el espíritu se rebela contra la materia, en donde una parte de nuestro ser ha despertado pero no completamente, la mayoría mantiene adormilado esta parte de nuestro cerebro con antidepresivos o con altas dosis de televisión.
Nuestra vida es solo una ilusión, estamos condicionados a creer que somos libres por nacer en el llamado “mundo libre”.
Nacer, vivir, ir a la escuela, tener un trabajo, ir a la iglesia los domingos, ver televisión, casarte, tener hijos, tener nietos, morirte, tu vida ha sido planeada desde tu nacimiento. Nuestros espíritus son prisioneros de la materia, estamos atados a esta ilusión que tiene por nombre Maya el mundo de la materia.


He reflexionado largo tiempo sobre la relación entre la materia y el espíritu, durante mis reflexiones he pensando si existe alguna manera de romper esta ilusión, de poder liberar mi espíritu de las cadenas del mundo de la materia.
Pienso que el camino de la literatura es una forma de romper esta ilusión, la poesía es una vía para poder encontrar la liberación, cuando escribo puedo sentir que por un momento mi espíritu se libera de esta prisión llamada carne.
He reflexionado sobre el concepto de religión que se tiene aquí en la sociedad occidental, cuando somos unos niños no se nos da a escoger una religión, se nos impone la religión de nuestros padres, en este caso el cristianismo. Se nos educa en base a los dogmas y códigos morales escritos en la Biblia, bajo la creencia de que si somos buenos iremos al cielo y bajo la creencia de buscar la felicidad en la tierra, nuevamente la idea del “paraíso terrenal”.
La mayoría escoge una religión para poder sentir un contacto espiritual con la idea de Dios, esto pasa más a menudo en las sociedades occidentales en donde sus habitantes han escogido el cristianismo. Ir a misa los domingos es un ritual en donde se busca sentir un contacto con Dios pero la misa se ha vuelto un acto tan repetitivo que se ha vuelto una costumbre más que una tradición mas aun en los últimos tiempos el rito de la misa se ha racionalizado perdiendo su parte mística.  
Las personas van a misa no pare ser parte de una ceremonia o sentir la presencia de Cristo, van por que es ya una costumbre que pasa de generación en generación y esa hora en misa es para sentir que tienen una vida espiritual.
Otro gran porcentaje en las naciones occidentales es la vía del ateísmo sin embargo esta cambia la fe en lo sobrenatural por la fe en lo racional. Estos pretenden callar su espíritu con ideas racionales y la fe en la ciencia.
Todas estas ideas como lo son la ciencia, la religión, la educación, el capitalismo, el comunismo, el entretenimiento son creaciones demiurgicas para mantenernos atados al mundo de la materia. La lucha es una forma de conseguir la liberación espiritual, a través del combate bélico el guerrero puede alcanzar la libertad de su espíritu, luchar contra la materia, contra las ideas que nos atan a este mundo y morir en batalla. Los antiguos paganos al luchar aspiraban a alcanzar esta liberación, para ellos morir en la guerra era una forma de conquistar la eternidad.
Por eso los pueblos antiguos se arrojaban con tanto furor en el campo de batalla esperando encontrar la muerte y con eso la libertad espiritual.
Esta eternidad tenia por nombre Valhalla para los nórdicos, Eliseo para los pueblos greco-latinos y en el Medievo se le llamo Paraíso, en todas estas tradiciones existe la figura de la Dama, un espíritu femenino representado mayormente como una mujer de cabellos dorados que conduce al héroe a la eternidad. Esta Dama mística era la valquiria de la antigua religión nórdica, para los cataros era el espíritu santo que era representado por una mujer desnuda y para las ordenes de caballería medieval era una representación de la Amada Inalcanzable. En cualquier caso esta mujer conduce al guerrero al mundo del espíritu.
El suicidio seria otra forma de escapar de este mundo ilusorio, los antiguos paganos no consideraban al suicidio como algo negativo sino como un rito sagrado para conservar—o restaurar en caso de haber cometido un acto vergonzoso—el honor. El suicidio por ahorcamiento entre los antiguos nórdicos era una manera de poder alcanzar el Valhalla mientras que para los samurái era una forma de preservar el honor, también entre los kamikazes el suicidio ritual era una forma de alcanzar la eternidad. En nuestra época se ha instaurado el miedo a la muerte, una idea para mantenernos atados a esta ilusión. Nuestra civilización teme a la muerte, busca escapar de ella mediante costosos tratamientos médicos para preservar su vida, trasplantes de órganos y un pacifismo servil. Solo los pueblos sin alma temen a la muerte pues cuando esta llegue se extinguirán, solo aquellas religiones que pretendan atar al espíritu al mundo de la materia condenan el suicidio. El espíritu es eterno y seguirá existiendo después de la muerte.
Los gnósticos consideraban que habia tres tipos de personas: los materiales que eran seres consumidos por la materia y que abundan en nuestra época, los psíquicos que eran personas con un gran intelecto pero a los que les faltaba la parte espiritual y los pneumaticos que eran personas en las que dominaba mas el espíritu sobre la materia. Los pneumaticos son seres consientes de que están atrapados en esta gran ilusión, sus espíritus chocan con esta época y por lo tanto son espíritus pesimistas. Para los espíritus pesimistas el mundo es una aberración, esta era moribunda nos es ajena, somos extranjeros en un mundo corrompido como es el mundo de este siglo. Nuestro espíritu añora el pasado, tiempos mejores, los años de la infancia, épocas pasadas, lejanas a nuestro siglo. Algunos añoramos el Medievo, los tiempos paganos pero siempre existe este amor por lo lejano. Existió una época en la que éramos libres pero fuimos arrancados de ella y aprisionados en Maya, añoramos esta época y la disfrazamos como un tiempo pasado. El mundo del espíritu, un mundo primordial del que fuimos arrancados por esa entidad a la que llamamos Demiurgo.
Ese mundo tiene por nombre Hiperbórea, el Jardín del Edén y en varios cuentos de hadas se le llama Nuncajamas y la tierra de Oz. En cualquier caso es el mundo del espíritu cuando el hombre estaba conectado con lo divino, al añorar un tiempo pasado añoramos este mundo. Pienso que la práctica de la magia es una forma de alcanzar esta libertad espiritual, no una escuela mágica establecida si no la magia del caos, usar una fuerza destructiva y anárquica libre de cualquier dogma o moral impuesto. La magia del caos es la única vía con la fuerza para poder destruir este velo, para poder despertar de un letargo se necesita esa vitalidad que solo el caos puede proporcionar.
Sea la magia o el combate un espíritu despierto lucha contra el mundo de la materia y contra las cárceles mentales que el Sistema nos impone. Este mundo se llama Maya que en la religión budista es la gran ilusión en la que estamos atrapados. Aquellos que hemos despertado buscamos una manera de escapar, algunos optan por el suicidio mientras que otros por el combate a través de la guerra o la palabra, a través de la magia o del arte. El espíritu pneumatico busca la liberación tal vez como escribió Emil Cioran en su libro “El aciago demiurgo”: “Concebir un pensamiento, un solo y único pensamiento, pero que hiciese pedazos el universo”
Un pensamiento que sea concebido uniendo la espada y la pluma logremos una resurrección mística, un resurgimiento pagano que abra las puertas del mundo del espíritu y destruya la gran mentira del demiurgo.


Julio 2012

domingo, 15 de julio de 2012

Democracia mexicana" Made in USA



Por Adrian Salbuchi


Las elecciones presidenciales de México del pasado 1 de julio fueron “oficialmente ganadas” con poco más del 38% de los votos por el acaudalado candidato Enrique Peña Nieto, con lo que su partido PRI –Partido Revolucionario Institucional– regresaría de nuevo al poder en ese país. Sin embargo, inmediatamente de conocidos los resultados electorales, surgieron fuertes acusaciones de fraude, notablemente de Andrés López Obrador, candidato del izquierdista PRD –Partido de la Revolución Democrática– que quedó en segundo lugar con el 31,5% de los votos.

La mejor “democracia” que el dinero puede comprar…

Es así que el pasado 12 de julio el PRD oficializó un pedido ante el IFE –Instituto Federal Electoral, el tribunal electoral de México- requiriendo un recuento de votos y acusando que hubo una amplia maniobra de compra de votos y un excesivo financiamiento de la campaña del PRI, el ganador oficial.

El presidente del PRD, Jesús Zambrano, también hizo entrega al IFE de más de 20 cajas conteniendo supuesta evidencia de la compra de votos por parte de funcionarios del PRI. Ahora, el IFE tiene hasta septiembre para definirse, en cuyo momento deberá validar las elecciones y anunciar quién será el próximo presidente de México a partir de diciembre de este año.

Claramente, el Sr López Obrador no se está dando por vencido y sigue “de campaña electoral”, anunciando que la semana entrante dará a conocer un “nuevo plan en defensa de la democracia y la dignidad mexicana”.

La agencia de noticias Associated Press a su vez informa sobre la distribución por el PRI de miles de tarjetas de regalo prepagas –denominadas 'Monex'– a los votantes antes de las elecciones. López Obrador también dice que algunos funcionarios del PRI en las gobernaciones estatales aportaron fondos favoreciendo la campaña electoral de Peña Nieto.

Como parte del esfuerzo en acción psicológica realizado por los Dueños del Poder Global para favorecer al PRI, los mexicanos fueron expuestos al apoyo masivo de los grandes multimedios locales a favor de Peña Nieto. Ello incluyó las “conclusiones” de grandes encuestadoras que funcionaron como propaganda para confundir al público.

Previo a las elecciones, esas encuestadoras daban consistentemente a Peña Nieto como ganador, a menudo diciendo que lideraba por cifras de dos dígitos sobre López Obrador. Pero cuando se contaron los votos reales luego de las elecciones, el PRI sólo obtuvo una ventaja de seis puntos sobre López Obrador, quien manifestó que “en una elección libre la mayoría de los ciudadanos no hubiera votado por Enrique Peña Nieto”.

Incluso la ONG Alianza Cívica, financiada por la ONU para observar el buen desarrollo de las elecciones, dijo que la votación “no fue ni limpia ni justa”.

“Salgamos a mi patio trasero…”

La importancia de estas elecciones trasciende las fronteras de México, cobrando particular relevancia para los demás países americanos al sur del Río Bravo. Ahora que una nueva ola de imperialismo estadounidense sobre su “patio trasero” latinoamericano pareciera ponerse en marcha, la primera parada se encuentra en el umbral de su puerta al sur, esto es, en México, donde desde siempre la influencia estadounidense ha sido un factor determinante.

Cada vez que se lleva a cabo una elección presidencial en México, la presión estadounidense –usualmente ejercida a través del poder del dinero, sea por sus corporaciones, su Embajada o por un amplio conjunto de canalizadores de dinero de todo tipo– siempre logra asegurarse que los votantes mexicanos elijan al candidato favorito de los estadounidenses.

En verdad, México no es más que un ejemplo de alto perfil de lo que ha ocurrido, en algún momento u otro, en todos los países de Centro y Sud América a lo largo de los últimos cincuenta años. Como lo dijera la secretaria de estado Hilary Clinton en marzo 2011 con motivo de una visita a Egipto, se trata siempre de asegurar que en todos los países del mundo se imponga “el tipo de democracia que quiere EE.UU.”.

En rigor de verdad, esa no es una verdadera Democracia, sino una caricatura de la misma consistente en meros ejercicios de cuenta-votos, íntegramente controlados por el Poder del Dinero a través del financiamiento directo de campañas electorales, la cobertura subjetiva y arbitraria de poderosos multimedios de prensa, las falsas expectativas generadas por encuestadoras a sueldo, y -por supuesto- las mega-campañas políticas devenidas en shows circenses dónde los políticos actúan como sus payasos predilectos.

Tan bien han perfeccionado esto en México que el PRI pudo mantenerse en el poder ininterrumpidamente a lo largo de más de 71 años entre 1928 y el 2000, lo que aseguró que México marchara alineada a los dictados de sus Hermanos Mayores del Norte. Un reciente artículo publicado por la Americas Society dirigida por David Rockefeller y John Negroponte describe este fenómeno como “la dictadura perfecta del PRI”.

De ahí que no habrá de sorprender que ex presidentes mexicanos del PRI como Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, sean miembros de la Comisión Trilateral y del Consejo de Relaciones Exteriores que funcionan como centros de planeamiento geopolítico para promover los intereses geopolíticos globales del grupo Rockefeller-Rothschild y su amplio ejército de aliados y subordinados.

Cuando en el año 2000 el PRI debió aflojar su puño sobre el cuello de la "democracia” mexicana, cediendo el lugar al PAN –Partido de Acción Nacional– el presidente entrante también resultó ser un 'ADEU' (Amigo de Estados Unidos): Vicente Fox, ex-director ejecutivo/CEO de la Coca-Cola en México.

El hoy presidente saliente del PAN Felipe Calderón, también mantuvo a su país muy, muy alineado a los intereses del EE.UU. Sin embargo la candidata del PAN Josefina Vázquez Mota, apenas logró el tercer lugar en esta contienda electoral, lo que refleja el gran descontento de los mexicanos con el PAN, ante su fracaso para controlar la extrema narcoviolencia que asola a México y que en los últimos cinco años ha dejando casi 60.000 muertos, y ni hablar de los millones de heridos, adictos y vidas destrozadas.

Así y todo, el presidente del PAN, Gustavo Madero, también lanzó serias acusaciones diciendo que Peña Nieto "ganó votos con engaños y a billetazos".

Que Dios ayude a México…

Un dicho popular nacido en tiempos en que la Iglesia Católica se vio perseguida en México por gobiernos anticlericales, especialmente entre los años 1926 y 1934, se lamenta al decir: “Pobre México: tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos".

Bien: 80 años de historia hoy nos indican que mientras que los conflictos con la Iglesia Católica se han aminorado, los graves problemas y conflictos 'Made in USA' siguen lloviendo sobre México con creciente fuerza, imponiéndole una mayor debilidad y creciente conmoción interna.

Un ejemplo entre tantos es el NAFTA –el bloque de libre comercio de América del Norte– impuesto bajo el régimen PRI en los años noventa que desató un “nuevo orden” al sur de la frontera estadounidense, centrado en la explotación del trabajo esclavo por parte de grandes corporaciones norteamericanas, dando como resultado mayores utilidades para las mismas y también mayor desempleo para los propios norteamericanos.

Pues, no nos engañemos, la 'democracia Made in USA' insiste en que las fronteras habrán de ser totalmente libres para sus corporaciones y bancos para que puedan entrar y salir de México a su placer, pero que todo ciudadano mexicano sepa que los guardias fronterizos de la 'Gran Democracia del Norte' abrirán fuego si osan cruzar la frontera sin su permiso.

Hoy, EE.UU. quiere profundizar el “libre comercio”, ya por razones de estrategia geopolítica y –una vez más– México habrá de servir como plataforma de lanzamiento hacia la región. Entre sus muchos objetivos: neutralizar a los bloques comerciales y políticos como el ALBA y el Mercosur. ¿Y quién mejor que el PRI para servir a estos cometidos?

De manera que cuando llegue septiembre, más vale que el IFE anuncie una decisión 'correcta'; porque si llegara a tomar la decisión 'equivocada', entonces Estados Unidos tendrá muchísima dificultad en tolerar a un presidente socialista como López Obrador, ¡nada más y nada menos que en la puerta que da a su patio trasero!

Si eso llegara a ocurrir –¡Dios nos guarde!– pues entonces México seguramente recibirá una fuerte dosis de insurrección ingenierizada desde el norte… perdón, quise decir de “primavera latinoamericana”.

Claramente, el resultado de las elecciones mexicanas tiene enorme importancia, que va mucho más allá de los propios mexicanos.


Texto copiado de la "Agencia Nacionalista de Noticias": Agencia Nacionalista de Noticias

lunes, 9 de julio de 2012

Democracia, derechos y circo mediático




Por Fernando Trujillo


El pasado primero de julio fueron las elecciones en México para elegir presidente, senadores, diputados, gobernadores estatales, acaldes y diputados estatales. Después de un circo mediático de meses, de debates, de propaganda electoral en las calles. Tuvimos que soportar ver los rostros de los candidatos sonrientes en cada pared, en cada esquina con su respectivo eslogan y esa sonrisa cínica de quien finge ser algo que no es. No creo en la democracia y en los primeros meses del año decidí anular mi voto pero al final decidí votar no porque creyera en la democracia o en las promesas del candidato por el que vote, lo hice para que el PRI el partido que tanto daño le ha hecho a mi país no volviera, durante meses hubo manifestaciones, se informo de los malos manejos, de las tranzas y de los crímenes del partido. El movimiento “Yo soy 132” manifestó su rechazo a la imposición, los estudiantes se rebelaron, los intelectuales manifestaron su repudio al partido (como el fallecido escritor Carlos Fuentes), todos se unieron para que el PRI no volviera a la presidencia. Peña Nieto un hombre que tenía el repudio de todo el país al final gano la presidencia, todo mediante la compra de votos, mediante una cuidadosa imagen mediática de las televisoras que lo enaltecían casi como un héroe nacional. Durante la jornada electoral hubo robo de urnas, asesinatos de líderes de la oposición, compra de votos y boletas manipuladas mientras que en la televisión el IFE (Instituto Federal Electoral) decía que fue una jornada pacifica. México nuevamente fue traicionado por su democracia, las mujeres votaron por el por su imagen de “galán telenovelero” creada por Televisa, el PRI volvió a la presidencia pese a toda la lucha que se dio. México eligió la mediocridad, eligió una telenovela, eligió el retroceso social antes que un verdadero cambio. Es popular por Youtube el video de un mitin del candidato priista en el que una mujer de origen indígena al verlo lo llama “Papasito”, votar por un candidato debido a su apariencia física es algo verdaderamente estúpido, propio de gente ignorante, este tipo de gente es la que voto por el PRI. En distintos medios alrededor del mundo han manifestado que Peña Nieto es un hombre mediocre, incompetente, el diario francés “Le Monde” llamo a este triunfo “El regreso de la dictadura perfecta” mientras que el diario alemán “Der Spiegel” califico al candidato como “sin talento político” e “intelectualmente débil”, toda una vergüenza a nivel internacional el que un partido corrupto vuelva a gobernar. Mientras que las naciones de primer mundo salen adelante, México eligió involucionar. Por eso México es tercer mundo. Esto me ha hecho reflexionar sobre la noción de democracia, desde la escuela nos dicen que esta es la mejor forma de gobierno, que podamos votar por quien queramos, que podemos elegir el cambio nosotros mismos. Promesas, falacias, ilusiones, mentiras propias de un sistema hipócrita pero ¿Existirá una verdadera democracia? Si existe no es esta parodia mediática en la que el pueblo no elige, si no las mafias que controlan al país.


El concepto de democracia nació en Atenas hace más de tres mil años, eso nos enseña la historia oficial y hasta aquí estamos bien. la historia nos dice que en las tribus barbarás habia democracia, hasta aquí seguimos bien. La democracia moderna es heredera de la tradición griega eso también nos dicen, aquí ya fallamos. La democracia ateniense es totalmente opuesta a la democracia moderna, en este sistema únicamente los varones podían votar y no cualquiera, antes tenían que superar duras pruebas físicas para demostrar que en caso de una guerra puedan defender a la nación. Entonces vemos como solo los más aptos tenían el derecho al voto, aquellos que podían dar su vida por la nación eran quienes merecían el derecho al voto. Caso similar al de varias tribus indo-europeas donde el jefe era escogido por sus iguales, en este caso guerreros curtidos en la batalla, quienes lucharon a su lado. Podemos ver como el voto no era un derecho si no un privilegio que tenían los más aptos—los más fuertes—una responsabilidad tan grande como lo es el voto únicamente podía estar en manos de una minoría que fuera digna de ese derecho. Actualmente este tipo de democracia seria vista como un sistema fascista por parte de nuestro actual Sistema, es común escuchar como los progresistas dicen que la democracia ha “evolucionado” es una excusa para justificar todo este abominable circo mediático de pancartas, spots publicitarios, derroche público. El concepto de democracia ha involucionado, las mayorías demagógicas se creen con el derecho a opinar mientras que las mentes más lucidas son relegadas, quienes se oponen a esta charlatanería son acusados de “fascistas” o “locos”, apartados de la sociedad y de cualquier medio, las masas no quieren pensar, quieren conciertos en los mítines, quieren ver a sus artistas favoritos apoyando al candidato más popular pero no quieren un verdadero cambio ni un verdadero gobierno si no la misma porquería que el Sistema les ofrece cada periodo de elecciones. Esta democracia paródica es el gobierno de las televisoras, de las empresas privadas, de los políticos corruptos que le ofrecen al pueblo pan y circo. La democracia tradicional es entonces inconcebible para las mentes de nuestra era, mentes programadas para pensar en los conceptos de “igualdad” y “masas”. Todos tienen el derecho al voto, todos tienen derecho a opinar, todos tienen derechos y más derechos. Las mayorías quieren derechos pero no quieren obligaciones, quieren prosperar pero votan y votan cada periodo por el mismo sistema corrupto. Está claro que la democracia no se hizo para las mayorías. En el circo democrático gana el candidato más popular, no el más apto para gobernar, el más inteligente o el más honesto si no el más popular. No importa si es un mediocre, estúpido, incapaz de gobernar, es el más popular y es el que la mayoría eligió. El voto es secreto es otra modalidad de esta democracia moderna, en las sociedades tradicionales se organizaban asambleas en las que los hombres más fuertes de la tribu votaban dando la cara, apoyando abiertamente al candidato a jefe. Durante el Tercer Reich se organizaron plebiscitos en los que el pueblo acudía a tomar las decisiones que el Fuhrer proponía. Cuando Hitler propuso la anexión de Austria a Alemania el pueblo aplaudió la decisión, voto a favor de la anexión y esta se dio libremente. El pueblo voto dando la cara, sin miedo, afirmando valientemente su voto sin esconderse en una urna. Podemos ver que pueblos inteligentes crean una verdadera democracia, mientras que pueblos sometidos crean una democracia paródica. Otro caso de una verdadera democracia es el caso de Islandia en donde el pueblo por si mismo se enfrento al sistema capitalista, marcho a las calles en busca de un cambio y en una revuelta pacifica logro derribar al gobierno. Islandia encarcelo a los políticos y banqueros, el pueblo participo en la redacción de una nueva constitución y en este año Islandia triplicara su crecimiento como país. A una semana del triunfo electoral del PRI se han organizado marchas, se han convocado asambleas de estudiantes, se han descubierto fraudes, compra de votos por parte de tiendas como Soriana, el pueblo mexicano se ha movilizado pero definitivamente México no está preparado para una democracia real. El circo mediático termino en México pero en Estados Unidos comienza, entre Obama y Rommney por la presidencia de un país que hace mucho dejo de ser del primer mundo, una nación decadente espiritual y materialmente hablando que sigue creyendo y participando en este grotesco espectáculo llamado democracia liberal. ¿Puede haber una democracia real? Un pueblo inteligente es capaz de crear una democracia real (como Islandia) no obstante este camino es oscuro para los pueblos del mundo que periodo tras periodo electoral siguen creyendo en la democracia liberal.


Julio 2012

martes, 3 de julio de 2012

Sobre las relaciones entre el judaísmo y la masonería




                                                                   Julius Evola


El problema de las relaciones entre el judaísmo y la masonería es seguramente uno de los más importantes para los que han decidido combatir contra lo que ha podido llamarse, con una expresión eficaz, “la dictadura de los poderes ocultos” de nuestra época. Este problema, por lo demás, no es nuevo: en Alemania, sobre todo, frecuentemente el antisemitismo militante ha suscitado interés. Sin embargo, como suele ocurrir, no siempre se ha llegado a conclusiones sólidas; se ha construido un «mito» (cuya eficacia y justificación práctica no se trata de discutir aquí), pero ahora se trata de llegar a puntos de vista objetivos sobre este tema.

Es preciso, por otra parte, reconocer que las investigaciones de este tipo no son fáciles, no sólo porque afectan a organizaciones más o menos rodeadas de secreto y misterio, sino también y sobre todo, porque afectan, no tanto a estas organizaciones en sí mismas, o a tales sociedades políticas semi-secretas, como a las influencias aún más subterráneas de las que dependen, lo sepan o no, directa o indirectamente. Por ello no se deberá lamentar que desarrollando algunas breves consideraciones sobre este tema, nos mantengamos en un plano inductivo e intentemos alcanzar algo positivo en este orden de ideas antes que en el de los hechos propiamente dichos.

El problema de las relaciones entre la masonería y el judaísmo presenta tres aspectos principales: doctrinal, ético y político.

Empezando por el primero, está bastante extendida la convicción de que la influencia judía ha operado en la masonería, desde sus orígenes históricos, ya que gran parte del ritual y del simbolismo masónico contienen elementos procedentes de la tradición judía, sea bíblica o kabalística. El simbolismo del Templo de Salomón es central en la masonería, hasta el punto de que en algunas logias nórdicas, el Gran Maestre lleva el título de Vicarius Salomonis. Además la estrella de seis puntas, llamada también «sello de Salomón», figura entre los principales emblemas masónicos. La leyenda de Hiram, sobre la que volveremos más adelante, es de origen judío, al igual –y esto es indiscutible- que numerosas “palabras de pase” y diferentes grados masónicos, como por ejemplo Tubalcaïn, Schibboleth, Guiblim, Jachin, Bohaz, etc. En cuanto al personaje al cual se atribuye generalmente un papel decisivo en la organización del aspecto interno de la masonería anglo-sajona, Elías Ashmole, era judío.

Si todo esto es indiscutible, y si se puede añadir numerosos elementos del mismo tipo, sin embargo, algunas reservas se imponen. Es preciso, primeramente, subrayar que junto a estos elementos judíos, existen muchos otros, en el simbolismo masónico, que se refieren a tradiciones no judaicas, herméticas, pitagóricas, rosacrucianas, e incluso algunos secretos de las corporaciones medievales, sobre todo la de los “constructores”.

En segundo lugar, los elementos judaicos, en sí mismos, pertenecen a una especie de esoterismo que, como la Kábala, fue siempre considerada con reservas por la ortodoxia talmúdica, que está en el centro del judaísmo propiamente dicho.

Finalmente, es preciso señalar que si el hecho de haber tomado prestados elementos a la tradición judía es considerada como una acusación, entonces esa misma acusación podría extenderse contra el mismo cristianismo; esta vía es la asumida efectivamente por la vía seguida con coherencia por el antisemitismo racista radical que describe la trayectoria de un boomerang: alimentado originariamente contra los judíos por la Iglesia, la masonería amenaza igualmente con volverse contra esta en razón de lo que ella conserva de judaico. Pero el argumento más decisivo a este respecto, es que en todas partes donde se trata de un esoterismo y de un simbolismo verdaderos, se encuentra un plano virtualmente metafísico, donde convergen, en sus principios fundamentales, todas las tradiciones, donde el aspecto contingente y humano de cada una de ellas no tiene más que un débil peso. El judaísmo, justamente combatido por el frente de las revoluciones nacionales, no tiene nada que ver con este plano: su aspecto “oculto” es de una naturaleza completamente diferente. Es cierto que siempre se puede preguntar por qué la masonería ha privilegiado, precisamente, símbolos judaicos; es cierto que se puede preguntar también si el recurso, incluso inconsciente y formalista, a algunas fórmulas y a ciertos ritos relacionados con una tradición dada no sirve para establecer invisiblemente relaciones con algunas “influencias” inseparables del pueblo portador de la mencionada tradición. Si este último problema es de más importancia de lo que supone buen número de personas, es claro, sin embargo, que su estudio implicaría consideraciones de carácter “técnico” que no podrían tener cabida aquí, en tanto que remiten a nociones ciertamente ajenas a la mayoría de nuestro público. Por lo demás, lo que se podría eventualmente establecer a este respecto, debería encontrar, a título de prueba, una contrapartida en el orden de los hechos, algo que equivale, en el fondo, a definir directamente las relaciones entre judaísmo y masonería en los demás planos, más condiciones y más exteriores.

En lo que respecta al primer punto, no hay pues gran cosa a reprochar a la masonería, bajo pretexto de que posee una componente judaica. Ya hemos demostrado en un precedente artículo que todo lo que es “esoterismo” en la masonería ha sufrido una inversión que ha destruido y pervertido completamente su espíritu original. Lo que comporta sobre todo en la masonería moderna, es su ideología político-social y el pathos que se relaciona con él. Así puede entenderse un segundo aspecto del problema que consiste en ver que el judaísmo y la masonería comparten el mismo plan.

Ya hemos aludido a la leyenda de Hiram. Se trata de un personaje que figura en la Biblia (como Adon¬ Hiram), pero sobre todo en el Talmud. En la masonería, es contemplado como el constructor del Templo de Salomón, traidoramente asesinado por sus tres compañeros, que querían arrancarle el secreto del arte de los constructores y que hacen desaparecer su cadáver. Cada masón admitido en la ceremonia del Tercer Grado es considerado como Hirán reencontrado que renace, y que por este renacimiento se eleva a la dignidad de Maestre de la secta. Algunos (Ragon, Reghini) han querido ver aquí una correspondencia con el simbolismo de las iniciaciones clásicas, eleusinas y dionisíacas.

Comparación tendenciosa, y que, de todas formas, no es válida más que en la medida en que estas mismas iniciaciones antiguas sufrieron una influencia asiática, judaica o levantina. El pathos de la víctima predestinada y la espera de su renacimiento conforme a la justicia, son elementos específicamente semíticos, que, por otra parte, impregnan de manera pandémica al «pueblo elegido» a partir de su caída. Esta figura de Hiram, esencial en la masonería, hace obligatoriamente pensar en el personaje llamado, en el Kahal y en un cierto judaísmo sionista internacional, el «Príncipe de la Servidumbre», concebido como el Maestro supremo durante el período que separa aún a Israel de su nuevo “Reino”. Pero, generalmente aún, se puede admitir que leyendas como las de Hiram, ofrecen un gran margen al desarrollo de los puntos de vista a la vez humanitarios y revueltos; y, en este terreno, el encuentro entre judaísmo y masonería, indiscutible, se confunde casi con la identidad. Esto explica que la masonería a menudo haya aparecido a los judíos como un complemento de la ley judía e incluso como el instrumento activo de su esperanza mesiánica, naturalmente y duramente secularizada, democratizada y materializada.

El masón Otto Hieber ha escrito textualmente en sus Leitfa¬den durch die Ordenslehre der grossen Landloge von Deutsch¬land: «El Maestro nos ha enseñado a amar a cada hombre como un hermano y el judío, es con el mismo derecho que nosotros, hijo de Dios. En tanto haya en nuestro credo la afirmación de los derechos humanos, existirá la cuestión judía, y con la opresión del judío es también nuestro más alto principio el que resultará lesionado». Se encuentra la exacta contrapartida de estas manifestaciones en declaraciones emanadas del judaísmo, por ejemplo esta: «Israel no desea más que la justicia social. La corte, el ejército, la aristocracia hereditaria, le resultan ociosas. La idea de patria es para él la idea de justicia y la idea de justicia es la igualdad social». Israel realiza incansablemente «su misión histórica de redentor de la libertad de los pueblos, de Mesías colectivo de los derechos del hombre» en favor «del régimen igualitario y nivelador (sic) de las repúblicas, naturalmente verdaderas repúblicas y no repúblicas burguesas» (Elie Eberlin, Les Juifs d'aujourd'hui, p. 136, 143, 153). Y cuando se sabe que todo esto corresponde muy exactamente a la ideología y la acción masónicas, palabras como estas no deberían sorprender: «El espíritu de la masonería, es el espíritu del judaísmo en sus concepciones más fundamentales: son sus ideas mismas, su lengua misma y casi su organización» (en Vérité Israélite, cf. de Poncins, p. 243).

En el primer artículo de esta serie, los lectores han podido conocer documentos que muestran de manera irrefutable la convergencia de la idea societaria con la idea y la acción masónicas. Entre los numerosos testimonios judíos correspondientes, he aquí uno de los más significativos: «La Sociedad de Naciones no es tanto una creación de Wilson como una obra magnífica del judaísmo, de la que podemos estar orgullosos. La idea societaria se refiere a la de los grandes poetas de Israel. Isaías, dice que las espadas deberán ceder el lugar a las carretas y que nunca un pueblo deberá combatir a otro. La Sociedad de Naciones nos remite a este viejo conjunto de ideas judías. Su origen se remonta a la visión del mundo de los profetas, compenetrando de amor al mundo entero. También la idea de la fraternización de los pueblos es una herencia típicamente judaica» (cf. Fritsch, p. 202). Ya hemos visto que el congreso internacional masónico que tuvo lugar en 1917 en París indicaba, entre los verdaderos objetivos de la guerra mundial, además la constitución de la Sociedad de Naciones, la destrucción de las formas imperiales y monárquicas existen aún en Europa Central; pero es cierto también que los judíos veían en el hundimiento de estas formas «insoportables» (según la expresión del judío Lud¬wig) la desaparición de un obstáculo esencial para la realización de su política (cf., por ejemplo, la revista Der Jude, número de enero de 1919).

No deberíamos extrañarnos por un cierto número de elementos judíos que hayan afluido en las filas de la masonería y lo hayan hecho todo para convertirlo en uno de sus primeros y más poderosos instrumentos de trabajo. La hipótesis extremista, según la cual los judíos habrán creado la masonería en vistas de una dominación oculta del mundo, no puede, en nuestra opinión, ser tomado en serio. Pero es preciso admitir que en la internacional judía de un lado, y en la forma política moderna de la masonería, del otro, se manifiestan influencias estrechamente emparentadas. Sobre esta base, a medida que la masonería se orientaba hacia un humanitarismo subversivo y antijerárquico, el judaísmo debía representar en el seno de la secta un papel quizás más importante que el que los profanos, e incluso también de los masones de alto grado, pueden haber sospechado. En 1848 ya, el barón von Knigge, miembro de las diferentes logias de la masonería alemana que tuvieron, hasta tiempos relativamente recientes, como algunas logias inglesas, un carácter conservador, creyó necesario denunciar el peligro de las infiltraciones judías en la masonería, comprendiendo que los judíos «veían en la masonería un medio para consolidar su movimiento hacia un reino secreto». En 1928, tras un discurso entusiasta sobre la masonería, el rabino M.J. Merrit tuvo ocasión de decir: «No pudo existir lugar de culto masónico más propicio que éste, ya que la masonería es inseparable de la historia del pueblo al cual este templo (un templo judío) pertenece: en verdad, la masonería ha nacido de Israel». Otra declaración muy reveladora (citada por Vaulliaud): «La esperanza que sostiene y fortifica la masonería, es la que aclara y confirma Israel en su vida dolorosa, mostrándole el triunfo seguro en el porvenir. El advenimiento de los tiempos mesiánicos, ¿acaso no es la constatación solemne y proclama definitiva de los principios eternos de la fraternidad y del amor, la asociación de todos los corazones y de todos los esfuerzos, la coronación de esta maravillosa oración de todos los pueblos de los que Jerusalén será el centro y el símbolo triunfante? Como siempre, esta declaración de amor encuentra una respuesta inmediata en la masonería. Apoyándose aparentemente sobre el hecho de que la iglesia judía no tiene dogmas, sino símbolos, al igual que la masonería, el diario masónico Acacia afirmó: «Es por esto que la iglesia israelita es nuestra aliada natural, por esto nos apoya, por esto un buen número de judíos militante en nuestras filas».

Hemos llegado aquí al punto más importante para nuestro problema, que recibe sin embargo distintas respuestas según las ideas que uno se haga de la acción efectiva del judaísmo y de sus finalidades, suponiendo que se pueda verdaderamente hablar de finalidades en el sentido de un plano unitario internacional. Hacer estadísticas para establecer el porcentaje de judíos en el seno de la masonería no es decisivo, pues la táctica judía es suficientemente conocida; como la de todo poder enmascarado, no consiste en imponerse por el número, sino mediante una infiltración oportuna que permite controlar insensiblemente, desde lo alto y desde los bastidores, todos los nudos vitales de una organización dada; por ello una investigación en esta dirección está condenado, por la misma naturaleza de las cosas, a perderse entre las arenas. La convergencia entre la masonería y el judaísmo revela más o menos un dominio de «afinidades electivas»: basta recordar que el judío espontáneamente fomenta y sostiene toda idea liberal, democrática e internacional, simplemente porque ningún pueblo más que el pueblo judío, en razón de su condición, gana al triunfar ideologías de este tipo y a la eliminación de todo orden jerárquico y autoritario, nacional y tradicional. Además, el resentimiento secular del judío contra el catolicismo encaja de maravilla con el odio masónico hacia Roma y con el símbolo de un Templo que lleva un nombre judío, el cual, en último análisis, sirve de punto de encuentro a todas las fuerzas de un frente internacional hostil a la autoridad supranacional católica.

Pero las cosas de presentan de otra forma si se estima que la acción destructora ejercida –sea con circunspección o sea instintivamente- en tantos dominios por numerosos elementos judíos, no expresa las verdaderas finalidades secretas del judaísmo. Si se alude al mito de los famosos Protocolos, esta acción no es más que preparatoria en relación a los fines ulteriores perfectamente conocidos por jefes de la internacional judía, suponiendo que estos jefes existan, fines por así decirlo inmanente al «espíritu» de Israel. Por lo demás, no es necesario referirse a un documento tan controvertido como los Protocolos: numerosas declaraciones positivas pueden despertar sospechas análogas, y nos contentaremos recordando, por ejemplo, palabras poco conocidas que Baruch Levi escribió a Karl Marx, que vale la pena reproducir: «El pueblo judío, en tanto que colectividad, será su propio Mesías. Su dominación sobre el mundo será realizada por la unión de las otras razas humanas, la eliminación de las fronteras y de las monarquías, que son los bastiones del particularismo y por la constitución de una república mundial, en el seno de la cual los judíos gozarán de sus derechos. En esta nueva organización de la humanidad, los hijos de Israel, hoy dispersos por todo el mundo, podrán convertirse por todas partes en el elemento dirigente, sobre todo cuando logren situar a las masas obreras bajo el firme control de algunos de ellos. Los gobiernos de los pueblos forman la república mundial, con la ayuda del proletariado, sin que este reclame esfuerzos, caerán todos en manos de los judíos. La propiedad privada podrá ser sometida entonces a los gobiernos de la raza judía, que administrarán los bienes del Estado. Así será realizada la promesa del Talmud, según la cual los judíos, cuando el tiempo haya llegado, poseerán las llaves de los bienes de todos los pueblos de la tierra» (cf. Revue de Paris, XXXV, 11, p. 574).

Resulta una paradoja tan singular como instructiva: el verdadero judío es tanto más antitradicionalista respecto a otros y al medio en que evoluciona, cuando está profundamente unido a su pueblo y a su tradición. Se trata pues de ver si las tendencias humanitaristas y democráticas del judaísmo no son más que formas de hipocresía, en el sentido donde la libertad con la que sueña el judío en el seno del mundo nivelado y « fraternalista » de los ideales masónico-liberales y otros respondería, no a la intención de los judíos de fundirse y desaparecer en este torbellino supranacional, sino que sería por el contrario la condición necesaria de una acción destinada a la afirmación de Israel y al hundimiento, en beneficio de este pueblo, de las relaciones de subordinación que conoció en el mundo antiliberal y tradicional. El hecho es que por todas partes donde los judíos han tenido las manos libres, han sabido llegar rápidamente a importantes puertos dirigentes en la vida pública, son cesar de mantener contactos, conforme a la solidaridad tenaz y “mutualista” de una secta. ¿Es posible como diría un matemático, «extrapolar» el alcance de este hecho e interpretar en función del mismo la acción global del judaísmo liberal-demócrata? Tal es, ciertamente, una cuestión grave. Equivale a preguntarse si no hay tras el judaísmo como antitradición -mas o menos ligada a todos los elementos subversivos de la época actual- un judaísmo como tradición, manteniendo con el primero la misma relación que el de un estado mayor con sus tropas. Si fuera así, se podría compartir la convicción de un historiador de la masonería, Schwarz Bostunitsch, según el cual «el secreto de la masonería, es el judío». Repetimos que no queremos caer en el mito, sino más bien referirnos a algunas conexiones invisible que, en el dinamismo de las fuerzas más profundas de la historia, pueden ser decisivas para comprender el sentido último de algunas corrientes colectivas, sobre todo cuando estas no están privadas de evocaciones rituales y cuando presentan una apariencia de jerarquía, sin que las energías así organizadas tengan un punto de referencia firme en jefes visibles. De todas formas, es evidente, desde el punto de vista práctico, que la primera hipótesis lleva a las mismas consecuencias que la otra. Política y socialmente hablando, masonería y judaísmo pertenecen al mismo frente. Y oponerse a él es necesario, se trata de combatir simplemente una utopía humanitaria niveladora, encontrando en si misma su principios y su fin, o bien que se trata así de paralizar uno de los principales instrumentos al servicio de la voluntad de poder oculto de una raza que no es la nuestra, y cuyo triunfo, visible o invisible, no tendría otro significado más que el declive de la más preciosa herencia de la mejor cultura indo-europea.


© Por la traducción al castellano: Ernesto Milà – infokrisis@yahoo.es