"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 18 de septiembre de 2012

Ecología y Revolución


Por Fernando Trujillo


La naturaleza es una entidad viva, el hombre primitivo sabia eso y sentía respeto y temor por ella. La naturaleza tiene un lado cruel y un lado bondadoso que se manifiestan ante nuestros ojos con el nacimiento de un borreguito y la muerte violenta de un ciervo a manos de un depredador.
Los paganos sentían una devoción por la madre naturaleza a la que veían como una entidad sabia, un conjunto de un todo: vida y muerte, creación y destrucción.
Todo pertenece a un Orden, a un equilibrio. El hombre moderno lo ha roto. Cientos de años de progreso tecnológico han cortado el lazo que existía entre el hombre y la naturaleza. Vivimos en una sociedad rodeada de cemento, no tenemos necesidad de cazar ya que podemos ir a un super mercado a comprar carne congelada, si nos aburrimos podemos ver la televisión para ver el futbol o ir a un centro comercial de compras, no tenemos necesidad de caminar ya que nos podemos mover en nuestros autos y cada minuto se inventa algo nuevo para hacer la vida más sencilla.
Según los teóricos del progreso lineal hemos evolucionado de vivir en las cavernas, en hostiles periodos primitivos a vivir en la mejor civilización de la historia donde todos los problemas están solucionados y donde la felicidad radica en consumir más productos materiales; el mejor auto, el mejor televisor, la mejor computadora, comer en el restaurante de moda, etc.
Cualquier falla en el sistema de luz que cause un apagón de luz provoca el pánico absoluto en los pobladores de las ciudades más modernas del mundo.
Cualquier indicio de una enfermedad lo que hace es causar el pánico más irracional en la población, todo se cierra o se ordena el uso de un tapa bocas.
La sociedad moderna ha dado a luz a generaciones asustadizas, débiles e incapaces de luchar por su supervivencia. Lo que ha resultado de la civilización moderna es contaminación, deforestación, caza indiscriminada de criaturas en peligro de extinción.
El hombre de la Modernidad le ha declarado la guerra a la naturaleza sin embargo a pesar de ese progreso industrial que tanto presume el hombre moderno el todavía sigue sujeto a las leyes de la naturaleza. La civilización moderna es débil y todo en la naturaleza tiene que morir. Es tiempo de una revolución ecológica.
Mirémonos de frente, vivimos dentro de cementerios de cemento y concreto llamado ciudades, trabajamos en empleos repetitivos y aburridos, la población mundial aumenta año con año sin control lo que significa más expansión de la civilización moderna a costa del reino animal, más deforestación y más urbanización sobre la tierra.
 A esta pesadilla la llamamos progreso, los bosques que son parte esencial del ecosistema están siendo destruidos, paisajes verdes llenos de vida ahora están poblados de industrias contaminantes, muchas industrias alegan que replantan los arboles que fueron cortados pero esos árboles tardan años en crecer y fortalecerse como los bosques viejos. La mentalidad moderna cree que esos bosques, junglas, desiertos y llanuras están alejados en los confines del mundo y que no tienen nada que ver con nosotros.
Estamos equivocados, la naturaleza está presente en cada momento de nuestras vidas, eternamente estaremos unidos a ella. Por desgracia esas junglas y pantanos están cada vez más cerca de las ciudades, la urbanización va acabando con esos ecosistemas cada vez que la población crece.
Dentro de unos años la Selva Lacandona, el Amazonas y el Himalaya serán ciudades modernas con casinos, restaurantes de comida rápida y antros en donde grotescas canciones de rap sonaran a todo volumen en donde antes sonaba el canto de las aves.
Una revuelta ecológica se opone a la industrialización, la urbanización y al desequilibrio natural que está sufriendo el planeta. La revuelta ecológica es parte de la revuelta contra el mundo moderno. La revuelta ecológica plantea recobrar el contacto del hombre con la naturaleza, recuperar el equilibrio perdido en siglos de progreso.
Sin embargo nuestro ecologismo no debe ser un ecologismo wannabe de aquellos ecologistas pro-sistema que predican un ecologismo vacio, hippie, muy acorde con el pensamiento del sistema democrático, mismo sistema que es financiado y sostenido por las corporaciones e industrias que destruyen el planeta. Queremos un ecologismo radical, violento y viril. Nosotros no creemos en las pancartas sino en las armas.

A las empresas solo les interesa el dinero que ganan con la muerte del medio ambiente, por más que digan que se adaptan para ayudar al medio ambiente esto es mentira.
Presentan soluciones fáciles que no atacan el problema de raíz y el problema son las industrias mismas. ¿Somos tan ingenuos como para creer que comprar productos ecológicos salvará la tierra? ¿Somos tan tontos como para pensar que un concierto contra el calentamiento global nos salvará? Nosotros no nos vamos a creer semejantes patrañas promovidas por las mismas empresas que contaminan el planeta.
Muchos ecologistas se mueven por la compasión, aman la parte bondadosa de la naturaleza pero desprecian su parte cruel, estos individuos tienen una moral simplista (y aún cristiana) de la vida.
La naturaleza es ajena a la moral humana, es ajena a cualquier dualismo o sentimentalismo patético. El carnívoro caza porque es su naturaleza no porque sea malvado, en la naturaleza los animales débiles son los primeros en caer en las garras de un depredador, el débil muere y el fuerte triunfa esto es una ley natural ajena a todo maniqueísmo.
Las enfermedades surgen para controlar poblaciones densas y mantener el equilibrio dentro de un ecosistema. Muchas especies animales tienen sistemas para regular su tasa de nacimientos y evitar problemas como la hambruna.
Como se puede ver todo en la naturaleza tiene su porque, nada es casualidad y nada es movido por un sentimiento, cualquier cambio dentro de un ecosistema por pequeño que sea puede causar un desequilibrio temible. La naturaleza no es una anarquía donde gobierna la absoluta libertad, eso es un invento. La naturaleza es un Orden completamente jerarquizado, los animales tienen una jerarquía natural en la que es el Macho Alfa el que gobierna en cada manada.
Dentro de una manada es este Macho Alfa el jefe no es la mayoría quien decide lo que se hace demostrando que solo el ser superior es el indicado para ser el jefe y esto se aplica a las sociedades humanas también.
La belleza de la naturaleza consiste en ese Orden, desde contemplar un hermoso paisaje hasta la más sangrienta persecución de un borrego por un lobo todo es parte del ciclo de la vida, parte de la grandeza de la naturaleza. Un verdadero ecologista ama a la naturaleza en sus dos facetas, a la naturaleza se le ama en todo su ser o no se le ama no hay medias tintas.
Una verdadera revolución ecológica propone soluciones radicales para salvar la vida, no queremos organizar un concierto contra el calentamiento global (¿Sabrán esos “ecologistas” que el ruido contribuye a dicho calentamiento?) ni tampoco abrazar causas propiamente burguesas de los pseudoecologistas políticamente correctos, a nosotros nos vale Al Gore o recolectar firmas para cerrar un KFC mientras hay otros diez millones abiertos en todo el mundo.
Queremos propuestas reales, que realmente cambien el mundo ese es el objetivo de toda VERDADERA revolución que se aprecie de serlo. Abolir la tecnología y las industrias, cerrar las fábricas, volver a la agricultura sin usar químicos o transgénicos.
Abolir el uso de la vivisección, prohibir las corridas de toros y todo lo que conlleve el sufrimiento de un animal, frenar el desarrollo nuclear y la ciencia moderna. Volver a un estilo de vida primitivo de caza y recolección de alimentos, volver a la agricultura.
Eliminar a la sobrepoblación mundial. Sobre la sobrepoblación el biólogo finlandés Pentti Linkola afirma: “¿Quién echa de menos a todos aquellos que murieron en la segunda guerra mundial? ¿Quién echa de menos los veinte millones ejecutados por Stalin? ¿Quién echa de menos a los seis millones de judíos de Hitler? Israel está superpoblado; en asia menor la superpoblación provoca luchas por unos pocos metros cuadrados de desierto. Las ciudades de todo el mundo fueron reconstruidas y rellenadas hasta el tope con gente hace tiempo, sus iglesias y monumentos restaurados, para que la lluvia ácida tenga algo que destruir. ¿Quién añora el potencial procreador desperdiciado de aquellos que murieron en la segunda guerra mundial? ¿Necesita el mundo otros cien millones de personas en este momento? ¿Hay escasez de libros, canciones, películas, perros de porcelana, floreros? ¿No es suficiente con mil millones de madres amantes y mil millones de dulces abuelas de cabellos grises?”
Estas palabras pueden resultar chocantes para mucha gente, la mentalidad humanista de los últimos tres siglos predica que mientras más seres humanos allá la convivencia será mejor, más gente podrá disfrutar la vida y habrá más obras literarias, más películas y más cultura.
Lo que resulta de la sobrepoblación es más urbanización como dije antes, más criminalidad, más pobreza y por supuesto más contaminación. Se debe frenar el exceso de vida en este planeta antes de que irónicamente este exceso de vida nos termine asfixiando. Cada vez hay un aumento en la población humana y la gran mayoría de esta población no contribuye a la sociedad. La gran mayoría vive para satisfacer sus deseos, esto es parte de un sistema creado para satisfacer los deseos de sus individuos sin que ellos aporten algún esfuerzo.
Dentro del sistema capitalista los seres humanos se reproducen como gusanos y se comportan como parásitos. En el reino animal aquellos animales que no aportan nada son rápidamente eliminados, ¿Por qué no puede hacerse lo mismo en las sociedades humanas? ¿Por qué seguir conservando a los parásitos? Desde que las ideas del cristianismo y la ilustración hicieron aparición se paso a considerar toda vida humana sagrada.
La vida es un privilegio reservado a los más fuertes, este mundo no es un cuento de hadas como la visión democrática quiere hacer ver, solo los más fuertes tienen el derecho a gobernar y a sobrevivir, y eso los que nos dominan lo saben.
La tecnología ha pasado a dominar al ser humano en lugar de ser el hombre quien la domine. Nos hemos vuelto dependientes de la tecnología, no podemos estar lejos de un televisor, un auto o una computadora.
Estar sentados se ha vuelto una actividad nata mientras que habilidades como la caza, el valor o la fuerza van desapareciendo.
Las profecías de Orwell y Huxley se han vuelto realidad. Lo que proponemos es limitar el uso de la tecnología, acabar con la sociedad del deseo de la democracia, crear un nuevo estado.
Proponemos un estado vigoroso que haga valer la revolución ecológica, un estado gobernado por un Macho Alfa que no tenga miedo de la opinión de las mayorías ni se deje llevar por las encuestas.
El nuevo estado debe mantener un estricto control sobre la tecnología, sobre la ciencia, sobre la población. Limitar todas estas cuestiones nocivas para el planeta, limitar las industrias o cerrarlas definitivamente. Únicamente serán aprobadas las industrias o los inventos que ayuden al planeta, todo lo que perjudique al medio ambiente serán prohibidos.
En pocas palabras volver a dominar la tecnología, la cacería se realizara únicamente para alimento de la población o en defensa personal en caso de ser atacado, estará estrictamente prohibido la cacería con fines deportivos.
El estado dará prioridad a los mejores individuos sobre los peores. De esta manera se tendrá un control sobre la natalidad, limitando la más irresponsable de todas las libertades en el mundo moderno, la libertad de procrear.
El estado que se propone en estas líneas debe recuperar el equilibrio perdido en más de tres siglos de democracia industrial.
Por supuesto este estado es un sueño en el mundo moderno, un gobierno que adopte esta media y otras que omití seria repudiado por las masas ignorantes, la humanidad hedonista prefiere una democracia que ofrezca pan y circo antes que un estado totalitario que ofrezca soluciones radicales con resultados efectivos.
La conclusión es que debemos tomar las armas de una vez, armar nuestra revolución ecológica, las mentiras se han derrumbado y todo se muestra ante nuestros ojos como es, vivimos en una tierra baldía llamada Modernidad en donde la naturaleza a nuestro alrededor ha muerto. La naturaleza lo es todo, es nuestra madre, nosotros somos sus hijos y pertenecemos a ella.
Nuestra revolución tiene que tener una conexión con la naturaleza, revivir el espíritu del hombre primitivo sobre el humanismo y la democracia.
Al leer estas líneas podemos tomar las armas, enfrentarnos al mundo moderno y luchar por la madre tierra o podemos ignorar esto, continuar creyendo que vivimos en la sociedad perfecta y seguir sentados frente al televisor viendo el nuevo episodio de Geys Anatomy mientras a nuestro lado tenemos una máscara antigás.

Diciembre 2009


Publicado en el Frente Negro nro. 2 el 22 de enero del 2010

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