"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 18 de julio de 2013

Varg Vikernes arrestado


Por Fernando Trujillo

 En días recientes en Francia el músico Varg Vikernes y su esposa la antropóloga francesa Marie Cachet fueron arrestados bajo la sospecha de planear un atentado terrorista. El motivo de tal sospecha fue la compra de cuatro rifles por parte de la esposa del músico que dicho sea de paso tiene licencia para portar armas y es socia de un club de tiro.
Tal motivo es totalmente ridículo y nos hace ver el grado de miedo y enajenación políticamente correcta que esta Occidente.
 Ahora por comprar armas eres sospechoso de terrorismo, si quieres ejercer tu derecho a portar un arma todos se escandalizan y eres vigilado de cerca por la policía.
El móvil para arrestar a Vikernes parece mas bien un pretexto para poder encarcelarlo, desde su blog y su sitio web Vikernes se ha reafirmado como un nacionalista, ha lanzado duros ataques al sionismo y al Nuevo Orden Mundial, era obvio que estaba comenzando a incomodar a ciertos círculos del poder.
Su arresto sucede en un país que dice defender la libertad de expresión y los derechos humanos, Francia el país que ha protegido al pederasta judío de Roman Polanski y en donde el gobierno lucho por la libertad de la secuestradora Florence Cassez, un país en donde inmigrantes africanos y árabes pueden expresar su odio por Europa y en donde se organizan conciertos de hip hop desde los cuales se cantan temas sobre asesinar blancos.
 Francia sumida en el caos multirracial, en la bancarrota económica y en la decadencia etica de su gente se sigue presentando como un “paraíso de tolerancia y libertad” claro que esta “tolerancia” y esta “libertad” son para homicidas, pedófilos, comunistas, terroristas y racistas anti-europeos.
El caso de Vikernes es un ejemplo de persecución ideológica y de linchamiento mediático, misma situación por la que están pasando revisionistas históricos, intelectuales, científicos y nacionalistas por oponerse a la realidad que nos impone el Sistema.
 Desde el lunes que Vikernes fue arrestado los medios electrónicos comenzaron a sacar falacias como el calificativo de neonazi, acusado de “preparar una masacre” y una supuesta vinculación con el asesino de masas Anders Breivik.
 Si estos mediocres que se las dan de periodistas hubieran investigado un poco como debería de ser sabrian que Vikernes rechaza el apelativo de neonazi y en sus artículos ha mostrado un total repudio contra Breivik. Basta con entrar a su sitio web y ver el articulo que lleva por nombre “Guerra en Europa parte V: Breivik sin velo” para poder ver la opinión que tiene el músico del multihomicida.
Acerca de “preparar una masacre” ¿Desde cuando comprar armas es sinónimo de terrorismo? Es parte de la ideología pacifista en donde las armas son sinónimo de muertes pero no ven más allá, son mentes demasiado enajenadas por los medios y que lavan el cerebro de los lectores.
El día de hoy Vikernes y su esposa fueron liberados de prisión pero siguen siendo investigados (léase acosados) por la policía.
El caso de Vikernes nos muestra hasta que punto puede llevar la persecución contra quienes piensan diferente, la defensa hacia Vikernes no es “enaltecer” ni una muestra de fanatismo si no de defensa de la libertad de pensamiento, si en este momento no defendemos nuestro derecho a disentir del Pensamiento Único del Sistema entonces seremos encarcelados y sometidos a la humillación mediática.
 Como el caso de Vikernes esta tambien el del doctor David Duke, el de Pedro Varela, el de Gerard Hoskin, el del doctor Waton y muchos otros cuyo único delito ha sido el tener una opinión diferente al Pensamiento Único. Vikernes somos todos y hoy en día todos somos prisioneros de un sistema en el que todo este permitido menos disentir.

 Julio 2013

miércoles, 17 de julio de 2013

En defensa de la eugenesia (II): Por una aristocracia biológica



Por Fernando Trujillo

 Todas las especies animales tienen jefes, este jefe tiene el nombre de macho alfa y es quien tiene el mando de la manada. Los lobos, los leones, cada manada tiene un jefe que se impone ante los demás.
Un caso parecido aunque con marcadas diferencias ocurre entre las abejas, las termitas y las hormigas en donde predomina la reina-madre, podríamos decir que las especies animales tienen un sentido de lo que es el patriarcado y el matriarcado pero eso sería tema para otro ensayo.
Lo que está claro es que las especies animales tienen una casta dirigente ¿Por qué con los humanos debería ser distinto? Entre los lobos el más fuerte es el que se impone, podríamos poner el mismo ejemplo los chimpancés que reconocen entre los suyos al alfa y le hacen reverencias al pasar.
 Las jerarquías existen en el orden natural, no son una construcción social como nos lo presentan las ideologías pseudo-humanistas de nuestra época.
 Entre los animales existen líderes, existe el concepto de propiedad y existe la lucha de poder, mi pregunta persiste ¿Por qué con la especie humana debería ser distinto? Somos parte del orden natural y estamos sometidos por sus leyes tanto como lo está cualquier otra especie pero nos hemos apartado de la naturaleza, hemos olvidado estas leyes e incluso tenemos la soberbia de pensar que estamos por encima de ellas.
Esta negación de las leyes naturales nos ha costado la veloz destrucción de nuestra especie, nuestra calidad genética es deficiente y nuestra involución espiritual se ha ido acelerando hasta llegar a ser una especie débil y dependiente de la tecnología.
La patología de nuestro sistema de establecer una igualdad obligatoria entre todos los individuos ha resultado desastroso, no solo porque la igualdad es imposible de logar en cualquier sistema si no porque impide el nacimiento y desarrollo de los individuos de mejor calidad genética que formarían una nobleza genética. La eugenesia como ciencia establece una aristocracia biológica conformada por los individuos de mejor calidad genética, con altos valores éticos, más fuertes, más inteligentes y espiritualmente más elevados. Esta aristocracia basada en la genética es opuesta a la falsa “aristocracia” moderna basada en el poder adquisitivo y títulos nobiliarios que no tienen ningún valor en esta civilización.
¿Fomenta esto la discriminación? La respuesta es sí pero no nos engañemos, esta civilización democrática que tiene la igualdad como uno de sus estandartes es donde impera la discriminación monetaria.
Si tienes un auto del año eres “superior”, si tienes la ropa más cara puedes entrar a los antros de moda y a los restaurantes más exclusivos, si tienes mucho dinero puedes accesar a un hospital privado con todas las comodidades. La mayoría ve esto como algo normal pero esta discriminación es la más antinatural que pueda haber, en el mundo democrático el hombre vale más por su poder adquisitivo que por su genética.
 La discriminación biológica en cambio la genética es lo que predomina, existen los mejores y los peores, existen individuos genéticamente mejor aptos que otros.
No nos asustemos al escuchar esto, la desigualdad es parte del orden natural, permite el desarrollo de los individuos de modo diferente.
 La igualdad es un concepto contra-natura, no puede haber igualdad en el mundo natural, ni en ninguna especie, este concepto solo llevara a una especie a una lenta muerte.
Podríamos concluir esto diciendo que en el mundo antiguo existía una discriminación biológica mientras que en el mundo moderno impera una discriminación monetaria.

 Solo ha habido tres grandes estados eugenésicos: la India Védica, Esparta y el Tercer Reich alemán y todos ellos constituidos por una aristocracia biológica.
 De estos estados la India fue el primero en llevar un severo proceso eugenésico eliminando a los peores elementos y favoreciendo la alta natalidad de los mejores elementos.
 Los invasores indo-europeos que llegaron a la India alrededor del año 14000 A.C establecieron un estricto sistema de castas que permitía separar a los mejores (los elementos arios) de los peores (los elementos dravídicos-negros), de esta manera se estableció las bases para permitir el nacimiento y desarrollo de una aristocracia biológica.
 El Código Manu prohíbe las relaciones de diferentes castas y la unión de los mejores elementos para dar a luz a hijos con las cualidades de sus padres.
Similares procesos existieron en las civilizaciones de Europa, un ejemplo es el de la sociedad romana regida por la casta de los patricios.
 Los romanos herederos de las tradiciones eugenésicas de Esparta tenían entre sus leyes dar muerte a los niños con deformidades, también estaba la costumbre de dejarse al criterio del patriarca el dejar vivir o morir a un niño enfermo.
Estas medidas permitieron el desarrollo de una aristocracia biológica que fue diezmada en las guerras púnicas, los que sobrevivieron pudieron dar nacimiento al imperio pero la vida cómoda, la decadencia y corrupción fue apagando la herencia de los antiguos patricios provocando la caída del imperio.
Los barbaros germánicos que destruyeron al decadente imperio constituyeron una aristocracia biológica en todo el sentido de la palabra, barbaros, intrépidos, aguerridos y libres pero orgullosos de su herencia y de sus genes. Los germanos constituían una nobleza de sangre y espíritu contrario al decadente espíritu romano, la idea de inmortalidad de los germanos se encontraba en la herencia, las grandes hazañas, los actos heroicos se pasaban de padres a hijos, de esta manera los ancestros vivían en sus hijos, en su sangre.
Las tribus germánicas evolucionaron a lo que fue la nobleza medieval, el sistema feudal y la caballería. Fue esta nobleza la que dirigió las grandes naciones del Medievo y que construyo los grandes imperios de su tiempo. Sin embargo para ese entonces las antiguas practicas eugenésicas estaban casi en el olvido, el cristianismo que se impuso en los barbaros trajo la noción de igualdad rompiendo las bases de la estructura aristocrática del mundo antiguo.

 Una aristocracia biológica está constituida por los individuos con la mejor calidad genética, individuos aptos para gobernar. En un mundo sin eugenesia no existe una nobleza genética, vivimos en una falsa idea de igualdad donde cualquier tarado puede aspirar a un cargo público y una masa de tarados votara por él.
 No tenemos una aristocracia biológica pero tenemos una falsa aristocracia basada en el poder adquisitivo, vivimos pensando que todos somos iguales, revolcándonos en nuestra propia inmundicia.
 Creemos que el concepto de aristocracia pertenece al pasado pero vivimos admirando a los príncipes y reyes que aparecen en las revistas.
 Los gobiernos y la ciencia no están interesados en desarrollar una nobleza genética, eso constituiría un gran peligro a sus intereses, ellos están interesados en que la calidad humana siga devaluándose para tener un mundo de tontos a los cuales regir.
La principal labor de un estado eugenésico será preservar a sus mejores elementos y permitir el desarrollo de una nueva nobleza. Las leyes naturales dictan que debe haber líderes, es una falacia que se proponga una civilización sin lideres ni castas, en donde reine una falsa noción de igualdad, tal civilización solo puede haber caos. En todas las especies siempre hay especímenes que sobresalen del resto pero una especie que ha impuesto la igualdad como regla este proceso se trunca.
 Ignorando la selección natural como lo hemos hecho hasta ahora solo trae consigo la decadencia de una especie. La eugenesia puede volver a resurgir una nueva aristocracia biológica pero este resurgir no será posible en un mundo lleno de tabúes como lo es el nuestro.
 En un mundo corrompido biológicamente solo un estado eugenésico con una nobleza genética puede salvarnos pero hasta entonces ese momento parece lejano y seguimos pensando que somos iguales.

 Julio 2013

viernes, 12 de julio de 2013

Los gatos de Ulthar


H.P Lovecraft 

 Se dice que en Ulthar, que se encuentra más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo a aquel que descansa ronroneando frente al fuego. Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda aquello que ella ha olvidado. 

En Ulthar, antes de que los ciudadanos prohibieran la matanza de los gatos, vivía un viejo campesino y su esposa, quienes se deleitaban en atrapar y asesinar a los gatos de los vecinos. Por qué lo hacían, no lo sé; excepto que muchos odian la voz del gato en la noche, y les parece mal que los gatos corran furtivamente por patios y jardines al atardecer. Pero cualquiera fuera la razón, este viejo y su mujer se deleitaban atrapando y matando a cada gato que se acercara a su cabaña; y, a partir de los ruidos que se escuchaban después de anochecer, varios lugareños imaginaban que la manera de asesinarlos era extremadamente peculiar. Pero los aldeanos no discutían estas cosas con el viejo y su mujer; debido a la expresión habitual de sus marchitos rostros, y porque su cabaña era tan pequeña y estaba tan oscuramente escondida bajo unos desparramados robles en un descuidado patio trasero. La verdad era, que por más que los dueños de los gatos odiaran a estas extrañas personas, les temían más; y, en vez de confrontarlos como asesinos brutales, solamente tenían cuidado de que ninguna mascota o ratonero apreciado, fuera a desviarse hacia la remota cabaña, bajo los oscuros árboles. Cuando por algún inevitable descuido algún gato era perdido de vista, y se escuchaban ruidos después del anochecer, el perdedor se lamentaría impotente; o se consolaría agradeciendo al Destino que no era uno de sus hijos el que de esa manera había desaparecido. Pues la gente de Ulthar era simple, y no sabía de dónde vinieron todos los gatos. 

 Un día, una caravana de extraños peregrinos procedentes del Sur entró a las estrechas y empedradas calles de Ulthar. Oscuros eran aquellos peregrinos, y diferentes a los otros vagabundos que pasaban por la ciudad dos veces al año. En el mercado vieron la fortuna a cambio de plata, y compraron alegres cuentas a los mercaderes. Cuál era la tierra de estos peregrinos, nadie podía decirlo; pero se les vio entregados a extrañas oraciones, y que habían pintado en los costados de sus carros extrañas figuras, de cuerpos humanos con cabezas de gatos, águilas, carneros y leones. Y el líder de la caravana llevaba un tocado con dos cuernos, y un curioso disco entre los cuernos. 

 En esta singular caravana había un niño pequeño sin padre ni madre, sino con sólo un gatito negro a quien cuidar. La plaga no había sido generosa con él, mas le había dejado esta pequeña y peluda cosa para mitigar su dolor; y cuando uno es muy joven, uno puede encontrar un gran alivio en las vivaces travesuras de un gatito negro. De esta forma, el niño, al que la gente oscura llamaba Menes, sonreía más frecuentemente de lo que lloraba mientras se sentaba jugando con su gracioso gatito en los escalones de un carro pintado de manera extraña. 

 Durante la tercera mañana de estadía de los peregrinos en Ulthar, Menes no pudo encontrar a su gatito; y mientras sollozaba en voz alta en el mercado, ciertos aldeanos le contaron del viejo y su mujer, y de los ruidos escuchados por la noche. Y al escuchar esto, sus sollozos dieron paso a la reflexión, y finalmente a la oración. Estiró sus brazos hacia el sol y rezó en un idioma que ningún aldeano pudo entender; aunque no se esforzaron mucho en hacerlo, pues su atención fue absorbida por el cielo y por las formas extrañas que las nubes estaban asumiendo. Esto era muy peculiar, pues mientras el pequeño niño pronunciaba su petición, parecían formarse arriba las figuras sombrías y nebulosas de cosas exóticas; de criaturas híbridas coronadas con discos de costados astados. La naturaleza está llena de ilusiones como esa para impresionar al imaginativo. 

 Aquella noche los errantes dejaron Ulthar, y no fueron vistos nunca más. Y los dueños de casa se preocuparon al darse cuenta de que en toda la villa no había ningún gato. De cada hogar el gato familiar había desaparecido; los gatos pequeños y los grandes, negros, grises, rayados, amarillos y blancos. Kranon el Anciano, el burgomaestre, juró que la gente siniestra se había llevado a los gatos como venganza por la muerte del gatito de Menes, y maldijo a la caravana y al pequeño niño. Pero Nith, el enjuto notario, declaró que el viejo campesino y su esposa eran probablemente los más sospechosos; pues su odio por los gatos era notorio y, con creces, descarado. Pese a esto, nadie osó quejarse ante la dupla siniestra, a pesar de que Atal, el hijo del posadero, juró que había visto a todos los gatos de Ulthar al atardecer en aquel patio maldito bajo los árboles. Caminaban en círculos lenta y solemnemente alrededor de la cabaña, dos en una línea, como realizando algún rito de las bestias, del que nada se ha oído. Los aldeanos no supieron cuánto creer de un niño tan pequeño; y aunque temían que el malvado par había hechizado a los gatos hacia su muerte, preferían no confrontar al viejo campesino hasta encontrárselo afuera de su oscuro y repelente patio.  
De este modo Ulthar se durmió en un infructuoso enfado; y cuando la gente despertó al amanecer ¡he aquí que cada gato estaba de vuelta en su acostumbrado fogón! Grandes y pequeños, negros, grises, rayados, amarillos y blancos, ninguno faltaba. Aparecieron muy brillantes y gordos, y sonoros con ronroneante satisfacción. Los ciudadanos comentaban unos con otros sobre el suceso, y se maravillaban no poco. Kranon el Anciano nuevamente insistió en que era la gente siniestra quien se los había llevado, puesto que los gatos no volvían con vida de la cabaña del viejo y su mujer. Pero todos estuvieron de acuerdo en una cosa: que la negativa de todos los gatos a comer sus porciones de carne o a beber de sus platillos de leche era extremadamente curiosa. Y durante dos días enteros los gatos de Ulthar, brillantes y lánguidos, no tocaron su comida, sino que solamente dormitaron ante el fuego o bajo el sol. 

 Pasó una semana entera antes de que los aldeanos notaran que, en la cabaña bajo los árboles, no se prendían luces al atardecer. Luego, el enjuto Nith recalcó que nadie había visto al viejo y a su mujer desde la noche en que los gatos estuvieron fuera. La semana siguiente, el burgomaestre decidió vencer sus miedos y llamar a la silenciosa morada, como un asunto del deber, aunque fue cuidadoso de llevar consigo, como testigos, a Shang, el herrero, y a Thul, el cortador de piedras. Y cuando hubieron echado abajo la frágil puerta sólo encontraron lo siguiente: dos esqueletos humanos limpiamente descarnados sobre el suelo de tierra, y una variedad de singulares insectos arrastrándose por las esquinas sombrías. 

 Posteriormente hubo mucho que comentar entre los ciudadanos de Ulthar. Zath, el forense, discutió largamente con Nith, el enjuto notario; y Kranon y Shang y Thul fueron abrumados con preguntas. Incluso el pequeño Atal, el hijo del posadero, fue detenidamente interrogado y, como recompensa, le dieron una fruta confitada. Hablaron del viejo campesino y su esposa, de la caravana de siniestros peregrinos, del pequeño Menes y de su gatito negro, de la oración de Menes y del cielo durante aquella plegaria, de los actos de los gatos la noche en que se fue la caravana, o de lo que luego se encontró en la cabaña bajo los árboles, en aquel repugnante patio. 

 Y, finalmente, los ciudadanos aprobaron aquella extraordinaria ley, la que es referida por los mercaderes en Hatheg y discutida por los viajeros en Nir, a saber, que en Ulthar ningún hombre puede matar a un gato.