"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







miércoles, 31 de diciembre de 2014

Metafísica de Hollywood



Por Fernando Trujillo

El cine es una poderosa arma de propaganda, eso lo sabía Griffin cuando dirigía su epopeya sobre el Ku Klux Klan El nacimiento de una nación y también lo sabía Stalin cuando ordeno la producción de Iván el terrible una épica en la que quería levantar el nacionalismo ruso en el pueblo.
Eso lo sabe muy bien quienes controlan Hollywood la así llamada “meca del cine”, al año Hollywood distribuye todo tipo de películas que van de la comedia, al terror, al drama, al así denominado “cine de arte”, el musical, el cine épico, etc. Casi la mayor parte de las películas que están en cartelera vienen de Hollywood.
Ahora cuando hablo de Hollywood no me refiero solamente al así llamado “cine comercial” sino al denominado “cine alternativo”, “underground” y al antes mencionado “cine de arte”—etiquetas dadas por círculos cinéfilos demasiado pretenciosos—Hollywood está conformado por múltiples estudios, productores, corporativos, organizaciones, gremios, todo relacionado con intereses financieros.
Detrás de todas esas películas, de todo el goce y enajenación se encuentra la metafísica de Hollywood; materialismo, degradación sexual y baja cultura para mantener a hombres y mujeres enajenados frente a la pantalla.
Quien piense que la maquinaria de Hollywood es puro entretenimiento es que no sabe nada ni de política ni del mundo en el que vivimos.
Se sabe que en los ochenta la administración Reagan ordeno hacer una serie de películas propagandísticas, de ahí tenemos Rambo IV  en donde el héroe pelea contra los soviéticos, Rcoky IV donde el villano es Ivan Drago un boxeador soviético, la película Red dawn que narra como un grupo de adolescentes se enfrenta a una invasión comunista. No es necesario expandirnos más en este rublo.
No vamos a negar que existen películas buenas, que hemos disfrutado en algún momento de películas y series hechas en los Estados Unidos pero eso no debe ser un impedimento para hacer una crítica.
La ideología de Hollywood es la ideología posmoderna del goce efímero por encima de cualquier noble virtud, es la supremacía de los valores capitalistas sobre los valores occidentales ancestrales.
Al año Hollywood vomita un sinfín de películas de diversos géneros en los que se hace apología de la comedia vulgar, el entretenimiento soez, el sadismo, las parafilias sexuales y los valores surgidos del Pathos de la democracia: feminismo, LGTB, marxismo cultural, igualitarismo, etc.
La elite del mundo del entretenimiento conoce bien a su público: para los adolescentes tiene películas cargadas de sexo, drogas y música de moda, para las parejas tiene películas románticas, para los idiotas tiene las comedias soeces, para los sádicos y disfuncionales tiene las películas llenas de sangre, violencia y perversiones sexuales. Todas estas películas tan diferentes y para públicos tan variados tienen algo en común: la supremacía del goce.
La misión del hombre posmoderno es este goce efímero, gozar del sexo, gozar de la comida rápida, gozar del partido de futbol, la sociedad occidental tiene por máxima el goce ilimitado, una forma de anestesia.
Todo está hecho para el goce del ser humano, la música está hecha para gozar, la televisión está diseñada para gozar y por supuesto el cine está hecho para el goce del espectador.
En las películas hay una exaltación del goce ilimitado, ya sea en el sexo, en la comida o en la tortura de un individuo pero la supremacía del goce está ahí.
Lo vemos en la película Bastardos sin gloria de Quentin Tarantino en el que la tortura y asesinato de soldados es el objetivo del goce, lo podemos ver también en la series de películas cómicas American Pie en la que el sexo es el fin del goce.
Para lograr este preciado goce se recurre a la degradación sexual, a la despersonalización de la sexualidad masculina y femenina, a la autodestrucción del cuerpo.
Las películas de Adam Sandler ilustran esta ideología, si lo vemos con un punto crítico todas sus películas siguen un mismo patrón, una misma tendencia, en el que el protagonista un tipo mediocre, algo estúpido después de muchos enredos accede al happy ending y al triunfo del goce. Pongo este ejemplo porque los personajes de Sandler ilustran al hombre posmoderno actual—adicto al sexo, a lo banal, sin identidad, un Hombre-Masa—un triste reflejo del hombre occidental de esta época.
 La película Spring breakers de Harmony Korine sigue esta misma tendencia en la que se mezcla la apología por el crimen y el erotismo en la que cuatro chicas siguen a un traficante rapero del tipo wigger como un héroe posmoderno (el cretino, el patán, el criminal como héroe para una civilización agonizante), en lo que se ha convertido en un himno a la generación Mtv.

La industria del entretenimiento tiene dos objetivos: mantener al hombre en una anestesia colectiva y como arma de propaganda.
Dentro de la metafísica de Hollywood el enemigo está representado por los antiguos valores occidentales, por eso la maquinaria del entretenimiento los pisotea, los mancilla y los pone ante el espectador como algo retrogrado, un enemigo del goce.
Un ejemplo seria la escena en la que se produce una matanza de vietnamitas con música de Wanger de fondo en Apocalypse now de Francis Ford Coppola, de esta manera el espectador relaciona música clásica, opera wagneriana con muerte, racismo y guerra.
Hollywood sigue la metafísica del arte moderno y posmoderno, en el que existe una ausencia de belleza, una carencia de complejidad cambiada por lo grotesco, lo insano y lo vacío. Actualmente muchas películas carecen de ser un arte elevado, es un “arte” para el Hombre-Masa en el que prima lo más bajo del alma sobre los altos valores de un arte elevado. El humor soez, el sadismo gratuito, el sexo vacío visto como mercancía para atraer al público, las peores patologías humanas expuestas como algo natural.
En una película ya no se necesita un motivo para matar o torturar solo es necesario mostrarlo de la forma más explícita para satisfacer al espectador.
La violencia y el sexo venden, por eso las películas de Tarantino son consideradas “obras maestras” al mostrar a mafiosos negros siendo sodomizados y jóvenes alemanes siendo torturados. La película Naranja mecánica de Kubrick  en la que la violencia de forma sádica es vista como algo divertido.
Kubrick—quien se decía era un judío que se odiaba a sí mismo—tergiverso la novela original que era una dura crítica del conductismo de Skinner, en una fantasía psicodélica de violencia, sexo y drogas.
Esta oscura metafísica nos pone en letargo al entretenernos con estas películas mientras manipula nuestra forma de ver la vida y nuestra cultura.
La película Woodsman mueve al espectador a sentir simpatía por un pedófilo en rehabilitación, adelantándose a los planes del lobby LGTB de declarar la pedofilia una “orientación sexual” más.
La película Milk con Sean Penn en el papel de un político homosexual fue estrenada en 2008, año del primer triunfo electoral de Barack Obama el primer presidente afroamericano de ese país, relacionando a ambos personajes como héroes de las “minorías oprimidas” y de esta manera nuestra visión del mundo está siendo manipulada.
Si estamos siendo manipulados, si Hollywood es un arma de control mental que envenena a la población occidental con libertinaje, materialismo relativismo moral, degradación del cuerpo humano y todas las patologías más enfermas vistas como algo “normal”.
Y esta manipulación se extiende a la televisión, la música, el arte, los videojuegos, toda forma de entretenimiento esta de alguna u otra forma manipulada.
Quien quiera creer que es solo entretenimiento está en su derecho, eso no va a quitar el hecho de que la metafísica de Hollywood esta de alguna u otra manera en nuestro cerebro.
No se trata de hacer un boycott a esta industria, se trata de formarse culturalmente, leer a autores disidentes, tener un criterio propio y ser sobre todo critico ante las grandes mentiras de Hollywood.

Agosto 2014


Publicado por primera vez en Filosofía Disidente:  Metafísica de Hollywood


martes, 23 de diciembre de 2014

Krampus



La historia del Krampus forma parte del folklor navideño junto con Santa Claus aunque a diferencia de este último no goza del cariño o popularidad, en parte debido a su siniestra naturaleza. Este relato es mi propia adaptación del personaje y es al mismo tiempo un regalo de navidad para ustedes mis lectores. Espero lo disfruten, feliz navidad a mis lectores cristianos y feliz Yule a mis lectores paganos.

Fernando Trujillo

Amanda estaba comentando las fotos que su amiga Nicole había subido a face, en ella su amiga y sus primas se encontraban en Plaza Cumbres haciendo muecas graciosa so tomando un chocolate frio en Starbucks.
Miro el paisaje por la ventanilla, había un poco de niebla, un anuncio que te decían que debías hacer en caso de encontrarte con un oso, ciclistas y un sujeto que estaba paseando a su perro, un enorme San Bernardo.
Lo típico cuando vas a pasar la mañana en el parque de Chipinque.
A su derecha su hermana mayor estaba escuchando Icona Pop a todo volumen en sus audífonos, atrás su prima y su hermanita estaban profundamente dormidas.
Continúo mirando su celular.
Habían comenzado las vacaciones navideñas, desde el jueves estaba libre y pasaba sus días con sus amigas, viendo tele o en face.
Su padre les aviso que ya estaban llegando, era un domingo por la mañana, beber el chocolate caliente que le preparaba su madre.
Su padres le aviso que ya habían llegado al parque, en la parte de atrás su tía despertaba a las niñas y su tío toco el hombro de su hermana para que se quitara los audífonos.
El parque estaba con varias familias, parejas, hacia demasiado frio y había una espesa niebla alrededor.
Había ciclistas, corredores y turistas de otros estados de la republica tomando fotos, la familia encontró una banca donde establecerse.
-Amanda lleva a Beth a los columpios, tu prima quiere ir—le pidió su madre mientras los padres de la niña tomaban fotos a los alrededores.
-Si mama—le respondió cargando a la pequeña y acercándose a los columpios, la niña era muy risueña.
Le gustaba estar con su primita, era la primera hija del matrimonio de sus tíos y después de navidad no los vería hasta las vacaciones de verano, con suerte en semana santa.
Coloco cuidadosamente a Beth en el columpio y la comenzó a mecer lentamente y la niña reía y reía.
Su tía les tomo una foto.
La iba meciendo cuando alzo su vista a lo lejos, hacia donde estaba la niebla y los árboles, un detalle llamo su atención.
Algo se escondía detrás de los árboles, dejo de mecerla por un momento para observar con más detalle, pudo reconocer una silueta oscura detrás de los árboles, algo que las observaba.
Estaba segura que las veía.
No alcanzo a distinguir su forma física debido a la lejanía y a la niebla sin embargo ahí estaba, escondido, observando.
En ese breve momento sintió algo en su pecho, algo que no estaba bien, era miedo lo que sentía y en ese momento no supo explicarse el porqué.
-¿Te sucede algo?—pregunto la pequeña Beth, Amanda hizo un gesto negativo, cuando volvió a mirar aquella silueta oscura ya no estaba. Pensó que debía de ser su imaginación jugándole una mala broma.
-Ven vamos con mis papas—dijo cogiendo de la mano a su primita, esa aparición ya no estaba pero aún se sentía inquieta y no sabía explicarse porque sentía eso.
La familia de Beth había venido desde Anaheim a pasar unos días con la familia, era la época navideña y las niñas se encontraban muy emocionadas.
Era un día de campo cualquiera, el padre de Beth había sacado los sándwiches y los refrescos de la hielera, la madre de Amanda los colocaba en la mesa del parque.
-¿Se divirtieron niñas?—pregunto el padre de Amanda, ella asintió con la mirada, Ofelia su hermana mayor estaba con sus audífonos escuchando a Taylor Swift, su madre se los había quitado para que la ayudara con la cámara.
Amanda Riquelme tenía once años, era una niña de cabello castaño que iba en el último año de la escuela primaria, era una niña inteligente, la que tenía las mejores calificaciones de su colegio.
Beth y Carola la hermana pequeña de Amanda estaban jugando a un lado de la mesa mientras los papas de ambas niñas platicaban, Amanda solo miraba a los árboles, donde estaba la niebla, donde había visto a esa sombra.
Estaba con una inquietud, algo la había hecho sentir triste pero más que nada la había hecho sentir una angustia que hasta entonces no había conocido.
-Amanda ¿Estas bien?—le pregunto su madre.
Ella asintió.
-Pásame una botella de agua—pidió a su hermana, intento fingir que todo se encontraba bien pero sabía que algo había cambiado. No podía explicarlo, no era tan sencillo, era algo extraño, algo arraigado al instinto de todo niño.
Tomo un sorbo de agua y comenzó a comer, pensó que si dejaba ese asunto pronto se olvidaría y entonces miro a Beth riendo, no pudo evitar sentir de nuevo esa angustia, estaba preocupada por su prima, porque algo la había observado.


Faltaban tres días para navidad, esa noche Amanda se encontraba en su habitación viendo Disney Channel, estaban pasando un viejo episodio de Phineas and Ferb, le cambio a Cartoon Network en donde estaban pasando Hora de Aventura su programa favorito. Se sentía relajada con ese programa, sus personajes favoritos eran Jake el perro y Marceline, tenía peluches de ambos y un afiche del rostro de Jake en su cuarto.
Sus tíos pasarían las fiestas en la casa, se irían hasta el segundo día de enero, en su mente volvió a repasar lo que había observado, esa sombra, esa figura que no conocía su nombre pero que le hacía sentir escalofríos.
¿Qué es lo que era?
Todos los niños temen a algo pero Amanda ya estaba entrando a la pubertad para seguir teniendo miedo de seres imaginarios. Cuando uno crecía sabía que los monstruos solo existían en las películas, por lo menos los imaginarios.
El mundo real, el mundo de los adultos al que ella estaba entrando tenía otra clase de monstruos, la psicóloga de la escuela les hablo de hombres que buscaban a las niñas, les ofrecía dulces y querían ganarse su confianza, pero ellos querían otra cosa, querían hacerles daño y Amanda sabia que clase de daño, se había percatado de cosas parecidas en las noticias.
Abuso sexual, trata de personas, asesinatos, los hombres malos buscaban a las niñitas para hacerles esas cosas tan horribles.
Pensó en Beth.
Le puso “mute” a la televisión, se quedó pensando en la figura detrás del árbol, su primer pensamiento es que se trataba de un curioso, alguien que pasaba por ahí pero ese consolador pensamiento se esfumo velozmente, entonces dio paso a uno de esos hombres malos que estaba mirando a Beth.
Pensó que tal vez sería un secuestrador o uno de esos hombres que se sienten atraídos de manera morbosa hacia las niñitas pero había algo extraño.
No era un ser humano.
Amanda sacudió su cabeza pensando que esa idea era muy tonta, propia de una niña con la edad de Beth y sin embargo persistía en su mente.
Aquello que las observaba no era humano.
Se levantó de la cama, iba a la cocina  a buscar un vaso con agua, en la habitación de enfrente su hermanita y su prima dormían juntas. Bajo las escaleras, en la puerta se encontraba Ofelia con su amiga Lorena, iban a una fiesta.
Abrió una caja de galletas de donde saco unas dos galletas de chocochips, la cerro cuidadosamente y después abrió la puerta del refrigerador de donde se sirvió un vaso con agua. Mientras volvía a su cuarto se comía las galletas, entro de nuevo, cerró la puerta y volvió a ponerle sonido a la tele.
Hora de Aventura había terminado.
Por un rato de la paso cambiando de canales sin mucho que ver, la detuvo de nuevo en Disney Channel donde comenzaban a transmitir la película Enredados.
Se quedó viendo la película y un rato después apago la tele, se puso sus audífonos y escuchaba su lista de canciones que iban desde Demi Lovatto hasta Avril Lavigne.
Poco después guardo los audífonos en su cajón, apago la luz y unos minutos después se quedó profundamente dormida.

Estaba nuevamente en Chipinque pero en esta ocasión no había gente, no había nadie de su familia alrededor.
Se encontraba sola.
La niebla espesa estaba alrededor de todo el parque y solo había silencio, miro a su alrededor buscando un poco de coherencia a todo lo que pasaba.
Ningún insecto hacia algún ruido, ningún ave en el cielo, ningún animal cerca ni siquiera un oso de los que algún desafortunado visitante tiene la mala fortuna de encontrarse, ahí solo había silencio.
Estaba helado, ella solo vestía una pijama, se cubrió con las manos sintiendo el aire gélido sobre su cuerpo.
Camino buscando una salida, se fue poco a poco adentrando en el bosque y en esa niebla, no lo hacía porque quisiera sino porque sentía el impulso de entrar, algo la llamaba, no escuchaba una voz o algún ruido, solo sentía que algo la estaba llamando dentro de los bosques.
Los altos árboles se alzaban a su alrededor y una sensación de terror se iba incrementando en todo su ser.
Ahí habitaba algo antiguo, algo maligno, iba dando cada paso contra su voluntad, porque ese llamado no lo podía ignorar.
Escucho una risita infantil.
La risa de Beth.
Miro a su alrededor, detrás de ella estaba una niña corriendo, riendo, no podía ver quien era pero estaba segura que no era Beth.
Siguió caminando, mas adentro podía sentir que el miedo iba aumentando, ese terror no era algo nuevo, lo había sentido antes y en ese momento podía recordar esos momentos de la infancia que se iban olvidando con el paso de la madurez.
El terror que sentía cuando mama apagaba la luz, cuando era la hora de dormir, cualquier ruido te despertaba de golpe, cualquier detalle hacia que despertaras llorando y siempre llegaban tus padres como ángeles guardianes a decirte que todo estaba bien.
Pero no lo estabas.
Camino y encontró una inscripción en un árbol, entonces se detuvo, por un momento se preguntó si fue ella o si fue esa extraña fuerza que la impulsaba a seguir caminando.
«Krampus»
«El Krampus te observa»
Dio un paso atrás, ese nombre despertó un sentimiento de pánico puro, algo que solo podía entender un niño, corrió lo más rápido que podía en busca de salir de ese bosque, el nombre le vino a recordar las pesadillas que tenía cuando era una niña pequeña y que seguro su primita y su hermanita debían de tener.
Solo árboles y más árboles cubiertos con niebla ni un rastro de la salida del parque o de la autopista, al mirar atrás vio una sombra, algo que permanecía de pie a lo lejos, parecía tener una forma humana sin embargo ella sabía que no lo era. Tropezó con una piedra y soltó un grito que la hizo despertarse.
Un grito la sacudió.
Venia de la habitación de Carola en donde estaba Beth, Amanda se levantó, encendió la luz, sus padres ya estaban en la habitación de su hermana pequeña.
-¿Qué pasa?
-Nada cariño, tu prima tuvo una pesadilla—le dijo su madre, los papas de Beth ya estaban ahí reunidos para consolar a su hija, se dio cuenta que también Carola estaba llorando pero se encontraba segura que ella no soñó con esa criatura, más bien fue el grito de su prima la que la asusto.
Su mama estaba cargando a Carola tranquilizándola, mientras en la habitación la mama de Beth la estaba tratando de calmar.
La niña le narraba la pesadilla que tuvo, Amanda escuchaba como era idéntica a la suya, la diferencia es que en su relato Beth afirmaba que el monstruo la llamaba.
-Cálmate cariño ya paso.
No fue un sueño. No uno normal.
Su padre le ordeno que regresara a su recamara, ya todo había pasado pero no para ella, sabía que Beth estaba en peligro.
Cerró la puerta de su habitación dejando la luz encendida, se quedó un rato mirando la pared sin mucho en que pensar, solo no quería quedarse en la oscuridad.
Pensó en Beth.
Pensó en la amenaza de esa criatura y sintió una angustia enorme por lo que le podía causar a su primita.
Paso toda la noche en vela temiendo volver a ese bosque y volver a estar cerca de la presencia del Krampus.


Durante la mañana visitaron el centro comercial de Valle Oriente, Amanda se sentía cansada por la desvelada de la noche anterior pero más que nada estaba preocupada por lo que podía sucederle a Beth.
Veía a la niña en brazos de su madre reír, ella solo dio un bostezo pensando en lo que había soñado, pensando en su prima.
Al llegar a casa se quedó dormida en su cuarto, despertó una hora y media después para bajar a almorzar con toda la familia.
-Hola Cariño ¿Me ayudas a poner la mesa?
Respondió afirmativamente y se dispuso a poner los manteles, los cubiertos, los platos, sus tíos llegaron junto con Beth y Carola, Ofelia estaba aún dormida en su recamara.
Estuvo callada durante el almuerzo, pensaba en su sueño y en esa criatura que respondía al nombre de Krampus, ese sueño y ese nombre la habían estado persiguiendo durante todo el día.
Al término de la comida subió a su recamara y abrió su laptop, en el buscados coloco la palabra «Krampus» habían salido varios enlaces con algunas imágenes en las que estaba representado un ser antropomórfico con cuernos que azotaba a niños o los iba metiendo en un saco.
Vio un enlace que dirigía a un ensayo de un profesor de antropología e historia de las religiones en una página sobre demonología.
Abrió el enlace.
En todas las historias del Krampus este aparecía como una versión maligna de Santa Claus, si el primero les traía regalos a los niños buenos, entonces la labor de Krampus era castigar a los niños malos.
Estos castigos consistían en azotes, en llevárselos en su cesto al infierno o devorarlos, sonaba demasiado aterrador.
Con el pasar del tiempo el Krampus fue olvidado en la sociedad moderna, más temerosa y más políticamente correcta, siendo mencionado ocasionalmente en la cultura popular, un ejemplo de esto era un capítulo de la serie Supernatural en donde se hace una mención muy breve del personaje.
Amanda continúo leyendo.
El Krampus tenía similitudes con el dios Pan de los griegos y el diablo de la mitología judeocristiana, el autor tenía la teoría de que podían tratarse de la misma entidad o quizás de familiares cercanos.
Con el paso del tiempo el Krampus quedo reducido a la comunidad europea sobre todo en las comunidades germánicas y eslavas en donde gozaba de una popularidad oscura mientras que en el resto del mundo estaba mayormente olvidado.
No obstante la historia del monstruo que roba niños, quedo en la memoria colectiva, en cada cultura los padres atemorizaba a sus hijos con un monstruo que se los llevaría para tener una buena conducta.
Cada época tenía una versión de este monstruo, en el Medievo se creía que los elfos robaban niños recién nacidos y los intercambiaban por un doble creado por medio de la magia, también se le llamaba el Coco, el Hombre del Saco y en este época con el creepypasta de Slenderman, todos ellos tenían las características de un ser que robaba niños, que se ocultaba en los bosques y se escabullía en la noche en busca de los niños.
Todas estas historias y estos monstruos pudieron originarse en el Krampus o tal vez todos ellos sean Krampus bajo diferentes nombres y disfraces.
¿Sera Krampus el mito original?
¿Pudo existir antes que esta encarnación?
Estas serían las preguntas más inquietantes de todas, quizás Krampus no sea el primer rostro de este monstruo, tal vez su origen se encuentre más atrás, antes de la llegada del cristianismo, antes de que las civilizaciones de Grecia y Roma se alzaran.
Más atrás cuando el hombre aún vivía en las cavernas, estaba ese monstruo acechando en los bosques, en la oscuridad, robando niños y tal vez las primeras tribus humanas temerosas sacrificaban niños a esta deidad maligna como forma de aplacar su hambre.
Así surgieron los sacrificios a dioses como Moloch entre los hebreos y los cartagienses ¿Sera Moloch un disfraz anterior al del Krampus?
Entonces resumiendo, existía la posibilidad que Krampus, el Hombre del Saco, el Coco y Slenderman sea el mismo ser bajo diferentes disfraces en diferentes épocas de la historia humana.
Amanda termino de leer.
El ensayo solo le aporto teorías del origen de este ser pero no un método para rechazarlo o evitar que viniera por su primita.
-Cariño ven necesito que me acompañes al super.
Era su madre llamándola.
-Voy mama.
Tal vez solo se estuviera sugestionando, su padre decía que todo estaba en la mente y mientras más iba pensando en eso más se iba sintiendo con miedo.
Se dijo que no podía ser real, cerro su laptop y se vistió rápidamente, agarro su ipod y bajo las escaleras.
No era real, se dijo.
Todo es producto de su imaginación, se dijo más fuerte.
Pero no lo era, una parte de si le advertía que ese ser estaba por llegar, la niña que quedaba en ella le decía a la niña que estaba creciendo que el monstruo iba a su hogar.

Paso la Nochebuena.
Toda la familia Riquelme reunida en casa para celebrar con pavo, romeritos, ensalada navideña—que a Amanda y sus primos no les gustaba—cerveza y vino para los adultos, Amanda permaneció callada al lado de Beth mientras que la familia se encontraba celebrando, platicando y en algunos casos fingiendo simpatía por familiares que no les agradaban. Ella solo pensaba en lo que había leído y soñado, aunque Amanda la pre-adolescente se decía que eso no existía, la niña que estaba dejando de ser le pedía proteger a Beth.
No quería pensar en eso.
Ofelia platicaba con su primo Xavier el cual le platicaba de un viaje que hizo a Canadá, la invito a que fueran en bicicleta a Chipinque un día de estos.
Así paso la cena de Nochebuena, las niñas se acostaron temprano mientras que los adultos continuaron hasta las dos de la mañana.
En su recamara Amanda se encontraba durmiendo, al principio le costó trabajo pero poco a poco se fue quedando profundamente dormida.
Repentinamente abrió los ojos, sintió una sensación inquietante y gélida en su piel, al levantarse de la cama vio en su reloj que eran las tres de la mañana.
Jade un poco y se puso de pie, pensó ir a tomar un vaso con agua, la casa estaba en total oscuridad, camino un poco hasta las escaleras y fue bajando poco a poco, a pesar de la calefacción sentía mucho frio, se preguntó si estaría descompuesta.
Algo la perturbo. Un sonido que venía de la sala.
La puerta de la casa se estaba abriendo, Amanda se escondió detrás del pasillo, pensó en subir corriendo para avisarles a sus padres que alguien estaba por entrar pero eso no serviría de nada. Sabía quién era el que estaba entrando.
La puerta se había abierto, una briza gélida entrando a la casa era el preludio para su llegada. Amanda aterrada observaba al extraño poner un pie dentro de la casa, no era como alguna de las imágenes que vio en la red, se trataba de un hombre alto vestido elegantemente con un atuendo del siglo antepasado, una capa negra, un sombrero de copa y un bastón con la cabeza de un demonio plateado como mango.
No podía verle el rostro cubierto por la oscuridad pero ella sabía que era el Krampus y venia por Beth, estaba pálida del terror sin embargo aun así corrió hasta las escaleras subiendo a toda prisa hacia el cuarto de su hermanita. 
Detrás de ella escuchaba el lento caminar del monstruo, pasó a paso como si no tuviera ninguna prisa, como si supiera que iba a obtener a su primita sin importar cuanto intentaran escapar.
Amanda entro al cuarto de su hermana y cargo a Beth, el monstruo estaba llegando al cuarto cubierto por las sombras, caminando elegantemente en el pasillo. Beth se despertó y empezó a llorar, Amanda cubrió su boca.
Ni sus padres, ni sus tíos ni sus hermanas se despertaron, era como si no se hubieran percatado de la intromisión de la criatura en su hogar. Como si estuvieran bajo un hechizo o si ellas al soñar con ese momento fueran las únicas que podían advertir su oscura presencia.
Bajo por las otras escaleras, mientras atrás el Krampus iba caminando a su encuentro, corría hasta llegar de nuevo a la puerta, afuera el frio era insoportable, ellas solo vestían unas pijamas, por un momento se detuvo sin embargo al escuchar los pasos cada vez más cerca de la criatura tuvo el valor de correr hasta la entrada y salir a la calle.
Amanda se estaba cansando de tanto correr y Beth lloraba cada vez más fuerte, su perseguidor iba a pie sabiendo que las alcanzaría en algún momento, para el esto no era un reto ni siquiera un entretenimiento, era algo insignificante.
La niña se sentía angustiada, llena de pánico y mientras más corría se sentía más cansada, a tres calles de su hogar tropezó cayéndose encima de unas bolsas de basura.
Comenzó a llorar, frente a ella estaba el Krampus, estaba de pie observándola y entonces alzo la mano, Beth fue caminando hacia la criatura, Amanda por su expresión dedujo que la niña estaba bajo la influencia hipnótica del ser.
Krampus acaricio su cabeza y la niña fue a su derecha, cogió mano pequeña, Amanda observaba entre el terror y la perplejidad.
Tenía lo que quería sin embargo aún no se retiraba, aún tenía algo que hacer antes, miro a Amanda, ella no podía ver su rostro, las facciones ocultas en la negra noche, no podía ver su expresión, no quería verlas.
Escucho una voz espectral en su mente, era un lenguaje que no conocía pero que sin embargo pudo entender, entonces empezó a gritar.

En la mañana de navidad los vecinos encontraron a una niña muerta en las bolsas de basura, horrorizados llamaron a la policía, poco después sus padres encontraron su cuerpo antes que se lo llevaran a la morgue.
Los familiares llenos de dolor notificaron a la policía la desaparición de Beth, según la ley tenían que pasar más de dos días para considerar a una persona desaparecida pero aun así la Alerta Amber ya había sido puesta en marcha esa misma tarde.
Ese día de navidad la ciudad conoció el triste caso de una niña encontrada muerta en la calle y otra niña desaparecida, fue la noticia del día en todo el estado, los noticieros, las redes sociales pronto hicieron énfasis a la tragedia de la familia Riquelme.
Desde entonces en todo el mundo, en cada país cada niño marcado por el Krampus veía antes a una niña, un presagio de su futuro rapto, aquella niña pálida en pijamas y de mirada triste era su heraldo.
En cada pesadilla ella aparecía para advertirle a la desafortunada victima que esta fue escogida como tributo para su señor.
Aparecía en bosques, en lugares cubiertos con niebla, ella venia en el invierno cantando una canción triste y su llegada era siempre signo de la inmediata presencia de Krampus.
En años posteriores los niños comenzaron a temerle, en algunas comunidades aisladas del México los campesinos la llamaban “La Niña Abandonada” y colocaban en las puertas de sus casas una cruz y cantaban una oración para impedirle el acceso, los campesinos eslavos la llamaban “La Niña Maldita” y pronto entre ellos circulaban historias sobre su presencia, afirmando que ella le susurraba a su oscuro amo sobre que niños debían de ser tributos como una forma de descargar su furia.
Y esa niña de mirada triste y pálida siempre buscaba a su familia pero estaba condenada a no verlos jamás, caminaba por los bosques, se ocultaba en la niebla buscando una nueva alma en nombre de su señor.
En todos los poblados, pequeñas ciudades, en invierno y en otoño, los adultos no la escuchaban pero todos los niños podían hacerlo y temían porque sabían que el heraldo había llegado en nombre del monstruo:

Sus ojos te ven
Su boca murmura tu nombre
En la oscuridad el acecha pequeño
No intentes correr
No intentes esconderte
Que él se acerca
No intentes rezar
No intentes escapar
Que al final Krampus te atrapara



©Fernando Trujillo, todos los derechos reservados



Diciembre 2014

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Presentacion de mi livejournal

Hola me llamo Fernando Trujillo soy autor de varios libros electrónicos, de los blogs Imaginación al Poder y Ars Magna Cinematográfica. 

¿Porque decidí abrir un livejournal?

Primero que nada porque creo que en mis blogs hay cosas que no caben, otros temas mas personales que me gustaría abordar y que mis blogs no son para eso.

En este diario pienso retratar algunas cosas como anécdotas, experiencias como escritor, influencias, sueños, temas, noticias sobre algún nuevo libro por publicar, pensamientos, ideas que estoy llevando a cabo, nuevos proyectos y proyectos abandonados. Decidí que mis blogs no eran para ese tipo de cosas por lo que después de tanto decidí abrir este espacio donde colocar estos textos.

Eso no quiere decir que voy a contarles cosas muy intimas de mi vida personal o reseñar el día a día de mi vida, de mi familia o amigos. Esto sera una autobiografía, habrá algunas confesiones con ustedes lectores pero sin llegar al exhibicionismo. Aquí no encontraran fotos de lo que comí a diario, fotos de cosas que bebí, fotos familiares o selfies constantes, este espacio no sera para eso.

A diferencia de mis blogs en este espacio no hablara el escritor sino el ser humano, con sus virtudes y sus defectos. Estos son pedazos de mi alma.

¿Porque "camino del exceso"?

Es una de las frases del poeta William Blake que me ha marcado "El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría" mi vida y mi obra han sido conducidas por muchos excesos, por llevarse a los extremos, creo que esta frase resume mucho de lo que soy como persona.

En fin sean bienvenidos a este diario, a una pequeña parte de mi alma como escritor y como ser humano.

Un saludo


Caminodelexceso

viernes, 12 de diciembre de 2014

Europa: pagana y cristiana



Juan Pablo Vitali

Creo que el confesionalismo nos ha hecho mucho daño. El confesionalismo en la política, entiéndaseme bien, que por lo demás cada uno profesará su religión.
Europa no es una confesión sino una cultura, en la cual han florecido fenómenos religiosos. Europa ha sido pagana y ha sido cristiana. Pero eso no define demasiado, ya que cada pueblo europeo ha ejercido su paganismo o su cristianismo de diferentes modos. Y tanto paganos como cristianos europeos se han masacrado entre sí.
A América no ha llegado el paganismo europeo, pero el cristianismo que se profesa aquí tiene su propio perfil. Por otra parte, la espiritualidad sudamericana es un proceso dinámico y complejo.
La más antigua religión de los pueblos indoeuropeos fue precisamente el hinduismo: una religión que no hacía proselitismo. El proselitismo institucionalizado es una política, es confesionalismo.
Por lo general no me interesa si una persona que defiende a nuestro pueblo es o no religiosa en el sentido de las definiciones institucionales o de las etiquetas preestablecidas. Sólo le pido respeto a mis sentimientos y a mis inquietudes en tal sentido. No siendo cristiano, sé que el cristianismo ha formado parte de la cultura de nuestro pueblo por milenios. Y no me molesta ni podría molestarme, ya que el genio y la cultura de los nuestros ha vivido su historia enlazado con Cristo y el cristianismo. Pero no por eso me siento obligado a seguir esa religión. Detrás del cristianismo hay todavía muchos milenios más. Y como la espiritualidad es dinámica como la historia, puedo encontrar allí los elementos con los cuales me siento identificado sin sentirme anticristiano. Definirse por lo “anti” es triste y hace imprescindible al oponente en contra del cual nos definimos. En todo caso, si el cristianismo ha entroncado con el genio espiritual de una parte importante de nuestra gente, lo que amo y respeto es a nuestra gente y a su elección espiritual. No por eso dejo de tener yo la propia. No niego al cristianismo, solamente me molesta su costado totalitario.
En general, no soy yo como no cristiano quien tiene la necesidad de rechazar al cristiano, sino al revés. No me siento superior por mis búsquedas espirituales, pero tampoco quiero sentirme inferior. Y a menudo es difícil decir que uno no es católico entre católicos, aunque compartamos muchas cosas.
El espíritu religioso de los pueblos no se puede inventar. Ocurrió el paganismo y ocurrió el cristianismo. No sé qué ocurrirá ahora. Mi idea básica es que Europa desarrolló una gran cultura que nació en Grecia. No creo, como algunos neopaganos, que la decadencia haya sido culpa del cristianismo. En todo caso, Roma asumió el cristianismo y luego lo hicieron los pueblos del Norte. Si un pagano echa la culpa de algo así al cristianismo, utiliza el concepto de culpa que es una idea muy cristiana. Sería un contrasentido. Existió un largo proceso político y religioso que terminó con el paganismo tal como fue en la antiguedad, y lo incorporó de algún modo a la nueva religión. Unos dirán que para bien, otros que para mal. Hoy ese proceso ha quedado atrás. La supervivencia de la cultura europea como tal no encontrará una espiritualidad que se exprese igual que en el pasado. En nosotros está si esa nueva forma será para defender y construir juntos o para enfrentar y destruir separados. Poco margen de maniobra nos queda.
Y si la fe es un don de dios, yo agradezco a mis dioses la mía tanto como un cristiano agradece a su dios la suya. No obstante, somos parte de un mismo pueblo y de la supervivencia de ese pueblo es de lo que se trata. En todo caso necesitamos un número suficiente de grandes hombres que no tenemos. Con actitudes de totalitarismo confesional lo más probable es que no logremos reunirlos nunca más.

Fuente: El Manifiesto


viernes, 5 de diciembre de 2014

Iberos. Príncipes de Occidente




Hace un par de años se celebraron en Barcelona, con el reclamo de este mismo título, una exposición y un congreso que pretendían dar a conocer con más profundidad y profusión de datos y muestras la realidad de uno de los pueblos que habitaban, en la Antigüedad, en la Península Ibérica. Nosotros visitamos la exposición y pudimos extraer, entre otras, la siguiente consecuencia:
     Que no hace falta que seamos nosotros -los que defendemos concepciones del mundo y de la existencia diametralmente opuestos a las preconizadas por el Establishment que nos ha tocado padecer- los que tengamos que gastar nuestras energías en demostrar realidades tan obvias como la que tiene al pueblo ibero, o íbero, como uno más de entre los que forman parte de la gran familia indoeuropea. No hace falta, no, puesto que pudimos comprobar cómo los datos, restos arqueológicos y comentarios que se exponían en esta exposición y en sus publicaciones-guías venían a corroborar y a reforzar una realidad que para nosotros, y para muchos otros investigadores e historiadores, siempre ha sido incuestionable.  La “Cultura Oficial”, seguramente sin pretenderlo, vino a darnos la razón.    
     Las características más definitorias de la concepción de la vida, la existencia y la espiritualidad que siempre tuvieron los pueblos blancos no semitas eran, una y otra vez, asignadas a los iberos en los textos editados con motivo de la dicha exposición y en los comentarios vertidos por su comisaria, la Catedrática de Arqueología de la Universidad de Valencia Carmen Aranegui.
     Para empezar, la publicación-guía comienza afirmando textualmente que “Los iberos no vinieron de ninguna parte, aunque en otras épocas muchos estudiosos se empeñaron en afirmar que llegaron de Ásia o de África. Eran una gran etnia dividida en pueblos que habitaban la cuenca occidental del Mediterráneo”. Este es el primer golpe dado a los que pretenden encuadrarlos dentro de los pueblos semitas o camitas.    
     Otro de los rasgos de los pueblos indoeuropeos siempre fue el de su organización social de naturaleza vertical, fuertemente jerarquizada y estructurada en castas o estamentos sociales con unas funciones muy definidas y en cuya pirámide se hallaba la realeza detentadora de las potestades guerrera y espiritual. En el caso del mundo íbero no podía ser de otra manera y así los reyes detentaban el poder político y religioso como miembros que eran de la casta dirigente: la aristocracia o nobleza guerrera e impregnada de un sentido superior de la existencia. Casta que era la única que se dedicaba al ejercicio de las armas. Así, siguiendo la citada publicación, podemos leer que “En Iberia no existía un ejército profesional. Sólo los aristócratas tenían derecho a ser guerreros” o “Sólo los aristócratas tenían derecho a defender su ciudad, por eso están representados siempre –en esculturas e inscripciones- con sus armas”. Asimismo podemos seguir leyendo que “Era una sociedad jerarquizada. Los jefes  representaban a todo el grupo, organizado en familias nucleares”. Familias nucleares que nos recuerdan inmediatamente a otras equivalentes en otros pueblos boreales –o hiperbóreos, utilizando siempre terminología evoliana-  tales como los clanes celtas o las gens romanas.    
     De lo escrito en este parágrafo se desprende ineludiblemente una concepción guerrera de la vida muy propia también a los pueblos indoeuropeos, que no sólo concebían la guerra en su sentido externo y más obvio sino que incluso le daban una importancia mayor a su vertiente interna: en el fragor de la acción bélica el hombre vence sus debilidades, sus miedos, forja su voluntad, robustece su carácter, elimina las pequeñeces y miserias que nublan su alma y entra, en medio del frenesí del combate, en estados alterados de conciencia que le pueden permitir despertarse a una realidad superior de la vida más allá del mundo sensible.
     Y para corroborar el esencial sentido guerrero de la existencia del pueblo íbero seguimos leyendo que “El hombre, sin embargo, es la antítesis de la representación femenina. Sus atavíos más valiosos son las armas y a menudo se le representa desnudo con ellas” o que “Fueron famosos jinetes y participaron en batallas fuera de la propia Península. La máxima prerrogativa para un guerrero ibero era presentarse como jinete. El caballo, atributo guerrero y social, era para ellos un elemento de prestigio del más alto nivel” o también que “ Los animales eran símbolos sagrados, el ciervo se vincula a la divinidad femenina y el caballo –instrumento de guerra- a la masculina” o esta otra que dice que “los exvotos -u ofrendas a la divinidad- de bronce –ofrecidos por nobles- hacen alusión a las armas como signo de prestigio; en ellos los caballos están en muchos casos artísticamente enjaezados, lo que muestra una vez más la importancia de este animal –como la herramienta guerrera que representa- en la cultura ibera”. Como la función guerrera la ejercía el varón eran las tumbas de éste las más llamativas debido a la trascendencia que entre los pueblos íberos se le daba a esta función social y así seguimos con la lectura de la mencionada publicación y leemos que “…hay pocas tumbas ricas de mujeres, suelen ser sencillas y con muy pocas ofrendas”.    
     En una sociedad guerrera como ésta los valores directamente relacionados con la milicia formaban parte innata de la idiosincracia de sus gentes. Así nos encontramos en la revista-guía con afirmaciones como la que sigue a continuación:
     “La “fides” y la “devotio”  eran cualidades que se les reconocían a los iberos. La lealtad y el mantenimiento de la palabra, el compromiso hasta la muerte, les distinguían de otros pueblos”
     Y así no nos extrañamos de que se hayan encontrado esculturas como una monumental en la que aparece la figura del héroe idealizado en combate con otros guerreros o con animales fantásticos.    
     Y dentro de este contexto no podían faltar los ritos iniciáticos mediante los cuales el adolescente dejaba de ser un niño y pasaba a formar parte de lo que en algunas tradiciones se ha conocido como “sociedades de hombres”; esto es, que pasaba a ser un guerrero. Así se han hallado muchas estatuillas en santuarios íberos que representan este tipo de rito iniciático.
     Aparte, óbviamente, de la vestimenta y de las armas uno de los signos externos que identificaban al que ya formaba parte de las “sociedades de hombres” aludidas era la barba; tal como se puede comprobar en el anverso de algunas monedas romanas del S. I a. C., como es el caso de unos denarios sertorianos de plata encontrados en Huesca. 
     Y si hablamos de ritos sagrados no podemos pasar por alto los funerarios, puesto que si siempre existió una costumbre definitoria de la mentalidad de los pueblos hiperbóreos ésta fue la de incinerar los cadáveres y los iberos, como miembros de este gran tronco racial, no fueron 
-tal como se indica en la revista- una excepción: “Los cadáveres de los aristócratas íberos ardían en una pira funeraria durante más de un día. Los guerreros se incineraban con sus armas, que eran dobladas y arrojadas al fuego junto con otras pertenencias significativas. Finalizada la cremación, metían los restos en una urna que era enterrada junto al ajuar funerario”. “Al pueblo también se le incineraba. Hay necrópolis con tumbas modestas, con pocas ofrendas y sin monumentos funerarios importantes”.
     Pueblos como los semitas, con su concepción pelásgica, matriarcal, telúrica y horizontal de la existencia, optan por el enterramiento de los cadáveres y su devolución a las entrañas de la Madre Tierra . Frente a ellos los pueblos boreales , con su percepción uránico-solar y vertical de la vida, eligieron la cremación del cuerpo para facilitar de esta manera la salida del espíritu o alma (siempre ha habido mucha disparidad a la hora de definir uno y otro ente) y su elevación hasta fundirse con el Sol –astro símbolo de la más alta Esencia divina- o hasta llegar a las otras dimensiones atemporales y  no espaciales –a menudo identificadas con el Cielo, con lo alto- que esperan tras el fin de la vida física.Y continuamos citando textualmente que “Es frecuente que para acompañar el monumento funerario aparezcan alas de pájaro. Eso hace pensar que los iberos situaban el más allá en la esfera de lo celeste”.    
     Parece ser que en algunos casos, los menos, también se llegó, entre los iberos, a practicar otro rito funerario asociado igualmente a pueblos indoeuropeos como, por ejemplo, los persas, que habían abrazado la religión de Zaratrusta –el mazdeísmo o zoroastrismo-, consistente en conseguir la desaparición del soporte físico de la persona exponiéndolo en lugares elevados
-montículos o atalayas construidas a tal efecto- a la rapiña de los buitres. Rapaces que en su posterior vuelo ascendente se pensaba que portaban el alma del fallecido hacia el Sol. (Todavía en nuestros días los descendientes de los mazdeístas que huyeron a la Índia –los parsis- practican, en este país, dicho ritual funerario.)
     Volviendo, con tal de definir posiciones, a los contrastes, hemos de recordar que mientras que para los pueblos semitas el fin de la vida física ha constituido siempre una tragedia, puesto que nunca han tenido muy claro el concepto de alma y hasta su misma existencia y, por tanto, con la muerte se acaba del todo, según ellos, el periplo existencial de la persona, cuyos residuos habrían de esperar –tal y como cree el judaísmo- a la anunciada futura resurrección de la carne para poder volver a existir, para los pueblos boreales, en cambio, la muerte física suponía el paso previo para el inicio de otra existencia más perfecta, o perfecta, e imperecedera, eterna. Por esta razón lo que para etnias semitas constituía tristeza, luto y dolor, para los pueblos indoeuropeos suponía muy a menudo alegría, fiesta, jolgorio y felicidad. Y, de acuerdo con lo expuesto, en la revista leemos que “una de las formas que tenían los íberos de despedir al difunto era con una gran comilona de la que el muerto también participaba simbólicamente”
     Esta ausencia de miedo hacia la muerte, junto a las cualidades propias del guerrero –valor, fidelidad, lealtad, honor; así como la superación de la aprensión al sufrimiento físico- explican la cita hecha párrafos más arriba que hacía referencia “al compromiso hasta la muerte” del “milites” íbero. 
     Tocando de nuevo el tema de la concepción vertical y uránico-solar del existir común a los pueblos boreales, no hemos de dejar de señalar que, entre éstos, el accidente geográfico elevado o la construcción vertical siempre han evocado al “Axis Mundi” o eje simbólico que une Tierra y Cielo, vida sensible o física con vida suprasensible o metafísica. Y, referido a nuestro pueblo objeto del presente estudio, podemos seguir leyendo que “Los monumentos o esculturas que se edifican sobre o junto a la tumba son torres, pilares estela, túmulos escalonados,…”   
     Al tener la misma extracción racial y, en consecuencia, compartir visiones del mundo el romano invasor de la Península Ibérica no tuvo ningún inconveniente a la hora de mezclarse sanguíneamente con el ibero invadido y de asimilarlo al orbe romano. Los territorios peninsulares fueron incorporados al mundo romano e Hispania se convirtió, en pie de igualdad, en una Provincia más del Imperio romano. Aquí no hubo problemas de asimilación, al contrario de lo que ocurrió con la Palestina judía, que al pertenecer, en buena parte, a un tronco racial diferente y al poseer una cosmovisión diametralmente opuesta a la de la romanidad, nunca se integró en sus estructuras políticas, sociales ni religiosas y recibió, en consecuencia, el status de Protectorado del Imperio.
     Para lo reforzar y argumentar lo que se acaba de exponer continuaremos con las referencias a la revista-guia:
     “A su llegada a la Península, a finales del siglo III a. C., Roma encontró una cultura fácilmente adaptable al modelo romano”. “El movimiento de tropas romanas, unos 6.000 hombres por legión, que se instalaron en Hispania para conquistarla, dejó tras de sí un montón de hijos que con el tiempo reclamaron sus derechos. Para ellos se fundó la ciudad de Carteya (San Roque, Cádiz), para los hijos de hispanas y soldados romanos. La realidad es que de ese cruce nació Hispania”. “Se llegó a la plena romanización de los pueblos ibéricos”. “Roma no encontró gran oposición en el ámbito de la cultura ibérica, donde se fue introduciendo y adaptando a través de las clases sociales dominantes que pactaron con ella y comenzaron a vivir a la romana sin que se decretasen esos cambios”.    
     Pero, sin duda, lo que más nos llamó la atención cuando visitamos la exposición en cuestión fue el contemplar la “Estela de Sinarcas”, que data del siglo I a. C. Y que se encontró en este municipio valenciano. En ella se hallan grabados caracteres íberos que si no nos hubiesen sido previamente presentados como tales no hubiéramos dudado un ápice en identificarlos rápidamente con las runas nórdicas. Entre dichos caracteres se encontraban unos no parecidos ni aproximados en su trazado sino idénticos a la runa Odal u Odila, a la del Sol o Sowilo, a la Ingwaz o Inguz de la fertilidad, a la Ehwaz asociada al corcel Sleipnir de Odín, a la Eewaz que recuerda, entre otras cosas, los ciclos de vida y muerte, a la Tyr o Tiwaz, a la Kenaz que significa fuego y representa la Iluminación y, también, la fidelidad, a la Gebo que significa dar, a la Hagalaz que quiere decir granizo y a la Isa cuyo significado etimológico es hielo… 
     …¿Hay alguien que se siga atreviendo a poner en duda la adscripción indoeuropea de los íberos? Creemos haber dejado del todo desmontada una de las grandes falsedades que han venido postulando algunos  pseudohistoriadores y falsos antropólogos adláteres del Sistema establecido. Ya se dejó bien patente en otro artículo (“¿Mitad moros, mitad judíos?”) que las mayores aportaciones de sangre que hemos recibido los españoles nos vienen esencialmente de íberos, celtas, romanos y visigodos y si nadie ha discutido nunca el origen indoeuropeo de los tres últimos, nadie honesto habrá de discutir jamás la también paternidad hiperbórea de los iberos.


Eduard Alcantara 


viernes, 28 de noviembre de 2014

Demasiados jóvenes para morir



Hace algunos años publique una serie de historias tituladas “Las Crónicas de la Valkiria y el Lobo”, la última de estas historias fue una novela corta llamada “El Casino de las Montañas” en el año 2010. No continúe la historia debido a otros proyectos, artículos, al final la historia quedo inconclusa. No obstante el año pasado durante un viaje decidí que quería continuar con esta historia pero reinventándola totalmente. “Demasiado jóvenes para morir” seria el prólogo del primer libro pero primero tengo que terminar otros trabajos—la tercera parte de la Saga del Vril, mi antología de historias de terror—antes de comenzar lo que es el primer libro. Tengo el mundo, tengo la historia en mi cabeza pero tardare en publicarla (tal vez a finales de 2015 o principios de 2016 si se puede). Mientras tanto espero disfruten de este relato que sirve como prólogo y sean bienvenidos de nuevo al mundo de la Valkiria y el Lobo.

Fernando Trujillo
                                                          




1

En un lugar como el Dominio no hay lugar para los débiles.
La caravana marchaba a paso lento hacia la Piedra del Sacrificio, apenas estaba amaneciendo, los primeros rayos del sol iban alumbrando el camino, era el último día del Mes del Emperador.
El llanto del bebe era el único ruido que se escuchaba, como si presintiera el destino que le estaba deparado. Mientras más iban cabalgando más alto gritaba, la madre lo cargaba, lo iba arrullando pero ella misma no podía esconder su dolor.
Odín Werling cabalgaba al frente en su caballo robot de ocho patas, no miraba a ninguno de los que iban detrás, el único que podía ir a la par de él, era Jasón Kirby su mano derecha y uno de sus pocos amigos. Cualquiera que se atreviera a igualarlo corría el riesgo de recibir un golpe a la cara….o una bala en el cráneo.
Era un hombre alto, de cabello rubio, su figura imponía respeto y temor en sus seguidores y en sus enemigos. El hombre más temido de todo el Dominio, era su padre.
El lugar al que iban se encontraba bastante retirado de Nueva Génesis, posiblemente entre una hora o una hora y media de camino. Todas las marchas que se realizaban en la piedra eran en su mayoría silenciosas salvo por el llanto de las mujeres y los niños.
Ester era la única niña que no le estaba permitido llorar, era la única hija de Odín, parte de una estirpe que alguna vez gobernó la tierra. Tan solo tenía siete años, iba en la carreta conducida por Arwin uno de los hombres de su padre, a su lado estaba Alina Trujillo la hija del capataz de la granja y a su derecha estaba Duncan Kirby el hijo de Jasón.
En todo el trayecto el llanto de la criatura era más fuerte, la niña sentía que eran como tambores dentro de su cabeza, cerró los ojos pero en la oscuridad el llanto continuaba.
Alina empezó a llorar, Angie la encargada de los niños se subió a la carreta para consolarla, Dunca no lloraba, no podía darse el lujo de hacerlo, tenía ocho años, ya era todo un hombre, sabía que si lo llegaba a hacer entonces perdería el respeto de los otros miembros de su comunidad.
Miro a los buitres volar alrededor, como si presintieran que pronto tendrían carne fresca que devorar. Entonces pensó que sería un cadáver por los alrededores, tal vez un explorador de otra comunidad, tal vez un hombre reptil. A sus siete años ya había visto la muerte, su padre la había llevado a una fosa con los cuerpos de muchos hombres reptil, la impresión fue de terror sin embargo su mismo padre le había dicho que tenía que acostumbrarse a la muerte, al olor de los cuerpos en descomposición, a matar.
El Dominio era una tierra trágica, un lugar de sangre derramada y violencia, sus antepasados habían llegado a esta tierra tras la caída del Imperio de Asgard, buscando una tierra prometida donde tener un nuevo comienzo, enfrentándose a tribus hostiles, a una tierra salvaje. Habían ganado el derecho a construir su comunidad y cada día era una nueva lucha por ganar el derecho a continuar vivo.
Ester y su padre eran miembros de la raza Aseir considerados dioses y también demonios por los pueblos de la tierra, seres de gran belleza y gran crueldad también.
Después de la caída del imperio quedaban pocos Aseir, ella y su padre pertenecían a uno de las treinta familias que gobernaban el imperio. Su comunidad estaba integrada por Aseir y seres humanos, quedaban muy pocos de ellos en Nueva Génesis mientras que otras comunidades estaban pobladas principalmente por esta raza.
Las comunidades regidas por el clan Stenberg y el clan Leiber se encontraban entre estas, jamás había ido a ellas pero algunos regimientos iban a su tierra para ventas de ganado o de armas. Eran hombres altos, fornidos, de gran belleza, seres casi míticos y que ahora se encontraban al borde de la extinción.
Su padre le contaba que fue el hedonismo, la perdida de las antiguas costumbres, el relajamiento de las elites lo que provoco la decadencia y destrucción de Asgard.
Por eso las comunidades libres aceptaron la Fe de Mitra, antiguamente un culto solo para unos pocos iniciados, hombres que renunciaban a los placeres de la vida para tomar el camino del asceta, del legionario.
Su religión no admitía el hedonismo, la búsqueda del placer, sino el ascetismo, la vida austera y dura. Eso les había permitido sobrevivir por más de doscientos años en una tierra rodeada de enemigos.
Llegaron al lugar, Odín dio la orden de formarse para el rito, Angie los ayudo a bajarse uno a uno, junto con Arwin los fueron formando, había otros hombres con rostros solemnes mirando la procesión.
La piedra se alzaba detrás del despeñadero, era una roca enorme manchada por la sangre de cientos de infantes. Aun había moscas alrededor, Ester escuchaba el zumbido cada vez más cerca y más fuerte de lo que los demás lo escuchaban.
Su padre le ordeno que fuera a su lado, estaba ahí de pie frente al altar con un rostro sombrío, una barba espesa. Duncan tomo su mano.
-No vayas a llorar, no cierres los ojos, recuerda ante todo quien eres—le susurro antes de dejar que fuera a su lado.
Cientos de cráneos rodeaban la piedra, cuerpos diminutos y manchados de sangre se encontraban por todo el despeñadero.
Aquellos que nacieron débiles, aquellos que no eran aptos de vivir en aquella tierra cruenta, se les daba la muerte compasiva antes de sufrir.
Ella a su corta edad sabía que si hubiera nacido con un mal, entonces su padre no habría dudado de matarla, su cuerpo estaría junto con todos aquellos niños, aquellas criaturas que no tenían nombre, que jamás reirían ni verían la belleza y tragedia del mundo.
-Los ritos nos dan identidad, nos hacen fuertes, nos entregan un alma y un espíritu. Sin ellos somos polvo—le dijo sin mirarla, ordeno que trajeran al niño, al principio la madre se resistió pero el padre se lo arrebato bruscamente entregándoselo a su señor.
El niño había nacido sin un brazo y sin una pierna, un niño como el no podría cargar un fusil, no podía trabajar la tierra, no podría pelear y en un lugar como este todos los días eran una nueva lucha.
Aún tenía en su memoria el recuerdo del año pasado, unos esclavistas atacaron la sección de escuderas, su padre la había llevado consigo y vio un tiroteo, vio a su padre matar a cuatro de ellos y vio una bala perdida atravesar la cabeza de una niña.
La escena la había impresionado demasiado, ella tenía un año más que ella, vio su cabeza estallar y su sangre salpicada en su cara.
Odín desenfundo la Daga del sacrificio, forjada por Thor Werling hace casi doscientos años y con el que mato al primer infante en la piedra.
Empuño la daga en el pecho del infante dejando salir la sangre por su pequeño cuerpo, su sangre cubrió la piedra. Tal como lo dictaba la ley
La muerte ritual estaba hecha, Odín limpio la daga guardándola de nuevo, Ester miro de nuevo el altar con el cuerpo del bebe, ahora los buitres se habían acercado a devorarlo.
Su padre le ordeno a Harren que le entregara el Libro de la Memoria, el libro de su fe con el que se cimenta su comunidad, se dirigió a toda la comitiva rezando la Oración Negra, la plegaria dedicada a los niños que mueren, todos se pusieron de pie, los hombres de la Fe en Mitra jamás se inclinaban, rezaban de pie frente a la divinidad.

Dios eterno
Rogamos por las almas de los infantes
Por aquellos que no murieron peleando
Por aquellos que murieron en la cuna
Rogamos por aquellos que no fueron aptos para la vida
Dios eterno
Rogamos por las madres que lloran
Para que les des paz
Rogamos por los infantes
Otórgales el descanso eterno
¡Que tu voluntad se manifieste!

Ella estaba mirando a los buitres sacar las entrañas al infante, algún día ella sería la líder y tendría que llevar a cabo ese rito.
Miro hacia otro lado, a lo lejos veía a un jinete, un hombre montado en su corcel, no era un corcel robot sino uno real, al principio creyó que se trataba de un esclavista pero lo había visto en sueños.
Al final de la oración todos exclamaron al unísono un fuerte amen, era hora de volver a casa. La profesora Angie los ayudo a subir a la carreta.
Cuando la niña se fijó el jinete había desaparecido.

Soplaba un viento fuerte
Estaba en una montaña rodeada de viejos ferrocarriles e iglesias derrumbadas, cuando el sol se ocultaba, un águila se posó a su lado, la niña vio a un  hombre a lo lejos. El hombre estaba rodeado de una manada de lobos, el águila dio un grito de batalla. El hombre rodeado de lobos alzo la vista, tenía los mismos ojos azules, idénticos a los de ella solo que en esos ojos se encontraba albergada una profunda oscuridad que la hizo palidecer. 
-Fenriz—pronuncio E ster sin saber por qué dijo ese nombre, lo que sabía es que ese hombre era un lobo con disfraz de humano.
-Ester despierta—era la voz de Duncan, se habían detenido un momento a recuperar fuerzas, la profesora Angie les dio permiso de jugar un poco pero sin alejarse demasiado.
La niña miro a la mujer siendo consolada por otras dos mujeres, vio a su padre hablando con Harren, Arwin y Jason Kirby.
Vio que Alina y Duncan se pasaban una pelota que les dio la profesora Angie, Alina la llamo para que fuera a jugar con ellos pero en ese momento quería estar sola.
Tenía una naturaleza solitaria salvo por muy pocos amigos entre los que se encontraban Duncan y Alina, los miembros del clan Werling eran conocidos por ser personas sombrías, de aspecto serio y de carácter oscuro. No eran bebedores de cerveza como los miembros del clan Heimdall ni eran músicos como los miembros del clan Ewers. En opinión de sus padres ambos clanes se estaban ablandando.
Ester se apartó un poco del grupo, se sentó en una piedra mirando fijamente un árbol casi muerto que ahí se encontraba.
Escuchaba las risas de Alina y Duncan, escuchaba a la mujer que perdió a su hijo orar porque Los le diera un hijo sano y fuerte que pueda servir a Nueva Génesis.
En todas las religiones pertenecientes a la Jerarquía, existía una triada de dioses. Mitra era el dios de los guerreros, Anastasia la diosa de las escuderas y mujeres que portaban las armas y Los el ser supremo, el dador de la vida, el orden y la luz.
Aquella triada era venerada también por la Iglesia de la Jerarquía pero a diferencia de ellos la Fe de Mitra excluía las grandes catedrales, la idea de un cielo para todos, las ideas de redención para los humildes. Para la Fe de Mitra la única posibilidad de ascensión era por medio de la guerra, el trabajo duro y una vida alejada de los placeres de la carne.
Ella solo observaba el árbol y las aves que ahí se posaban, al cerrar los ojos podía escuchar el llanto del bebe, podía sentir que el niño le pedía ayuda, le gritaba por un poco de compasión. Entonces volvió a abrir los ojos, aquello la hizo temblar un poco, su padre le decía que ella era una Aseir y ellos no conocían la compasión.
-Hola—la niña se dio la vuelta, no había nadie ahí, detrás de unas piedras a su derecha salió otra niña con la ropa andrajosa, tenía el cabello castaño largo y sucio. Jamás la había visto, era una niña alta, posiblemente dos años más grande que ella, la piel blanca casi pálida y una cara bonita pero el detalle que más llamo su atención fueron sus ojos.
Eran disparejos, uno de ellos era azul mientras que el otro era marrón, la profesora Angie le conto en la clase que los nacidos con ojos disparejos eran considerados marcados por los dioses, se les consideraba santos y podían obrar milagros. Eso era en los días del Imperio de Asgard pero para la Fe de Mitra eran considerados monstruos.
-Hola—devolvió el saludo.
-Yo te conozco.
Ester que jamás la había visto se mostró confundida.
-¿Quién eres?
-Me llamo Chloe mucho gusto.
-¿De dónde eres? ¿Eres de Tierra Blanca? ¿Tierra Libre?—lo único que sabía a detalle era que esa niña era una Aseir, lo sabía por sus orejas puntiagudas.
-De ningún lugar, soy libre de andar por ahí y por allá—dijo Chloe, había dos arañas que estaban sobre ella rodeando su cuerpo. Ester se mostró un poco inquieta pero para Chloe parecía no molestarla, esas arañas eran como sus mascotas.
-He soñado contigo.
Ester se mostró algo confundida.
-Eres la Valkiria y en este momento estas peleando en Gólgota pero no sé si vencerás—había muchas escuderas pero en cada generación solo había una Valkiria, era considerado un avatar, un ser de luz por algunos y una mensajera de la muerte para otros.
La niña reacción con confusión y con mucho miedo, Chloe se acercó y saco algo que tenía en su mano, era una carta del tarot, el onceavo arcano: La Fuerza.
-Acabo de verte descubriendo el Poder, ya no eres Ester Werling. Eres la Valkiria—dijo Chloe haciéndole entrega de la carta, escucho que alguien se acercaba, era Arwin.
-¡Abominación!—exclamo agarrando una piedra y lanzándosela a Chloe la niña resulto golpeada en la cara, antes de que desenfundara su pistola, la niña se levantó y arranco a correr. Arwin le arrebato la carta de las manos y la piso con furia.
-Señorita Ester si su padre la ve con esto la va a reprender—y era cierto, su padre aborrecía las practicas adivinatorias y en general toda la magia.
La niña volteo a ver a donde había corrido Chloe, la extraña niña no estaba cerca y se preguntó que fue de ella o si alguna vez la volvería a ver. Esperaba que no fuera así.
-Venga conmigo por favor—Arwin tomo de la mano a Ester y la condujo a donde se encontraba la comunidad.
-No le diere a su padre pero debe tener más cuidado, no debe confiarse de nadie.
-Ella dijo….
-Las abominaciones mienten—dijo llevándola a la caravana, la profe Angie la reprendió por irse lejos y la subió a la carreta. Ahí estaba su padre pero no dijo nada, se subió a su caballo después de hablar algo con Jason Kirby.
Odín ordeno que la marcha continuara, Ester se quedó mirando fijamente el camino de atrás pensando en la extraña niña y lo que dijo, pensando en el sueño, dio un bostezo y se quedó dormida junto con Duncan y Alina. No soñó nada en el resto del trayecto, con el paso de los días fue olvidándose de Chloe y del sueño.



                                                                       2


¿Quién era esa mujer? Tenía unos ojos azules idénticos a los suyos pero ella se encontraba oculta en las sombras. Aquella visión lo estaba acompañando desde que despertó.
Sam Hewitt estaba junto a los demás niños del orfanato en primera fila, Andy le dio con el codo para que prestara atención, era el momento de cantar los salmos.
El reverendo Moore pidió a la comunidad que abrieran el libro de cantos en el Salmo de la Vida, este canto era como cierre de ceremonia y hacia énfasis en la alegría y en la celebración de la vida como un regalo divino.
La Iglesia del Hombre de los Milagros era una comunidad religiosa minoritaria en la mayoría de la Republica Confederada pero tenía su fuerza en Nueva Camelot, Goghsburg y Ginebra, también Colonia tenía una importante rama pero era minoritaria en comparación con la Iglesia de la Jerarquía.
Aquella comunidad veneraba al Hombre de los Milagros que según el Evangelio de la Vida fue un hombre elegido por Los que apareció durante la Edad Trágica predicando el amor y la humildad frente a la tiranía de las Criaturas Oscuras que regían el mundo. Algunos mitos decían que fue un Aseir aunque su historia se remontaba a siglos antes de que el Pueblo de Asgard apareciera sobre la tierra.
Era el último día del Mes del Emperador y como tal se celebraba el día en el que el Hombre de los Milagros ungía a sus apóstoles que se convertirían en los antepasados de los reyes de Occitania. La Iglesia de la Jerarquía aunque tenía al Hombre de los Milagros como uno de sus santos, difería en la historia, fue el Águila el Espíritu de la Jerarquía que ungió a los apóstoles y no el Hombre de los Milagros al que consideraba uno más.
Los niños cantaron junto con el resto de la comunidad de Mayfair que se levantaron a cantar la alabanza con la que se cerraba el servicio.
El reverendo Moore despidió el oficio con una bendición y una invitación para continuar la fiesta. Los niños del orfanato salieron primero después los adultos, algunos de ellos felicitaban al reverendo por el sermón del día.
-Estuviste demasiado distraído—le dijo Chico a Sam, este solo respondió con un gesto afirmativo. Era un muchacho de once años, demasiado serio, reservado y aislado, prefería la biblioteca del pueblo y los lugares solitarios antes de jugar con otros niños. Tenía pocos amigos y se refugiaba en los libros, en el violín y la pintura.
-Sam ven a ayudarme con a poner las sillas—le pidió la señorita Evergreen la prefecta del orfanato, Sam fue corriendo a ayudarla a poner una de las sillas, el jardinero de la iglesia Sylvestre ayudaba al niño a cargar las sillas y ordenarlas en la mesa.
-Gracias, ahora ve y disfruta la fiesta—le dijo la señorita Ervergreen, era una muchacha hermosa de ojos verdes y cabello castaño recogido, Sam la consideraba un amor platónico. Se despidió de ella y fue caminando por toda la fiesta.
Le gustaba observar, caminar en silencio mientras los otros iban y venían, ahí estaba el viejo juez Howard sirviéndose un poco del pastel que la señora Hanson preparo para la ocasión. Arthur Benson IV el banquero y el hombre más rico del pueblo se encontraba en una mesa junto con su esposa conversando con el sheriff Harvey Moore quien al mismo tiempo era hermano menor del reverendo.
-Hola Sam—lo saludo Michael Benson el hijo del banquero, era tres años mayor que Samuel y era de sus pocos amigos, al señor Benson no le gustaba que su hijo se relacionara con los huérfanos.
Los Benson eran conocidos por su arrogancia, la familia era la única que poseía un auto Modelo T del año mientras que la mayoría se guiaba por carretas y caballos robots, aun así Michael era un joven que difería de la soberbia de sus padres, el reverendo Moore creía que sería un mejor empresario y persona de lo que era su padre.
En la mesa donde estaban los niños se encontraban Chico el niño que venía de Romana, Andy, Bill, Karen, Roy y su hermana Judith Hewitt.
Judith era tres años mayor que Sam, había llegado junto con su madre cuando ella se encontraba embarazada, pidiendo asilo en la casa del reverendo Moore. A sus catorce años Judith era una joven hermosa que se había ganado las miradas de Michael, ella se dedicaba a ayudar a la señorita Evergreen en la educación de los niños sobre todo los más pequeños.
Sam se sentó junto a su hermana y a una niña de nombre Bertha, la niña tenía seis años y le estaba agradecida por haber resucitado a su tortuga.
Era una habilidad que poseía, al aplicar sus manos a un cadáver podía devolverle la vida, la primera vez que sucedió fue cuando tenía ocho años. El gato de la señora Shawn había muerto, encontró el cuerpo en el jardín del orfanato y con curiosidad lo toco, el resultado para su sorpresa y temor fue que el animal volvió a la vida pero algo anduvo mal.
El gato tenía los órganos de fuera saliendo junto con las tripas y la sangre, se movía torpemente por el jardín hasta que Judith llego le rompió el cuello.
-No vuelvas a hacer eso—le dijo y desde entonces no había vuelto a usar ese poder hasta hace una semana cuando vio a Bertha llorando por su tortuga muerta. Sam poso sus manos en el animal devolviéndole la vida para alegría de la niña.
A pesar de que Bertha se encontraba agradecida el animal tenía un aspecto extraño, se iba descomponiendo en vida, caminaba torpemente y se portaba agresivo con la niña. Al final el pobre animalejo termino muriéndose después de una larga agonía.
Judith le había dicho que no usara sus poderes en público, que los ocultara bien hasta que llegara el momento. Sam no sabía a qué momento se refería.
La señora Edna Shawn la dueña del orfanato pasó a saludar a los niños, Bertha le dio un abrazo con un beso en la mejilla, Judith le dio un abrazo y le ayudo a sentarse al lado de la señorita Evergreen.
Sam le dio un saludo con un gesto, no era un niño muy afectuoso más bien de una naturaleza sombría y observadora, a la mayoría de los niños les parecía un poco extraño y a uno que otro le causaba miedo.
Pensaba que era diferente a los demás niños y lo era, en el fondo de su ser sabía que su destino no era solo quedarse en Mayfair, estaba predestinado a grandes cosas, Judith le decía que su madre creía firmemente que él iba a cambiar el mundo.
La señora Shawn recordaba cómo una vez Karen le conto una pesadilla que tuvo, en ella Sam se convertía en un enorme lobo negro que masacraba a los niños y a las personas de Mayfair. Ella dijo que Sam era un lobo disfrazado de humano.
Unos músicos invitados por el alcalde habían llegado para armonizar la fiesta, Michael invito a bailar a Judith, a sus padres no les gustaba la amistad con ella sobre todo pero tampoco querían hacer un escándalo público.
El juez bailo con la señora Shawn mientras que los Hanson dejaron un momento su puesto para poder bailar un poco.
Samuel observaba sentado hasta que Holly lo invito a bailar, ella era la hija del contador de la familia Benson, una chica hermosa de largo cabello rubia que contaba con su misma edad, Sam se levantó para bailar con ella, no solo era su amistad sino también su belleza la que le hacía sentirse atraído.
-¿Por qué no sonríes?
Sam no supo por un momento que responder, ella era tan risueña y el mientras tanto él era demasiado serio para su edad, algo que la señorita Evergreen y el reverendo Moore le achacaban. Ellos le decían que era un niño, que debía sonreír más a menudo.
-¡Sonríe! Estamos en una fiesta—dijo poniéndole una sonrisa en los labios, Samuel puso una sonrisa, no lo hacía a menudo pero esta ocasión lo ameritaba, se encontraba feliz.
-Tienes una sonrisa maravillosa Sam.
Sam siempre recordaría estas palabras, los músicos armonizaban la fiesta y el ambiente parecía el de un sueño del cual estaba por despertar.

Michael y Samuel se alejaron de la fiesta, entrando al interior del bosque, algunas veces salía del orfanato al interior del bosque a tener un poco de soledad, los muchachos iban a fumar o a tener algunas competencias entre ellos como pelear o ver quien trepaba el árbol más alto.
Chicos como Donny Kent el hijo del ayudante del sheriff iba con su pandilla a beber cerveza o solo a lanzar piedras al rio. A Sam no le agradaba Donny y la antipatía era mutua.
En el pueblo la fiesta continuaba pero ya había oscurecido por completo, Michael le invito un cigarro, Sam había estado fumando desde hace un mes pero guardaba el secreto como le prometió a su amigo. Ni siquiera a Judith que era su confidente se lo había dicho.
-¿Qué te parece la fiesta?
-Me gusta mucho.
Michael soltó un bufido.
-Demasiado aburrida, oye es cierto lo que me dijo esa niña Bertha ¿Qué resucitaste a su tortuga?—por un momento se quedó callado, volteo para ver si no había nadie cerca, tímidamente hizo un gesto de afirmación.
-Suena genial—dijo.
Se acabó el cigarro y tiro la colilla, Sam pensaba que el cigarro lo pudo adquirir del chofer, sus padres consideraban que fumar cigarros normales era de pobres.
-Me gustaría ver uno de tus poderes.
Sam se quedó atónito, no pensaba en eso como un poder de algo, Michael se sentó junto a un árbol desafiándolo con la mirada.
-Vamos quiero verlo amigo, úsame a mí.
-No puedo.
-¿Por qué?
-No estás muerto.
Michael puso un gesto pensativo, en eso su amigo tenía razón, se levantó y camino a su alrededor hasta que llego a una idea.
-Cúrame entonces—le dijo.
Le contó que había tenido problemas para dormir desde hacía dos noches, entonces le propuso usar su poder para resolver sus problemas del sueño.
-¿Por qué quieres ver mis poderes?
-Estoy aburrido, quiero ver algo de magia.
La explicación no lo convenció del todo.
-Vamos Sammy no hay nada interesante en la radio y mi madre pone en el tocadiscos esas operas tan aburridas. Déjame ver algo extraordinario—le dijo, los señores Benson tenían gusto por las óperas antiguas, de vez en cuando dejaban el pueblo para ir a la gran ciudad a ver la opera de temporada.
-Está bien—acepto por fin, Michael se acercó y Sam puso sus manos sobre su cabeza, estaba concentrándose esperando a que el poder llegara.
Se quedó intentándolo pero no pasaba nada, su amigo comenzaba a aburrirse, intentaba concentrarse, no sabía si podía curar el insomnio de su amigo pero intentaba que el poder fluyera de sus manos.
Michael sintió una inquietud, algo no iba bien, las manos de Sam eran más frías de lo normal. Levanto la vista y vio al niño en una especie de trance. Lo llamo con un susurro pero estaba con la mirada perdida.
Aparto sus manos cuidadosamente y se levantó, seguía con esa mirada perdida y sus brazos eran gélidos. Michael comenzaba a preocuparse.
-Sam…..amigo—lo llamo con un susurro.
Los ojos de Samuel se habían puesto completamente oscuros, movía la cabeza de un lado a otro y el cuerpo estaba sufriendo un espasmo. Michael tropezó con una piedra, se volvió a levantar y su primer pensamiento fue correr a pedir ayuda.
Samuel lo miraba con esos ojos completamente negros, una mirada despiadada y carente de humanidad. Una energía siniestra se sentía a su alrededor y Michael sintió una sensación de terror que jamás había tenido.
La boca de su amigo se torció en una sonrisa macabra, burlona, un rostro que reflejaba la locura y la maldad.
-¿Quieres dormir? Vas a dormir Michael, vas a dormir y jamás despertaras—esa voz gutural, no era de Sam, era la misma voz del infierno que lo acompañarían en sus pesadillas.
Michael soltó un grito y se alejó del niño pero su cuerpo se convulsionaba, intento gritar pero cayó al piso, no tenía voz ni podía moverse, estaba tieso en el piso con una mirada de pánico en los ojos.
Samuel abrió los ojos y vio a Michael en el suelo, lo tomo de la cabeza y su amigo solo hacia gemidos de terror. En su mirada se podía ver el terror que tenía.
Miro a su alrededor sin encontrar a nadie cerca, su primer pensamiento fue correr a buscar ayuda, grito esperando que alguien lo escuchara. Sostuvo la cabeza de su amigo murmurándole que todo estaría bien.
Judith llego por atrás y cubrió su boca, miro a Michael con miedo por lo que le había pasado, aparto a su hermano de su amigo que aun temblaba en convulsiones.
Comprendió que el momento había llegado, su madre se lo había advertido en una carta antes de morir, Sam estaba destinado a la grandeza, a llevar al mundo a una nueva era y ella debía protegerlo.
-Tenemos que irnos de aquí—le dijo pero el niño estaba llorando. Lo sacudió de los hombros para que se calmara.
-Escucha te van a echar la culpa, te van a hacer daño, tenemos que irnos de aquí ahora mismo—su hermano era especial, tenía un gran destino y eso su madre se lo había dicho, le había hecho jurar que lo protegería de cualquier cosa, que siempre lo protegería para cumplir con el destino que tenía.
Todos pensaban que su madre había perdido la cabeza pero ella estaba en lo correcto, su hermano era elegido por un poder superior y su destino era inaugurar una nueva era. Judith estaba convencida de que ella sería una pieza importante para la construcción de ese nuevo mundo. A pesar de ser una niña recordaba al hombre de la capa carmesí que los visito, el hombre que convenció a su madre de no abortar, no sabía mucho de la conversación pero fue ese hombre el que le hablo de refugiarse en Mayfair y del gran destino que Sam tenia.
Agarro su muñeca y corrieron juntos hacia el interior de los bosques, los señores Thompson marchaban en su carreta hacia un pueblo cercano, podrían subirse a su carreta de incognitos y llegar a Nueva Cardiff o a Sunnydale. Ahí se refugiarían hasta encontrar un tren que los llevara hacia Nueva Camelot.
-¿A dónde iremos?
-Vamos a ver al tío abuelo Frank, él tiene mucho dinero seguro nos recibirá—le dijo, recuerda que su madre le dijo en la carta del tío abuelo Frank Hewitt el cual no tenía ningún heredero o pariente cercano. Podrían refugiarse con él, si no les daba asilo entonces podrían usar el poder de su hermano para controlarlo.
Samuel miro hacia atrás, donde estaba Mayfair, Holly, el orfanato, el hogar que conoció y al que no volvería, por lo menos no pronto.
Se alejaron del pueblo, en la oscuridad iban buscando la carretera y la forma de llegar a Nueva Camelot, Sam se prometió que regresaría algún día, lo haría por Holly. Sentía un gran pesar por no haberse despedido de ella.
Judith lamentaba lo que le paso a Michael, le gustaba mucho pero su hermano era más importante y esa manifestación de su poder era una señal de que su destino estaba por llegar. Llegaron a la carretera, Judith pensaba que pronto pasaría un auto o la carreta de los Thompson. A estas alturas en el pueblo ya debían de haberse dado cuenta de su desaparición y de lo que el paso a Michael.
Sam miro al otro lado de la carretera, un enorme lobo negro, un cuervo y una cabra negra de aspecto grotesco se habían reunido. Al ver los ojos del lobo sintió que era el, que era su naturaleza oscura durmiendo en su ser. Los tres extraños animales desaparecieron frente a sus ojos dejándolo asustado.
-¿Estas bien?
Asintió con un gesto tomando la mano de su hermana.
Samuel miro las estrellas, su madre creía que era elegido para un gran destino, Holly, la señorita Evergreen y el reverendo Moore creían que él estaba destinado a la grandeza. Estaba seguro de que su momento llegaría pronto, aún era muy joven sin embargo por un momento pudo ver ese gran destino que le esperaba. Samuel Hewitt contemplo la oscuridad de la noche y apretó con fuerza y seguridad la mano de su hermana. Estaba decidido a lograr sus sueños, la grandeza lo estaba esperando y estaba decidido a conquistarla.


Noviembre 2014


Ó Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

I      Ilustración de Howard David Johnson