"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 31 de enero de 2014

El Guerrero y la Ciudad





Por Dominique Venner

En 1814, al final de las Guerras Napoleónicas, Benjamin Constant escribió con alivio: “Hemos llegado a la era del comercio, la era que debe necesariamente reemplazar a la de la guerra, tal como la era de la guerra tuvo que necesariamente precederle.” ¡Iluso Benjamin! Asumió la demasiado extendida idea del progreso indefinido apoyando el advenimiento de la paz entre hombres y naciones.

La era del comercio suave reemplazando a la de la guerra… ¡Sabemos lo que el futuro hizo de esta profecía! La era del comercio se impuso, de hecho, pero multiplicando las guerras. Bajo la influencia del comercio, la ciencia y la industria –en otras palabras, “el progreso” – las guerras incluso tomaron proporciones monstruosas que nadie hubiera jamás imaginado.

Hubo, sin embargo, algo de verdad en las falsas predicciones de Constant. Si bien las guerras continuaron e incluso prosperaron, por otro lado, la figura del guerrero perdió su prestigio social en beneficio de la sospechosa figura del mercader. Éste es el nuevo tiempo en el que aún vivimos, por el momento.

La figura del guerrero fue destronada, aún cuando la institución militar ha perdurado más que ninguna otra en Europa desde 1814. Ha perdurado desde el tiempo de la Ilíada –treinta siglos– mientras se transforma, adaptándose a todos los cambios; los de la época, los de las guerras, los de las sociedades y regímenes políticos, pero aún sigue preservando su esencia, el ser la religión del orgullo, del deber y el coraje. Esta permanencia a través de los cambios es sólo comparable con otra imponente institución: la Iglesia (o las iglesias). El lector está conmocionado. ¡Una sorprendente comparación! Y hay más aún…

¿Qué es el Ejército desde la Antigüedad? Es una institución cuasi-religiosa, con su propia historia, héroes, reglas y ritos. Una institución muy antigua, incluso más vieja que la Iglesia, nacida de una necesidad tan remota como la humanidad, y la cual ahora está cerca de extinguirse. Entre los europeos, nació de un espíritu que es propio de ellos y el cual  –a diferencia de la tradición China, por ejemplo– hace de la guerra un valor en sí mismo. En otras palabras, que nació de una religión civil originada a partir la guerra, cuya esencia, en una palabra, es la admiración por el coraje ante el rostro de la muerte.

Esta religión puede definirse como la de la ciudad, en el sentido griego o romano de la palabra. En un lenguaje más moderno, es una religión de la patria, sea de la grande o de la pequeña. Como Héctor dijo hace treinta siglos en el duodécimo libro de la Ilíada, para eludir un mal presagio: “No es por un buen resultado que luchamos por nuestra patria” (XII, 243). Patria y coraje están conectados. En la última batalla de la Guerra de Troya, sintiéndose amenazado y condenado, Héctor se aparta a sí mismo de la desesperanza con este grito: “¡Oh, bien! No, no moriré sin luchar, no sin gloria, no sin un gran acto que sea recordado en los tiempos por venir” (XXII, 304-305). Uno halla este clamor de trágico orgullo en todas las épocas de una historia que glorifica al héroe desventurado, engrandecido por una derrota épica: las Termópilas, la Canción de Rolando, Camerone o Diên Biên Phu.

Cronológicamente, el clan guerrero aparece antes que el Estado. Rómulo y sus belicosos compañeros trazaron primero los futuros límites de la Ciudad y establecieron su inflexible ley. Por haberla transgredido, Remo fue sacrificado por su hermano. Entonces, y sólo entonces, los fundadores raptaron a las Sabinas para asegurar su descendencia. En la fundación del estado europeo, el orden de los guerreros libres precede al de la familia. He aquí por qué Platón dijo que Esparta estaba más cerca del modelo de ciudad griega que Atenas. [1]

Aunque puedan ser débiles, los ejércitos europeos actuales constituyen islas en un entorno desmoronado donde estados ficticios promueven el caos. Aún disminuido, un ejército permanece como una institución basada en la férrea disciplina y participante en la disciplina cívica. Por esta razón, esta institución carga en ella una semilla genética de restauración, no por procurar el poder o militarizar a la sociedad, sino para reafirmar la primacía del orden por sobre el desorden. Es lo que las compagnonnages de la espada hicieron luego de la desintegración del Imperio Romano y muchos otros después de eso.


1. En Les métamorphoses de la cité, essai sur la dynamique de l’Occident (Paris: Flammarion, 2010), basado en la lectura de Homero, Pierre Manent destaca el rol de las aristocracias guerreras en la fundación de la antigua Ciudad.

Texto copiado del blog Frente Negro


Fuente: Counter-Currents
 
[Traducción corregida por Augusto Bleda para El Frente Negro]

miércoles, 22 de enero de 2014

El Hombre Trágico



Por Fernando Trujillo

Siglo XXI el siglo del pensamiento políticamente correcto, el final de la historia, el tiempo de las luchas sin propósitos, del activismo vacío sin ideología y de las modas pasajeras, en donde surgen pequeñas revoluciones que desaparecen en un instante, en donde todo se ha dicho y donde el hombre común cree saberlo todo.
Este es el siglo de las grandes masas tecnócratas que abundan en redes sociales hablando como sabiondos de política, economía, religión y donde creen tener la razón en todo, es el siglo de Twitter donde viene la poesía fría y sin alma, los pensamientos banales disfrazados de profundidad. Este es el siglo en donde los niños nacen envejecidos, donde te pueden demandar y encarcelar por decir una opinión,  en donde puedes elegir la causa social de moda (derechos homosexuales, feminismo, ambientalismo, etc.) y dártelas de intelectual en la red social.
Este es el tiempo del Hombre Democrático, a este tipo de hombre se le puede identificar con los siguientes rasgos: antirracista, ambientalista, metrosexual, gayfriendly, indigenista (en el caso americano),  orgulloso de sí mismo por ser “open mind”,  orgulloso de ser ateo (o seguidor del new age), se hace llamarse a sí mismo moderno y busca estar a la moda, seguidor de las causas sociales de moda,  twittea constantemente y actualiza su estado de Facebook sobre su oposición a la tauromaquia, a la cacería, a la celebración del 12 de octubre y al futbol.
El Hombre Trágico surge como reacción a la modernidad, es el hombre que lucha, el hombre que se mantiene en pie entre las ruinas, es el hombre incomprendido que se refugia en la música y en la melancolía.
El hombre que sabe que todo está perdido pero se mantiene luchando, no por un mejor futuro o por una victoria venidera sino porque es su deber. El optimismo es cobardía—como bien diría Spengler—la lucha contra la modernidad y contra la vida misma es todo lo que queda en una era devastada.
¿Quién es el Hombre Trágico? Es el incomprendido, el alma ajena a esta época fáustica, el pesimista, el que añora otra época, el que lucha contra el destino, el que se rebela contra el mundo sabiendo que no va a ganar nada.
Lovecraft fue un Hombre Trágico que aborrecía la decadencia de su nación y que a través de sus cuentos se rebeló contra la existencia, describiendo por medio de sus textos la monstruosidad de la era moderna.
Es el destino del Hombre Trágico el vivir en una época incomprensible, ser un extranjero en este tiempo, es un alma vieja dentro de una época moderna.
Es el alma sensible en un mundo que perdió la sensibilidad, es el que se refugia en sus sueños dentro de un mundo que perdió los suyos, es aquel que dice la verdad, que pone el dedo en la yaga y que le acusan de hacer “apología del odio”.
El Hombre Trágico es aquel que tiene una mente inactual en un mundo que se actualiza constantemente, es el pesimista dentro de una sociedad regida por un optimismo histérico, es el hombre que desconfía, el que cree en la justicia dentro de una civilización que tiene el relativismo como pensamiento.
Son los miembros de Amanecer Dorado, encarcelados, acribillados a tiros, manteniéndose en pie de lucha. Son los revisionistas del Holocausto perseguidos, golpeados y encarcelados sin oportunidad de tener los tan cacareados derechos humanos.
Son los autodefensas mexicanos luchando contra el  crimen organizado sin ayuda, contra el estado y contra el ejército por sus familias, por su derecho a defenderse por medio de las armas. Son los granjeros Boers asesinados y aterrorizados por hordas de negros que los persiguen pero que permanecen defendiendo la tierra que los vio nacer. 
El Hombre Trágico elige la muerte voluntaria no como un escape ni como una salida a la desesperación si no como una forma de ascender, de trascender, el suicidio es para el Hombre Trágico una forma de rebelión contra el mundo, el último gran acto de protesta.
Como Domique Venner que eligió la muerte voluntaria dentro de una catedral como forma de protesta contra la decadencia, como Mishima que se rebeló contra la decadencia de Japón, como aquel monje que se prendió fuego así mismo en un acto de protesta.
Todos Hombres Trágicos, todos hombres ajenos a este mundo y que sin embargo se mantuvieron luchando, todos ellos rebeldes, locos, destructores, guiados por un instinto dionisiaco dentro de la civilización fáustica.
Este nuevo siglo apenas tiene trece años y tiene rasgos de envejecimiento, es un siglo agotado, decrepito,  los niños nace con los ojos abiertos—tal como predijo Herodoto—pero nadie se ha dado cuenta o por lo menos fingen no darse cuenta.
Nuestro tiempo envejeció rápido, todo se actualiza deprisa, los niños crecen rápido, lo estético va desapareciendo, una revolución se olvida y surge una nueva que se olvida en un instante, todo se va actualizando velozmente como un estado de Facebook o un twit, nada permanece, todo se olvida.
Hoy tienes tus quince minutos de fama, mañana nadie te recuerda, hoy se abre una galería de arte, mañana nadie recuerda al artista y su obra, es la civilización en la que nada se recuerda y en donde rige la frivolidad.
Esta es la civilización agotada, que ha perdido su vitalismo y se ha refugiado en las modas pasajeras y las filosofías banales, que crea religiones sin espiritualidad para curar su vacío y que se aferra a un Pensamiento Único.
Esta es la época del Hombre Trágico, del hombre que lucha, del hombre incomprendido, del espíritu viejo dentro de un cuerpo joven.  Esta es la civilización trágica que toma la ilusión de una burda comedia. Nuestra civilización, nuestra existencia y nuestra tragedia.

Enero 2014






viernes, 10 de enero de 2014

Derrumbando el mito de los nobles salvajes



Por Fernando Trujillo

La base de la ideología indigenista es el mito del buen salvaje o el noble salvaje propuesta por Rousseau. Este mito explica un pasado utópico en el que el ser humano era bueno por naturaleza, inocente hasta la llegada de la civilización que lo corrompió.
Ahora esta tesis la aplican los indigenistas con los pueblos nativos de América antes de la llegada de los españoles y aun después de esta, le Leyenda Negra extendió por toda Europa la visión positiva de los pueblos indígenas descritos como buenos, inocentes, ingenuos y amables en contraposición al español descrito como codicioso, sádico, fanático y cruel.
Tal visión simplista y absurda de la historia sigue teniendo una vigencia muy fuerte dentro de nuestra cultura, reforzada por libros como “La Venas Abiertas de América Latina” de Galeano y los grupos indigenistas.
El concepto es bastante rentable entre los grupos populistas y neomarxistas de nuestro continente, culpar al europeo y sus descendientes—más concretamente al español—de todos los problemas económicos actuales, de la miseria y de la condición de tercer mundo entre los indígenas.
Los grupos de anarquistas primitivistas se basan en esta tesis para decir que el ser humano vivía en un estado de igualdad sexual, comunión con la naturaleza y felicidad antes del arribo de la civilización y más concretamente el capitalismo.
Todas estas tesis que hablan del hombre bueno por naturaleza y del mundo natural como un estado idílico son absurdas y totalmente estúpidas pero que sin embargo ha sido usada por los indigenistas para crear su propia visión del mundo prehispánico.
Podríamos decir que el hombre no es bueno ni malo, es una bestia que lucha y mata por instinto, que es una criatura depredadora y a la vez llena de inventiva que abandono el “estado natural”  para crear, construir y diseñar métodos para facilitarle la vida como la rueda.  Podríamos continuar por decir que el mundo natural no es ese paraíso utópico que se imaginan los primitivistas e indigenistas por igual sino un terreno hostil en el que predomina la lucha por la vida, la depredación, la brutalidad y la conquista del poder.
Fuera de toda idealización la naturaleza humana y la naturaleza misma no están encadenadas a moralismos y utopismos propios de mentes estrechas y acomplejadas.
La idea del buen salvaje en nuestra historia ha sido y es un impedimento para poder ver la historia como es, lejos de idealismos y utopías imposibles.  Sin héroes ni villanos solo hombres que lucharon, que conquistaron, que derramaron sangre y que eran seres humanos capaces de grandes hazañas y grandes atrocidades.

La idea del buen salvaje en América ha sido impulsada por grupos indigenistas y por el sistema educativo de México en donde se habla de las civilizaciones prehispánicas con idealismo mientras que la llegada de los españoles se ve como un acontecimiento nefasto.
Esta visión tan simplista de la historia va de acuerdo a la ideología indigenista que al igual que el Sistema—al que irónicamente dice combatir—impulsa la misma leyenda negra y los mismos mitos.
El ensayo de Eduardo Galeano “Cinco siglos de prohibición del Arcoíris en el Cielo Americano” expresa su propia visión idealizada de los pueblos americanos y critica como es obvio la herencia europea.
El ensayo es basura pura desde su comienzo en el que cito textualmente: “El 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo” nada más risible sabiendo que las potencias capitalistas de ese momento eran Inglaterra y Holanda, ambas enemigas de España que aún conservaba una monarquía tradicional.
El ensayo no deja de ser tendencioso y absurdo pero lo cito porque es un ejemplo de la idealización ridícula y victimista del indio americano.
La imagen de los indígenas nobles  expresadas en el ensayo solo existe en la cabeza de Galeano y de los indigenistas en general.
Para empezar Galeano asegura que no golpean a los niños y los dejan andar libres ¿De dónde saca esto? Por ejemplo los aztecas pueblo belicoso golpeaba a los niños para endurecerlos y les aplicaban castigos físicos en caso de un mal comportamiento.
Otro disparate dentro del ensayo es que los indígenas comparten todo y no tienen el concepto de propiedad privada como si hubieran sido una especie de paraíso anarquista, los indígenas en México tenían imperios, reinos, poseían esclavos y propiedades, eso está ampliamente documentado.  La idea de indígenas viviendo en un estado de anarquía utópica solo cabe en las cabezas de los indigenistas.
Antes de la llegada de Cortes a México el imperio azteca exigía sangrientos sacrificios en honor a Huitzilopochtli y sus ritos incluían la antropofagia, los mayas en su decadencia rendían crueles sacrificios humanos y mantenían una sangrienta tiranía.
La idea de los mayas sabios y bondadosos que tenemos en la memoria colectiva tiene su lado oscuro en los guerreros que rendían sacrificios sangrientos a sus dioses.
Entre los indígenas existieron el machismo, el fanatismo religioso, el rapto de mujeres y la brutalidad del mundo natural, el negarlo es negar una parte de la historia de nuestra tierra, es mitificar una imagen que han creado un grupo de desquiciados y resentidos sociales para tener más fama y poder.
Si hemos visto los aspectos más crudos de otras civilizaciones como los griegos, los romanos, los vikingos, los babilonios y los chinos ¿Por qué con el indígena es diferente? Porque es un pilar fundamental para los grupos indigenistas que lucran con esta imagen, porque su beatificación es un arma de un Sistema que no quiere la unión sino el odio y la intolerancia.
Los pueblos indígenas tuvieron sus virtudes y sus aportaciones a la humanidad pero también tuvieron su lado oscuro y sangriento aunque se le niegue pero existió, es parte de su historia. El negarlo como lo hacen los indigenistas es de algún modo un tipo de racismo.
Las tribus del Amazonas viven luchando entre ellas, raptando mujeres de tribus enemigas y violándolas en grupo, entre estas tribus la más peligrosa es la tribu yanomami, una de sus costumbres en la guerra es la de robar a las mujeres del enemigo y violarla masivamente, después de las violaciones las asignan como esposas a guerreros particulares.
El famoso caso de Helena Valero es una prueba escalofriante quien fue víctima de violaciones por parte de los yanomami además de ser testigo de su crueldad al masacrar a tribus enemigas, matar brutalmente a los niños y raptar a las mujeres.
Lejos de las idealizaciones de Galeano y otros indigenistas, las tribus nativas tienen sus matices brutales y abominables pero su beatificación por parte de la historia oficial nos impide verlos como los seres humanos que son, con sus virtudes culturales pero también con sus propias oscuridades.
Investigaciones antropológicas,  excursiones de investigadores a las tribus indígenas e incluso la película de terror Holocausto Caníbal han contribuido a derrumbar parte del mito del buen salvaje de nuestra conciencia colectiva sin embargo el poder de los grupos populistas, la censura de la historia oficial y el tabú del racismo nos impiden investigar y descubrir las verdades del indígena americano.
El indígena sigue siendo un ser casi beato, su historia es incuestionable, su imagen como un ser noble y pacifico en armonía con la naturaleza perdura en la historia oficial y es obligatorio que se le venere aunque esta imagen no corresponda a la realidad.
Presidentes como Evo Morales y el fallecido Hugo Chávez se dieron a la tarea de elevar el populismo y el indigenismo hasta niveles incuestionables, lo mismo que los grupos populistas en todo el continente de habla hispana.
El mito del buen salvaje sirve como un arma política para servir en causas populistas y conseguir el apoyo fanático de las masas indígenas de nuestros países, se ha vuelto un concepto incuestionable, un ídolo de pies de barro usado por charlatanes y demagogos de la extrema izquierda.
La tarea del revisionista en América es el de derrumbar este mito, es el de estudiar las culturas indígenas con todos sus rasgos tanto positivos como negativos. Derribar un ídolo falso y derribar las mentiras de la izquierda, de los grupos indigenistas y de los nuevos caciques que viven a expensas de las masas.


Enero 2014

viernes, 3 de enero de 2014

El indigenismo



Por Fernando Trujillo

Había querido abordar este tema desde hace tiempo pero por diversos motivos tuve que posponerlo,  este tema es muy delicado y suele confundirse el rechazo al indigenismo con el racismo, el “eurocentrismo” o el malinchismo—termino mexicano que deriva de la Malinche y significa preferencia por lo extranjero—no dudo que usen algunos de estos términos para atacar mi artículo o mi persona pero es una consecuencia lógica de abordar estos temas desde un punto de vista crítico.
El indigenismo es una corriente ideológica que idealiza a las culturas amerindias con lo armónico, lo puro y la armonía con el universo mientras que ve la herencia europea como malo, lo peor y fuente de toda calamidades y desgracias para los pueblos originarios—termino que voy a destrozar más adelante—el indigenismo entonces se reduce a culpar de todos los problemas socioeconómicos actuales y culturales a la herencia europea, así de sencillo, así de simplista.
América Hispana es una unión entre el elemento nativo, indígena y el elemento hispánico, europeo, el indigenismo es en este sentido desunión, separatismo, fomentar el odio, el populismo y el rencor. Los indigenistas tienen un profundo odio hacia el legado y sangre europea mientras que tergiversan el pasado prehispánico como una era idílica de felicidad y armonía.  El indigenista impulsa en la mente de los nativos la mentalidad del perdedor, es decir el eterno victimismo, el “fuimos conquistados”, el “pueblo oprimido” lo cual es un obstáculo para el avance de un pueblo.
Este victimismo político es la base principal de la corriente indigenista, culpar a los otros del atraso cultural y social en vez de aceptar responsabilidades como pueblo y buscar soluciones. Los indigenistas piden derechos tal cual limosnero pero no están dispuestos a luchar por ellos ni a aceptar responsabilidades, para ellos la ideología indigenista es un arma populista para poder tener derechos y privilegios gratis por encima del resto de la población.  En este sentido el indigenismo es el equivalente del white supremacy y el black power de los Estados Unidos, la supremacía de un solo grupo sobre los demás.
Irónicamente los principales ideólogos de esta corriente son descendientes directos de españoles como Eduardo Galeano, Eduardo del Rio “Rius” Paco Ignacio Taibo II y el mismo subcomandante Marcos descendiente de europeos y proveniente de una familia de clase alta. Todos ellos tergiversadores de la historia, promotores del odio hacia una parte de nuestra herencia.
Muchos indigenistas son jóvenes de clase alta, de escuelas privadas sin una gota de sangre indígena pero que se unen a la causa por moda, por pose social y por ignorancia por supuesto. Entonces podríamos considerar al indigenismo no solo un absurdo sino también parte de la gran corriente del marximo cultural que predomina en occidente.

Dejemos en claro que toda conquista surge por medio de la guerra, del derramamiento de sangre, los europeos conquistaron de la misma manera en la que los aztecas conquistaron y sometieron a otros pueblos. Es la naturaleza humana que cuando dos razas se encuentran comienza una lucha por conquistar y sobrevivir. Dejemos en claro también que si los españoles no hubieran llegado a México hubieran llegado entonces los británicos o los holandeses, incluso—dejando volar la imaginación—pudieron haber llegado los otomanos y entonces la población indígena si hubiera sido exterminada, si hubiera habido genocidios y esclavitud. Ahora en el caso de México la historia oficial y los indigenistas afirman que los españoles—a los que tachan de ladrones y borrachos—debido a su arsenal más avanzado derrotaron a los aztecas. ¿En realidad se puede a llegar a creer tamaña ridiculez? Según las descripciones los españoles que llegaron con Cortes eran ladrones, piratas, prisioneros y borrachos que derrotaron a un pueblo noble y valiente. Para empezar si fuera cierto eso no hablaría muy bien de los aztecas, para continuar el Reino de España no permitía que prisioneros y personas con antecedentes criminales viajaran al Nuevo Mundo por lo que esa tesis está más que desechada.
En cuanto a lo del “arsenal avanzado”, unos cuantos mosquetes y unos cuantos cañones no van a derrotar a ningún imperio, eso está fuera de toda lógica.
Lo cierto es que Cortes formo alianza con otros pueblos indígenas como los tlaxcaltecas para acabar con la tiranía de los aztecas, estos pueblos estaban hartos de la esclavitud, el terror y los horrendos sacrificios humanos a los que eran sometidos por lo que se unieron a los españoles en su lucha por derrocar la tiranía, viéndolo de este modo más que una guerra de conquista fue una autentica lucha de independencia en la que españoles e indígenas pelearon juntos para derrocar a los tiranos.
Ahora contrario a lo que la leyenda negra dice, los españoles no prohibieron las culturas autóctonas, más bien aprendieron las lenguas indígenas e hicieron posible que se mantuvieran hasta nuestros días al escribir la gramática de decenas de lenguas indígenas para que no se perdieran, sobre las costumbres y danzas muchas de ellas han llegado intactas hasta nuestros días aunque algunas han tenido influencia hispánica. Algo que los “historiadores” indigenistas nunca mencionan.
En México los españoles respetaron las comunidades indígenas con sus tradiciones y su propia forma de gobierno algo que cuando la republica llego entonces fueron asimiladas, se les quito derechos e incluso se les extermino. Juárez al que los indigenistas e izquierdistas tanto veneran fue de los que más persiguió y empobreció a los indígenas.
La gran mayoría de las patrañas y absurdos indigenistas se pueden encontrar en el libro “Las Venas Abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, libro que puede ser considerado la Biblia indigenista y que Hugo Chávez uso como panfleto político, básicamente para ser un indigenista fanático se tiene que leer este libro.
El libro de Galeano está escrito con odio, absurdos y en donde todo lo malo viene de Europa mientras que América era un paraíso utópico, toda la historia de América es vista desde un punto de vista simplista, poniendo un dualismo absurdo de españoles malos y nativos buenos.
En América antes de la llegada de los españoles no se “veneraba al sol, la luna, la tierra y la lluvia que moja”, se veneran a dioses con sus respectivos cultos, con su sacerdocio que exigía sacrificios humanos. Los aztecas esclavizaban a otros pueblos, ofrecían brutales sacrificios de sangre y antropofagia. Las civilizaciones prehispánicas estaban en constantes guerras y la gran mayoría ya estaban en una decadencia moral y cultural cuando los españoles llegaron.
Dejemos de ver el pasado precolombino como algo idílico y veámoslo como fue, con su grandeza y su caída, con sus cosas maravillosas y sus horrores. Con su sabiduría y su tiranía. La historia de los pueblos de América no fue un cuento de hadas, no fue una utopía,  esa ridícula idealización ha entorpecido el trabajo del historiador y ha puesto un muro para evitar conocer la realidad de nuestra historia.

El concepto de pueblos originarios resulta bastante absurdo ¿Quiénes son los pueblos originarios? ¿Los indígenas? Si vemos la teoría del estrecho de Bering, los antepasados asiáticos de los indígenas llegaron hasta ese continente, lo que no los haría un pueblo originario. Ahora los indios son poblaciones preexistentes a la idea de América, el pueblo que le da origen a esta idea es España y en menor medida Portugal. Los pueblos originarios no es un concepto limitado a los indígenas, somos nosotros los descendientes de españoles, los criollos también somos pueblos originarios, nuestra gente trabajo aquí, prospero aquí, lucho por esta tierra también.  (Para saber más de este tema recomiendo leer ampliamente el articulo Cuestionando el concepto de “Pueblos originarios” de Alberto Buela)
Los pueblos originarios de América son los criollos que la levantaron y que la hicieron prosperar, los indigenistas limitan el concepto a su propia idea sin contar con los demás o simplemente considerándolos invasores.
El odio de los indigenistas les impiden ver los aportes de otros pueblos, ellos manifiestan un feroz racismo contra todo lo que no cuadre en su limitada visión del mundo.
Si América Hispana quiere salir adelante como unidad política y nacional es tiempo de aceptar nuestra identidad no como indígenas ni como españoles, sino como criollos, como hispanoparlantes.
La dictadura indigenista tanto cultural como política impide descubrir e investigar sobre nuestra herencia criolla, cualquier indicio de querer estudiar esto será ligada al racismo y a un supuesto eurocentrismo.
Investigar sobre nuestra historia, sentirse orgulloso de ser descendiente de criollos y sentirse más ligado a tu identidad europea no es racismo, es orgullo, no tenemos por qué pedir perdón por nuestra sangre ni por lo que nuestros antepasados hayan hecho, no tenemos por qué sentirnos atemorizados por la dictadura de lo políticamente correcto.
Hay que derrumbar la leyenda negra anti-española que nos impide amar e investigar sobre parte de nuestra historia y desentrañándola veremos quienes fueron los artífices de este nefasto mito. Aquellos que fueron expulsados de España y se fueron a Holanda en donde fundaron varios negocios, más tarde financiaron la revuelta de Cromwell y se instauraron en Inglaterra. La leyenda negra es su venganza.
El indigenismo con su populismo ha sumido en la ignorancia y la pobreza a los mismos pueblos que dice ayudar, ha creado a líderes socialistas que se erigen como caciques sobre las poblaciones, ha ido deteniendo su progreso y aumentado su pobreza y ante todo ello culpan a la herencia española.
Es tiempo de que dejemos de culpar de todos nuestros males a otras naciones, debemos aceptar responsabilidades como pueblo, luchar por salir adelante y terminar de una vez por todas con esa mentalidad del perdedor.
Somos la mezcla de dos culturas, la unión entre los mejores elementos culturares de dos grandes potencias, el indigenismo es separatismo, es hacernos sentir incompletos como sociedad y es sobre todo odio.
Podemos concluir este articulo con las palabras de Miguel León-Portilla máxima autoridad en temas prehispánicos de México: “Si un mexicano odia lo español, se odia así mismo”

Si superamos las divisiones y el indigenismo entonces avanzaremos como pueblo.


Enero 2014