"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







domingo, 31 de agosto de 2014

El Poder del Patriarcado (VII): La feminización



Por Fernando Trujillo

Uno de los síntomas de vivir dentro de un matriarcado es la feminización del hombre occidental. Esta feminización es un producto de la decadencia de nuestra civilización y propio de un sistema en el que los roles de género se olvidan y en donde la masculinidad es vista como una vergüenza.
Nuestra sociedad ha sido manipulada por la ideología de género y despojada de los valores masculinos. Esta feminización del hombre se viene dando por años pero era un problema que no se había tratado hasta hace poco, ha habido publicaciones científicas sobre la estrogenizacion ambiental, el auge del homosexualismo y la perdida de masculinidad sin embargo estas investigaciones han sido en su mayor parte ignoradas.
Creemos por la propaganda de la ideología de género que vivimos en una época “más abierta”, craso error, no vivimos en una nueva época ni estamos viendo el nacimiento de una nueva concepción de la normalidad (como la ideología gay asegura) sino que estamos viendo la muerte de la virilidad y la decadencia de la civilización.
En un sistema en el que los roles naturales son rechazados entonces los hombres se feminizan, las mujeres se masculinizan y se invierte el orden natural, se acelera el proceso de decadencia de una civilización. Es una verdad absoluta, una ley biológica el que nacemos con un género, con los rasgos naturales de ese género, se es hombre y se es mujer desde que se nace.
Esta rebelión contra el orden natural se está pagando muy caro: la esterilidad en hombres y mujeres, el auge de tendencias homosexuales, la promiscuidad, el atraso de la pubertad o el crecimiento hormonal desequilibrado son mucho más frecuentes que antes dentro de la civilización occidental.
¿Qué causa esta feminización? Ciertas sustancias, químicos, existen teorías y ensayos al respecto pero en este ensayo nos concentraremos en lo que es la feminización cultural y espiritual del hombre.
El cine y la televisión como reflejo de la realidad social tenía hasta hace unas décadas a figuras como John Wayne, Charlton Heston, James Dean, Paul Newman, Clint Eastwood como iconos culturales de la virilidad.
Actualmente sobresalen en el mundo del entretenimiento es un tipo de hombre estrogenizado, inmaduro, sin carácter, demasiado femenino.
Programas de televisión como Glee, Modern family, Queers as folk y aquí en México la Rosa de Guadalupe presentan a un tipo de hombre desvirilizado, mas en contacto con su “lado femenino”, ultrasensible y de “mente abierta”.
El modelo de hombre dentro de este Sistema es metrosexual, vegetariano-vegano, femenino, depresivo, tolerante con las peores parafilias, pasivo. Este modelo es para el hombre occidental y empieza desde la infancia.
Habitualmente se vestía a los niños de azul, ahora a algunos niños se les viste de rosa o de colores más femeninos. Esto podría parecer insignificante pero en realidad es una castración mental y emocional, separar al infante de su género.
En las escuelas se comienza a hablar del género como “construcción social”, de esta manera se separa al hombre de las leyes biológicas y de su concepto de identidad sexual.
Se alecciona sobre todo al hombre a ser tolerante, a “experimentar” con su sexo, se le adoctrina para ser comprensivo con pedófilos, violadores, zoófilos y todas las patologías sexuales que la ideología de género defiende.
En esta sociedad la palabra normal es relacionada con algo retrogrado, algo que debe erradicarse, ahora surge una “nueva normalidad” representadas por los transexuales, familias alternativas, los hombres afeminados y próximamente los pedófilos.
Para imponer esta “nueva normalidad” el lobby gay ha tergiversado la historia, los textos de Platon han sido malinterpretados a propósito, la poesía de Safo, la historia de Grecia y Roma. El hombre-masa no lee, no le interesa la literatura clásica, prefiere ver lo que la Wikipedia dice de ella antes de consultarla directamente por lo que es bastante fácil manipularla.
Las actividades propiamente masculinas como la caza, la lucha, la pesca, las corridas de toros y el deporte están siendo atacados masivamente, el consumo de carne y el amor por las armas está bajo ataque por parte de los medios. Esta ya no es una tierra de hombres, en este sistema la masculinidad es atacada.
A los niños se les adoctrina con ser mas pacíficos, se les quitan las armas de juguete, en su lugar les dan juegos didácticos, se les va arrebatando el instinto y el amor por el riesgo para sobreprotegerlos y mimarlos. Es la sociedad de la madre, en la que el padre está ausente y entonces es la figura femenina la que rige.
¿Cuál es el hombre de este siglo? Es el vegano-vegetariano que le asusta la violencia contra los animales, incapaz de cazar su comida, es el niño gordo, llorón y mimado, es el bronie un tipo inmaduro que ve caricaturas de niñas, es el mangina el hombre castrado de cualquier instinto masculino y el que vive adorando y sometido bajo su propia voluntad a las mujeres esperando un beso o una palabra de amor suya. Es el hombre tímido, femenino, débil al que una mujer puede humillar y someter fácilmente.
A pesar de esta feminización del hombre la biología humana no cambia, las mujeres siempre se van a sentir atraídas por el hombre más viril mientras que los hombres siempre van a buscar a la hembra más bella y femenina de su raza. La naturaleza no cambia.

La feminización del hombre es algo real, culturalmente y socialmente estamos viviendo en un sistema que está feminizando al hombre occidental, quitándole los instintos y volviéndolo un monigote.
La forma de vestir masculina está siendo sustituida por una forma de vestir cada vez más andrógina, peinados extravagantes y tintes de pelo. Esta sociedad está poblada por machos omega, seres incapaces y débiles.
Naciones como China, Sudan, Corea del Norte y el naciente estado islámico tienen hombres con los instintos intactos, violentos, salvajes y con un odio profundo hacia occidente mientras que nuestras naciones están más preocupados por el tinte de cabello y la comida más saludable.
Los últimos bastiones de occidente son los países eslavos, en donde la propaganda del lobby gay no ha podido entrar y es unanimente rechazada.
Es un hecho innegable que toda la grandeza de una nación no está en su economía sino en la calidad genética de sus habitantes, una pueblo con una gran calidad genética podrá construir una civilización elevada.
Toda nación necesita del poder de los hombres para llevarla a la grandeza, la historia y los destinos de las civilizaciones han sido la historia de estos grandes hombres.
El poder de los hombres es el poder de los espartanos, de los barbaros germanos, de los patricios romanos, de los conquistadores españoles, los europeos del medievo. Este poder es combatido y suprimido por el sistema actual.
El hombre heterosexual es algo que pertenece a un odioso pasado, el poder de la genética es ignorado y visto como pseudociencia. La civilización occidental ha abandonado los valores masculinos por un feminismo progresista.
Lo cierto es que se ha perdido un equilibrio entre el elemento femenino y el elemento masculino, las hipótesis progresistas apuntan a un nuevo mundo más tolerante pero esta tolerancia nos está llevando al abismo.
Las caricaturas que ven los niños, la música de moda, todo está orientado hacia una feminización de la civilización.
La pérdida del instinto masculino es casi total, quizás en menos de diez años se haya perdido para siempre.

Agosto 2014


miércoles, 20 de agosto de 2014

El poder del patriarcado (VI): Espiritualidad matriarcal




Por Fernando Trujillo

El conflicto patriarcado/matriarcado ha existido en occidente desde el neolítico y desde entonces ha estado presente en cada mito, en cada historia, en cada relato como una lucha entre dos fuerzas, dos ideas y dos cosmovisiones del mundo.
La lanza del cazador contra la hoz de la diosa de la fertilidad, el dios de la guerra contra la diosa de la luna, el tribalismo patriarcal contra el comunismo matriarcal.
Este dualismo ha estado presente en los mitos y en la historia, por siglos estas dos cosmovisiones se han enfrentado, se han destruido y se han ido complementando en lo que es una guerra sin fin.
El triunfo de Octavio Augusto sobre Cleopatra y Marco Antonio fue el triunfo de la espiritualidad patriarcal de Roma sobre la espiritualidad matriarcal del ya decadente Egipto, el conflicto medieval entre el Sacro Imperio Romano Germánico y la “Madre” iglesia hasta las dos guerras mundiales han sido las guerras entre la espiritualidad patriarcal y matriarcal.
En la actualidad vivimos en un occidente donde el poder patriarcal ha sido desplazado y casi exterminado, rige una espiritualidad matriarcal. Occidente es un matriarcado, eso lo vimos en el capítulo anterior, la fe basada en la espada, en el fuego, la acción ha sido sustituida por un tipo de fe basada en el conformismo y en el hedonismo.
Occidente ya no es tierra de hombres, ahora el peor crimen es haber nacido como un hombre blanco y ser heterosexual. El culto a la madre, a la mujer frívola y promiscua, al hombre afeminado es la nueva forma de vida en este occidente.
Europa ha pasado de ser un padre a ser una madre que recibe con los brazos abiertos a hordas de inmigrantes violentos, criminales y terroristas que odian a los hijos de Europa, su historia y su raza. 
¿En qué consiste esta espiritualidad matriarcal? Algunos círculos esotéricos de carácter feminista (del tipo new age básicamente) han hablado de que el matriarcado es una época gobernada por la diosa, una era de sabiduría y progreso en el que el ser humano vive en armonía con la naturaleza y la divinidad femenina. En pocas palabras la concepción hippie de la vida.
Contrario a lo que estos círculos pseudo-espirituales proclaman en realidad el matriarcado no es progreso ni sabiduría, es una caída hacia los instintos sexuales más bajos y hacia una decadencia ética y humana.

La espiritualidad matriarcal radica principalmente en el culto a la Madre Tierra y a la fertilidad femenina. “Todos somos hijos de la tierra” es la máxima de este tipo de espiritualidad. Lo terrenal, lo material forma parte de esta cosmogonía, la supremacía del goce efímero por encima de cualquier otra cosa.
Al ser todos hijos de la tierra entonces existe un concepto de igualdad, no hay aristocracias, no hay diversidad, no hay individualidad solo una masa humana sin identidad inclinada ante tótems e ídolos de carácter femenino.
Mientras que en la espiritualidad patriarcal existe una idea de totalidad—y la tierra forma parte de este estado—en el que existe un armonía y orden entre los elementos de la naturaleza, en el matriarcado prima el culto a la tierra, se excluye al cielo, al sol, cualquier símbolo ascendente por el culto a la tierra, los hijos de la Madre Tierra atados a ella sin posibilidad de ascender a lo alto.
Pueblos como los etruscos y pelasgos enterraban a sus muertos como una forma de devolverlos—y atarlos—a la Madre Tierra, en el caso de los pelasgos los enterraban en mausoleos donde se mezclaban los huesos de los muertos, no resaltando ninguna individualidad—al fin que todos los hijos son iguales para la madre—contrario a los indoeuropeos que cremaban a sus muertos de forma individual dándoles una identidad en un rito donde el difunto regresaba al cielo, a lo alto.
Actualmente religiones neopaganas como la wicca y el neodruidismo siguen esta tendencia matriarcal en el que identifican al mundo pagano con amor libre, pacifismo, feminidad, igualdad y libertad, identificándose con el paganismo pre-indoeuropeo y aborreciendo el ethos guerrero, el ascetismo y la violencia del paganismo de carácter patriarcal.
En América Hispana tenemos el pachamamismo una religión de carácter femenino en el que se venera a la Pachamama, la Madre Tierra de los pueblos incas, este culto se combina con el indigenismo y políticas de izquierda.
Líderes indigenistas como Evo Morales han exaltado a la figura de la Pachamama como una forma de populismo, de atraer a los indígenas a su causa y unirlos contra la cultura europea/criolla de carácter patriarcal.
¿Cómo está representada la diosa madre? Las feministas modernas y neopaganas han descrito a esta diosa madre como una mujer fuerte, hermosa de gran sabiduría y bondad pero la historia nos demuestra lo contrario.
Según podemos apreciar en la figura de la Venus de Willendorf un ídolo matriarcal de la cultura danubia vemos a la madre como una mujer mórbidamente obesa, con senos grandes y carente de rostro (sin identidad), una representación monstruosa, la forma en la que estos pueblos veían a la diosa madre.
Para estos pueblos la gran diosa era un ser monstruoso al cual adorar y temer, al cual entregarse en orgias y ritos sanguinarios en los que se sacrificaba varones, la madre monstruosa a la que sus hijos ven como un fetichismo sexual.
Para la cultura matriarcal la diosa madre era una engendradora de cientos de hijos, todos ellos sin identidad, sin un padre reconocible, degenerados, endogámicos.
Robert Graves en sus mitos griegos habla de estos cultos pre-indoeuropeos y afirma que el mito de medusa se originó como una de las caras de la diosa, el rostro monstruoso para alejar a los profanos en sus misterios.
Mencionaba también que dentro de estas culturas se realizaban ritos caníbales en los que se comía al rey, en el que los reyes practicaban el travestismo para honrar a la diosa y en los que la figura materna dominaba, donde el padre podía ser cualquier miembro de la familia.
A este respecto el patriarcado con su llegada trajo una nueva idea de lo que es la feminidad, las diosas ya no eran madres de cientos de hijos, ahora existían diosas de gran belleza, castas y sabias como Atenea y Artemisa. A este respecto los indoeuropeos realizaron una revolución abandonando el oscuro matriarcado y regenerando a algunas de sus diosas.
 En la espiritualidad matriarcal no existe un concepto de propiedad ni de identidad, abunda la promiscuidad, el “amor libre” en el que no hay amor ni compromiso, solo el sexo como una medida de satisfacer el deseo efímero.
Culturas matriarcales como los danubios, los vascones y actualmente los mosuo de China que viven dentro de cuevas, hogares comunes sin cuartos, todos viviendo y durmiendo juntos—símbolo del útero materno—en el que prima el gran número de hijos y en donde abunda la pederastia, el incesto, la homosexualidad y la endogamia.
En tribus africanas e indígenas se dan casos de incesto y pederastia en el que la hija o el hijo tiene que tener un matrimonio ritual con el padre o madre como una perversa forma iniciática.
En tiempos recientes estaban las comunidades hippies en los que se veneraba la tierra, se consumían drogas como un placebo—quitándoles a drogas como el peyote y los hongos su carácter sacro—se vivía en orgías y música pacifista.
En la actualidad el culto materno ha cobrado una primacía de forma violenta, se castra emocionalmente a los hijos, se les feminiza a tal grado de que pierden sus instintos masculinos. La madre sobreprotectora que les quita autonomía a sus hijos, que los reprime y los aísla del mundo, la paternidad se ha vuelto motivo de vergüenza y los hijos desconocen a su padre.
Se libra una guerra contra la masculinidad, contra el hecho de ser hombre, en el que la mujer frívola y emancipada ejerce su sexualidad para ganar poder económico y material.
No cabe duda de que espiritualmente hemos regresado al matriarcado, la figura de la Gran Madre monstruosa y tiránica ha vuelto a resurgir y el padre ha caído.


Agosto 2014

viernes, 8 de agosto de 2014

¿Qué significa ser de «Derecha»?



Adriano Romualdi

Con estas afirmaciones, que como todas las afirmaciones verídicas, escandalizarán a más de uno, creemos haber puesto el dedo sobre la llaga.
¿Qué debería significar en verdad «ser de Derecha»?
Ser de Derecha significa, en primer lugar, reconocer el carácter subversivo de los movimientos nacidos de la Revolución francesa, ya sean éstos el liberalismo, la democracia o el socialismo.
Ser de Derecha significa, en segundo lugar, comprender la naturaleza decadente de los mitos racionalistas, progresistas y materialistas que preparan la llegada de la civilización plebeya, el reino de la cantidad y la tiranía de las masas anónimas y monstruosas.
Ser de Derecha significa, en tercer lugar, concebir el Estado como una totalidad orgánica donde los valores políticos dominen sobre las estructuras económicas y donde el dicho «a cada uno según su valía» no significa igualdad, sino una equitativa desigualdad cualitativa.
En fin, ser de Derecha significa aceptar como propia aquella espiritualidad aristocrática, religiosa y guerrera que ha caracterizado en sí a la civilización europea y aceptar, en nombre de esta espiritualidad y sus valores, la lucha contra la decadencia de Europa.
Resulta interesante ver en qué medida esta conciencia de Derecha ha aflorado en le pensamiento europeo contemporáneo. Existe una tradición antidemocrática que recorre todo el siglo XIX y que en sus formulaciones del primer decenio del XX prepara muy de cerca el fascismo. Podría hacerse comenzar esta tradición con las Reflexions on the revolution in Franceen las que Burke, por primera vez, desenmascaraba la trágica farsa jacobina y advertía que «ningún país puede sobrevivir durante mucho tiempo sin un cuerpo aristocrático de una clase u otra».
A continuación esta línea argumentativa intentó sostener la Restauración con los escritos de los románticos alemanes y los reaccionarios franceses.
Piénsese en los aforismos de Novalis, con su reaccionarismo chispeante de novedad y revolución («Burke hat ein revolutionäres Buch gegen die Revolution geschrieben»), o en las sugestivas y proféticas anticipaciones: Ein grosses Fehler unserer Staaten ist, dass man den Staat zu wenig sieht… Liessen sich nicht Abzeichen und Uniformen durchaus einführen? Piénsese en un Adam Müller y su polémica contra el atomismo liberal de Adam Smith y la contraposición de una economía nacional a la economía liberal. En un Gentz, consejero de Metternich y secretario del congreso de Viena, en un Görres, en un Baader o en el mismo Schelling. Junto a ellos está Federico Schlegel con sus múltiples intereses, la revista Europa, manifiesto de la reacción europea, la exaltación del Medioevo, los primeros estudios sobre los orígenes indoeuropeos, la polémica con los liberales italianos sobre el patriotismo de Dante, patriota del Imperio y no micro‑nacionalista.

Piénsese en un De Maistre, este maestro de la contrarrevolución que exaltaba al verdugo como símbolo del orden viril y positivo, al vizconde De Bonald, a Chateaubriand, gran escritor y político reaccionario, el radicalismo de un Donoso Cortés: «Veo Regar la era de las negaciones absolutas y las afirmaciones soberanas». No obstante, la crítica puramente reaccionaria presentaba unos límites demasiado evidentes al cerrarse ante aquellas fuerzas nacionales y burguesas que ambicionaban fundar una nueva solidaridad más allá de las negaciones iluministas. Arrndt, Jahn,Fichte, pero también el Hegel de la Filosofía del derecho pertenecen al horizonte contrarrevolucionario por la concepción nacional‑solidarista del Estado, aunque no comparten en dogmatismo legitimista. La negativa a abrirse a las fuerzas nacionales (incluso también allí, como en Alemania, donde éstas se sitúan en posiciones antiliberales) constituye el límite de la política de la Santa Alianza. Destruido el sistema de Metternich por la miopía de su concepción de base (combatir la Revolución con la policía y restaurando la legalidad del setecientos), la contrarrevolución se divide en dos ramas: una se queda en posiciones meramente legitimistas, confesionales, destinadas a ser vencidas; la otra busca nuevas vías y una nueva lógica.
Carlyle polemiza contra el espíritu de los tiempos, el utilitarismo manchesteriano («no es que la ciudad de Manchester se haya enriquecido, se trata de que se han enriquecido algunos de los individuos menos simpáticos de la ciudad de Manchester») o el humanismo de Giuseppe Mazzini (« ¿Qué son todas estas memeces de color de rosa?»). Carlyle busca en los Héroes la clave de a historia y ve en la democracia un eclipse temporal del espíritu heroico.
Gobineau publica en 1853 su memorable Essai sur l’inegalité des races humaines, dando origen a la idea de una aristocracia basada sobre fundamentos raciales. La obra de Gobineau se verá proseguida en los trabajos de los alemanes Clauss, Gunter, Rosenberg, del francés Vacher de Lapouge y del inglés H. S. Chamberlain. A través de ella el concepto de estirpe, fundamental para el nacionalismo, se desliga de la arbitrariedad de los diversos mitos nacionales y se reconduce al ideal nórdico-europeo como medida objetiva del ideal europeo.
A fines de siglo, la punta de lanza de la Derecha la constituye la polémica de Federico Nietzsche contra la civilización democrática. Nietzsche, más que Carlyle o Gobineau, es el creador de una Derecha modernamente fascista, quien ha proporcionado un lenguaje centelleante de negaciones revolucionarias. Nietzscheano es el desprecio por el adversario, la rapidez en el ataque, la temeridad revolucionaria («was fällt das soll man auch stossen»). Las palabras de Nietzsche serán recogidas in Italia por Mussolini y d' Annunzio, en Alemania por Junger y Spengler y en España por Ortega y Gasset.
Entretanto, también en el seno del nacionalismo se ha producido un «cambio de signo». Ya en las formulaciones de los románticos alemanes la nación no era la masa desarticulada, la nation jacobina, sino la sociedad ständisch, con sus cuerpos sociales, sus tradiciones, su nobleza. Una sociedad enseñaba Federico Schlegel tanto más es nacional cuanto más ligada a sus costumbres, a su sangre, a sus clases dirigentes, que representan la continuidad en la historia.
A fines de siglo, se ha llevado a cabo una reelaboración del nacionalismo en el espíritu del conservadurismo. Maurras y Barrés en Francia, Oriani y Corradini en Italia, los pangermanistas y el movimiento juvenil en Alemania, Kipling y Rhodes en Inglaterra han conferido a la idea nacional una impronta tradicionalista y autoritaria. El nuevo nacionalismo es esencialmente un elemento del orden.