"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







miércoles, 20 de agosto de 2014

El poder del patriarcado (VI): Espiritualidad matriarcal




Por Fernando Trujillo

El conflicto patriarcado/matriarcado ha existido en occidente desde el neolítico y desde entonces ha estado presente en cada mito, en cada historia, en cada relato como una lucha entre dos fuerzas, dos ideas y dos cosmovisiones del mundo.
La lanza del cazador contra la hoz de la diosa de la fertilidad, el dios de la guerra contra la diosa de la luna, el tribalismo patriarcal contra el comunismo matriarcal.
Este dualismo ha estado presente en los mitos y en la historia, por siglos estas dos cosmovisiones se han enfrentado, se han destruido y se han ido complementando en lo que es una guerra sin fin.
El triunfo de Octavio Augusto sobre Cleopatra y Marco Antonio fue el triunfo de la espiritualidad patriarcal de Roma sobre la espiritualidad matriarcal del ya decadente Egipto, el conflicto medieval entre el Sacro Imperio Romano Germánico y la “Madre” iglesia hasta las dos guerras mundiales han sido las guerras entre la espiritualidad patriarcal y matriarcal.
En la actualidad vivimos en un occidente donde el poder patriarcal ha sido desplazado y casi exterminado, rige una espiritualidad matriarcal. Occidente es un matriarcado, eso lo vimos en el capítulo anterior, la fe basada en la espada, en el fuego, la acción ha sido sustituida por un tipo de fe basada en el conformismo y en el hedonismo.
Occidente ya no es tierra de hombres, ahora el peor crimen es haber nacido como un hombre blanco y ser heterosexual. El culto a la madre, a la mujer frívola y promiscua, al hombre afeminado es la nueva forma de vida en este occidente.
Europa ha pasado de ser un padre a ser una madre que recibe con los brazos abiertos a hordas de inmigrantes violentos, criminales y terroristas que odian a los hijos de Europa, su historia y su raza. 
¿En qué consiste esta espiritualidad matriarcal? Algunos círculos esotéricos de carácter feminista (del tipo new age básicamente) han hablado de que el matriarcado es una época gobernada por la diosa, una era de sabiduría y progreso en el que el ser humano vive en armonía con la naturaleza y la divinidad femenina. En pocas palabras la concepción hippie de la vida.
Contrario a lo que estos círculos pseudo-espirituales proclaman en realidad el matriarcado no es progreso ni sabiduría, es una caída hacia los instintos sexuales más bajos y hacia una decadencia ética y humana.

La espiritualidad matriarcal radica principalmente en el culto a la Madre Tierra y a la fertilidad femenina. “Todos somos hijos de la tierra” es la máxima de este tipo de espiritualidad. Lo terrenal, lo material forma parte de esta cosmogonía, la supremacía del goce efímero por encima de cualquier otra cosa.
Al ser todos hijos de la tierra entonces existe un concepto de igualdad, no hay aristocracias, no hay diversidad, no hay individualidad solo una masa humana sin identidad inclinada ante tótems e ídolos de carácter femenino.
Mientras que en la espiritualidad patriarcal existe una idea de totalidad—y la tierra forma parte de este estado—en el que existe un armonía y orden entre los elementos de la naturaleza, en el matriarcado prima el culto a la tierra, se excluye al cielo, al sol, cualquier símbolo ascendente por el culto a la tierra, los hijos de la Madre Tierra atados a ella sin posibilidad de ascender a lo alto.
Pueblos como los etruscos y pelasgos enterraban a sus muertos como una forma de devolverlos—y atarlos—a la Madre Tierra, en el caso de los pelasgos los enterraban en mausoleos donde se mezclaban los huesos de los muertos, no resaltando ninguna individualidad—al fin que todos los hijos son iguales para la madre—contrario a los indoeuropeos que cremaban a sus muertos de forma individual dándoles una identidad en un rito donde el difunto regresaba al cielo, a lo alto.
Actualmente religiones neopaganas como la wicca y el neodruidismo siguen esta tendencia matriarcal en el que identifican al mundo pagano con amor libre, pacifismo, feminidad, igualdad y libertad, identificándose con el paganismo pre-indoeuropeo y aborreciendo el ethos guerrero, el ascetismo y la violencia del paganismo de carácter patriarcal.
En América Hispana tenemos el pachamamismo una religión de carácter femenino en el que se venera a la Pachamama, la Madre Tierra de los pueblos incas, este culto se combina con el indigenismo y políticas de izquierda.
Líderes indigenistas como Evo Morales han exaltado a la figura de la Pachamama como una forma de populismo, de atraer a los indígenas a su causa y unirlos contra la cultura europea/criolla de carácter patriarcal.
¿Cómo está representada la diosa madre? Las feministas modernas y neopaganas han descrito a esta diosa madre como una mujer fuerte, hermosa de gran sabiduría y bondad pero la historia nos demuestra lo contrario.
Según podemos apreciar en la figura de la Venus de Willendorf un ídolo matriarcal de la cultura danubia vemos a la madre como una mujer mórbidamente obesa, con senos grandes y carente de rostro (sin identidad), una representación monstruosa, la forma en la que estos pueblos veían a la diosa madre.
Para estos pueblos la gran diosa era un ser monstruoso al cual adorar y temer, al cual entregarse en orgias y ritos sanguinarios en los que se sacrificaba varones, la madre monstruosa a la que sus hijos ven como un fetichismo sexual.
Para la cultura matriarcal la diosa madre era una engendradora de cientos de hijos, todos ellos sin identidad, sin un padre reconocible, degenerados, endogámicos.
Robert Graves en sus mitos griegos habla de estos cultos pre-indoeuropeos y afirma que el mito de medusa se originó como una de las caras de la diosa, el rostro monstruoso para alejar a los profanos en sus misterios.
Mencionaba también que dentro de estas culturas se realizaban ritos caníbales en los que se comía al rey, en el que los reyes practicaban el travestismo para honrar a la diosa y en los que la figura materna dominaba, donde el padre podía ser cualquier miembro de la familia.
A este respecto el patriarcado con su llegada trajo una nueva idea de lo que es la feminidad, las diosas ya no eran madres de cientos de hijos, ahora existían diosas de gran belleza, castas y sabias como Atenea y Artemisa. A este respecto los indoeuropeos realizaron una revolución abandonando el oscuro matriarcado y regenerando a algunas de sus diosas.
 En la espiritualidad matriarcal no existe un concepto de propiedad ni de identidad, abunda la promiscuidad, el “amor libre” en el que no hay amor ni compromiso, solo el sexo como una medida de satisfacer el deseo efímero.
Culturas matriarcales como los danubios, los vascones y actualmente los mosuo de China que viven dentro de cuevas, hogares comunes sin cuartos, todos viviendo y durmiendo juntos—símbolo del útero materno—en el que prima el gran número de hijos y en donde abunda la pederastia, el incesto, la homosexualidad y la endogamia.
En tribus africanas e indígenas se dan casos de incesto y pederastia en el que la hija o el hijo tiene que tener un matrimonio ritual con el padre o madre como una perversa forma iniciática.
En tiempos recientes estaban las comunidades hippies en los que se veneraba la tierra, se consumían drogas como un placebo—quitándoles a drogas como el peyote y los hongos su carácter sacro—se vivía en orgías y música pacifista.
En la actualidad el culto materno ha cobrado una primacía de forma violenta, se castra emocionalmente a los hijos, se les feminiza a tal grado de que pierden sus instintos masculinos. La madre sobreprotectora que les quita autonomía a sus hijos, que los reprime y los aísla del mundo, la paternidad se ha vuelto motivo de vergüenza y los hijos desconocen a su padre.
Se libra una guerra contra la masculinidad, contra el hecho de ser hombre, en el que la mujer frívola y emancipada ejerce su sexualidad para ganar poder económico y material.
No cabe duda de que espiritualmente hemos regresado al matriarcado, la figura de la Gran Madre monstruosa y tiránica ha vuelto a resurgir y el padre ha caído.


Agosto 2014

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