"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







domingo, 21 de septiembre de 2014

El Poder del Patriarcado (VIII): La violencia




Por Fernando Trujillo

Un signo del poder del matriarcado es la persecución y el suprimir el instinto de violencia, las consignas de no-violencia, de pacifismo están en todos lados: en los medios, en las escuelas, en los anuncios, en las calles, en la música. Se habla de prevenir el bullyng y de denunciar la violencia contra las mujeres—la violencia contra los hombres jamás es mencionada—se habla de la violencia como parte de un pasado oscuro y bárbaro al que el mundo burgués—propiamente femenino—desprecia y teme.  
La civilización occidental se ha volcado en un pacifismo histérico, la canción Imagine de John Lennon con su utopismo es casi un himno de este tiempo, la consigna sesentera de “amor y paz” sigue siendo recitada en los colegios y los medios pero ese pensamiento pacifista solo se da en los pueblos europeos y americanos.
Estamos obligados a ser más amigables, más tolerantes, más sumisos con el gobierno, las feministas, los LGBT, los criminales, los violadores, los ladrones que se meten a tu casa por la noche. Tenemos que ser amistosos, hablar de derechos humanos y demás mierda.
El lobby feminista-gay es el más violento a la hora de censurar, perseguir y destruir la vida de quienes se oponen, ellos usan la violencia disfrazada de consignas de respeto y tolerancia. Hablan de violencia contra los gays y mujeres pero ellos usan la violencia psicológica contra hombres heterosexuales. Ellos practican abiertamente la heterofobia contra sus opositores. Mismo actuar hipócrita lo hacen asociaciones pacifistas y progresistas.
Actualmente en Estados Unidos grupos de padres de familia, actores de Hollywood, cristianos evangelistas, pacifistas y demócratas hablan de prohibir a los ciudadanos el portar armas, en los países hispánicos se habla de abolir las corridas de toros, en varios países grupos veganos hablan de cerrar mataderos y carnicerías.
Esta histeria por querer abolir cualquier forma de violencia  irónicamente resulta en un acto de violencia contra los derechos individuales y contra las leyes naturales.
Los juegos violentos que los varones jugaban ahora son vistos como bullying, recuerdo que antes los varones jugábamos a policías y ladrones con armas de juguete, ahora asociaciones de madres de familia quieren que se prohíba estos juguetes para apagar el instinto violento, los varones quieren armas de juguete, quieren pelear, quieren ensuciarse, tener moretones, es parte de su naturaleza.
Los niños antes se peleaban y se reconciliaban, era su modo de ser pero ahora cualquier cosa es tomada como bullying, la sociedad matriarcal ha ido poco a poco extendiendo la idea de violencia incluso en las actividades más inofensivas.
El futbol es demasiado agresivo, que el profesor regañe al niño es violencia psicológica, una mala calificación es una forma de violencia.
La sobreprotección materna ha creado una generación de niños cada vez más mimados, susceptibles y emocionalmente dependientes, temerosos de salir a jugar o de tener un espíritu emprendedor.
El Sistema tiene una campaña masiva contra la idea de violencia, alejar a niños y adolescentes de la violencia, se dan medicamentos a los niños para que dejen de saltar y de jugar, se recetan medicinas a jóvenes contra la depresión y el cansancio. Irónicamente esta represión de la violencia ha dado lugar a estallidos de violencia cada vez más sangrientos y patológicos como tiroteos escolares y brutales asesinatos.
Mientras que para los pueblos antiguos se enseñaba a los varones a dominar esos instintos violentos para desatarlos en el campo de batalla, en la sociedad posmoderna las teorías psicológicas—desarraigadas de la naturaleza humana—hablan de reprimirlas como si se pudiera borrar el instinto animal latente en cada humano.

La violencia es parte del orden natural.
La vida es un combate diario y el hombre no es una excepción a esta regla, creemos haber superado la violencia pero esta se encuentra en nosotros. A decir verdad la violencia es el instinto más honesto que tenemos, fue esta violencia la que nos permitió cazar al primer mamífero para devorarlo y saciar nuestra hambre, fue la violencia la que nos ha permitido sobrevivir como especie, ha sido el uso de la violencia lo que nos ha unido contra otros pueblos enemigos.
Con el uso de la violencia podemos proteger a nuestras familias, nuestra sangre, nuestro pueblo, podemos cazar nuestro alimento, podemos enfrentar a enemigos, ningún pueblo sobrevive escondiéndose y quienes lo hacen están destinados a perecer o ser esclavos.
Si te golpean no das la otra mejilla, lo que haces el devolver el golpe con más fuerza, si entran a tu casa por la noche entonces disparas para defender a los tuyos, si un animal salvaje te ataca no te pones a pensar si está en peligro de extinción o en los derechos de dicho animal sino que lo matas para poder sobrevivir.
Ha sido la violencia de los pueblos barbaros la que forjo la historia de Europa, antes de los estados griegos se encontraban los dorios y jonios, antes de la civilización romana estaban los salvajes itálicos, antes de la sociedad medieval se encontraban los barbaros germánicos y sajones saqueando al decadente imperio romano.
Nunca ha sido el anhelo de paz y conformidad los que han escrito la historia, ha sido la barbarie con su instinto por conquistar y por aventura.
La violencia es parte de la historia, del ciclo natural, el querer abolir este instinto es una completa tontería.
Ha sido el poder de la violencia, el poder de los hombres lo que saco al ser humano de su estado como primate hacia la conquista de la tierra, hacia la exploración y hacia la lucha por la vida.
Este entendimiento de la violencia como parte del orden natural lo saben muy bien el terrorista musulmán, el kurdo, el ucraniano, el ruso, el granjero Boer, el guerrero zulu, los autodefensas mexicanos. Todos ellos viviendo en tierras hostiles en donde es disparar o morir, donde la vida es un combate diario por proteger a los tuyos y sobrevivir.
Al terrorista de ISIS no le importa las consignas pacifistas de la sociedad occidental, para el todo hombre blanco es un infiel al cual matar y toda mujer blanca una ramera a la cual violar. Mientras los progresistas hablan del “verdadero” islam como “religión de paz” los terroristas islámicos saben lo que dice el Corán y saben que su fe es de guerra.
Al guerrero zulu tampoco le importa el pacifismo ni la ridícula letra de Imagine, el quiere matar hombres blancos.
Los autodefensas mexicanos y los granjeros Boers conocen la violencia de las armas para defender sus tierras, a sus mujeres y su propiedad de sus respectivos enemigos (narcos, el estado, los zulus) ambos grupos viviendo en tierras duras en donde no llega la sociedad del bienestar, librando combates a diario por sobrevivir. Ambos grupos merecen toda nuestra admiración.
Los milicianos ucranianos librando combates por su libertad, los milicianos kurdos peleando contra ISIS. Todos ellos saben que la violencia es la respuesta contra el enemigo, no hay diálogos de paz ni nada solo el uso de las armas para ganar su derecho a la vida.
La violencia no la generan los videojuegos, la televisión o la música heavy metal, es parte de la naturaleza, de la genética humana. Las personas son violentas porque está en sus genes, ningún paradigma pacifista podrá cambiar esa verdad.
Prohibirles a los niños practicar boxeo o jugar fútbol americano es algo ridículo, el problema no es la violencia, el problema es negar ese instinto en lugar de enseñarles a los varones a dominarla.
El entendimiento de la violencia puede llevarnos hacia una mejor comprensión del orden natural, de sus leyes y puede alejarnos de la decadencia genética en la que nos encontramos.
La violencia es parte de nuestra historia genética, quien no comprenda estos simplemente no comprende el sentido de la vida.
Somos seres violentos, no temamos decirlo, somos cazadores, somos asesinos, somos hijos de la lanza y la espada. La violencia es parte de nuestra naturaleza desde el militar eslavo hasta el vegano pacifista todos tenemos ese instinto en nuestro ADN. Es tiempo de dejar las hipocresías, de dejar de negarlo y abrazar por completo nuestra naturaleza como depredadores y como hombres.


Septiembre 2014

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