"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 31 de octubre de 2014

El Poder del Patriarcado (XI): Tribu vs Civilización



Por Fernando Trujilllo

Uno de los más mas grandes problemas de los grupos anti-sistemas es que son demasiado incluyentes en su discurso.
Es común en esta clase de grupos escuchar frases como “unidos venceremos”, “Todos juntos podemos destruir al enemigo” y demás frases que son incluyentes con las mayorías, este discurso se asemeja al que utilizan movimientos pacifistas, grupos estudiantiles de izquierda y colectivos que predican la tolerancia con gays y mujeres.
Esto incluso afecta a colectivos que hablan de derechos de los hombres, son demasiado blandos con el feminismo y el LGBT, defendiendo incluso un “verdadero feminismo” al que eluden positivo e igualatorio, a lo que ellos ven como una tergiversación de este feminismo utópico le llaman con nombres como “feminazismo” (sic) o “hembrismo”. Todo esto para mantener una postura políticamente correcta.
Todos estos ejemplos que acabo de mencionar sirven—ya sea de forma consiente o inconsciente—a la civilización matriarcal, sus ideas igualatorias y pacificas son parte del espíritu del matriarcado, no representan amenaza alguna para esta.
Las ideas de conciencia global, despertar de la humanidad, cambiar el mundo con canciones hippies y consumiendo peyote todas pertenecen a la teosofía y al new age ambas producto de la espiritualidad matriarcal.
Ninguna de estas ideas es peligrosa para el matriarcado burgués pero una sobre todo si lo es: la idea de tribu.
Anteponiendo a la idea de “todos unidos” ponemos la idea de tribu, mi tribu, mi gente, mi clan frente al mundo burgués.
Esta es la idea de “nuevos barbaros” del escritor Jack Donovan, la idea ancestral de Mannerbund que existía en las sociedades patriarcales.
Este concepto debe cobrar importancia en una civilización sobrepoblada con mega urbes contaminadas, pobladas por lemmings, blancos degenerados y multiculturales.
Es demasiado utópico pensar que una ciudad como el Distrito Federal, Londres, Nueva York o Madrid vaya a tener un despertar social y unidos armen una revuelta.
No, todas estas mega-urbes están pobladas por personas obesas, degenerados sexuales, amigos de la tolerancia, hombres estrongenizados, seres sin ética que veneran el dinero y la sociedad de consumo. Ninguno de los habitantes de las grandes urbes va a tener un despertar espiritual o social, mucho menos patriarcal.
La consigna “pueblo unido” es solo una falacia, todos estos movimientos como Occupy Wall Street, Occupy London, las revueltas masivas en Egipto y las manifestaciones estudiantiles solo eran berrinches de una burguesía acomodada, a esa gente que marchaba con sus máscaras de Guy Fawkes, con sus consignas incluyente solo les interesaba tener una sociedad del bienestar, no estaban interesados en una revuelta real ni en destruir el Sistema solo en que el estado les de derechos y bienestar.
Todo este lenguaje incluyente es parte del espíritu del matriarcado, recordemos que la madre ama a todos sus hijos por igual, los incluye, es igualatoria, de la misma forma que estos grupos “antisistema” quieren una sociedad igualatoria.
Paremos el lenguaje democrático, no todos somos iguales, no va a haber una revolución global en el que las masas van a pelear por sus derechos—idea utópica muy arraigada a la izquierda—lo que va a haber va a ser una guerra entre la tribu contra la civilización.
Y está sucediendo.
El Batallon Azov contra la civilización rusa de Putin, los autodefensas mexicanos contra el estado, los Boers contra el estado negro africano, Amanecer Dorado contra el estado usurero que oprime Grecia.
En Estados Unidos los preppers van almacenando armas para el día que el estado prohíba su uso a los ciudadanos libres, hay muchas de estas tribus que son más cada día en ese país.
Los motociclistas americanos que en septiembre de 2013 marcharon para oponerse a una manifestación por la tolerancia con el islam, mientras que esta última tuvo una incipiente recepción, la marcha anti-islamica de los motociclistas con sus quemas del Corán y su patriotismo los supero por dos millones.
Todos claros ejemplos del resurgir del mannerbund en la época del individualismo y la estrongenizacion.

¿Qué es la tribu?
Un sistema organizacional en el que un grupo de seres humanos, un conjunto reducido tienen algo que los une, ya sean lazos sanguíneos, culturales, éticos, espirituales y raciales.
El concepto de tribu fue el primer sistema de organización surgido del caos pero su forma y su función es más cercano a la naturaleza, al hombre como animal, como parte del orden natural.
En el mundo animal el tribalismo se da en especies como los leones o lobos, manadas unidas por un macho alfa, cazan juntos, el macho alfa se une a la hembra alfa, los más fuertes perduran y los más débiles perecen.
El concepto de tribu es propio del patriarcado, el comportamiento tribal es propio de la genética humana. Mi tribu frente a la tuya, mi raza frente a tu raza, mi clan frente a los otros clanes. Es parte de un comportamiento sano el defender lo que es tuyo, en tener un sentido de propiedad.
En la civilización matriarcal ocurre lo opuesto, “todo debe ser compartido”, de ahí vienen las ideas de promiscuidad, de sexo libre, de abrir fronteras, de abrazar a pueblos extranjeros, es incluyente y esta actitud es peligrosa al alojar a enemigos internos.
En la mentalidad tribal patriarcal existe el concepto de familia, el hombre es el patriarca de su propio clan, de su gens, es el jefe al que se le debe respeto y obediencia, es el guerrero, el hombre ascético y sabio.
En la mentalidad matriarcal no existe un concepto de propiedad y las familias son desunidas, en esta forma se da el concepto de “familias alternativas” de parejas del mismo sexo y donde el hijo es un mero entretenimiento.
La idea de tribu es propia del patriarcado, incluso en civilizaciones como Esparta o Roma continuaban teniendo esa espiritualidad tribal del patriarcado primigenio.
La civilización es producto de la agricultura, del sedentarismo y por lo tanto del matriarcado, comienza la esclavitud del hombre, nace la clase mercader, se dan la esclavitud y surge un tipo de hombre egoísta y decadente.
La relación entre los sexos en el tribalismo patriarcal es dominante e impera el sentido de propiedad, el hombre domina por medio de la fuerza y la mujer es pasiva y dulce, la mujer es propiedad de un hombre y viceversa, él es su hombre y ella es su mujer. Las mujeres mas bellas pertenecen por derecho a los guerreros, a los hombres con mejor calidad genética para engendrar hijos.
Contrario en la mentalidad matriarcal existe el “amor libre”, todos se acuestan entre todos, prima la mujer promiscua y superficial, se da el lesbianismo, las orgias, la poligamia que es propio de civilizaciones decadentes.
En la tribu hay hermandad, hay camarería en la lucha, hay pocos pero todos ellos con una alta calidad genética. En la civilización son millones, desunidos, egoístas, degenerados y con una calidad genética deficiente.
A pesar de que en la actualidad la propaganda matriarcal hable del sentido de propiedad, de familia y de sangre como construcciones sociales, estos instintos siguen presentes y resurgen de alguna manera. Los niños de un barrio que se enfrentan a golpes con los de otro vecindario, es un ejemplo de esto.
El tribalismo es parte de la naturaleza del hombre, esa actitud de reunirse en manadas, de uniones de sangre y honor, esa idea se contrapone al individualismo del matriarcado.
La verdadera rebelión contra el mundo burgués no está en una fantástica “unión cósmica” sino en el concepto de tribu, en el poder de los hombres, el poder que ha de resurgir si se quiere que la raza sobreviva a la decadencia.
La tribu está compuesta por aquellos hombres que están orgullosos de su masculinidad, que creen en los valores de sangre y honor, que defienden el derecho de los ciudadanos a portar armas, aquellos que han dado la espalda al racionalismo y vuelto al instinto.
Por último el tribalismo es abandonar el pacifismo impuesto por la sociedad matriarcal y volver al derecho natural a la violencia, a luchar por nuestra supervivencia y destruir el matriarcado burgués.

Octubre 2014


Referencias

Jack Donovan "Volviéndonos los nuevos bárbaros"

"¿Que es el tribalismo blanco?" pt 1  Tribalismo blanco







viernes, 17 de octubre de 2014

El Poder del Patriarcado (X): El valor de la herencia



Por Fernando Trujillo

Una de las señales de que occidente es un matriarcado es la pérdida del valor de la herencia, las consignas modernas de “vivir el momento” y “vivir sin responsabilidades” deja por fuera cualquier posibilidad de dejar un legado.
Para los pueblos patriarcales la herencia era uno de los valores más sagrados que había, esta herencia no siempre viene con connotaciones materialistas sino más bien espirituales y biológicas. Las hazañas heroicas de los antepasados, las conquistas, la sabiduría se transmitía de generación en generación perpetuando la memoria de un pueblo y el de una raza. Esta era la idea de inmortalidad que tenían los pueblos indo-europeos, el que sus hechos e historia pasen de padres a hijos.
Pero ¿Qué sucede cuando una civilización niega el valor de la herencia? Entonces solo puede caer en la decadencia y el olvido. Actualmente la civilización occidental se ha sumido en una peligrosa patología: la negación de dejar un legado, error fatal que lleva a una cultura hacia su suicidio.
Estamos en la época de las mujeres que quieren ser empoderadas y no ser madres, de hombres afeminados, de vasectomías y abortos. Hombres y mujeres no quieren tener hijos en un alarde de “libre albedrio”, la mujer moderna quiere ser emprendedora, quiere ser “autosuficiente” y no atarse a la responsabilidad que implica ser madre.
En los tiempos actuales los hijos se han vuelto una patología, algo que impide la ideología del goce. Algo que debe ser evitado a toda costa.
La continua propaganda feminista y gay alienta el aborto, el sexo sin responsabilidad, mientras que muestra a la maternidad como algo “retrogrado”.
La mujer ya no quiere ser madre, ha perdido ese instinto, no quiere dar a luz a hijos fuertes sino entregarse a la promiscuidad. Los hombres cada vez más estrongenizados quieren “experimentar con su sexualidad”, entregarse a relaciones homosexuales, a relaciones frívolas con mujeres superficiales y sin que dejen un legado.
Una muchacha con tal de no tener un hijo que “arruine sus planes” va y se hace un aborto como si de comprar papas fritas se tratara.
Esa es la educación sexual que reciben sus hijos, que se dan en las escuelas, en los medios, tener una vida sexual sin consecuencias, sin responsabilidad y sin un futuro.
En esta nueva educación sexual se ven las peores patologías sexuales como la pornografía, el travestismo, el transexualismo, la homosexualidad, la promiscuidad entre niños y adolescentes como algo natural, como algo que deba estar permitido por una “sociedad tolerante”. Toda esta educación sexual está basada en las teorías enfermas de Freud, Kinsey y teóricos gays. El mundo culturas se encuentra dominado por enfermos mentales como Sade y Ginsberg.
Con esta nueva educación sexual ha incrementado el número de abortos, de violaciones, de embarazos no deseados.
La sexualidad en el matriarcado es una cosa aberrante, que esclaviza a hombres y mujeres en bajos instintos cada vez más depravados.
Las mujeres han perdido ese instinto de buscar al mejor macho para procrear, ahora buscan al drogadicto, al patán, al hombre vulgar, al delincuente que les dé un poco de placer.
El matriarcado con sus brazos armados el feminismo y el homosexualismo como movimientos son en conjunto una Cultura de la Muerte, al negar el valor de la herencia también niegan la eternidad y por lo tanto solo pueden esperar la destrucción y el olvido.
Los hombres y mujeres desarraigados de esta época no dejaran una herencia digna de ser admirada en el futuro, solo desaparecerán junto con su decadente civilización.

El valor de la herencia viene íntimamente ligado al tema de la eugenesia (parte de esto ya lo vimos en mi ensayo En defensa de la eugenesia),  para los pueblos indo-europeos la esta herencia viene en sus mitos, en su cultura pero más sobre toda las cosas en la calidad genética de su pueblo.
Una comunidad con un alto valor genético podrá crear una cultura bella, elevada, una música armoniosa, un arte heroico sublime, mientras por el contrario una comunidad con un bajo valor genético solo podrá crear arte degenerado.
El tesoro más grande de un pueblo está en los genes de sus pobladores, en la masculinidad de sus hombres y en la feminidad de sus mujeres.
Para estos pueblos la herencia tiene un valor sagrado, es lo que permite la perpetuidad de su grandeza, de las hazañas de sus antepasados, el concepto de inmortalidad que tenían los antiguos. La herencia de los padres a sus hijos es un pasado glorioso y una buena calidad genética. Esta es la cosmovisión del patriarcado.
El hombre con una buena calidad genética tiene el deber de dejar descendencia, de dejar a su comunidad hijos de buena calidad, hijos fuertes y varoniles que perpetúen su legado.
La mujer arraigada a su identidad quiere ser madre y no solo madre de un hijo sino de muchos, en la abundancia es donde se encuentra la grandeza, quiere ser madre de hijos de una buena genética para perpetuar el legado de su pueblo.
Los mejores elementos de un pueblo deben de procrear, los hombres más viriles con las mujeres más femeninas para dejar una buena estirpe.
Por el contrario el hombre con una pobre calidad genética, el hombre degenerado, descendiente de una estirpe oscura y decadente, tiene el deber de ser el último de su linaje.
Esta ha sido una implacable ley biológica, los buenos elementos de una raza dejan una buena descendencia que continuara manteniendo vivo su legado, los pueblos desarraigados y decadentes solo pueden esperar morir.  
El patriarcado es entonces una Cultura de Vida que se opone a la Cultura de la Muerte del matriarcado. Mientras que el patriarcado busca la eternidad, el matriarcado busca la temporalidad, la cultura patriarcal esta sobre y contra el tiempo, mientras que la cultura matriarcal es propia de su tiempo, que será barrida cuando acabe su momento.
Los niños que son la herencia en un futuro están recibiendo una educación de acuerdo a los principios del matriarcado. Esto está dejando una generación de niños mimados, estrongenizados, temerosos de su virilidad y desarraigados de sus roles de género.
Actualmente la educación de los niños va orientada hacia ese desconocimiento de las leyes de herencia y selección, ahora en las escuelas se les educa conforme a los cánones feministas: que el género es una construcción social, que pueden elegir su propio género (sic), que la violencia es algo retrogrado, etc.
La educación de los niños debe volver a lo tradicional, a que los niños se vistan de azul mientras que las niñas se vistan de rosa, que los niños jueguen a policías y ladrones mientras que las niñas jueguen con muñecas, que los niños vean programas de niños y las niñas vean Mi Pequeño Pony.
El género es algo con lo que se nace, algo que se tiene por más que les moleste a los gays y feministas pero se es hombre o se es mujer, punto.
Se debe luchar para restablecer los valores masculinos y volver a una educación patriarcal para poder dejar una buena herencia.
El matriarcado está destinado a morir, su odio hacia el valor de la herencia solo generara su extinción y esperemos que un regreso de un verdadero patriarcado.

Octubre 2014





viernes, 10 de octubre de 2014

Padres



Padres es el segundo relato de una antología que está en construcción (vengo hablando de esa antología desde finales de 2012), lo termine el domingo pasado y se los presento esta noche, espero lo disfruten.

Fernando Trujillo


El día había sido agotador, la familia llego a casa alrededor de las cinco de la tarde, el padre despertó a Josué dándole una palmada en su hombro. El niño dio un bostezo y se bajó del auto.
Hacía un mes que se habían mudado a Ciudad Caucel, para Josué que contaba con siete años la mudanza no había sido sencillo. Extrañaba su vieja casa, los niños con los que jugaba en el vecindario, su vieja escuela, a pesar de que sus padres le decían que pronto se acostumbraría a la nueva casa y al nuevo vecindario.
Ese domingo lo habían pasado en la casa de sus tíos de Acanceh, jugo con Lalo y Héctor sus primos mientras que sus padres platicaban con sus tíos en la sala, al entrar a su cuarto prendió la televisión, quería jugar a Mario Kart.
Su padre toco a la puerta, el niño no lo escucho, se encontraba demasiado concentrado en el juego. Abrió la puerta.
-Vamos a pedir una pizza, tu mama está demasiado cansada como para cocinar.
-Está bien.
-Oye ¿Hiciste tu tarea?
-Sí, Alejandra me ayudo—Alejandra era la niñera, era una buena muchacha que vivía en Pensiones, la hija de un buen amigo del trabajo. El padre asintió de buen agrado y cerró la puerta. Cuando su hijo estaba con el Nintendo y la computadora no prestaba mucha atención, eso le molestaba a veces pero no ahora, dio un bostezo y bajo a la cocina, necesitaba una cerveza.
Josué pensaba en su vieja escuela ¿Qué estará pasando? Quizás la maestra Mónica haya dejado mucha tarea como siempre, la nueva escuela no le gustaba mucho, jugaba futbol con los otros niños pero aún le quedaba nostalgia por su vieja escuela.
Continuo jugando, su primo Héctor le había dicho un truco del juego pero no lograba recordarlo, apretó varios botones intentando ver si le salía de pura casualidad pero no lo logro. Se olvidó de eso pronto y continuo jugando.
El día era demasiado caluroso pero recordaba que ayer su papa le prometió un aire acondicionado si todo iba bien. El niño se lo recordó hoy en la mañana para que no se le olvidara, su papa le dijo que sería cuando tuvieran dinero y el esperaba que fuera pronto, no le gustaba el calor.
En la otra casa tenían piscina y ocasionalmente se metía con la supervisión de alguno de sus padres, incluso a veces iban sus amigos y primos a bañarse y jugar. Otra de las razones por las cuales no le gustaba la nueva casa.
El padre estaba en la sala con su cerveza, mientras su hijo estaba jugando él pensaba en las deudas, la luz, el agua, el teléfono, demasiadas cosas que necesitaba pagar, el hombre se quedó en el sofá acomodándose hasta quedarse dormido.
Pensaba en la otra noche que escucho ruidos extraños, tal vez no fuera nada se dijo pero desde que habían llegado los escuchaba. Era el sonido de una bisagra, ese sonido que le parecía muy desagradable, su esposa interrumpió sus pensamientos, le pidió que llamara a la pizza. Miro el reloj viendo que era casi las siete, tomo otro trago de su cerveza mientras sus pensamientos volvían a ese sonido, una bisagra, desde la primera noche que durmió en esa casa lo había escuchado.
Josué bajo las escaleras, saludo a su padre y le dijo que iba por un vaso de agua, el hombre le dijo que estaba bien y le aconsejo que tomara un baño. Él también lo necesitaba.
-Hijo ¿Puedo hacerte una pregunta?
-¿Qué paso papa?
-¿Has escuchado ruidos raros?
El niño hizo un gesto negativo.
-Gracias—Josué asintió y regreso a su cuarto, el padre volvió al sofá y se terminó la cerveza, pensaba que no debió hacer esa pregunta, quizás solo fuera su imaginación. Lo más raro es que conforme pasaba el tiempo el sonido de la bisagra se hacía más fuerte y le daba la sensación de ser algo amenazante.
Sacudió su cabeza, no quería pensar más en eso, lo que si haría sería tomar un baño caliente antes de pedir la pizza.

Josué miraba por la ventana de la sala, el vecindario se veía tan oscuro, tan solitario, quizás esas eran las razones por las que no le gustaba ese nuevo hogar.
No había otros niños cerca, la mayoría de quienes vivían por esa zona eran parejas jóvenes sin hijos y ancianos.
Se aburría demasiado a veces, cuando salía al porche con su pistola nerf disparaba contra latas vacías, no obstante a su madre no le gustaba que saliera demasiado.
Ha habido algunos robos en la zona y no quería que su hijo fuera una víctima, por lo que la mayor parte del tiempo se la pasaba jugando Mario Kart y viendo la televisión.
Su madre estaba recogiendo la mesa mientras que su padre tomaba un vaso de coca, el niño se apartó de la ventana y pidió permiso para ver la televisión antes de dormir.
Estaban pasando los Simpsons, Josué se sentó en la mecedora con un vaso de coca, su padre se levantó para hacer una llamada.
Se sentía lleno, comió dos pedazos de pizza y su madre le guardo uno para desayunar.
Vio dos capítulos de los Simpsons, cuando dieron las nueve su madre le dijo que era hora de ir a la cama. Josué se levantó de la mecedora y fue a su cuarto, su madre lo acompaño para arroparlo y darle la bendición antes de dormir.
Su padre se quedó un rato en la sala con su vaso de coca, el hombre estaba leyendo el periódico, no había tenido oportunidad de leerlo en todo el domingo y se encontraba en la sección de Deportes, dio un bostezo.
Se recostó en el sillón, cerró los ojos, la noche era silenciosa, solo había algunos insectos haciendo ruidos pero no había ningún auto pasando ni ningún perro ladrando, solo silencio.
Entonces lo escucho.
El ruido de una bisagra, de una puerta abriéndose.
Se despertó de golpe y subió las escaleras, abrió la puerta del cuarto de Josué viendo a su hijo acostado. Cerró la puerta y se dirigió a su recamara, mañana sería un día de trabajo largo.
Josué no estaba dormido aun, se quedó mirando el techo un momento, aun no tenía sueño. Quería seguir jugando Mario Kart sin embargo temía que si lo empezara a jugar sus padres lo castigarían, la última vez le quitaron la televisión y la consola durante dos semanas, no quería que volviera a pasar.
Se acordó en medio del sueño que le había mentido a su padre con respecto a ese sonido, no conocía la palabra “bisagra” pero aquel ruido lo definía como una puerta que se abría. La puerta del salón de su nueva escuela tenía un sonido similar.
Sintió culpa por haberle mentido a su padre, no se acordaba de eso pero de todos modos no era una agradable sensación.
Se quedó dormido, siempre había tenido un buen sueño no obstante esa noche era diferente, había algo que le molestaba, no podía explicarlo pero era una sensación desagradable. Esa sensación la había tenido desde que llegaron pero esa noche era más intensa y opresiva que antes.
Un mosquito zumbaba a su alrededor, el niño se cubrió la cara con la almohada, a mitad de la noche se levantó de la cama.
Bostezo, se preguntó cuánto faltaría para el amanecer y se paró de la cama, tenía ganas de ir al baño.
Abrió la puerta.
El pasillo estaba completamente oscuro, en su antigua casa tenía un baño propio pero ahora tenía que cruzar esa oscuridad para llegar al baño.
Trago saliva y puso el primer pie fuera del cuarto, antes prendió la luz para que iluminara un poco.
Todo el pasillo esta oscuro, dio otro paso, había un silencio total sin embargo eso no disminuía el miedo que tenía, sino que lo aumentaba.
Sus padres le decían que los monstruos no existen y son los padres los seres que nunca mienten, que tienen la confianza incuestionable de un niño.
Josué repetía que los monstruos no existían mientras caminaba, no veía nada, daba otro paso temblando, otro paso más. Cada vez más el niño estaba dentro de la oscuridad, caminaba lento,  al final del pasillo estaba la recamara de sus padres y aun lado se encontraba el baño.
El niño temblaba, el ruido de un insecto le hizo dar un salto, no había nada ahí, solo oscuridad y eso era lo más aterrador.
Dio dos pasos más, sentía que el corazón le palpitaba con más fuerza y tenía cada vez más ganas de llorar.
Los monstruos no existen.
Repetía esa oración hasta que llego a la puerta del baño, la abrió pero era demasiado chico para alcanzar el interruptor.
Solo orinaría y se iría corriendo de vuelta a su cuarto, si el pasillo era oscuro, el baño resultaba más aterrador.
Únicamente se escuchaba la caída de las gotas del grifo.
Una gota tras otra.
El niño entro y subió la taza del inodoro, estaba más oscuro dentro y detrás de él se escuchaban las gotas cayendo, una tras otra.
Respiro aliviado al terminar, jalo la palanca y estaba por salir cuando la luz del cuarto de sus padres se encendió. Josué nuevamente respiro aliviado, la luz lo guiaría de vuelta a su cuarto sin necesidad de atravesar la oscuridad.
Al salir vio a su madre en la puerta, era una mujer alta y esbelta con el cabello negro, su bata estaba abierta y usaba un sostén rosa con unos calzoncillos blancos.
Josué se sentido apenado y se cubrió los ojos, su madre lanzo una risa que no era propio de ella, era algo demasiado siniestro, demasiado horripilante.
-Abre los ojos cariño no hay nada de qué avergonzarse.
Josué los fue abriendo poco a poco.
Su madre lucia diferente, era ella pero había algo raro y el niño lo sabía, algo en sus ojos, incluso noto que estaba más pálida.
-¿Qué sucede? ¿No te gustan los senos de tu madre?—dijo con esa misma risa horripilante, el niño no respondió, nunca había visto a su madre actuar de ese modo, estaba muy asustado.
-Entra al cuarto.
Josué se quedó mirando atónito, no quería entrar ahí, ella era su madre y dentro se encontraba su padre. Había dormido con anterioridad con ellos pero ahora era algo diferente, algo aterrador.
-Entra cariño, quiera que estés conmigo—el tono de su voz era obsceno, era un tono que al niño le parecía tan repulsivo. La mujer le hizo un gesto coqueto mientras se abría la bata, Josué no sabía qué hacer, miraba a su madre de un modo extraño, estaba asustado.
-Entra hijo
El niño hizo un gesto de negación.
Su padre se asomó por la puerta, abrazo a su madre, estaba sin camisa, solo con el pantalón de la piyama, como su madre estaba más pálido y esos ojos tenían un brillo perturbador. Algo no estaba bien y Josué lo sabía.
-Entra al cuarto campeón, queremos estar contigo.
Su padre jamás lo había llamado campeón.
-Entra con nosotros.
-Quiero dormir.
-Aquí puedes dormir—dijo su padre haciendo una sonrisa que le resultaba grotesca, acaricio el cuerpo de su madre de forma lujuriosa mientras ella reía de una manera tan ominosa, el niño lo miraba sin comprender lo que sucedida, estaba asustado y con una nueva sensación, estaba lleno de asco.
-Entra podemos divertirnos.
-Mañana hay escuela.
-Claro y vas a ir jovencito pero entra, tu madre y yo queremos que estés con nosotros.
-No.
-Entra hijo, que quiero darte un abrazo—algo estaba mal, el niño lo sabía, no quería entrar con ellos y entonces se dio cuenta.
Aquellos dos no eran sus padres, tenían sus formas pero no lo eran, ni su papa ni su mama actuarían de esa forma. No podían ser ellos, no sabía que cosas eran y que habían hecho con sus padres pero debía de correr.
-Ven con nosotros.
-Ven cariño, tenemos pastel.
Josué se lanzó a correr lo más rápido que podía, entro a su cuarto y cerró la puerta, puso el seguro. Prendió la luz y se acostó en la cama, comenzó a llorar.
Golpes a la puerta.
El niño reacciono con un grito, no tenía teléfono, ni siquiera tenía celular, se acurruco en la cama, otros dos golpes azotaron la puerta.
-Abre hijo somos tus padres.
Josué no paraba de llorar.
Otro golpe con más violencia.
No tenía ventanas, no había manera de poder escapar, lloraba cada vez más fuerte pero no había nadie que lo escuchara.
-Abre amor por favor.
El niño no respondía, el llanto le impedía articular una palabra, dos golpes con violencia que le ponían más aterrado.
-Josué abre la puerta—era la voz de su padre.
Otro golpe.
-Abre la puerta Josué.
Esta vez quien hablo fue su madre.
Dos golpes más y el niño se arrincono en su cama, por un momento los golpes cesaron, el niño continuaba llorando. Se limpió las lágrimas con la sabana.
Tal vez ya termino, tal vez esas cosas se fueron, se paró de la cama cuando un golpe con más fuerza azoto la puerta lo que hizo que pegara un grito.
-Abre la puerta—aquella voz le helo la sangre, no era su padre ni era su madre, era un tono más espantoso, mas gutural y oscuro.
-Josué abre la puerta—exigió la criatura, no reconocía si era hombre o mujer, era una voz infernal, algo maligno.
-¡Déjame en paz!
-Abre la puerta—el niño estaba en un rincón con lágrimas, impotente de lo que sucedía, otro golpe tras otro golpe y el niño se iba escondiendo en una manta.
-Abre la puerta—esa voz era producto de una pesadilla, una cosa que salto de los sueños a la realidad, el niño con lágrimas pensó que al final los adultos mentían y los monstruos si existían.
La perilla se iba girando, el niño miro como estaban intentando abrir, otro golpe y la puerta se iba rompiendo.
Josué volvió a llorar, esa cosa iba a entrar, la puerta no sería suficiente y entonces….
El niño en su mente infantil sabía que esa cosa lo iba a matar como también mato a sus padres. Otro golpe y otro golpe. La puerta se iba destrozando. Estaban por entrar y no había ninguna salida.
Por último el niño comenzó a rezar en busca de algún consuelo o de alguna ayuda divina, los monstruos ya no golpeaba sino que jalaban la perilla.
Otro golpe.
Josué trago saliva, se cubrió con la manta escuchando otros dos golpes y escuchando con la puerta se iba rompiendo.
Intentaban abrir la perilla, el niño cerro los ojos esperando que los monstruos desaparecieron, solo se escuchaba como intentaban forzar la perilla.
Hasta que la puerta se abrió.


La niña estaba saltando la cuerda en el porche mientras que su abuelita la observaba, el atardecer estaba llegando a la ciudad.
Como todas las tardes la abuelita se sentaba a esperar al panadero, los papas de la niña se encontraban trabajando peor no tardarían en llegar.
-Nena voy por mi monedero, no te salgas—le dijo la abuelita entrando a la casa, la pequeña asintió mientras continuaba saltando la cuerda.
-Hola—la niña se dio la vuelta, era otro niño el que la saludaba, vestía una playera azul con un pantalón corto.
-Hola ¿Cómo te llamas?
-Josué ¿Y tú?
-Verónica, mucho gusto—dijo dándole la mano detrás de la reja.
-¿Dónde vives?
-A unas dos calles de aquí.
-¿Quieres entrar a jugar?
La abuelita llego al porche y vio a su nieta platicando con un niño, lo había visto en dos oportunidades acompañado de su mama en la tienda de don Nacho, no salía mucho de su casa por lo que sabía.
Estaba más pálido que la última vez que lo vio pero debía ser porque estaba siempre encerrado, pensó mientras se ajustaba los lentes.
-Hola señora.
-Abuelita, él es Josué mi nuevo amigo ¿Puede pasar a jugar?
-Mejor mañana para que le preguntes a tus papas nena—dijo la abuelita, la niña asintió y se despidió de Josué con otro apretón de manos.
El niño se alejó hasta llegar a la esquina, vio la calle poco transitada, las casas, los señalamientos y sonrió.
La puerta se había abierto y ellos habían entrado, un lugar inocente habitado dispuesto a ser corrompido.
La criatura continúo caminando, estudiando el terreno, llego a la esquina y miro el atardecer. La noche estaba por llegar y con la oscuridad venían ellos, los seres del abismo que caminaban de nuevo entre los hombres.
Pensó en Verónica, era una niña bonita, se la imagino llorando y con el rostro cubierto de su propia sangre.



©Fernando Trujillo, todos los derechos reservados


      Octubre 2014
           
                                   

viernes, 3 de octubre de 2014

Apagón




Hace mucho que no escribía una historia de terror, desde la publicación del “País de las Pesadillas” no me había dado el tiempo de escribir un relato corto de miedo, ha sido realmente terapéutico volver a hacerlo. “Apagón” el cuento que estas por leer formara parte de una futura antología de relatos, tal vez en 2015 o más adelante, aún tengo muchas ideas en mente que plasmar en papel. Mientras espero que disfruten de este cuento, como yo disfrute escribiéndolo.

Fernando Trujillo

Somos vulnerables.
Dependemos de la luz eléctrica, del internet, de las redes sociales, del celular, del aire acondicionado, del refrigerador, de todo lo electrónico en general.
Al grado de que una falla de energía, un apagón de luz hace que perdamos la cabeza, que nos encontremos desesperados, histéricos, nerviosos, inquietos. Y es que hemos avanzado a nivel técnico desde la época de las cavernas pero el miedo a la oscuridad aún persiste.
La oscuridad oculta cosas.
Nuestros antepasados no eran tontos al temer a la oscuridad.
Ahí está lo desconocido, lo aterrador, cosas que siempre te dijeron que no existen pero si existen, son reales y aguardan en la oscuridad.
Esto me paso hace cuatro años, tenía trece años y eran los primeros días del 2010, todo empezó cuando mi amigo Arturo y yo decidimos pasar el último fin de semana de vacaciones en la casa del tío Omar.
Las vacaciones de navidad estaban llegando a su fin, el año nuevo había pasado y solo nos quedaba un fin de semana antes de volver a clases.
Queríamos aprovecharlo así que le pedí al tío Omar por teléfono que nos dejara usar su casa de Chelem, mi tío siempre fue una persona accesible, buena onda, le gustaba la música heavy metal y los videojuegos por supuesto.
Cuando le dije que Arturo y yo queríamos usar su casa no se negó, ni mis padres ni los padres de mi amigo se opusieron a eso. Nos iríamos el sábado y mi madre vendría por nosotros el domingo en la mañana.
El sábado después de mediodía el padre de Arturo me recogió en mi casa, llevaba mi mochila con la consola XBOX y los videojuegos “Call of Duty” y “Bioshock” mientras que mi amigo llevaba su laptop para conectarla a la televisión plasma de mi tío y poder ver algunas películas de terror.
El trayecto fue tranquilo.
Escuchamos un poco de música, platicamos, miramos el paisaje.
Habíamos pensado en invitar a Roberto y a Fabio pero el primero estaba castigado cuando lo descubrieron fumando en el baño y el segundo fue a ver a sus abuelos a Campeche.
Mirando por la ventana pensaba en Madeleine.
Era nueva en mi salón y la invite a salir dos veces el mes pasado.
Madeleine era una chica bonita de ojos azules, su padre era francés y su madre era mexicana, creo que de Guanajuato. No lo recuerdo muy bien.
Arturo me cuenta que su papa y su abuelo lo llevaran de cacería este año, si pasa al segundo grado entonces tendrá como premio ir de caza por primera vez.
Todos en la familia de Arturo son cazadores.
Su hermano mayor Marcos vivía en Chicago y era parte de un club de caza deportiva, su hermana también era cazadora.
Arturo Moran y yo somos amigos desde el quinto grado de primaria, siempre metiéndonos en problemas, jugando videojuegos, el era el pésimo estudiante mientras que yo era comprometido con mis tareas—y muchas veces con la suya—miramos el paisaje mientras su papa nos dice que ya estamos por llegar.
Doy un bostezo y miro por la ventanilla el paisaje, nada interesante, algunos anuncios pero más que nada es hierba. Esta oscureciendo.
Una manada de zopilotes que estaba sobre el cadáver de un gato suelta a volar, casi parece cámara lenta.
Tengo hambre, lo único que almorcé fue carne con arroz, son como las cinco, el tío Omar me prometió que tendría unas pizzas para nosotros al llegar. Mi estómago ruge veo que el cielo está muy nublado, espero que no vaya a haber una tormenta eléctrica, no lo creo no es temporada pero a veces sucede. Estamos llegando a Chelem.

El tío Omar platica con el padre de Arturo.
Vamos desempacando en la habitación de arriba, la casa del tío Omar es de dos pisos, nosotros dormiríamos en el piso de arriba. Abajo esta la sala, la cocina y un cuarto en donde el tío Omar dormiría. La terraza tiene vista al mar, la puerta es de cristal con rejas como muchas casa que están en la playa. En la terraza hay una hamaca verde y abajo en el piso están dos botellas de cerveza Sol, una vacía y la otra semivacía.
Nos instalamos en el cuarto de arriba, hay una litera, Arturo se adelanta y escoge la de arriba mientras que yo me tengo que conformar con la que se encuentra abajo. Sin perder más el tiempo vamos instalando la consola.
Mi tío entra a la casa, da un largo bostezo y nos llama, bajamos rápidamente, se sienta en el sofá y nos dice que tiene pizas en la cocina, cocas y también galletas de chocolate, nos dice que tiene que ir a ver unos asuntos pero que regresara pronto. Nos pide que cerremos muy bien, escuchamos el sonido de un trueno.
-Al parecer va a llover chicos y será muy fuerte—dice acercándose a la puerta que da a la terraza y mirando el cielo. Al acercarnos vemos que esta oscuro por completo. Nos pide que no vayamos a salir y que en el sótano hay velas y lámparas por cualquier cosa.
Se pone una playera negra de Slipnokt que estaba en el sofá, agarra su Ipod y nos dice que regresara pronto.
-Oye tío si necesitáramos ayuda ¿Vive alguien cerca?
-Un gringo en la casa de al lado ¿Saben inglés?
-Arturo lo habla bien, yo más o menos.
-Entonces no hay problema. Vuelvo pronto, no se acaben toda la pizza—nos dice cerrando la puerta. Escuchamos otro trueno. Le digo a Arturo que seria mejor poner la consola en la televisión de abajo, el acepta. Subimos al cuarto y desconectamos todo para traerlo abajo, solo fueron unos minutos.
Escuchamos otro trueno.
-¿Cuál jugamos primero?
Lo piensa un momento.
-¿Y si esperamos a que pase la tormenta?
-Mejor de una vez, chance y no pase nada—le digo. El asiento y prendemos la televisión. Prendemos la consola para comenzar a jugar Halo.
Se escucha como empieza a llover.
Estamos jugando, el ruido de las armas impide que escuchemos la lluvia pero si otro trueno, le digo a Arturo que esto pasara pronto. Después de un rato y con dos truenos mas le digo que iré a buscar una lámpara al sótano. Me dice que mientras va jugar Bioshock.
Abro la puerta que lleva a la bodega.
Voy bajando las escaleras encontrándome con muchas cajas empolvadas, seguro eran del anterior dueño. Las cajas están arrimadas en las paredes, hay un viejo escritorio de madera que tiene tres cajas encima y dos abajo. El lugar esta húmedo, y hay telarañas en las paredes, solo espero que no se vaya a ir la luz en este momento o quedare atrapado aquí.
Las velas y la lámpara se encuentran en un rincón, hay una puerta negra, es de madera pero se ve vieja y deteriorada por el comegen. Lo que más me llama la atención era algo en la puerta, un papel en el que estaba dibujado una especie de signo, el papel se encontraba amarillo y deteriorado junto con la puerta.
Lo deje en su lugar y con la bolsa me fui velozmente del lugar, mientras subía las escaleras había sentido miedo, una sensación de opresión en mi pecho, una vez que apague la luz y cerré la puerta puse las cosas en la mesa de la sala.
Arturo aun jugaba Bioshock, cogí de la cocina un pedazo de pizza y me serví un vaso de coca, me senté en el sofá mientras afuera la lluvia arreciaba más fuerte.
Mi celular sonó.
Era el tío Omar, no sonaba bien debido a la estática, me dijo que las calles estaban inundadas y que no podía conducir hasta la casa, tendría que esperar a que la tormenta terminara para poder ir. No alcance a escuchar lo demás pero decía que no le abriéramos la puerta a nadie y que estaría ahí pronto.
Seguí comiendo y viendo el juego, le dije que lo estaba haciendo mal pero me aventó un cojín, afuera caían rayos y la lluvia iba haciéndose cada vez más fuerte.

Lo primero que escuchamos antes del apagón fue que algo explotaba a la distancia, eso nos hizo pegar un grito, toda la luz de la casa se esfumo. Me había acabado la pizza pero el horrible estallido me hizo tirar el vaso en el piso.
Todo se encontraba oscuro.
Arturo se levantó cuidadosamente, yo aún permanecía en el sofá con el corazón acelerado, estaba recuperándome de la impresión.
Arturo y yo dedujimos que debió ser un poste de luz a la distancia lo que ocasiono todo el apagón. Ambos esperábamos a que esto se solucionara pronto o nuestro último fin de semana antes de clases se arruinaría por completo.
Me levante y fui cuidadosamente caminando hacia la mesa por las lámparas, me golpe con una silla pero pude llegar hasta el lugar. Cuidadosamente tome la lámpara y la prendí, ya de ahí agarre la otra y se la pase a Arturo.
-¿Ahora que hacemos?
-Llamare a la Comisión, ellos sabrán que hacer. Tu ve prendiendo las velas y ponlas en cada cuarto—le dije, me acerque al sofá y tome el celular marcando el número de la Comisión. Me dijeron que el suceso ya fue reportado pero que la mayor parte de Chelem estaba sin luz, así que tendríamos que esperar.
La lluvia continuaba afuera pero ya bajando su intensidad.
Nos quedamos sentados en el sofá un rato sin mucho que hacer, había unos cuantos mosquitos alrededor.
En total en la bolsa había tres velas, una la llevamos al cuarto, la otra al baño y la ultima la dejamos en la cocina. Arturo fue al baño, intente marcar a mi tío por mi celular pero la llamada no entraba.
Lo intentare después pensé.
Camine por la habitación un rato, sacudí la linterna para espantar a los moscos y me pregunte en que momento llegaría la luz.
Di un bostezo y abrí la puerta, no demasiado sino un poco para que entrara la brisa, ya llovía poco y se sentía fresco. Alumbre afuera, se escuchaba las olas golpeando la orilla y allí lo vi.
Un hombre obeso desnudo, estaba caminando en la orilla del mar, me pareció extraño pero había un detalle.
Tenía la cabeza de un oso panda.
Era una cabeza de botarga, más que caminar hacia un tipo de danza en la orilla, me percaté de que llevaba un machete en la mano, cerré de inmediato la puerta. Aquello era demasiado extraño y era espeluznante, estaba respirando profundamente y rogaba que no me hubiera visto. Me quede un rato en la puerta respirando profundamente, mi corazón estaba acelerado, sea lo que sea que haya visto quería pensar que solo era mi imaginación.
Solo se escuchaban las olas.
Me pare y camine por otro pedazo de pizza, Arturo bajo, cuando escuche que me llamo pegue un brinco.
-¿Qué te sucede?
Le conté lo que vi.
-Que loco ¿Y si llamamos a la policía?
Le dije que eso sería lo mejor, Arturo fue por mi celular que estaba en el sofá, seguí comiendo el pedazo de pizza, me encontraba nervioso, no solo por el apagón sino por el loco que estaba afuera.
-No hay señal—me dijo, Arturo agarro otro pedazo de pizza y me dijo que la laptop tiene batería suficiente. Me dijo que podríamos ir arriba y ver una película o alguno de los videos que tenía ahí guardados.
Después de lo que vi sinceramente no tenía ganas de nada, solo que regresara la luz, me dirigí hacia la ventanilla que estaba en la puerta que daba a la terraza, solo para ver si aquel loco continuaba danzando en la orilla.
Me fije cuidadosamente.
El hombre gordo ya no bailaba en la orilla, estaba de pie en la orilla mirando fijamente nuestra casa. El terror se apodero de mí.
Me aleje de la ventana corriendo y le dije a Arturo que el hombre tenía la mirada en la casa, mi amigo agarro el celular y marco a la policía pero la estática no permitía que pudiéramos escuchar o decir algo.
-¿Qué vamos a hacer?
-Vamos al cuarto y nos encerramos ¿Tu celular tiene batería?
-No.
-Entonces vamos—fuimos corriendo hacia el cuarto de arriba esperando que la luz llegara pronto.

Pusimos seguro a la puerta del cuarto.
Toda la casa se encontraba en silencio y por un largo rato ninguno dijo nada, solo estábamos sentados en la cama con las linternas alumbrando toda la habitación.
Intente marcar a mi tío Omar pero todavía no había señal, Arturo se iba fijando en la ventana para ver si el loco ya se había ido. Le dije que no pusiera la lámpara que solo lo viera con discreción.
Alumbraba con la linterna el techo sin mucho que hacer, llevábamos según pude calcular casi una hora y esperábamos que la luz volviera pronto, hasta el momento todo el fin de semana se estaba arruinando.
Teníamos hambre, le dije a mi amigo que bajaría por dos pedazos de pizza, el se acostó en la cama y accedió, se puso su Ipod.
Todo el pasillo estaba oscuro, sentí mucho miedo de estar rodeado de esa oscuridad, fui bajando las escaleras y solo tenía la linterna para protegerme. Es raro pero cuando llegas a una edad tu mente te dice que nada te pasara en la oscuridad pero ese miedo irracional a estar solo en la oscuridad persiste en el ser humano.
Una fuerte angustia me oprimía conforme bajaba las escaleras, me di la vuelta con la linterna, nada, me sentía como un idiota pero no podía evitarlo. Di dos pasos más, escuchaba los zumbidos de los mosquitos pegados en mi oreja, otro paso, aparte de los zumbidos la casa estaba en silencio.
Alumbre la sala, la puerta, todo estaba en su sitio pero al mismo tiempo era raro, como si la esencia de las cosas cambiara cuando no había luz.
Camine a la cocina, continuaba sintiendo esa sensación de miedo cada vez mas fuerte, iba a servir los platos e ir lo más rápido al cuarto me dije. Puse la linterna en la mesa y tome la caja de la pizza, algo en mi me decía que había algo extraño, algo que no iba de acuerdo al escenario en el que me encontraba.
Tome de nuevo la linterna, todo estaba en su sitio, las puertas estaban cerradas con seguro, las ventanas también. No quería mirar fuera para no llamar la atención del loco, esperaba que ya se haya ido.
Entonces enfoque la linterna en la puerta del sótano.
Estaba abierta.
Me quede paralizada con la linterna enfocándola, me costó reaccionar, ahí estaba la puerta abierta cuando claramente estaba cerrada…..antes de que la luz se fuera.
Luego escuche el rasguño.
Era el sonido de algo rasguñando las paredes, comencé a correr hacia el cuarto, subí las escaleras con miedo de mirar atrás. No pensé en nada, solo en correr.
Intente abrir la puerta pero el imbécil puso seguro, golpee lo más fuerte, grite su nombre y él no me abría……y ese rasguño lo escuchaba más cerca.
Finalmente Arturo abrió la puerta, lo empuje y cerré de golpe colocando de nuevo el seguro, estaba en el rincón y comencé a llorar.
-¿Qué te sucede?
No respondí.
-Oye llamo tu tío dijo que vendría pronto….
El también escucho los rasguños en la puerta, se quedó paralizado junto a mí, ninguno dijo nada y yo estuve conteniendo el llanto. Se escuchaban los rasguños, escuchamos unas pisadas que se iban alejando.
-¿Qué fue eso?
Le hice la señal de que se callara.
Nos quedamos en silencio un rato, seguimos escuchando los pasos a lo lejos, no sabíamos qué diablos era pero vino del interior del sótano.
Hubo silencio.
Arturo trataba de calmarme, me decía que esto era producto de nuestra imaginación pero ni siquiera él podía creerlo. Respiraba profundamente y en mi mente me decía que esto no fue real, que no podía ser real y sin embargo una parte de mi ser me decía que esto si estaba pasando y sea lo que sea que emergió del sótano, estaba libre.
Nos quedamos juntos en el rincón del cuarto, por un breve momento solo hubo silencio, entonces note que Arturo se iba poniendo cada vez mas raro, quizás estaba asustada pero note que algo le pasaba.
-Estaba pensando en Madre—me dijo
Le di una palmada en la espalda pero entonces volvió a repetir dos veces el nombre <>como si fuera un nombre propio. Había algo en ese nombre y en esa manera de pronunciarlo que hizo que me helara la sangre.
-Volverás a ver a tu madre—le dije
-No es ella….no sé cómo explicarlo pero hay algo que me llama—le dije que estaba bien sin embargo lo que decía me iba poniendo mas nervioso.
Entonces escuchamos un golpe en la puerta que nos hizo gritar.
Otra vez el rasguño en la puerta, como si hubiera sido una broma cruel, la cosa nos hizo pensar que se había ido cuando nunca lo hizo. Estuvo delante de esa puerta todo el momento esperando a que bajáramos la calma.
Cada rasguño era insoportable para nuestros oídos, era peor que un zumbido, esa cosa estaba jugando con nosotros.
-Madre.
Mire a Arturo desconcertado, me levante y abrí la cortina, vi a mi amigo que con el rostro contraído por el terror señalaba la puerta.
Me di la vuelta y no pude evitar pegar un grito, una mano huesuda estaba atravesando la puerta, no la había destruido sino que era transparente, enfoque mi linterna viendo que era tan pálida y tenía las uñas largas con un tono rojo.
Agarre el brazo de Arturo y le dije que la única opción sería subir al techo, me trepe por la ventana y me agarre del techo fui subiendo lo más rápido. Arturo me siguió, lo ayude a trepar. Arturo me señalo el auto del tío Omar estacionado.
A pesar de ser de dos piso la casa no era tan alta, me di cuenta que Arturo comenzaba a entrar de nuevo en ese estado de trance repitiendo el nombre <> lo agarre y dimos entre los dos un salto.
Al caer tenia entumido el pie pero mi amigo despertó de esa cosa extraña que le estaba sucediendo, después de que nos repusimos fuimos al auto y encontramos al tío Omar….con la cabeza abierta y chorreando de sangre.

Vomite.
Mi amigo me tomo del hombro, también estaba horrorizado, ahí estaba el cuerpo de mi tío sobre el volante. Retrocedimos y apuntamos con la linterna a la puerta, el hombre con cabeza de panda estaba ahí, tenía las llaves de la casa en una mano las cuales tiro.
Comenzamos a correr hacia la carretera, el hombre comenzó a perseguirnos pero estaba demasiado gordo como para tener nuestra misma velocidad.
Esperábamos encontrar ayuda pronto, tal vez en el camino hubiera policías o los electricistas de la Comisión. Al voltear atrás estaba corriendo el hombre gordo, iba acercándose a nosotros cada vez más.
Ningún coche cerca, pensé en ese momento que tal vez un árbol o un poste de luz se había caído y bloqueado la carretera pero el tío Omar había llegado. No podía pensar con claridad en ese momento.
La única alternativa que teníamos era ir a la Ciénega que estaba a un lado, nos desviamos y nos fuimos adentrando a la ciénaga, fuimos mas lejos de lo que habíamos ido antes esperando a que el hombre gordo no nos alcanzara.
Fue un error.
Mientras nos íbamos mojando y el agua nos llegaba hasta nuestra cintura vimos que el hombre obeso las atravesaba sin ninguna dificultad.
Nos escondimos en unos arbustos, decidimos apagar las linternas, ahí a lo lejos pudimos ver al hombre con cabeza de panda moverse, tenía un machete en la mano cortando las ramas que se interponían en su camino.
Se iba alejando.
Le dije a Arturo que nos quedaríamos aquí hasta que estuviéramos seguros, luego podríamos irnos y buscar a algún policía o a alguien que nos ayudara.
Arturo seguía pronunciando en susurros la palabra <>estaba conteniendo la paciencia, las ganas de darle un puñetazo.
Nos quedamos escondidos soportando a los mosquitos y los insectos que se subían a nuestros brazos. Ninguno decía algo pero él estaba pronunciando esa palabra como si fuera una letanía.
Caían unas cuantas gotas, cerré los ojos esperando que no volviera la tormenta, Arturo aún continuaba susurrando ese maldito nombre.
En todo momento pensaba que ese hombre estaba detrás de nosotros, jugaba con nuestro miedo, no quería imaginarlo. Intente pensar en cosas agradables, en mi casa, en Madeleine, en la escuela, en cualquier cosa pero no funcionaba.
Cada vez que intentaba tener una imagen agradable escuchaba los arañazos, veía al hombre gordo y veía  mi tío muerto.
Esa imagen perduraba en mi cabeza, el tío Omar con la cabeza abierta y la sangre derramándose, no pude evitar soltar unas lágrimas.
Tenía mucho frio, sentía que había cosas rozándome el pie, no sabía ni quería saber que bichos eran, me cubría con mis dos manos pero el frio no cesaba. Arturo continuaba con su letanía en susurros.
Me preguntaba qué había pasado con el hombre gordo, esperaba que la policía lo hubiera arrestado o que estuviera muerto en algún lugar de la ciénaga. Pero eso solo era un optimismo barato, estaba ahí, buscándonos, estaba rondando este lugar y el miedo se iba incrementando conforme pensaba eso.
La mirada de Arturo estaba vacía, estaba oscuro pero aun así pude verlo, esa mirada perdida repitiendo ese nombre, una y otra vez. Me dio la impresión de que en el fondo estaba peleando contra algo.
Aplaste a un mosquito que estaba sobre mi  mejilla, sentía que me había orinado, no sé si era mi mente pero sentía que el agua cubría esa sensación. No me importaba, lo único que quería era volver a casa.
Observamos que no había rastros del hombre gordo, le dije que sería bueno esperar un poco mas no obstante no hacía caso, se encontraba en un estado de trance.
-Tengo que ver a Madre—dijo por fin mirándome.
-Quédate aquí cabron.
Hizo un gesto negativo.
-Tengo que ver a Madre. Ella me necesita—dijo levantándose, le jale de la camisa pero bruscamente me empujo contra una roca. Pude ver de nuevo sus mirada, se encontraba como hipnotizado, como si no fuera el mismo.
Salto de donde nos encontrábamos, le pedí que volviera pero encendió la linterna, se quedó un momento de pie mirándome.
-Madre llama a todos sus hijos—se dio la vuelta y se fue, no sabía qué hacer en ese momento pero volví a llorar.
Arturo se iba alejando, solo podía ver el brillo de su linterna cada vez más lejos hasta que se apagó.

Han pasado cuatro años.
A la mañana siguiente me encontraron dos pescadores y notificaron a la policía, mis padres vinieron a recogerme.
No podía hablar, me encontraba en un estado de shock por el horror de esa noche, encontraron otros tres cuerpos en la Ciénega junto con el cuerpo del tío Omar. No encontraron al hombre gordo o a Arturo.
En estos años he ido a psicólogos y psiquiatras contándoles esta historia pero ninguno me cree, me explican que el hombre gordo asesino a Arturo y en mi mente se creo la historia de la criatura como un escape.
Años más tarde me entere de otras cosas, que el hombre gordo se llamaba James Faraday y era un norteamericano que había adquirido la casa vecina a la del tío Omar. La Interpol lo estaba buscando por cientos de asesinatos en Estados Unidos y México. Hasta la fecha no lo han podido encontrar.
Con el paso de los años fui diciéndoles a los psicólogos lo que querían escuchar, tome las medicinas que el psiquiatra me receto pero hasta ahí. Sabia la verdad, algo resurgió con el apagón, algo que se encontraba en el sótano de esa casa y que su antiguo dueño logro aprisionar dentro.
He hecho mi vida, he estudiado y estoy por graduarme de la preparatoria y aun temo quedarme solo en la oscuridad.
A veces duermo con una luz prendida, otras con una linterna en la mano y a veces en mis más profundos sueños puedo escuchar a Arturo gritar.
No he regresado a Chelem desde entonces, he ido a otras playas, he estado en otras casas de playa pero no he vuelto a esa maldita casa, lo que me consuela es que no ha vuelto a ser rentada desde aquella noche.
Muchas veces me he preguntado porque esa criatura a la que mi amigo llamaba Madre lo llamaba a él y no a mí. Tal vez solo lo quería a él, solo tal vez.
Algunas noches mientras duermo pienso en todo eso, pienso en la oscuridad, pienso en lo que habita ahí y sé que el terror que sentimos hacia ella es el instinto más racional que tenemos.
Al cerrar los ojos hay oscuridad.
Detrás de esa oscuridad que está a nuestro alrededor hay una oscuridad más profunda donde habitan cosas que creemos pensar que no existen.
En ese nivel de oscuridad se encuentran criaturas como Madre y ahí se encuentra Arturo gritando desde el vacío.

         
        © Fernando Trujillo, derechos reservados


  Septiembre 2014