"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 3 de octubre de 2014

Apagón




Hace mucho que no escribía una historia de terror, desde la publicación del “País de las Pesadillas” no me había dado el tiempo de escribir un relato corto de miedo, ha sido realmente terapéutico volver a hacerlo. “Apagón” el cuento que estas por leer formara parte de una futura antología de relatos, tal vez en 2015 o más adelante, aún tengo muchas ideas en mente que plasmar en papel. Mientras espero que disfruten de este cuento, como yo disfrute escribiéndolo.

Fernando Trujillo

Somos vulnerables.
Dependemos de la luz eléctrica, del internet, de las redes sociales, del celular, del aire acondicionado, del refrigerador, de todo lo electrónico en general.
Al grado de que una falla de energía, un apagón de luz hace que perdamos la cabeza, que nos encontremos desesperados, histéricos, nerviosos, inquietos. Y es que hemos avanzado a nivel técnico desde la época de las cavernas pero el miedo a la oscuridad aún persiste.
La oscuridad oculta cosas.
Nuestros antepasados no eran tontos al temer a la oscuridad.
Ahí está lo desconocido, lo aterrador, cosas que siempre te dijeron que no existen pero si existen, son reales y aguardan en la oscuridad.
Esto me paso hace cuatro años, tenía trece años y eran los primeros días del 2010, todo empezó cuando mi amigo Arturo y yo decidimos pasar el último fin de semana de vacaciones en la casa del tío Omar.
Las vacaciones de navidad estaban llegando a su fin, el año nuevo había pasado y solo nos quedaba un fin de semana antes de volver a clases.
Queríamos aprovecharlo así que le pedí al tío Omar por teléfono que nos dejara usar su casa de Chelem, mi tío siempre fue una persona accesible, buena onda, le gustaba la música heavy metal y los videojuegos por supuesto.
Cuando le dije que Arturo y yo queríamos usar su casa no se negó, ni mis padres ni los padres de mi amigo se opusieron a eso. Nos iríamos el sábado y mi madre vendría por nosotros el domingo en la mañana.
El sábado después de mediodía el padre de Arturo me recogió en mi casa, llevaba mi mochila con la consola XBOX y los videojuegos “Call of Duty” y “Bioshock” mientras que mi amigo llevaba su laptop para conectarla a la televisión plasma de mi tío y poder ver algunas películas de terror.
El trayecto fue tranquilo.
Escuchamos un poco de música, platicamos, miramos el paisaje.
Habíamos pensado en invitar a Roberto y a Fabio pero el primero estaba castigado cuando lo descubrieron fumando en el baño y el segundo fue a ver a sus abuelos a Campeche.
Mirando por la ventana pensaba en Madeleine.
Era nueva en mi salón y la invite a salir dos veces el mes pasado.
Madeleine era una chica bonita de ojos azules, su padre era francés y su madre era mexicana, creo que de Guanajuato. No lo recuerdo muy bien.
Arturo me cuenta que su papa y su abuelo lo llevaran de cacería este año, si pasa al segundo grado entonces tendrá como premio ir de caza por primera vez.
Todos en la familia de Arturo son cazadores.
Su hermano mayor Marcos vivía en Chicago y era parte de un club de caza deportiva, su hermana también era cazadora.
Arturo Moran y yo somos amigos desde el quinto grado de primaria, siempre metiéndonos en problemas, jugando videojuegos, el era el pésimo estudiante mientras que yo era comprometido con mis tareas—y muchas veces con la suya—miramos el paisaje mientras su papa nos dice que ya estamos por llegar.
Doy un bostezo y miro por la ventanilla el paisaje, nada interesante, algunos anuncios pero más que nada es hierba. Esta oscureciendo.
Una manada de zopilotes que estaba sobre el cadáver de un gato suelta a volar, casi parece cámara lenta.
Tengo hambre, lo único que almorcé fue carne con arroz, son como las cinco, el tío Omar me prometió que tendría unas pizzas para nosotros al llegar. Mi estómago ruge veo que el cielo está muy nublado, espero que no vaya a haber una tormenta eléctrica, no lo creo no es temporada pero a veces sucede. Estamos llegando a Chelem.

El tío Omar platica con el padre de Arturo.
Vamos desempacando en la habitación de arriba, la casa del tío Omar es de dos pisos, nosotros dormiríamos en el piso de arriba. Abajo esta la sala, la cocina y un cuarto en donde el tío Omar dormiría. La terraza tiene vista al mar, la puerta es de cristal con rejas como muchas casa que están en la playa. En la terraza hay una hamaca verde y abajo en el piso están dos botellas de cerveza Sol, una vacía y la otra semivacía.
Nos instalamos en el cuarto de arriba, hay una litera, Arturo se adelanta y escoge la de arriba mientras que yo me tengo que conformar con la que se encuentra abajo. Sin perder más el tiempo vamos instalando la consola.
Mi tío entra a la casa, da un largo bostezo y nos llama, bajamos rápidamente, se sienta en el sofá y nos dice que tiene pizas en la cocina, cocas y también galletas de chocolate, nos dice que tiene que ir a ver unos asuntos pero que regresara pronto. Nos pide que cerremos muy bien, escuchamos el sonido de un trueno.
-Al parecer va a llover chicos y será muy fuerte—dice acercándose a la puerta que da a la terraza y mirando el cielo. Al acercarnos vemos que esta oscuro por completo. Nos pide que no vayamos a salir y que en el sótano hay velas y lámparas por cualquier cosa.
Se pone una playera negra de Slipnokt que estaba en el sofá, agarra su Ipod y nos dice que regresara pronto.
-Oye tío si necesitáramos ayuda ¿Vive alguien cerca?
-Un gringo en la casa de al lado ¿Saben inglés?
-Arturo lo habla bien, yo más o menos.
-Entonces no hay problema. Vuelvo pronto, no se acaben toda la pizza—nos dice cerrando la puerta. Escuchamos otro trueno. Le digo a Arturo que seria mejor poner la consola en la televisión de abajo, el acepta. Subimos al cuarto y desconectamos todo para traerlo abajo, solo fueron unos minutos.
Escuchamos otro trueno.
-¿Cuál jugamos primero?
Lo piensa un momento.
-¿Y si esperamos a que pase la tormenta?
-Mejor de una vez, chance y no pase nada—le digo. El asiento y prendemos la televisión. Prendemos la consola para comenzar a jugar Halo.
Se escucha como empieza a llover.
Estamos jugando, el ruido de las armas impide que escuchemos la lluvia pero si otro trueno, le digo a Arturo que esto pasara pronto. Después de un rato y con dos truenos mas le digo que iré a buscar una lámpara al sótano. Me dice que mientras va jugar Bioshock.
Abro la puerta que lleva a la bodega.
Voy bajando las escaleras encontrándome con muchas cajas empolvadas, seguro eran del anterior dueño. Las cajas están arrimadas en las paredes, hay un viejo escritorio de madera que tiene tres cajas encima y dos abajo. El lugar esta húmedo, y hay telarañas en las paredes, solo espero que no se vaya a ir la luz en este momento o quedare atrapado aquí.
Las velas y la lámpara se encuentran en un rincón, hay una puerta negra, es de madera pero se ve vieja y deteriorada por el comegen. Lo que más me llama la atención era algo en la puerta, un papel en el que estaba dibujado una especie de signo, el papel se encontraba amarillo y deteriorado junto con la puerta.
Lo deje en su lugar y con la bolsa me fui velozmente del lugar, mientras subía las escaleras había sentido miedo, una sensación de opresión en mi pecho, una vez que apague la luz y cerré la puerta puse las cosas en la mesa de la sala.
Arturo aun jugaba Bioshock, cogí de la cocina un pedazo de pizza y me serví un vaso de coca, me senté en el sofá mientras afuera la lluvia arreciaba más fuerte.
Mi celular sonó.
Era el tío Omar, no sonaba bien debido a la estática, me dijo que las calles estaban inundadas y que no podía conducir hasta la casa, tendría que esperar a que la tormenta terminara para poder ir. No alcance a escuchar lo demás pero decía que no le abriéramos la puerta a nadie y que estaría ahí pronto.
Seguí comiendo y viendo el juego, le dije que lo estaba haciendo mal pero me aventó un cojín, afuera caían rayos y la lluvia iba haciéndose cada vez más fuerte.

Lo primero que escuchamos antes del apagón fue que algo explotaba a la distancia, eso nos hizo pegar un grito, toda la luz de la casa se esfumo. Me había acabado la pizza pero el horrible estallido me hizo tirar el vaso en el piso.
Todo se encontraba oscuro.
Arturo se levantó cuidadosamente, yo aún permanecía en el sofá con el corazón acelerado, estaba recuperándome de la impresión.
Arturo y yo dedujimos que debió ser un poste de luz a la distancia lo que ocasiono todo el apagón. Ambos esperábamos a que esto se solucionara pronto o nuestro último fin de semana antes de clases se arruinaría por completo.
Me levante y fui cuidadosamente caminando hacia la mesa por las lámparas, me golpe con una silla pero pude llegar hasta el lugar. Cuidadosamente tome la lámpara y la prendí, ya de ahí agarre la otra y se la pase a Arturo.
-¿Ahora que hacemos?
-Llamare a la Comisión, ellos sabrán que hacer. Tu ve prendiendo las velas y ponlas en cada cuarto—le dije, me acerque al sofá y tome el celular marcando el número de la Comisión. Me dijeron que el suceso ya fue reportado pero que la mayor parte de Chelem estaba sin luz, así que tendríamos que esperar.
La lluvia continuaba afuera pero ya bajando su intensidad.
Nos quedamos sentados en el sofá un rato sin mucho que hacer, había unos cuantos mosquitos alrededor.
En total en la bolsa había tres velas, una la llevamos al cuarto, la otra al baño y la ultima la dejamos en la cocina. Arturo fue al baño, intente marcar a mi tío por mi celular pero la llamada no entraba.
Lo intentare después pensé.
Camine por la habitación un rato, sacudí la linterna para espantar a los moscos y me pregunte en que momento llegaría la luz.
Di un bostezo y abrí la puerta, no demasiado sino un poco para que entrara la brisa, ya llovía poco y se sentía fresco. Alumbre afuera, se escuchaba las olas golpeando la orilla y allí lo vi.
Un hombre obeso desnudo, estaba caminando en la orilla del mar, me pareció extraño pero había un detalle.
Tenía la cabeza de un oso panda.
Era una cabeza de botarga, más que caminar hacia un tipo de danza en la orilla, me percaté de que llevaba un machete en la mano, cerré de inmediato la puerta. Aquello era demasiado extraño y era espeluznante, estaba respirando profundamente y rogaba que no me hubiera visto. Me quede un rato en la puerta respirando profundamente, mi corazón estaba acelerado, sea lo que sea que haya visto quería pensar que solo era mi imaginación.
Solo se escuchaban las olas.
Me pare y camine por otro pedazo de pizza, Arturo bajo, cuando escuche que me llamo pegue un brinco.
-¿Qué te sucede?
Le conté lo que vi.
-Que loco ¿Y si llamamos a la policía?
Le dije que eso sería lo mejor, Arturo fue por mi celular que estaba en el sofá, seguí comiendo el pedazo de pizza, me encontraba nervioso, no solo por el apagón sino por el loco que estaba afuera.
-No hay señal—me dijo, Arturo agarro otro pedazo de pizza y me dijo que la laptop tiene batería suficiente. Me dijo que podríamos ir arriba y ver una película o alguno de los videos que tenía ahí guardados.
Después de lo que vi sinceramente no tenía ganas de nada, solo que regresara la luz, me dirigí hacia la ventanilla que estaba en la puerta que daba a la terraza, solo para ver si aquel loco continuaba danzando en la orilla.
Me fije cuidadosamente.
El hombre gordo ya no bailaba en la orilla, estaba de pie en la orilla mirando fijamente nuestra casa. El terror se apodero de mí.
Me aleje de la ventana corriendo y le dije a Arturo que el hombre tenía la mirada en la casa, mi amigo agarro el celular y marco a la policía pero la estática no permitía que pudiéramos escuchar o decir algo.
-¿Qué vamos a hacer?
-Vamos al cuarto y nos encerramos ¿Tu celular tiene batería?
-No.
-Entonces vamos—fuimos corriendo hacia el cuarto de arriba esperando que la luz llegara pronto.

Pusimos seguro a la puerta del cuarto.
Toda la casa se encontraba en silencio y por un largo rato ninguno dijo nada, solo estábamos sentados en la cama con las linternas alumbrando toda la habitación.
Intente marcar a mi tío Omar pero todavía no había señal, Arturo se iba fijando en la ventana para ver si el loco ya se había ido. Le dije que no pusiera la lámpara que solo lo viera con discreción.
Alumbraba con la linterna el techo sin mucho que hacer, llevábamos según pude calcular casi una hora y esperábamos que la luz volviera pronto, hasta el momento todo el fin de semana se estaba arruinando.
Teníamos hambre, le dije a mi amigo que bajaría por dos pedazos de pizza, el se acostó en la cama y accedió, se puso su Ipod.
Todo el pasillo estaba oscuro, sentí mucho miedo de estar rodeado de esa oscuridad, fui bajando las escaleras y solo tenía la linterna para protegerme. Es raro pero cuando llegas a una edad tu mente te dice que nada te pasara en la oscuridad pero ese miedo irracional a estar solo en la oscuridad persiste en el ser humano.
Una fuerte angustia me oprimía conforme bajaba las escaleras, me di la vuelta con la linterna, nada, me sentía como un idiota pero no podía evitarlo. Di dos pasos más, escuchaba los zumbidos de los mosquitos pegados en mi oreja, otro paso, aparte de los zumbidos la casa estaba en silencio.
Alumbre la sala, la puerta, todo estaba en su sitio pero al mismo tiempo era raro, como si la esencia de las cosas cambiara cuando no había luz.
Camine a la cocina, continuaba sintiendo esa sensación de miedo cada vez mas fuerte, iba a servir los platos e ir lo más rápido al cuarto me dije. Puse la linterna en la mesa y tome la caja de la pizza, algo en mi me decía que había algo extraño, algo que no iba de acuerdo al escenario en el que me encontraba.
Tome de nuevo la linterna, todo estaba en su sitio, las puertas estaban cerradas con seguro, las ventanas también. No quería mirar fuera para no llamar la atención del loco, esperaba que ya se haya ido.
Entonces enfoque la linterna en la puerta del sótano.
Estaba abierta.
Me quede paralizada con la linterna enfocándola, me costó reaccionar, ahí estaba la puerta abierta cuando claramente estaba cerrada…..antes de que la luz se fuera.
Luego escuche el rasguño.
Era el sonido de algo rasguñando las paredes, comencé a correr hacia el cuarto, subí las escaleras con miedo de mirar atrás. No pensé en nada, solo en correr.
Intente abrir la puerta pero el imbécil puso seguro, golpee lo más fuerte, grite su nombre y él no me abría……y ese rasguño lo escuchaba más cerca.
Finalmente Arturo abrió la puerta, lo empuje y cerré de golpe colocando de nuevo el seguro, estaba en el rincón y comencé a llorar.
-¿Qué te sucede?
No respondí.
-Oye llamo tu tío dijo que vendría pronto….
El también escucho los rasguños en la puerta, se quedó paralizado junto a mí, ninguno dijo nada y yo estuve conteniendo el llanto. Se escuchaban los rasguños, escuchamos unas pisadas que se iban alejando.
-¿Qué fue eso?
Le hice la señal de que se callara.
Nos quedamos en silencio un rato, seguimos escuchando los pasos a lo lejos, no sabíamos qué diablos era pero vino del interior del sótano.
Hubo silencio.
Arturo trataba de calmarme, me decía que esto era producto de nuestra imaginación pero ni siquiera él podía creerlo. Respiraba profundamente y en mi mente me decía que esto no fue real, que no podía ser real y sin embargo una parte de mi ser me decía que esto si estaba pasando y sea lo que sea que emergió del sótano, estaba libre.
Nos quedamos juntos en el rincón del cuarto, por un breve momento solo hubo silencio, entonces note que Arturo se iba poniendo cada vez mas raro, quizás estaba asustada pero note que algo le pasaba.
-Estaba pensando en Madre—me dijo
Le di una palmada en la espalda pero entonces volvió a repetir dos veces el nombre <>como si fuera un nombre propio. Había algo en ese nombre y en esa manera de pronunciarlo que hizo que me helara la sangre.
-Volverás a ver a tu madre—le dije
-No es ella….no sé cómo explicarlo pero hay algo que me llama—le dije que estaba bien sin embargo lo que decía me iba poniendo mas nervioso.
Entonces escuchamos un golpe en la puerta que nos hizo gritar.
Otra vez el rasguño en la puerta, como si hubiera sido una broma cruel, la cosa nos hizo pensar que se había ido cuando nunca lo hizo. Estuvo delante de esa puerta todo el momento esperando a que bajáramos la calma.
Cada rasguño era insoportable para nuestros oídos, era peor que un zumbido, esa cosa estaba jugando con nosotros.
-Madre.
Mire a Arturo desconcertado, me levante y abrí la cortina, vi a mi amigo que con el rostro contraído por el terror señalaba la puerta.
Me di la vuelta y no pude evitar pegar un grito, una mano huesuda estaba atravesando la puerta, no la había destruido sino que era transparente, enfoque mi linterna viendo que era tan pálida y tenía las uñas largas con un tono rojo.
Agarre el brazo de Arturo y le dije que la única opción sería subir al techo, me trepe por la ventana y me agarre del techo fui subiendo lo más rápido. Arturo me siguió, lo ayude a trepar. Arturo me señalo el auto del tío Omar estacionado.
A pesar de ser de dos piso la casa no era tan alta, me di cuenta que Arturo comenzaba a entrar de nuevo en ese estado de trance repitiendo el nombre <> lo agarre y dimos entre los dos un salto.
Al caer tenia entumido el pie pero mi amigo despertó de esa cosa extraña que le estaba sucediendo, después de que nos repusimos fuimos al auto y encontramos al tío Omar….con la cabeza abierta y chorreando de sangre.

Vomite.
Mi amigo me tomo del hombro, también estaba horrorizado, ahí estaba el cuerpo de mi tío sobre el volante. Retrocedimos y apuntamos con la linterna a la puerta, el hombre con cabeza de panda estaba ahí, tenía las llaves de la casa en una mano las cuales tiro.
Comenzamos a correr hacia la carretera, el hombre comenzó a perseguirnos pero estaba demasiado gordo como para tener nuestra misma velocidad.
Esperábamos encontrar ayuda pronto, tal vez en el camino hubiera policías o los electricistas de la Comisión. Al voltear atrás estaba corriendo el hombre gordo, iba acercándose a nosotros cada vez más.
Ningún coche cerca, pensé en ese momento que tal vez un árbol o un poste de luz se había caído y bloqueado la carretera pero el tío Omar había llegado. No podía pensar con claridad en ese momento.
La única alternativa que teníamos era ir a la Ciénega que estaba a un lado, nos desviamos y nos fuimos adentrando a la ciénaga, fuimos mas lejos de lo que habíamos ido antes esperando a que el hombre gordo no nos alcanzara.
Fue un error.
Mientras nos íbamos mojando y el agua nos llegaba hasta nuestra cintura vimos que el hombre obeso las atravesaba sin ninguna dificultad.
Nos escondimos en unos arbustos, decidimos apagar las linternas, ahí a lo lejos pudimos ver al hombre con cabeza de panda moverse, tenía un machete en la mano cortando las ramas que se interponían en su camino.
Se iba alejando.
Le dije a Arturo que nos quedaríamos aquí hasta que estuviéramos seguros, luego podríamos irnos y buscar a algún policía o a alguien que nos ayudara.
Arturo seguía pronunciando en susurros la palabra <>estaba conteniendo la paciencia, las ganas de darle un puñetazo.
Nos quedamos escondidos soportando a los mosquitos y los insectos que se subían a nuestros brazos. Ninguno decía algo pero él estaba pronunciando esa palabra como si fuera una letanía.
Caían unas cuantas gotas, cerré los ojos esperando que no volviera la tormenta, Arturo aún continuaba susurrando ese maldito nombre.
En todo momento pensaba que ese hombre estaba detrás de nosotros, jugaba con nuestro miedo, no quería imaginarlo. Intente pensar en cosas agradables, en mi casa, en Madeleine, en la escuela, en cualquier cosa pero no funcionaba.
Cada vez que intentaba tener una imagen agradable escuchaba los arañazos, veía al hombre gordo y veía  mi tío muerto.
Esa imagen perduraba en mi cabeza, el tío Omar con la cabeza abierta y la sangre derramándose, no pude evitar soltar unas lágrimas.
Tenía mucho frio, sentía que había cosas rozándome el pie, no sabía ni quería saber que bichos eran, me cubría con mis dos manos pero el frio no cesaba. Arturo continuaba con su letanía en susurros.
Me preguntaba qué había pasado con el hombre gordo, esperaba que la policía lo hubiera arrestado o que estuviera muerto en algún lugar de la ciénaga. Pero eso solo era un optimismo barato, estaba ahí, buscándonos, estaba rondando este lugar y el miedo se iba incrementando conforme pensaba eso.
La mirada de Arturo estaba vacía, estaba oscuro pero aun así pude verlo, esa mirada perdida repitiendo ese nombre, una y otra vez. Me dio la impresión de que en el fondo estaba peleando contra algo.
Aplaste a un mosquito que estaba sobre mi  mejilla, sentía que me había orinado, no sé si era mi mente pero sentía que el agua cubría esa sensación. No me importaba, lo único que quería era volver a casa.
Observamos que no había rastros del hombre gordo, le dije que sería bueno esperar un poco mas no obstante no hacía caso, se encontraba en un estado de trance.
-Tengo que ver a Madre—dijo por fin mirándome.
-Quédate aquí cabron.
Hizo un gesto negativo.
-Tengo que ver a Madre. Ella me necesita—dijo levantándose, le jale de la camisa pero bruscamente me empujo contra una roca. Pude ver de nuevo sus mirada, se encontraba como hipnotizado, como si no fuera el mismo.
Salto de donde nos encontrábamos, le pedí que volviera pero encendió la linterna, se quedó un momento de pie mirándome.
-Madre llama a todos sus hijos—se dio la vuelta y se fue, no sabía qué hacer en ese momento pero volví a llorar.
Arturo se iba alejando, solo podía ver el brillo de su linterna cada vez más lejos hasta que se apagó.

Han pasado cuatro años.
A la mañana siguiente me encontraron dos pescadores y notificaron a la policía, mis padres vinieron a recogerme.
No podía hablar, me encontraba en un estado de shock por el horror de esa noche, encontraron otros tres cuerpos en la Ciénega junto con el cuerpo del tío Omar. No encontraron al hombre gordo o a Arturo.
En estos años he ido a psicólogos y psiquiatras contándoles esta historia pero ninguno me cree, me explican que el hombre gordo asesino a Arturo y en mi mente se creo la historia de la criatura como un escape.
Años más tarde me entere de otras cosas, que el hombre gordo se llamaba James Faraday y era un norteamericano que había adquirido la casa vecina a la del tío Omar. La Interpol lo estaba buscando por cientos de asesinatos en Estados Unidos y México. Hasta la fecha no lo han podido encontrar.
Con el paso de los años fui diciéndoles a los psicólogos lo que querían escuchar, tome las medicinas que el psiquiatra me receto pero hasta ahí. Sabia la verdad, algo resurgió con el apagón, algo que se encontraba en el sótano de esa casa y que su antiguo dueño logro aprisionar dentro.
He hecho mi vida, he estudiado y estoy por graduarme de la preparatoria y aun temo quedarme solo en la oscuridad.
A veces duermo con una luz prendida, otras con una linterna en la mano y a veces en mis más profundos sueños puedo escuchar a Arturo gritar.
No he regresado a Chelem desde entonces, he ido a otras playas, he estado en otras casas de playa pero no he vuelto a esa maldita casa, lo que me consuela es que no ha vuelto a ser rentada desde aquella noche.
Muchas veces me he preguntado porque esa criatura a la que mi amigo llamaba Madre lo llamaba a él y no a mí. Tal vez solo lo quería a él, solo tal vez.
Algunas noches mientras duermo pienso en todo eso, pienso en la oscuridad, pienso en lo que habita ahí y sé que el terror que sentimos hacia ella es el instinto más racional que tenemos.
Al cerrar los ojos hay oscuridad.
Detrás de esa oscuridad que está a nuestro alrededor hay una oscuridad más profunda donde habitan cosas que creemos pensar que no existen.
En ese nivel de oscuridad se encuentran criaturas como Madre y ahí se encuentra Arturo gritando desde el vacío.

         
        © Fernando Trujillo, derechos reservados


  Septiembre 2014

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