"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 17 de octubre de 2014

El Poder del Patriarcado (X): El valor de la herencia



Por Fernando Trujillo

Una de las señales de que occidente es un matriarcado es la pérdida del valor de la herencia, las consignas modernas de “vivir el momento” y “vivir sin responsabilidades” deja por fuera cualquier posibilidad de dejar un legado.
Para los pueblos patriarcales la herencia era uno de los valores más sagrados que había, esta herencia no siempre viene con connotaciones materialistas sino más bien espirituales y biológicas. Las hazañas heroicas de los antepasados, las conquistas, la sabiduría se transmitía de generación en generación perpetuando la memoria de un pueblo y el de una raza. Esta era la idea de inmortalidad que tenían los pueblos indo-europeos, el que sus hechos e historia pasen de padres a hijos.
Pero ¿Qué sucede cuando una civilización niega el valor de la herencia? Entonces solo puede caer en la decadencia y el olvido. Actualmente la civilización occidental se ha sumido en una peligrosa patología: la negación de dejar un legado, error fatal que lleva a una cultura hacia su suicidio.
Estamos en la época de las mujeres que quieren ser empoderadas y no ser madres, de hombres afeminados, de vasectomías y abortos. Hombres y mujeres no quieren tener hijos en un alarde de “libre albedrio”, la mujer moderna quiere ser emprendedora, quiere ser “autosuficiente” y no atarse a la responsabilidad que implica ser madre.
En los tiempos actuales los hijos se han vuelto una patología, algo que impide la ideología del goce. Algo que debe ser evitado a toda costa.
La continua propaganda feminista y gay alienta el aborto, el sexo sin responsabilidad, mientras que muestra a la maternidad como algo “retrogrado”.
La mujer ya no quiere ser madre, ha perdido ese instinto, no quiere dar a luz a hijos fuertes sino entregarse a la promiscuidad. Los hombres cada vez más estrongenizados quieren “experimentar con su sexualidad”, entregarse a relaciones homosexuales, a relaciones frívolas con mujeres superficiales y sin que dejen un legado.
Una muchacha con tal de no tener un hijo que “arruine sus planes” va y se hace un aborto como si de comprar papas fritas se tratara.
Esa es la educación sexual que reciben sus hijos, que se dan en las escuelas, en los medios, tener una vida sexual sin consecuencias, sin responsabilidad y sin un futuro.
En esta nueva educación sexual se ven las peores patologías sexuales como la pornografía, el travestismo, el transexualismo, la homosexualidad, la promiscuidad entre niños y adolescentes como algo natural, como algo que deba estar permitido por una “sociedad tolerante”. Toda esta educación sexual está basada en las teorías enfermas de Freud, Kinsey y teóricos gays. El mundo culturas se encuentra dominado por enfermos mentales como Sade y Ginsberg.
Con esta nueva educación sexual ha incrementado el número de abortos, de violaciones, de embarazos no deseados.
La sexualidad en el matriarcado es una cosa aberrante, que esclaviza a hombres y mujeres en bajos instintos cada vez más depravados.
Las mujeres han perdido ese instinto de buscar al mejor macho para procrear, ahora buscan al drogadicto, al patán, al hombre vulgar, al delincuente que les dé un poco de placer.
El matriarcado con sus brazos armados el feminismo y el homosexualismo como movimientos son en conjunto una Cultura de la Muerte, al negar el valor de la herencia también niegan la eternidad y por lo tanto solo pueden esperar la destrucción y el olvido.
Los hombres y mujeres desarraigados de esta época no dejaran una herencia digna de ser admirada en el futuro, solo desaparecerán junto con su decadente civilización.

El valor de la herencia viene íntimamente ligado al tema de la eugenesia (parte de esto ya lo vimos en mi ensayo En defensa de la eugenesia),  para los pueblos indo-europeos la esta herencia viene en sus mitos, en su cultura pero más sobre toda las cosas en la calidad genética de su pueblo.
Una comunidad con un alto valor genético podrá crear una cultura bella, elevada, una música armoniosa, un arte heroico sublime, mientras por el contrario una comunidad con un bajo valor genético solo podrá crear arte degenerado.
El tesoro más grande de un pueblo está en los genes de sus pobladores, en la masculinidad de sus hombres y en la feminidad de sus mujeres.
Para estos pueblos la herencia tiene un valor sagrado, es lo que permite la perpetuidad de su grandeza, de las hazañas de sus antepasados, el concepto de inmortalidad que tenían los antiguos. La herencia de los padres a sus hijos es un pasado glorioso y una buena calidad genética. Esta es la cosmovisión del patriarcado.
El hombre con una buena calidad genética tiene el deber de dejar descendencia, de dejar a su comunidad hijos de buena calidad, hijos fuertes y varoniles que perpetúen su legado.
La mujer arraigada a su identidad quiere ser madre y no solo madre de un hijo sino de muchos, en la abundancia es donde se encuentra la grandeza, quiere ser madre de hijos de una buena genética para perpetuar el legado de su pueblo.
Los mejores elementos de un pueblo deben de procrear, los hombres más viriles con las mujeres más femeninas para dejar una buena estirpe.
Por el contrario el hombre con una pobre calidad genética, el hombre degenerado, descendiente de una estirpe oscura y decadente, tiene el deber de ser el último de su linaje.
Esta ha sido una implacable ley biológica, los buenos elementos de una raza dejan una buena descendencia que continuara manteniendo vivo su legado, los pueblos desarraigados y decadentes solo pueden esperar morir.  
El patriarcado es entonces una Cultura de Vida que se opone a la Cultura de la Muerte del matriarcado. Mientras que el patriarcado busca la eternidad, el matriarcado busca la temporalidad, la cultura patriarcal esta sobre y contra el tiempo, mientras que la cultura matriarcal es propia de su tiempo, que será barrida cuando acabe su momento.
Los niños que son la herencia en un futuro están recibiendo una educación de acuerdo a los principios del matriarcado. Esto está dejando una generación de niños mimados, estrongenizados, temerosos de su virilidad y desarraigados de sus roles de género.
Actualmente la educación de los niños va orientada hacia ese desconocimiento de las leyes de herencia y selección, ahora en las escuelas se les educa conforme a los cánones feministas: que el género es una construcción social, que pueden elegir su propio género (sic), que la violencia es algo retrogrado, etc.
La educación de los niños debe volver a lo tradicional, a que los niños se vistan de azul mientras que las niñas se vistan de rosa, que los niños jueguen a policías y ladrones mientras que las niñas jueguen con muñecas, que los niños vean programas de niños y las niñas vean Mi Pequeño Pony.
El género es algo con lo que se nace, algo que se tiene por más que les moleste a los gays y feministas pero se es hombre o se es mujer, punto.
Se debe luchar para restablecer los valores masculinos y volver a una educación patriarcal para poder dejar una buena herencia.
El matriarcado está destinado a morir, su odio hacia el valor de la herencia solo generara su extinción y esperemos que un regreso de un verdadero patriarcado.

Octubre 2014





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