"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







miércoles, 31 de diciembre de 2014

Metafísica de Hollywood



Por Fernando Trujillo

El cine es una poderosa arma de propaganda, eso lo sabía Griffin cuando dirigía su epopeya sobre el Ku Klux Klan El nacimiento de una nación y también lo sabía Stalin cuando ordeno la producción de Iván el terrible una épica en la que quería levantar el nacionalismo ruso en el pueblo.
Eso lo sabe muy bien quienes controlan Hollywood la así llamada “meca del cine”, al año Hollywood distribuye todo tipo de películas que van de la comedia, al terror, al drama, al así denominado “cine de arte”, el musical, el cine épico, etc. Casi la mayor parte de las películas que están en cartelera vienen de Hollywood.
Ahora cuando hablo de Hollywood no me refiero solamente al así llamado “cine comercial” sino al denominado “cine alternativo”, “underground” y al antes mencionado “cine de arte”—etiquetas dadas por círculos cinéfilos demasiado pretenciosos—Hollywood está conformado por múltiples estudios, productores, corporativos, organizaciones, gremios, todo relacionado con intereses financieros.
Detrás de todas esas películas, de todo el goce y enajenación se encuentra la metafísica de Hollywood; materialismo, degradación sexual y baja cultura para mantener a hombres y mujeres enajenados frente a la pantalla.
Quien piense que la maquinaria de Hollywood es puro entretenimiento es que no sabe nada ni de política ni del mundo en el que vivimos.
Se sabe que en los ochenta la administración Reagan ordeno hacer una serie de películas propagandísticas, de ahí tenemos Rambo IV  en donde el héroe pelea contra los soviéticos, Rcoky IV donde el villano es Ivan Drago un boxeador soviético, la película Red dawn que narra como un grupo de adolescentes se enfrenta a una invasión comunista. No es necesario expandirnos más en este rublo.
No vamos a negar que existen películas buenas, que hemos disfrutado en algún momento de películas y series hechas en los Estados Unidos pero eso no debe ser un impedimento para hacer una crítica.
La ideología de Hollywood es la ideología posmoderna del goce efímero por encima de cualquier noble virtud, es la supremacía de los valores capitalistas sobre los valores occidentales ancestrales.
Al año Hollywood vomita un sinfín de películas de diversos géneros en los que se hace apología de la comedia vulgar, el entretenimiento soez, el sadismo, las parafilias sexuales y los valores surgidos del Pathos de la democracia: feminismo, LGTB, marxismo cultural, igualitarismo, etc.
La elite del mundo del entretenimiento conoce bien a su público: para los adolescentes tiene películas cargadas de sexo, drogas y música de moda, para las parejas tiene películas románticas, para los idiotas tiene las comedias soeces, para los sádicos y disfuncionales tiene las películas llenas de sangre, violencia y perversiones sexuales. Todas estas películas tan diferentes y para públicos tan variados tienen algo en común: la supremacía del goce.
La misión del hombre posmoderno es este goce efímero, gozar del sexo, gozar de la comida rápida, gozar del partido de futbol, la sociedad occidental tiene por máxima el goce ilimitado, una forma de anestesia.
Todo está hecho para el goce del ser humano, la música está hecha para gozar, la televisión está diseñada para gozar y por supuesto el cine está hecho para el goce del espectador.
En las películas hay una exaltación del goce ilimitado, ya sea en el sexo, en la comida o en la tortura de un individuo pero la supremacía del goce está ahí.
Lo vemos en la película Bastardos sin gloria de Quentin Tarantino en el que la tortura y asesinato de soldados es el objetivo del goce, lo podemos ver también en la series de películas cómicas American Pie en la que el sexo es el fin del goce.
Para lograr este preciado goce se recurre a la degradación sexual, a la despersonalización de la sexualidad masculina y femenina, a la autodestrucción del cuerpo.
Las películas de Adam Sandler ilustran esta ideología, si lo vemos con un punto crítico todas sus películas siguen un mismo patrón, una misma tendencia, en el que el protagonista un tipo mediocre, algo estúpido después de muchos enredos accede al happy ending y al triunfo del goce. Pongo este ejemplo porque los personajes de Sandler ilustran al hombre posmoderno actual—adicto al sexo, a lo banal, sin identidad, un Hombre-Masa—un triste reflejo del hombre occidental de esta época.
 La película Spring breakers de Harmony Korine sigue esta misma tendencia en la que se mezcla la apología por el crimen y el erotismo en la que cuatro chicas siguen a un traficante rapero del tipo wigger como un héroe posmoderno (el cretino, el patán, el criminal como héroe para una civilización agonizante), en lo que se ha convertido en un himno a la generación Mtv.

La industria del entretenimiento tiene dos objetivos: mantener al hombre en una anestesia colectiva y como arma de propaganda.
Dentro de la metafísica de Hollywood el enemigo está representado por los antiguos valores occidentales, por eso la maquinaria del entretenimiento los pisotea, los mancilla y los pone ante el espectador como algo retrogrado, un enemigo del goce.
Un ejemplo seria la escena en la que se produce una matanza de vietnamitas con música de Wanger de fondo en Apocalypse now de Francis Ford Coppola, de esta manera el espectador relaciona música clásica, opera wagneriana con muerte, racismo y guerra.
Hollywood sigue la metafísica del arte moderno y posmoderno, en el que existe una ausencia de belleza, una carencia de complejidad cambiada por lo grotesco, lo insano y lo vacío. Actualmente muchas películas carecen de ser un arte elevado, es un “arte” para el Hombre-Masa en el que prima lo más bajo del alma sobre los altos valores de un arte elevado. El humor soez, el sadismo gratuito, el sexo vacío visto como mercancía para atraer al público, las peores patologías humanas expuestas como algo natural.
En una película ya no se necesita un motivo para matar o torturar solo es necesario mostrarlo de la forma más explícita para satisfacer al espectador.
La violencia y el sexo venden, por eso las películas de Tarantino son consideradas “obras maestras” al mostrar a mafiosos negros siendo sodomizados y jóvenes alemanes siendo torturados. La película Naranja mecánica de Kubrick  en la que la violencia de forma sádica es vista como algo divertido.
Kubrick—quien se decía era un judío que se odiaba a sí mismo—tergiverso la novela original que era una dura crítica del conductismo de Skinner, en una fantasía psicodélica de violencia, sexo y drogas.
Esta oscura metafísica nos pone en letargo al entretenernos con estas películas mientras manipula nuestra forma de ver la vida y nuestra cultura.
La película Woodsman mueve al espectador a sentir simpatía por un pedófilo en rehabilitación, adelantándose a los planes del lobby LGTB de declarar la pedofilia una “orientación sexual” más.
La película Milk con Sean Penn en el papel de un político homosexual fue estrenada en 2008, año del primer triunfo electoral de Barack Obama el primer presidente afroamericano de ese país, relacionando a ambos personajes como héroes de las “minorías oprimidas” y de esta manera nuestra visión del mundo está siendo manipulada.
Si estamos siendo manipulados, si Hollywood es un arma de control mental que envenena a la población occidental con libertinaje, materialismo relativismo moral, degradación del cuerpo humano y todas las patologías más enfermas vistas como algo “normal”.
Y esta manipulación se extiende a la televisión, la música, el arte, los videojuegos, toda forma de entretenimiento esta de alguna u otra forma manipulada.
Quien quiera creer que es solo entretenimiento está en su derecho, eso no va a quitar el hecho de que la metafísica de Hollywood esta de alguna u otra manera en nuestro cerebro.
No se trata de hacer un boycott a esta industria, se trata de formarse culturalmente, leer a autores disidentes, tener un criterio propio y ser sobre todo critico ante las grandes mentiras de Hollywood.

Agosto 2014


Publicado por primera vez en Filosofía Disidente:  Metafísica de Hollywood


martes, 23 de diciembre de 2014

Krampus



La historia del Krampus forma parte del folklor navideño junto con Santa Claus aunque a diferencia de este último no goza del cariño o popularidad, en parte debido a su siniestra naturaleza. Este relato es mi propia adaptación del personaje y es al mismo tiempo un regalo de navidad para ustedes mis lectores. Espero lo disfruten, feliz navidad a mis lectores cristianos y feliz Yule a mis lectores paganos.

Fernando Trujillo

Amanda estaba comentando las fotos que su amiga Nicole había subido a face, en ella su amiga y sus primas se encontraban en Plaza Cumbres haciendo muecas graciosa so tomando un chocolate frio en Starbucks.
Miro el paisaje por la ventanilla, había un poco de niebla, un anuncio que te decían que debías hacer en caso de encontrarte con un oso, ciclistas y un sujeto que estaba paseando a su perro, un enorme San Bernardo.
Lo típico cuando vas a pasar la mañana en el parque de Chipinque.
A su derecha su hermana mayor estaba escuchando Icona Pop a todo volumen en sus audífonos, atrás su prima y su hermanita estaban profundamente dormidas.
Continúo mirando su celular.
Habían comenzado las vacaciones navideñas, desde el jueves estaba libre y pasaba sus días con sus amigas, viendo tele o en face.
Su padre les aviso que ya estaban llegando, era un domingo por la mañana, beber el chocolate caliente que le preparaba su madre.
Su padres le aviso que ya habían llegado al parque, en la parte de atrás su tía despertaba a las niñas y su tío toco el hombro de su hermana para que se quitara los audífonos.
El parque estaba con varias familias, parejas, hacia demasiado frio y había una espesa niebla alrededor.
Había ciclistas, corredores y turistas de otros estados de la republica tomando fotos, la familia encontró una banca donde establecerse.
-Amanda lleva a Beth a los columpios, tu prima quiere ir—le pidió su madre mientras los padres de la niña tomaban fotos a los alrededores.
-Si mama—le respondió cargando a la pequeña y acercándose a los columpios, la niña era muy risueña.
Le gustaba estar con su primita, era la primera hija del matrimonio de sus tíos y después de navidad no los vería hasta las vacaciones de verano, con suerte en semana santa.
Coloco cuidadosamente a Beth en el columpio y la comenzó a mecer lentamente y la niña reía y reía.
Su tía les tomo una foto.
La iba meciendo cuando alzo su vista a lo lejos, hacia donde estaba la niebla y los árboles, un detalle llamo su atención.
Algo se escondía detrás de los árboles, dejo de mecerla por un momento para observar con más detalle, pudo reconocer una silueta oscura detrás de los árboles, algo que las observaba.
Estaba segura que las veía.
No alcanzo a distinguir su forma física debido a la lejanía y a la niebla sin embargo ahí estaba, escondido, observando.
En ese breve momento sintió algo en su pecho, algo que no estaba bien, era miedo lo que sentía y en ese momento no supo explicarse el porqué.
-¿Te sucede algo?—pregunto la pequeña Beth, Amanda hizo un gesto negativo, cuando volvió a mirar aquella silueta oscura ya no estaba. Pensó que debía de ser su imaginación jugándole una mala broma.
-Ven vamos con mis papas—dijo cogiendo de la mano a su primita, esa aparición ya no estaba pero aún se sentía inquieta y no sabía explicarse porque sentía eso.
La familia de Beth había venido desde Anaheim a pasar unos días con la familia, era la época navideña y las niñas se encontraban muy emocionadas.
Era un día de campo cualquiera, el padre de Beth había sacado los sándwiches y los refrescos de la hielera, la madre de Amanda los colocaba en la mesa del parque.
-¿Se divirtieron niñas?—pregunto el padre de Amanda, ella asintió con la mirada, Ofelia su hermana mayor estaba con sus audífonos escuchando a Taylor Swift, su madre se los había quitado para que la ayudara con la cámara.
Amanda Riquelme tenía once años, era una niña de cabello castaño que iba en el último año de la escuela primaria, era una niña inteligente, la que tenía las mejores calificaciones de su colegio.
Beth y Carola la hermana pequeña de Amanda estaban jugando a un lado de la mesa mientras los papas de ambas niñas platicaban, Amanda solo miraba a los árboles, donde estaba la niebla, donde había visto a esa sombra.
Estaba con una inquietud, algo la había hecho sentir triste pero más que nada la había hecho sentir una angustia que hasta entonces no había conocido.
-Amanda ¿Estas bien?—le pregunto su madre.
Ella asintió.
-Pásame una botella de agua—pidió a su hermana, intento fingir que todo se encontraba bien pero sabía que algo había cambiado. No podía explicarlo, no era tan sencillo, era algo extraño, algo arraigado al instinto de todo niño.
Tomo un sorbo de agua y comenzó a comer, pensó que si dejaba ese asunto pronto se olvidaría y entonces miro a Beth riendo, no pudo evitar sentir de nuevo esa angustia, estaba preocupada por su prima, porque algo la había observado.


Faltaban tres días para navidad, esa noche Amanda se encontraba en su habitación viendo Disney Channel, estaban pasando un viejo episodio de Phineas and Ferb, le cambio a Cartoon Network en donde estaban pasando Hora de Aventura su programa favorito. Se sentía relajada con ese programa, sus personajes favoritos eran Jake el perro y Marceline, tenía peluches de ambos y un afiche del rostro de Jake en su cuarto.
Sus tíos pasarían las fiestas en la casa, se irían hasta el segundo día de enero, en su mente volvió a repasar lo que había observado, esa sombra, esa figura que no conocía su nombre pero que le hacía sentir escalofríos.
¿Qué es lo que era?
Todos los niños temen a algo pero Amanda ya estaba entrando a la pubertad para seguir teniendo miedo de seres imaginarios. Cuando uno crecía sabía que los monstruos solo existían en las películas, por lo menos los imaginarios.
El mundo real, el mundo de los adultos al que ella estaba entrando tenía otra clase de monstruos, la psicóloga de la escuela les hablo de hombres que buscaban a las niñas, les ofrecía dulces y querían ganarse su confianza, pero ellos querían otra cosa, querían hacerles daño y Amanda sabia que clase de daño, se había percatado de cosas parecidas en las noticias.
Abuso sexual, trata de personas, asesinatos, los hombres malos buscaban a las niñitas para hacerles esas cosas tan horribles.
Pensó en Beth.
Le puso “mute” a la televisión, se quedó pensando en la figura detrás del árbol, su primer pensamiento es que se trataba de un curioso, alguien que pasaba por ahí pero ese consolador pensamiento se esfumo velozmente, entonces dio paso a uno de esos hombres malos que estaba mirando a Beth.
Pensó que tal vez sería un secuestrador o uno de esos hombres que se sienten atraídos de manera morbosa hacia las niñitas pero había algo extraño.
No era un ser humano.
Amanda sacudió su cabeza pensando que esa idea era muy tonta, propia de una niña con la edad de Beth y sin embargo persistía en su mente.
Aquello que las observaba no era humano.
Se levantó de la cama, iba a la cocina  a buscar un vaso con agua, en la habitación de enfrente su hermanita y su prima dormían juntas. Bajo las escaleras, en la puerta se encontraba Ofelia con su amiga Lorena, iban a una fiesta.
Abrió una caja de galletas de donde saco unas dos galletas de chocochips, la cerro cuidadosamente y después abrió la puerta del refrigerador de donde se sirvió un vaso con agua. Mientras volvía a su cuarto se comía las galletas, entro de nuevo, cerró la puerta y volvió a ponerle sonido a la tele.
Hora de Aventura había terminado.
Por un rato de la paso cambiando de canales sin mucho que ver, la detuvo de nuevo en Disney Channel donde comenzaban a transmitir la película Enredados.
Se quedó viendo la película y un rato después apago la tele, se puso sus audífonos y escuchaba su lista de canciones que iban desde Demi Lovatto hasta Avril Lavigne.
Poco después guardo los audífonos en su cajón, apago la luz y unos minutos después se quedó profundamente dormida.

Estaba nuevamente en Chipinque pero en esta ocasión no había gente, no había nadie de su familia alrededor.
Se encontraba sola.
La niebla espesa estaba alrededor de todo el parque y solo había silencio, miro a su alrededor buscando un poco de coherencia a todo lo que pasaba.
Ningún insecto hacia algún ruido, ningún ave en el cielo, ningún animal cerca ni siquiera un oso de los que algún desafortunado visitante tiene la mala fortuna de encontrarse, ahí solo había silencio.
Estaba helado, ella solo vestía una pijama, se cubrió con las manos sintiendo el aire gélido sobre su cuerpo.
Camino buscando una salida, se fue poco a poco adentrando en el bosque y en esa niebla, no lo hacía porque quisiera sino porque sentía el impulso de entrar, algo la llamaba, no escuchaba una voz o algún ruido, solo sentía que algo la estaba llamando dentro de los bosques.
Los altos árboles se alzaban a su alrededor y una sensación de terror se iba incrementando en todo su ser.
Ahí habitaba algo antiguo, algo maligno, iba dando cada paso contra su voluntad, porque ese llamado no lo podía ignorar.
Escucho una risita infantil.
La risa de Beth.
Miro a su alrededor, detrás de ella estaba una niña corriendo, riendo, no podía ver quien era pero estaba segura que no era Beth.
Siguió caminando, mas adentro podía sentir que el miedo iba aumentando, ese terror no era algo nuevo, lo había sentido antes y en ese momento podía recordar esos momentos de la infancia que se iban olvidando con el paso de la madurez.
El terror que sentía cuando mama apagaba la luz, cuando era la hora de dormir, cualquier ruido te despertaba de golpe, cualquier detalle hacia que despertaras llorando y siempre llegaban tus padres como ángeles guardianes a decirte que todo estaba bien.
Pero no lo estabas.
Camino y encontró una inscripción en un árbol, entonces se detuvo, por un momento se preguntó si fue ella o si fue esa extraña fuerza que la impulsaba a seguir caminando.
«Krampus»
«El Krampus te observa»
Dio un paso atrás, ese nombre despertó un sentimiento de pánico puro, algo que solo podía entender un niño, corrió lo más rápido que podía en busca de salir de ese bosque, el nombre le vino a recordar las pesadillas que tenía cuando era una niña pequeña y que seguro su primita y su hermanita debían de tener.
Solo árboles y más árboles cubiertos con niebla ni un rastro de la salida del parque o de la autopista, al mirar atrás vio una sombra, algo que permanecía de pie a lo lejos, parecía tener una forma humana sin embargo ella sabía que no lo era. Tropezó con una piedra y soltó un grito que la hizo despertarse.
Un grito la sacudió.
Venia de la habitación de Carola en donde estaba Beth, Amanda se levantó, encendió la luz, sus padres ya estaban en la habitación de su hermana pequeña.
-¿Qué pasa?
-Nada cariño, tu prima tuvo una pesadilla—le dijo su madre, los papas de Beth ya estaban ahí reunidos para consolar a su hija, se dio cuenta que también Carola estaba llorando pero se encontraba segura que ella no soñó con esa criatura, más bien fue el grito de su prima la que la asusto.
Su mama estaba cargando a Carola tranquilizándola, mientras en la habitación la mama de Beth la estaba tratando de calmar.
La niña le narraba la pesadilla que tuvo, Amanda escuchaba como era idéntica a la suya, la diferencia es que en su relato Beth afirmaba que el monstruo la llamaba.
-Cálmate cariño ya paso.
No fue un sueño. No uno normal.
Su padre le ordeno que regresara a su recamara, ya todo había pasado pero no para ella, sabía que Beth estaba en peligro.
Cerró la puerta de su habitación dejando la luz encendida, se quedó un rato mirando la pared sin mucho en que pensar, solo no quería quedarse en la oscuridad.
Pensó en Beth.
Pensó en la amenaza de esa criatura y sintió una angustia enorme por lo que le podía causar a su primita.
Paso toda la noche en vela temiendo volver a ese bosque y volver a estar cerca de la presencia del Krampus.


Durante la mañana visitaron el centro comercial de Valle Oriente, Amanda se sentía cansada por la desvelada de la noche anterior pero más que nada estaba preocupada por lo que podía sucederle a Beth.
Veía a la niña en brazos de su madre reír, ella solo dio un bostezo pensando en lo que había soñado, pensando en su prima.
Al llegar a casa se quedó dormida en su cuarto, despertó una hora y media después para bajar a almorzar con toda la familia.
-Hola Cariño ¿Me ayudas a poner la mesa?
Respondió afirmativamente y se dispuso a poner los manteles, los cubiertos, los platos, sus tíos llegaron junto con Beth y Carola, Ofelia estaba aún dormida en su recamara.
Estuvo callada durante el almuerzo, pensaba en su sueño y en esa criatura que respondía al nombre de Krampus, ese sueño y ese nombre la habían estado persiguiendo durante todo el día.
Al término de la comida subió a su recamara y abrió su laptop, en el buscados coloco la palabra «Krampus» habían salido varios enlaces con algunas imágenes en las que estaba representado un ser antropomórfico con cuernos que azotaba a niños o los iba metiendo en un saco.
Vio un enlace que dirigía a un ensayo de un profesor de antropología e historia de las religiones en una página sobre demonología.
Abrió el enlace.
En todas las historias del Krampus este aparecía como una versión maligna de Santa Claus, si el primero les traía regalos a los niños buenos, entonces la labor de Krampus era castigar a los niños malos.
Estos castigos consistían en azotes, en llevárselos en su cesto al infierno o devorarlos, sonaba demasiado aterrador.
Con el pasar del tiempo el Krampus fue olvidado en la sociedad moderna, más temerosa y más políticamente correcta, siendo mencionado ocasionalmente en la cultura popular, un ejemplo de esto era un capítulo de la serie Supernatural en donde se hace una mención muy breve del personaje.
Amanda continúo leyendo.
El Krampus tenía similitudes con el dios Pan de los griegos y el diablo de la mitología judeocristiana, el autor tenía la teoría de que podían tratarse de la misma entidad o quizás de familiares cercanos.
Con el paso del tiempo el Krampus quedo reducido a la comunidad europea sobre todo en las comunidades germánicas y eslavas en donde gozaba de una popularidad oscura mientras que en el resto del mundo estaba mayormente olvidado.
No obstante la historia del monstruo que roba niños, quedo en la memoria colectiva, en cada cultura los padres atemorizaba a sus hijos con un monstruo que se los llevaría para tener una buena conducta.
Cada época tenía una versión de este monstruo, en el Medievo se creía que los elfos robaban niños recién nacidos y los intercambiaban por un doble creado por medio de la magia, también se le llamaba el Coco, el Hombre del Saco y en este época con el creepypasta de Slenderman, todos ellos tenían las características de un ser que robaba niños, que se ocultaba en los bosques y se escabullía en la noche en busca de los niños.
Todas estas historias y estos monstruos pudieron originarse en el Krampus o tal vez todos ellos sean Krampus bajo diferentes nombres y disfraces.
¿Sera Krampus el mito original?
¿Pudo existir antes que esta encarnación?
Estas serían las preguntas más inquietantes de todas, quizás Krampus no sea el primer rostro de este monstruo, tal vez su origen se encuentre más atrás, antes de la llegada del cristianismo, antes de que las civilizaciones de Grecia y Roma se alzaran.
Más atrás cuando el hombre aún vivía en las cavernas, estaba ese monstruo acechando en los bosques, en la oscuridad, robando niños y tal vez las primeras tribus humanas temerosas sacrificaban niños a esta deidad maligna como forma de aplacar su hambre.
Así surgieron los sacrificios a dioses como Moloch entre los hebreos y los cartagienses ¿Sera Moloch un disfraz anterior al del Krampus?
Entonces resumiendo, existía la posibilidad que Krampus, el Hombre del Saco, el Coco y Slenderman sea el mismo ser bajo diferentes disfraces en diferentes épocas de la historia humana.
Amanda termino de leer.
El ensayo solo le aporto teorías del origen de este ser pero no un método para rechazarlo o evitar que viniera por su primita.
-Cariño ven necesito que me acompañes al super.
Era su madre llamándola.
-Voy mama.
Tal vez solo se estuviera sugestionando, su padre decía que todo estaba en la mente y mientras más iba pensando en eso más se iba sintiendo con miedo.
Se dijo que no podía ser real, cerro su laptop y se vistió rápidamente, agarro su ipod y bajo las escaleras.
No era real, se dijo.
Todo es producto de su imaginación, se dijo más fuerte.
Pero no lo era, una parte de si le advertía que ese ser estaba por llegar, la niña que quedaba en ella le decía a la niña que estaba creciendo que el monstruo iba a su hogar.

Paso la Nochebuena.
Toda la familia Riquelme reunida en casa para celebrar con pavo, romeritos, ensalada navideña—que a Amanda y sus primos no les gustaba—cerveza y vino para los adultos, Amanda permaneció callada al lado de Beth mientras que la familia se encontraba celebrando, platicando y en algunos casos fingiendo simpatía por familiares que no les agradaban. Ella solo pensaba en lo que había leído y soñado, aunque Amanda la pre-adolescente se decía que eso no existía, la niña que estaba dejando de ser le pedía proteger a Beth.
No quería pensar en eso.
Ofelia platicaba con su primo Xavier el cual le platicaba de un viaje que hizo a Canadá, la invito a que fueran en bicicleta a Chipinque un día de estos.
Así paso la cena de Nochebuena, las niñas se acostaron temprano mientras que los adultos continuaron hasta las dos de la mañana.
En su recamara Amanda se encontraba durmiendo, al principio le costó trabajo pero poco a poco se fue quedando profundamente dormida.
Repentinamente abrió los ojos, sintió una sensación inquietante y gélida en su piel, al levantarse de la cama vio en su reloj que eran las tres de la mañana.
Jade un poco y se puso de pie, pensó ir a tomar un vaso con agua, la casa estaba en total oscuridad, camino un poco hasta las escaleras y fue bajando poco a poco, a pesar de la calefacción sentía mucho frio, se preguntó si estaría descompuesta.
Algo la perturbo. Un sonido que venía de la sala.
La puerta de la casa se estaba abriendo, Amanda se escondió detrás del pasillo, pensó en subir corriendo para avisarles a sus padres que alguien estaba por entrar pero eso no serviría de nada. Sabía quién era el que estaba entrando.
La puerta se había abierto, una briza gélida entrando a la casa era el preludio para su llegada. Amanda aterrada observaba al extraño poner un pie dentro de la casa, no era como alguna de las imágenes que vio en la red, se trataba de un hombre alto vestido elegantemente con un atuendo del siglo antepasado, una capa negra, un sombrero de copa y un bastón con la cabeza de un demonio plateado como mango.
No podía verle el rostro cubierto por la oscuridad pero ella sabía que era el Krampus y venia por Beth, estaba pálida del terror sin embargo aun así corrió hasta las escaleras subiendo a toda prisa hacia el cuarto de su hermanita. 
Detrás de ella escuchaba el lento caminar del monstruo, pasó a paso como si no tuviera ninguna prisa, como si supiera que iba a obtener a su primita sin importar cuanto intentaran escapar.
Amanda entro al cuarto de su hermana y cargo a Beth, el monstruo estaba llegando al cuarto cubierto por las sombras, caminando elegantemente en el pasillo. Beth se despertó y empezó a llorar, Amanda cubrió su boca.
Ni sus padres, ni sus tíos ni sus hermanas se despertaron, era como si no se hubieran percatado de la intromisión de la criatura en su hogar. Como si estuvieran bajo un hechizo o si ellas al soñar con ese momento fueran las únicas que podían advertir su oscura presencia.
Bajo por las otras escaleras, mientras atrás el Krampus iba caminando a su encuentro, corría hasta llegar de nuevo a la puerta, afuera el frio era insoportable, ellas solo vestían unas pijamas, por un momento se detuvo sin embargo al escuchar los pasos cada vez más cerca de la criatura tuvo el valor de correr hasta la entrada y salir a la calle.
Amanda se estaba cansando de tanto correr y Beth lloraba cada vez más fuerte, su perseguidor iba a pie sabiendo que las alcanzaría en algún momento, para el esto no era un reto ni siquiera un entretenimiento, era algo insignificante.
La niña se sentía angustiada, llena de pánico y mientras más corría se sentía más cansada, a tres calles de su hogar tropezó cayéndose encima de unas bolsas de basura.
Comenzó a llorar, frente a ella estaba el Krampus, estaba de pie observándola y entonces alzo la mano, Beth fue caminando hacia la criatura, Amanda por su expresión dedujo que la niña estaba bajo la influencia hipnótica del ser.
Krampus acaricio su cabeza y la niña fue a su derecha, cogió mano pequeña, Amanda observaba entre el terror y la perplejidad.
Tenía lo que quería sin embargo aún no se retiraba, aún tenía algo que hacer antes, miro a Amanda, ella no podía ver su rostro, las facciones ocultas en la negra noche, no podía ver su expresión, no quería verlas.
Escucho una voz espectral en su mente, era un lenguaje que no conocía pero que sin embargo pudo entender, entonces empezó a gritar.

En la mañana de navidad los vecinos encontraron a una niña muerta en las bolsas de basura, horrorizados llamaron a la policía, poco después sus padres encontraron su cuerpo antes que se lo llevaran a la morgue.
Los familiares llenos de dolor notificaron a la policía la desaparición de Beth, según la ley tenían que pasar más de dos días para considerar a una persona desaparecida pero aun así la Alerta Amber ya había sido puesta en marcha esa misma tarde.
Ese día de navidad la ciudad conoció el triste caso de una niña encontrada muerta en la calle y otra niña desaparecida, fue la noticia del día en todo el estado, los noticieros, las redes sociales pronto hicieron énfasis a la tragedia de la familia Riquelme.
Desde entonces en todo el mundo, en cada país cada niño marcado por el Krampus veía antes a una niña, un presagio de su futuro rapto, aquella niña pálida en pijamas y de mirada triste era su heraldo.
En cada pesadilla ella aparecía para advertirle a la desafortunada victima que esta fue escogida como tributo para su señor.
Aparecía en bosques, en lugares cubiertos con niebla, ella venia en el invierno cantando una canción triste y su llegada era siempre signo de la inmediata presencia de Krampus.
En años posteriores los niños comenzaron a temerle, en algunas comunidades aisladas del México los campesinos la llamaban “La Niña Abandonada” y colocaban en las puertas de sus casas una cruz y cantaban una oración para impedirle el acceso, los campesinos eslavos la llamaban “La Niña Maldita” y pronto entre ellos circulaban historias sobre su presencia, afirmando que ella le susurraba a su oscuro amo sobre que niños debían de ser tributos como una forma de descargar su furia.
Y esa niña de mirada triste y pálida siempre buscaba a su familia pero estaba condenada a no verlos jamás, caminaba por los bosques, se ocultaba en la niebla buscando una nueva alma en nombre de su señor.
En todos los poblados, pequeñas ciudades, en invierno y en otoño, los adultos no la escuchaban pero todos los niños podían hacerlo y temían porque sabían que el heraldo había llegado en nombre del monstruo:

Sus ojos te ven
Su boca murmura tu nombre
En la oscuridad el acecha pequeño
No intentes correr
No intentes esconderte
Que él se acerca
No intentes rezar
No intentes escapar
Que al final Krampus te atrapara



©Fernando Trujillo, todos los derechos reservados



Diciembre 2014

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Presentacion de mi livejournal

Hola me llamo Fernando Trujillo soy autor de varios libros electrónicos, de los blogs Imaginación al Poder y Ars Magna Cinematográfica. 

¿Porque decidí abrir un livejournal?

Primero que nada porque creo que en mis blogs hay cosas que no caben, otros temas mas personales que me gustaría abordar y que mis blogs no son para eso.

En este diario pienso retratar algunas cosas como anécdotas, experiencias como escritor, influencias, sueños, temas, noticias sobre algún nuevo libro por publicar, pensamientos, ideas que estoy llevando a cabo, nuevos proyectos y proyectos abandonados. Decidí que mis blogs no eran para ese tipo de cosas por lo que después de tanto decidí abrir este espacio donde colocar estos textos.

Eso no quiere decir que voy a contarles cosas muy intimas de mi vida personal o reseñar el día a día de mi vida, de mi familia o amigos. Esto sera una autobiografía, habrá algunas confesiones con ustedes lectores pero sin llegar al exhibicionismo. Aquí no encontraran fotos de lo que comí a diario, fotos de cosas que bebí, fotos familiares o selfies constantes, este espacio no sera para eso.

A diferencia de mis blogs en este espacio no hablara el escritor sino el ser humano, con sus virtudes y sus defectos. Estos son pedazos de mi alma.

¿Porque "camino del exceso"?

Es una de las frases del poeta William Blake que me ha marcado "El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría" mi vida y mi obra han sido conducidas por muchos excesos, por llevarse a los extremos, creo que esta frase resume mucho de lo que soy como persona.

En fin sean bienvenidos a este diario, a una pequeña parte de mi alma como escritor y como ser humano.

Un saludo


Caminodelexceso

viernes, 12 de diciembre de 2014

Europa: pagana y cristiana



Juan Pablo Vitali

Creo que el confesionalismo nos ha hecho mucho daño. El confesionalismo en la política, entiéndaseme bien, que por lo demás cada uno profesará su religión.
Europa no es una confesión sino una cultura, en la cual han florecido fenómenos religiosos. Europa ha sido pagana y ha sido cristiana. Pero eso no define demasiado, ya que cada pueblo europeo ha ejercido su paganismo o su cristianismo de diferentes modos. Y tanto paganos como cristianos europeos se han masacrado entre sí.
A América no ha llegado el paganismo europeo, pero el cristianismo que se profesa aquí tiene su propio perfil. Por otra parte, la espiritualidad sudamericana es un proceso dinámico y complejo.
La más antigua religión de los pueblos indoeuropeos fue precisamente el hinduismo: una religión que no hacía proselitismo. El proselitismo institucionalizado es una política, es confesionalismo.
Por lo general no me interesa si una persona que defiende a nuestro pueblo es o no religiosa en el sentido de las definiciones institucionales o de las etiquetas preestablecidas. Sólo le pido respeto a mis sentimientos y a mis inquietudes en tal sentido. No siendo cristiano, sé que el cristianismo ha formado parte de la cultura de nuestro pueblo por milenios. Y no me molesta ni podría molestarme, ya que el genio y la cultura de los nuestros ha vivido su historia enlazado con Cristo y el cristianismo. Pero no por eso me siento obligado a seguir esa religión. Detrás del cristianismo hay todavía muchos milenios más. Y como la espiritualidad es dinámica como la historia, puedo encontrar allí los elementos con los cuales me siento identificado sin sentirme anticristiano. Definirse por lo “anti” es triste y hace imprescindible al oponente en contra del cual nos definimos. En todo caso, si el cristianismo ha entroncado con el genio espiritual de una parte importante de nuestra gente, lo que amo y respeto es a nuestra gente y a su elección espiritual. No por eso dejo de tener yo la propia. No niego al cristianismo, solamente me molesta su costado totalitario.
En general, no soy yo como no cristiano quien tiene la necesidad de rechazar al cristiano, sino al revés. No me siento superior por mis búsquedas espirituales, pero tampoco quiero sentirme inferior. Y a menudo es difícil decir que uno no es católico entre católicos, aunque compartamos muchas cosas.
El espíritu religioso de los pueblos no se puede inventar. Ocurrió el paganismo y ocurrió el cristianismo. No sé qué ocurrirá ahora. Mi idea básica es que Europa desarrolló una gran cultura que nació en Grecia. No creo, como algunos neopaganos, que la decadencia haya sido culpa del cristianismo. En todo caso, Roma asumió el cristianismo y luego lo hicieron los pueblos del Norte. Si un pagano echa la culpa de algo así al cristianismo, utiliza el concepto de culpa que es una idea muy cristiana. Sería un contrasentido. Existió un largo proceso político y religioso que terminó con el paganismo tal como fue en la antiguedad, y lo incorporó de algún modo a la nueva religión. Unos dirán que para bien, otros que para mal. Hoy ese proceso ha quedado atrás. La supervivencia de la cultura europea como tal no encontrará una espiritualidad que se exprese igual que en el pasado. En nosotros está si esa nueva forma será para defender y construir juntos o para enfrentar y destruir separados. Poco margen de maniobra nos queda.
Y si la fe es un don de dios, yo agradezco a mis dioses la mía tanto como un cristiano agradece a su dios la suya. No obstante, somos parte de un mismo pueblo y de la supervivencia de ese pueblo es de lo que se trata. En todo caso necesitamos un número suficiente de grandes hombres que no tenemos. Con actitudes de totalitarismo confesional lo más probable es que no logremos reunirlos nunca más.

Fuente: El Manifiesto


viernes, 5 de diciembre de 2014

Iberos. Príncipes de Occidente




Hace un par de años se celebraron en Barcelona, con el reclamo de este mismo título, una exposición y un congreso que pretendían dar a conocer con más profundidad y profusión de datos y muestras la realidad de uno de los pueblos que habitaban, en la Antigüedad, en la Península Ibérica. Nosotros visitamos la exposición y pudimos extraer, entre otras, la siguiente consecuencia:
     Que no hace falta que seamos nosotros -los que defendemos concepciones del mundo y de la existencia diametralmente opuestos a las preconizadas por el Establishment que nos ha tocado padecer- los que tengamos que gastar nuestras energías en demostrar realidades tan obvias como la que tiene al pueblo ibero, o íbero, como uno más de entre los que forman parte de la gran familia indoeuropea. No hace falta, no, puesto que pudimos comprobar cómo los datos, restos arqueológicos y comentarios que se exponían en esta exposición y en sus publicaciones-guías venían a corroborar y a reforzar una realidad que para nosotros, y para muchos otros investigadores e historiadores, siempre ha sido incuestionable.  La “Cultura Oficial”, seguramente sin pretenderlo, vino a darnos la razón.    
     Las características más definitorias de la concepción de la vida, la existencia y la espiritualidad que siempre tuvieron los pueblos blancos no semitas eran, una y otra vez, asignadas a los iberos en los textos editados con motivo de la dicha exposición y en los comentarios vertidos por su comisaria, la Catedrática de Arqueología de la Universidad de Valencia Carmen Aranegui.
     Para empezar, la publicación-guía comienza afirmando textualmente que “Los iberos no vinieron de ninguna parte, aunque en otras épocas muchos estudiosos se empeñaron en afirmar que llegaron de Ásia o de África. Eran una gran etnia dividida en pueblos que habitaban la cuenca occidental del Mediterráneo”. Este es el primer golpe dado a los que pretenden encuadrarlos dentro de los pueblos semitas o camitas.    
     Otro de los rasgos de los pueblos indoeuropeos siempre fue el de su organización social de naturaleza vertical, fuertemente jerarquizada y estructurada en castas o estamentos sociales con unas funciones muy definidas y en cuya pirámide se hallaba la realeza detentadora de las potestades guerrera y espiritual. En el caso del mundo íbero no podía ser de otra manera y así los reyes detentaban el poder político y religioso como miembros que eran de la casta dirigente: la aristocracia o nobleza guerrera e impregnada de un sentido superior de la existencia. Casta que era la única que se dedicaba al ejercicio de las armas. Así, siguiendo la citada publicación, podemos leer que “En Iberia no existía un ejército profesional. Sólo los aristócratas tenían derecho a ser guerreros” o “Sólo los aristócratas tenían derecho a defender su ciudad, por eso están representados siempre –en esculturas e inscripciones- con sus armas”. Asimismo podemos seguir leyendo que “Era una sociedad jerarquizada. Los jefes  representaban a todo el grupo, organizado en familias nucleares”. Familias nucleares que nos recuerdan inmediatamente a otras equivalentes en otros pueblos boreales –o hiperbóreos, utilizando siempre terminología evoliana-  tales como los clanes celtas o las gens romanas.    
     De lo escrito en este parágrafo se desprende ineludiblemente una concepción guerrera de la vida muy propia también a los pueblos indoeuropeos, que no sólo concebían la guerra en su sentido externo y más obvio sino que incluso le daban una importancia mayor a su vertiente interna: en el fragor de la acción bélica el hombre vence sus debilidades, sus miedos, forja su voluntad, robustece su carácter, elimina las pequeñeces y miserias que nublan su alma y entra, en medio del frenesí del combate, en estados alterados de conciencia que le pueden permitir despertarse a una realidad superior de la vida más allá del mundo sensible.
     Y para corroborar el esencial sentido guerrero de la existencia del pueblo íbero seguimos leyendo que “El hombre, sin embargo, es la antítesis de la representación femenina. Sus atavíos más valiosos son las armas y a menudo se le representa desnudo con ellas” o que “Fueron famosos jinetes y participaron en batallas fuera de la propia Península. La máxima prerrogativa para un guerrero ibero era presentarse como jinete. El caballo, atributo guerrero y social, era para ellos un elemento de prestigio del más alto nivel” o también que “ Los animales eran símbolos sagrados, el ciervo se vincula a la divinidad femenina y el caballo –instrumento de guerra- a la masculina” o esta otra que dice que “los exvotos -u ofrendas a la divinidad- de bronce –ofrecidos por nobles- hacen alusión a las armas como signo de prestigio; en ellos los caballos están en muchos casos artísticamente enjaezados, lo que muestra una vez más la importancia de este animal –como la herramienta guerrera que representa- en la cultura ibera”. Como la función guerrera la ejercía el varón eran las tumbas de éste las más llamativas debido a la trascendencia que entre los pueblos íberos se le daba a esta función social y así seguimos con la lectura de la mencionada publicación y leemos que “…hay pocas tumbas ricas de mujeres, suelen ser sencillas y con muy pocas ofrendas”.    
     En una sociedad guerrera como ésta los valores directamente relacionados con la milicia formaban parte innata de la idiosincracia de sus gentes. Así nos encontramos en la revista-guía con afirmaciones como la que sigue a continuación:
     “La “fides” y la “devotio”  eran cualidades que se les reconocían a los iberos. La lealtad y el mantenimiento de la palabra, el compromiso hasta la muerte, les distinguían de otros pueblos”
     Y así no nos extrañamos de que se hayan encontrado esculturas como una monumental en la que aparece la figura del héroe idealizado en combate con otros guerreros o con animales fantásticos.    
     Y dentro de este contexto no podían faltar los ritos iniciáticos mediante los cuales el adolescente dejaba de ser un niño y pasaba a formar parte de lo que en algunas tradiciones se ha conocido como “sociedades de hombres”; esto es, que pasaba a ser un guerrero. Así se han hallado muchas estatuillas en santuarios íberos que representan este tipo de rito iniciático.
     Aparte, óbviamente, de la vestimenta y de las armas uno de los signos externos que identificaban al que ya formaba parte de las “sociedades de hombres” aludidas era la barba; tal como se puede comprobar en el anverso de algunas monedas romanas del S. I a. C., como es el caso de unos denarios sertorianos de plata encontrados en Huesca. 
     Y si hablamos de ritos sagrados no podemos pasar por alto los funerarios, puesto que si siempre existió una costumbre definitoria de la mentalidad de los pueblos hiperbóreos ésta fue la de incinerar los cadáveres y los iberos, como miembros de este gran tronco racial, no fueron 
-tal como se indica en la revista- una excepción: “Los cadáveres de los aristócratas íberos ardían en una pira funeraria durante más de un día. Los guerreros se incineraban con sus armas, que eran dobladas y arrojadas al fuego junto con otras pertenencias significativas. Finalizada la cremación, metían los restos en una urna que era enterrada junto al ajuar funerario”. “Al pueblo también se le incineraba. Hay necrópolis con tumbas modestas, con pocas ofrendas y sin monumentos funerarios importantes”.
     Pueblos como los semitas, con su concepción pelásgica, matriarcal, telúrica y horizontal de la existencia, optan por el enterramiento de los cadáveres y su devolución a las entrañas de la Madre Tierra . Frente a ellos los pueblos boreales , con su percepción uránico-solar y vertical de la vida, eligieron la cremación del cuerpo para facilitar de esta manera la salida del espíritu o alma (siempre ha habido mucha disparidad a la hora de definir uno y otro ente) y su elevación hasta fundirse con el Sol –astro símbolo de la más alta Esencia divina- o hasta llegar a las otras dimensiones atemporales y  no espaciales –a menudo identificadas con el Cielo, con lo alto- que esperan tras el fin de la vida física.Y continuamos citando textualmente que “Es frecuente que para acompañar el monumento funerario aparezcan alas de pájaro. Eso hace pensar que los iberos situaban el más allá en la esfera de lo celeste”.    
     Parece ser que en algunos casos, los menos, también se llegó, entre los iberos, a practicar otro rito funerario asociado igualmente a pueblos indoeuropeos como, por ejemplo, los persas, que habían abrazado la religión de Zaratrusta –el mazdeísmo o zoroastrismo-, consistente en conseguir la desaparición del soporte físico de la persona exponiéndolo en lugares elevados
-montículos o atalayas construidas a tal efecto- a la rapiña de los buitres. Rapaces que en su posterior vuelo ascendente se pensaba que portaban el alma del fallecido hacia el Sol. (Todavía en nuestros días los descendientes de los mazdeístas que huyeron a la Índia –los parsis- practican, en este país, dicho ritual funerario.)
     Volviendo, con tal de definir posiciones, a los contrastes, hemos de recordar que mientras que para los pueblos semitas el fin de la vida física ha constituido siempre una tragedia, puesto que nunca han tenido muy claro el concepto de alma y hasta su misma existencia y, por tanto, con la muerte se acaba del todo, según ellos, el periplo existencial de la persona, cuyos residuos habrían de esperar –tal y como cree el judaísmo- a la anunciada futura resurrección de la carne para poder volver a existir, para los pueblos boreales, en cambio, la muerte física suponía el paso previo para el inicio de otra existencia más perfecta, o perfecta, e imperecedera, eterna. Por esta razón lo que para etnias semitas constituía tristeza, luto y dolor, para los pueblos indoeuropeos suponía muy a menudo alegría, fiesta, jolgorio y felicidad. Y, de acuerdo con lo expuesto, en la revista leemos que “una de las formas que tenían los íberos de despedir al difunto era con una gran comilona de la que el muerto también participaba simbólicamente”
     Esta ausencia de miedo hacia la muerte, junto a las cualidades propias del guerrero –valor, fidelidad, lealtad, honor; así como la superación de la aprensión al sufrimiento físico- explican la cita hecha párrafos más arriba que hacía referencia “al compromiso hasta la muerte” del “milites” íbero. 
     Tocando de nuevo el tema de la concepción vertical y uránico-solar del existir común a los pueblos boreales, no hemos de dejar de señalar que, entre éstos, el accidente geográfico elevado o la construcción vertical siempre han evocado al “Axis Mundi” o eje simbólico que une Tierra y Cielo, vida sensible o física con vida suprasensible o metafísica. Y, referido a nuestro pueblo objeto del presente estudio, podemos seguir leyendo que “Los monumentos o esculturas que se edifican sobre o junto a la tumba son torres, pilares estela, túmulos escalonados,…”   
     Al tener la misma extracción racial y, en consecuencia, compartir visiones del mundo el romano invasor de la Península Ibérica no tuvo ningún inconveniente a la hora de mezclarse sanguíneamente con el ibero invadido y de asimilarlo al orbe romano. Los territorios peninsulares fueron incorporados al mundo romano e Hispania se convirtió, en pie de igualdad, en una Provincia más del Imperio romano. Aquí no hubo problemas de asimilación, al contrario de lo que ocurrió con la Palestina judía, que al pertenecer, en buena parte, a un tronco racial diferente y al poseer una cosmovisión diametralmente opuesta a la de la romanidad, nunca se integró en sus estructuras políticas, sociales ni religiosas y recibió, en consecuencia, el status de Protectorado del Imperio.
     Para lo reforzar y argumentar lo que se acaba de exponer continuaremos con las referencias a la revista-guia:
     “A su llegada a la Península, a finales del siglo III a. C., Roma encontró una cultura fácilmente adaptable al modelo romano”. “El movimiento de tropas romanas, unos 6.000 hombres por legión, que se instalaron en Hispania para conquistarla, dejó tras de sí un montón de hijos que con el tiempo reclamaron sus derechos. Para ellos se fundó la ciudad de Carteya (San Roque, Cádiz), para los hijos de hispanas y soldados romanos. La realidad es que de ese cruce nació Hispania”. “Se llegó a la plena romanización de los pueblos ibéricos”. “Roma no encontró gran oposición en el ámbito de la cultura ibérica, donde se fue introduciendo y adaptando a través de las clases sociales dominantes que pactaron con ella y comenzaron a vivir a la romana sin que se decretasen esos cambios”.    
     Pero, sin duda, lo que más nos llamó la atención cuando visitamos la exposición en cuestión fue el contemplar la “Estela de Sinarcas”, que data del siglo I a. C. Y que se encontró en este municipio valenciano. En ella se hallan grabados caracteres íberos que si no nos hubiesen sido previamente presentados como tales no hubiéramos dudado un ápice en identificarlos rápidamente con las runas nórdicas. Entre dichos caracteres se encontraban unos no parecidos ni aproximados en su trazado sino idénticos a la runa Odal u Odila, a la del Sol o Sowilo, a la Ingwaz o Inguz de la fertilidad, a la Ehwaz asociada al corcel Sleipnir de Odín, a la Eewaz que recuerda, entre otras cosas, los ciclos de vida y muerte, a la Tyr o Tiwaz, a la Kenaz que significa fuego y representa la Iluminación y, también, la fidelidad, a la Gebo que significa dar, a la Hagalaz que quiere decir granizo y a la Isa cuyo significado etimológico es hielo… 
     …¿Hay alguien que se siga atreviendo a poner en duda la adscripción indoeuropea de los íberos? Creemos haber dejado del todo desmontada una de las grandes falsedades que han venido postulando algunos  pseudohistoriadores y falsos antropólogos adláteres del Sistema establecido. Ya se dejó bien patente en otro artículo (“¿Mitad moros, mitad judíos?”) que las mayores aportaciones de sangre que hemos recibido los españoles nos vienen esencialmente de íberos, celtas, romanos y visigodos y si nadie ha discutido nunca el origen indoeuropeo de los tres últimos, nadie honesto habrá de discutir jamás la también paternidad hiperbórea de los iberos.


Eduard Alcantara