"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 23 de diciembre de 2014

Krampus



La historia del Krampus forma parte del folklor navideño junto con Santa Claus aunque a diferencia de este último no goza del cariño o popularidad, en parte debido a su siniestra naturaleza. Este relato es mi propia adaptación del personaje y es al mismo tiempo un regalo de navidad para ustedes mis lectores. Espero lo disfruten, feliz navidad a mis lectores cristianos y feliz Yule a mis lectores paganos.

Fernando Trujillo

Amanda estaba comentando las fotos que su amiga Nicole había subido a face, en ella su amiga y sus primas se encontraban en Plaza Cumbres haciendo muecas graciosa so tomando un chocolate frio en Starbucks.
Miro el paisaje por la ventanilla, había un poco de niebla, un anuncio que te decían que debías hacer en caso de encontrarte con un oso, ciclistas y un sujeto que estaba paseando a su perro, un enorme San Bernardo.
Lo típico cuando vas a pasar la mañana en el parque de Chipinque.
A su derecha su hermana mayor estaba escuchando Icona Pop a todo volumen en sus audífonos, atrás su prima y su hermanita estaban profundamente dormidas.
Continúo mirando su celular.
Habían comenzado las vacaciones navideñas, desde el jueves estaba libre y pasaba sus días con sus amigas, viendo tele o en face.
Su padre les aviso que ya estaban llegando, era un domingo por la mañana, beber el chocolate caliente que le preparaba su madre.
Su padres le aviso que ya habían llegado al parque, en la parte de atrás su tía despertaba a las niñas y su tío toco el hombro de su hermana para que se quitara los audífonos.
El parque estaba con varias familias, parejas, hacia demasiado frio y había una espesa niebla alrededor.
Había ciclistas, corredores y turistas de otros estados de la republica tomando fotos, la familia encontró una banca donde establecerse.
-Amanda lleva a Beth a los columpios, tu prima quiere ir—le pidió su madre mientras los padres de la niña tomaban fotos a los alrededores.
-Si mama—le respondió cargando a la pequeña y acercándose a los columpios, la niña era muy risueña.
Le gustaba estar con su primita, era la primera hija del matrimonio de sus tíos y después de navidad no los vería hasta las vacaciones de verano, con suerte en semana santa.
Coloco cuidadosamente a Beth en el columpio y la comenzó a mecer lentamente y la niña reía y reía.
Su tía les tomo una foto.
La iba meciendo cuando alzo su vista a lo lejos, hacia donde estaba la niebla y los árboles, un detalle llamo su atención.
Algo se escondía detrás de los árboles, dejo de mecerla por un momento para observar con más detalle, pudo reconocer una silueta oscura detrás de los árboles, algo que las observaba.
Estaba segura que las veía.
No alcanzo a distinguir su forma física debido a la lejanía y a la niebla sin embargo ahí estaba, escondido, observando.
En ese breve momento sintió algo en su pecho, algo que no estaba bien, era miedo lo que sentía y en ese momento no supo explicarse el porqué.
-¿Te sucede algo?—pregunto la pequeña Beth, Amanda hizo un gesto negativo, cuando volvió a mirar aquella silueta oscura ya no estaba. Pensó que debía de ser su imaginación jugándole una mala broma.
-Ven vamos con mis papas—dijo cogiendo de la mano a su primita, esa aparición ya no estaba pero aún se sentía inquieta y no sabía explicarse porque sentía eso.
La familia de Beth había venido desde Anaheim a pasar unos días con la familia, era la época navideña y las niñas se encontraban muy emocionadas.
Era un día de campo cualquiera, el padre de Beth había sacado los sándwiches y los refrescos de la hielera, la madre de Amanda los colocaba en la mesa del parque.
-¿Se divirtieron niñas?—pregunto el padre de Amanda, ella asintió con la mirada, Ofelia su hermana mayor estaba con sus audífonos escuchando a Taylor Swift, su madre se los había quitado para que la ayudara con la cámara.
Amanda Riquelme tenía once años, era una niña de cabello castaño que iba en el último año de la escuela primaria, era una niña inteligente, la que tenía las mejores calificaciones de su colegio.
Beth y Carola la hermana pequeña de Amanda estaban jugando a un lado de la mesa mientras los papas de ambas niñas platicaban, Amanda solo miraba a los árboles, donde estaba la niebla, donde había visto a esa sombra.
Estaba con una inquietud, algo la había hecho sentir triste pero más que nada la había hecho sentir una angustia que hasta entonces no había conocido.
-Amanda ¿Estas bien?—le pregunto su madre.
Ella asintió.
-Pásame una botella de agua—pidió a su hermana, intento fingir que todo se encontraba bien pero sabía que algo había cambiado. No podía explicarlo, no era tan sencillo, era algo extraño, algo arraigado al instinto de todo niño.
Tomo un sorbo de agua y comenzó a comer, pensó que si dejaba ese asunto pronto se olvidaría y entonces miro a Beth riendo, no pudo evitar sentir de nuevo esa angustia, estaba preocupada por su prima, porque algo la había observado.


Faltaban tres días para navidad, esa noche Amanda se encontraba en su habitación viendo Disney Channel, estaban pasando un viejo episodio de Phineas and Ferb, le cambio a Cartoon Network en donde estaban pasando Hora de Aventura su programa favorito. Se sentía relajada con ese programa, sus personajes favoritos eran Jake el perro y Marceline, tenía peluches de ambos y un afiche del rostro de Jake en su cuarto.
Sus tíos pasarían las fiestas en la casa, se irían hasta el segundo día de enero, en su mente volvió a repasar lo que había observado, esa sombra, esa figura que no conocía su nombre pero que le hacía sentir escalofríos.
¿Qué es lo que era?
Todos los niños temen a algo pero Amanda ya estaba entrando a la pubertad para seguir teniendo miedo de seres imaginarios. Cuando uno crecía sabía que los monstruos solo existían en las películas, por lo menos los imaginarios.
El mundo real, el mundo de los adultos al que ella estaba entrando tenía otra clase de monstruos, la psicóloga de la escuela les hablo de hombres que buscaban a las niñas, les ofrecía dulces y querían ganarse su confianza, pero ellos querían otra cosa, querían hacerles daño y Amanda sabia que clase de daño, se había percatado de cosas parecidas en las noticias.
Abuso sexual, trata de personas, asesinatos, los hombres malos buscaban a las niñitas para hacerles esas cosas tan horribles.
Pensó en Beth.
Le puso “mute” a la televisión, se quedó pensando en la figura detrás del árbol, su primer pensamiento es que se trataba de un curioso, alguien que pasaba por ahí pero ese consolador pensamiento se esfumo velozmente, entonces dio paso a uno de esos hombres malos que estaba mirando a Beth.
Pensó que tal vez sería un secuestrador o uno de esos hombres que se sienten atraídos de manera morbosa hacia las niñitas pero había algo extraño.
No era un ser humano.
Amanda sacudió su cabeza pensando que esa idea era muy tonta, propia de una niña con la edad de Beth y sin embargo persistía en su mente.
Aquello que las observaba no era humano.
Se levantó de la cama, iba a la cocina  a buscar un vaso con agua, en la habitación de enfrente su hermanita y su prima dormían juntas. Bajo las escaleras, en la puerta se encontraba Ofelia con su amiga Lorena, iban a una fiesta.
Abrió una caja de galletas de donde saco unas dos galletas de chocochips, la cerro cuidadosamente y después abrió la puerta del refrigerador de donde se sirvió un vaso con agua. Mientras volvía a su cuarto se comía las galletas, entro de nuevo, cerró la puerta y volvió a ponerle sonido a la tele.
Hora de Aventura había terminado.
Por un rato de la paso cambiando de canales sin mucho que ver, la detuvo de nuevo en Disney Channel donde comenzaban a transmitir la película Enredados.
Se quedó viendo la película y un rato después apago la tele, se puso sus audífonos y escuchaba su lista de canciones que iban desde Demi Lovatto hasta Avril Lavigne.
Poco después guardo los audífonos en su cajón, apago la luz y unos minutos después se quedó profundamente dormida.

Estaba nuevamente en Chipinque pero en esta ocasión no había gente, no había nadie de su familia alrededor.
Se encontraba sola.
La niebla espesa estaba alrededor de todo el parque y solo había silencio, miro a su alrededor buscando un poco de coherencia a todo lo que pasaba.
Ningún insecto hacia algún ruido, ningún ave en el cielo, ningún animal cerca ni siquiera un oso de los que algún desafortunado visitante tiene la mala fortuna de encontrarse, ahí solo había silencio.
Estaba helado, ella solo vestía una pijama, se cubrió con las manos sintiendo el aire gélido sobre su cuerpo.
Camino buscando una salida, se fue poco a poco adentrando en el bosque y en esa niebla, no lo hacía porque quisiera sino porque sentía el impulso de entrar, algo la llamaba, no escuchaba una voz o algún ruido, solo sentía que algo la estaba llamando dentro de los bosques.
Los altos árboles se alzaban a su alrededor y una sensación de terror se iba incrementando en todo su ser.
Ahí habitaba algo antiguo, algo maligno, iba dando cada paso contra su voluntad, porque ese llamado no lo podía ignorar.
Escucho una risita infantil.
La risa de Beth.
Miro a su alrededor, detrás de ella estaba una niña corriendo, riendo, no podía ver quien era pero estaba segura que no era Beth.
Siguió caminando, mas adentro podía sentir que el miedo iba aumentando, ese terror no era algo nuevo, lo había sentido antes y en ese momento podía recordar esos momentos de la infancia que se iban olvidando con el paso de la madurez.
El terror que sentía cuando mama apagaba la luz, cuando era la hora de dormir, cualquier ruido te despertaba de golpe, cualquier detalle hacia que despertaras llorando y siempre llegaban tus padres como ángeles guardianes a decirte que todo estaba bien.
Pero no lo estabas.
Camino y encontró una inscripción en un árbol, entonces se detuvo, por un momento se preguntó si fue ella o si fue esa extraña fuerza que la impulsaba a seguir caminando.
«Krampus»
«El Krampus te observa»
Dio un paso atrás, ese nombre despertó un sentimiento de pánico puro, algo que solo podía entender un niño, corrió lo más rápido que podía en busca de salir de ese bosque, el nombre le vino a recordar las pesadillas que tenía cuando era una niña pequeña y que seguro su primita y su hermanita debían de tener.
Solo árboles y más árboles cubiertos con niebla ni un rastro de la salida del parque o de la autopista, al mirar atrás vio una sombra, algo que permanecía de pie a lo lejos, parecía tener una forma humana sin embargo ella sabía que no lo era. Tropezó con una piedra y soltó un grito que la hizo despertarse.
Un grito la sacudió.
Venia de la habitación de Carola en donde estaba Beth, Amanda se levantó, encendió la luz, sus padres ya estaban en la habitación de su hermana pequeña.
-¿Qué pasa?
-Nada cariño, tu prima tuvo una pesadilla—le dijo su madre, los papas de Beth ya estaban ahí reunidos para consolar a su hija, se dio cuenta que también Carola estaba llorando pero se encontraba segura que ella no soñó con esa criatura, más bien fue el grito de su prima la que la asusto.
Su mama estaba cargando a Carola tranquilizándola, mientras en la habitación la mama de Beth la estaba tratando de calmar.
La niña le narraba la pesadilla que tuvo, Amanda escuchaba como era idéntica a la suya, la diferencia es que en su relato Beth afirmaba que el monstruo la llamaba.
-Cálmate cariño ya paso.
No fue un sueño. No uno normal.
Su padre le ordeno que regresara a su recamara, ya todo había pasado pero no para ella, sabía que Beth estaba en peligro.
Cerró la puerta de su habitación dejando la luz encendida, se quedó un rato mirando la pared sin mucho en que pensar, solo no quería quedarse en la oscuridad.
Pensó en Beth.
Pensó en la amenaza de esa criatura y sintió una angustia enorme por lo que le podía causar a su primita.
Paso toda la noche en vela temiendo volver a ese bosque y volver a estar cerca de la presencia del Krampus.


Durante la mañana visitaron el centro comercial de Valle Oriente, Amanda se sentía cansada por la desvelada de la noche anterior pero más que nada estaba preocupada por lo que podía sucederle a Beth.
Veía a la niña en brazos de su madre reír, ella solo dio un bostezo pensando en lo que había soñado, pensando en su prima.
Al llegar a casa se quedó dormida en su cuarto, despertó una hora y media después para bajar a almorzar con toda la familia.
-Hola Cariño ¿Me ayudas a poner la mesa?
Respondió afirmativamente y se dispuso a poner los manteles, los cubiertos, los platos, sus tíos llegaron junto con Beth y Carola, Ofelia estaba aún dormida en su recamara.
Estuvo callada durante el almuerzo, pensaba en su sueño y en esa criatura que respondía al nombre de Krampus, ese sueño y ese nombre la habían estado persiguiendo durante todo el día.
Al término de la comida subió a su recamara y abrió su laptop, en el buscados coloco la palabra «Krampus» habían salido varios enlaces con algunas imágenes en las que estaba representado un ser antropomórfico con cuernos que azotaba a niños o los iba metiendo en un saco.
Vio un enlace que dirigía a un ensayo de un profesor de antropología e historia de las religiones en una página sobre demonología.
Abrió el enlace.
En todas las historias del Krampus este aparecía como una versión maligna de Santa Claus, si el primero les traía regalos a los niños buenos, entonces la labor de Krampus era castigar a los niños malos.
Estos castigos consistían en azotes, en llevárselos en su cesto al infierno o devorarlos, sonaba demasiado aterrador.
Con el pasar del tiempo el Krampus fue olvidado en la sociedad moderna, más temerosa y más políticamente correcta, siendo mencionado ocasionalmente en la cultura popular, un ejemplo de esto era un capítulo de la serie Supernatural en donde se hace una mención muy breve del personaje.
Amanda continúo leyendo.
El Krampus tenía similitudes con el dios Pan de los griegos y el diablo de la mitología judeocristiana, el autor tenía la teoría de que podían tratarse de la misma entidad o quizás de familiares cercanos.
Con el paso del tiempo el Krampus quedo reducido a la comunidad europea sobre todo en las comunidades germánicas y eslavas en donde gozaba de una popularidad oscura mientras que en el resto del mundo estaba mayormente olvidado.
No obstante la historia del monstruo que roba niños, quedo en la memoria colectiva, en cada cultura los padres atemorizaba a sus hijos con un monstruo que se los llevaría para tener una buena conducta.
Cada época tenía una versión de este monstruo, en el Medievo se creía que los elfos robaban niños recién nacidos y los intercambiaban por un doble creado por medio de la magia, también se le llamaba el Coco, el Hombre del Saco y en este época con el creepypasta de Slenderman, todos ellos tenían las características de un ser que robaba niños, que se ocultaba en los bosques y se escabullía en la noche en busca de los niños.
Todas estas historias y estos monstruos pudieron originarse en el Krampus o tal vez todos ellos sean Krampus bajo diferentes nombres y disfraces.
¿Sera Krampus el mito original?
¿Pudo existir antes que esta encarnación?
Estas serían las preguntas más inquietantes de todas, quizás Krampus no sea el primer rostro de este monstruo, tal vez su origen se encuentre más atrás, antes de la llegada del cristianismo, antes de que las civilizaciones de Grecia y Roma se alzaran.
Más atrás cuando el hombre aún vivía en las cavernas, estaba ese monstruo acechando en los bosques, en la oscuridad, robando niños y tal vez las primeras tribus humanas temerosas sacrificaban niños a esta deidad maligna como forma de aplacar su hambre.
Así surgieron los sacrificios a dioses como Moloch entre los hebreos y los cartagienses ¿Sera Moloch un disfraz anterior al del Krampus?
Entonces resumiendo, existía la posibilidad que Krampus, el Hombre del Saco, el Coco y Slenderman sea el mismo ser bajo diferentes disfraces en diferentes épocas de la historia humana.
Amanda termino de leer.
El ensayo solo le aporto teorías del origen de este ser pero no un método para rechazarlo o evitar que viniera por su primita.
-Cariño ven necesito que me acompañes al super.
Era su madre llamándola.
-Voy mama.
Tal vez solo se estuviera sugestionando, su padre decía que todo estaba en la mente y mientras más iba pensando en eso más se iba sintiendo con miedo.
Se dijo que no podía ser real, cerro su laptop y se vistió rápidamente, agarro su ipod y bajo las escaleras.
No era real, se dijo.
Todo es producto de su imaginación, se dijo más fuerte.
Pero no lo era, una parte de si le advertía que ese ser estaba por llegar, la niña que quedaba en ella le decía a la niña que estaba creciendo que el monstruo iba a su hogar.

Paso la Nochebuena.
Toda la familia Riquelme reunida en casa para celebrar con pavo, romeritos, ensalada navideña—que a Amanda y sus primos no les gustaba—cerveza y vino para los adultos, Amanda permaneció callada al lado de Beth mientras que la familia se encontraba celebrando, platicando y en algunos casos fingiendo simpatía por familiares que no les agradaban. Ella solo pensaba en lo que había leído y soñado, aunque Amanda la pre-adolescente se decía que eso no existía, la niña que estaba dejando de ser le pedía proteger a Beth.
No quería pensar en eso.
Ofelia platicaba con su primo Xavier el cual le platicaba de un viaje que hizo a Canadá, la invito a que fueran en bicicleta a Chipinque un día de estos.
Así paso la cena de Nochebuena, las niñas se acostaron temprano mientras que los adultos continuaron hasta las dos de la mañana.
En su recamara Amanda se encontraba durmiendo, al principio le costó trabajo pero poco a poco se fue quedando profundamente dormida.
Repentinamente abrió los ojos, sintió una sensación inquietante y gélida en su piel, al levantarse de la cama vio en su reloj que eran las tres de la mañana.
Jade un poco y se puso de pie, pensó ir a tomar un vaso con agua, la casa estaba en total oscuridad, camino un poco hasta las escaleras y fue bajando poco a poco, a pesar de la calefacción sentía mucho frio, se preguntó si estaría descompuesta.
Algo la perturbo. Un sonido que venía de la sala.
La puerta de la casa se estaba abriendo, Amanda se escondió detrás del pasillo, pensó en subir corriendo para avisarles a sus padres que alguien estaba por entrar pero eso no serviría de nada. Sabía quién era el que estaba entrando.
La puerta se había abierto, una briza gélida entrando a la casa era el preludio para su llegada. Amanda aterrada observaba al extraño poner un pie dentro de la casa, no era como alguna de las imágenes que vio en la red, se trataba de un hombre alto vestido elegantemente con un atuendo del siglo antepasado, una capa negra, un sombrero de copa y un bastón con la cabeza de un demonio plateado como mango.
No podía verle el rostro cubierto por la oscuridad pero ella sabía que era el Krampus y venia por Beth, estaba pálida del terror sin embargo aun así corrió hasta las escaleras subiendo a toda prisa hacia el cuarto de su hermanita. 
Detrás de ella escuchaba el lento caminar del monstruo, pasó a paso como si no tuviera ninguna prisa, como si supiera que iba a obtener a su primita sin importar cuanto intentaran escapar.
Amanda entro al cuarto de su hermana y cargo a Beth, el monstruo estaba llegando al cuarto cubierto por las sombras, caminando elegantemente en el pasillo. Beth se despertó y empezó a llorar, Amanda cubrió su boca.
Ni sus padres, ni sus tíos ni sus hermanas se despertaron, era como si no se hubieran percatado de la intromisión de la criatura en su hogar. Como si estuvieran bajo un hechizo o si ellas al soñar con ese momento fueran las únicas que podían advertir su oscura presencia.
Bajo por las otras escaleras, mientras atrás el Krampus iba caminando a su encuentro, corría hasta llegar de nuevo a la puerta, afuera el frio era insoportable, ellas solo vestían unas pijamas, por un momento se detuvo sin embargo al escuchar los pasos cada vez más cerca de la criatura tuvo el valor de correr hasta la entrada y salir a la calle.
Amanda se estaba cansando de tanto correr y Beth lloraba cada vez más fuerte, su perseguidor iba a pie sabiendo que las alcanzaría en algún momento, para el esto no era un reto ni siquiera un entretenimiento, era algo insignificante.
La niña se sentía angustiada, llena de pánico y mientras más corría se sentía más cansada, a tres calles de su hogar tropezó cayéndose encima de unas bolsas de basura.
Comenzó a llorar, frente a ella estaba el Krampus, estaba de pie observándola y entonces alzo la mano, Beth fue caminando hacia la criatura, Amanda por su expresión dedujo que la niña estaba bajo la influencia hipnótica del ser.
Krampus acaricio su cabeza y la niña fue a su derecha, cogió mano pequeña, Amanda observaba entre el terror y la perplejidad.
Tenía lo que quería sin embargo aún no se retiraba, aún tenía algo que hacer antes, miro a Amanda, ella no podía ver su rostro, las facciones ocultas en la negra noche, no podía ver su expresión, no quería verlas.
Escucho una voz espectral en su mente, era un lenguaje que no conocía pero que sin embargo pudo entender, entonces empezó a gritar.

En la mañana de navidad los vecinos encontraron a una niña muerta en las bolsas de basura, horrorizados llamaron a la policía, poco después sus padres encontraron su cuerpo antes que se lo llevaran a la morgue.
Los familiares llenos de dolor notificaron a la policía la desaparición de Beth, según la ley tenían que pasar más de dos días para considerar a una persona desaparecida pero aun así la Alerta Amber ya había sido puesta en marcha esa misma tarde.
Ese día de navidad la ciudad conoció el triste caso de una niña encontrada muerta en la calle y otra niña desaparecida, fue la noticia del día en todo el estado, los noticieros, las redes sociales pronto hicieron énfasis a la tragedia de la familia Riquelme.
Desde entonces en todo el mundo, en cada país cada niño marcado por el Krampus veía antes a una niña, un presagio de su futuro rapto, aquella niña pálida en pijamas y de mirada triste era su heraldo.
En cada pesadilla ella aparecía para advertirle a la desafortunada victima que esta fue escogida como tributo para su señor.
Aparecía en bosques, en lugares cubiertos con niebla, ella venia en el invierno cantando una canción triste y su llegada era siempre signo de la inmediata presencia de Krampus.
En años posteriores los niños comenzaron a temerle, en algunas comunidades aisladas del México los campesinos la llamaban “La Niña Abandonada” y colocaban en las puertas de sus casas una cruz y cantaban una oración para impedirle el acceso, los campesinos eslavos la llamaban “La Niña Maldita” y pronto entre ellos circulaban historias sobre su presencia, afirmando que ella le susurraba a su oscuro amo sobre que niños debían de ser tributos como una forma de descargar su furia.
Y esa niña de mirada triste y pálida siempre buscaba a su familia pero estaba condenada a no verlos jamás, caminaba por los bosques, se ocultaba en la niebla buscando una nueva alma en nombre de su señor.
En todos los poblados, pequeñas ciudades, en invierno y en otoño, los adultos no la escuchaban pero todos los niños podían hacerlo y temían porque sabían que el heraldo había llegado en nombre del monstruo:

Sus ojos te ven
Su boca murmura tu nombre
En la oscuridad el acecha pequeño
No intentes correr
No intentes esconderte
Que él se acerca
No intentes rezar
No intentes escapar
Que al final Krampus te atrapara



©Fernando Trujillo, todos los derechos reservados



Diciembre 2014

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