"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







lunes, 26 de enero de 2015

La obra de Jack London



Por Fernando Trujillo

Introducción

Nacido en 1876 en la ciudad de San Francisco Jack London (cuyo nombre real era John Griffith Vhaney) fue uno de los escritores más emblemáticos de la literatura norteamericana.  Aventurero, autodidacta, vagabundo, boxeador, marinero, la vida y obra de London se funden en una sola, la vida de un hombre que vivió al límite y plasmo su visión de la vida en su obra literaria.
Autor de grandes clásicos como “Colmillo blanco” y “La llamada de lo salvaje” la obra de London se desarrolla en terrenos salvajes en donde el hombre pelea por sobrevivir ante las duras condiciones a su alrededor.
London fue un luchador toda su vida, nacido en la clase obrera vivió en las duras condiciones de esta, trabajo en fábricas y en minas viendo por experiencia propia la cruenta vida de los hombres de la clase baja.
No es de extrañas que después de estas experiencias haya adoptado la ideología comunista como propia pero como veremos más adelante London fue un comunista atípico, a pesar de ser un firme defensor de esta ideología fue también un apasionado de la vida, un hombre que experimento y gozo la vida de todas formas desde siendo un vagabundo hasta practicando el boxeo y siendo parte de la patrulla marina. Todas estas experiencias le hicieron tener una visión vitalista de la existencia humana.
London fue un prolífico escritor de novelas, relatos, ensayos y abordo temas desde la naturaleza salvaje, relatos de aventura, ciencia ficción, socialismo, inspirando a escritores como Robert E. Howard creador de Conan el Cimmerio.
La obra de London está llena de un vitalismo, es una oda al espíritu humano que se sobreponen y supera los terrenos hostiles, aunque en ocasiones sus personajes sucumben a la cruda ley de la vida.

La vida como lucha

La narrativa de London se desarrolla en terrenos inhóspitos, hostiles en donde la violencia es una ley y la vida es una lucha diaria por el derecho a la vida.
Esta es la temática de algunos de sus cuentos como Ley de la vida, El silencio blanco, El inevitable hombre blanco (hoy en día seria acusado de apología al racismo) y novelas como La llamada de lo salvaje y la no tan conocida Antes de Adán.
La primera narra la vida de Buck un perro que tiene una vida cómoda en la casa de su amo hasta que es robado y vendido a unos hombres para ser un perro de trineo.
A lo largo de la historia Buck aprenderá a sobrevivir en un ambiente cruel, a la vida dura en los hielos soportando el maltrato de sus amos y la rivalidad con otros perros.
El perro protagonista es arrancado de una vida pacifica (su propio Jardín del Edén) hasta ser arrastrado a un mundo antagónico donde antes había vivido, un mundo salvaje en donde prima la ley de los más fuertes pero en donde encontrara también el sentido de la vida, las ganas de vivir frente a la barbarie y a descubrir su naturaleza salvaje.
Llegará un punto en el que Buck deberá decidirse ente volver a una vida cómoda o la vida salvaje—el conflicto entre barbarie y civilización—pero finalmente aceptara su naturaleza y su rol en el mundo animal.
A través de la visión del perro nos muestra este conflicto entre el mundo primitivo y hostil y el mundo civilizado y burgués, la eterna lucha por el derecho a la vida, por la supervivencia en territorios brutales en donde no hay espacio para la misericordia.
Antes de Adán una de las novelas menos populares de London pero fascinante narra la vida de un hombre moderno que recuerda su vida pasada como un primate en un mundo opuesto al nuestro en donde los antepasados del hombre vivían en árboles y sobrevivían día con día al brutal mundo del pasado.
El narrador da una descripción con palabras y pensamientos modernos sobre este mundo en donde la crueldad, la violencia primitiva y la lucha por la vida eran una constante, antes de que el hombre alcanzara la condición humana.
Algunos de sus críticos piensan que sus mejores obras son las que se desarrollan en los hielos, en el Yukon, con condiciones hostiles en la que los protagonistas luchan por sobrevivir ante el duro clima, tribus indígenas enemigas, bandoleros y otros peligros que están al acecho.
El hombre blanco sobrevivió a la dura era glacial, forjo su temperamento y su voluntad de lucha por vivir en ese ambiente feroz en el que la vida era una lucha diaria, en el que se cazaba o se moría, en el que solo los mejores podían sobrevivir.
London era ante todo un hombre con una conciencia racial que plasmo en su narrativa la lucha del hombre blanco en un territorio inmisericorde, el mismo escribió que primero era un hombre blanco antes de socialista lo que implica que la raza era más importante que la ideología política. El hombre blanco un sobreviviente en territorios crueles, un aventurero, un viajero, un luchador que se adapta a lugares hostiles para luchar y conquistar.
Fue London un hombre orgulloso de la historia y hazañas del hombre blanco como aventurero y conquistador de territorios desconocidos.  
La narrativa de London tiene ese vitalismo, esa energía por la lucha para sobrevivir, una descripción de la naturaleza hostil y la voluntad del hombre por vivir.
London era un hombre que amaba el mundo natural anteponiéndolo a la sociedad capitalista y burguesa por la que sentía un gran desprecio. Pero London  no ve este mundo natural con idealismo sino como un mundo cruento en el que impera la ley de la vida, de los más fuertes, en el que el viejo y el débil no tienen cabida.
Su historia La Peste Escarlata narra la caída de la civilización occidental y el regreso a la violencia primitiva del mundo antiguo, con grupos humanos divididos en tribus y ocultándose en cavernas. A pesar de haber sido escrito en 1912 tiene hoy para nuestra civilización un tinte profético.

Un comunista atípico

Para hablar del socialismo de London primero se debe hablar de la época, estamos hablando de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, un periodo dominado por el colonialismo, el capitalismo salvaje, el legado de la revolución industrial eran las metrópolis como Londres o Paris en donde los campesinos había emigrado y se refugiaron en los barrios bajos donde nacería la clase proletariado.
El capitalismo salvaje de esa época tenía sumido en la miseria a los proletariados que trabajaban largas jornadas en las fábricas, los mineros que laboraban horas y horas por un mísero salario. No era de extrañar que fuera entre esta gente a quienes llegaron las organizaciones comunistas y anarquistas prometiéndoles una “utopía igualatoria” y que el germen del comunismo haya florecido en el resentimiento de la clase obrera.
A diferencia de los autoproclamados comunistas de hoy en día (niños ricos, nacidos en la burguesía, con sus ipads y sus cafés de Starbucks) London vivió la mísera vida del obrero, trabajo en fábricas en su adolescencia, conoció las carencias y las difíciles condiciones del proletariado. London vivió esa vida y eso lo llevo a declararse comunista a los veinte años de edad, su comunismo era más idealizado por la experiencia propia que por la teoría.
Sus ensayos reunidos en El Pueblo del Abismo y El Talón de Hierro reflejan este pensamiento, en los que llama a levantarse al obrero contra la burguesía.
En El Mexicano narra la historia de un joven boxeador que pelea para ganar dinero y ayudar a los revolucionarios. London apoyaba a la revolución como una lucha contra la burguesía opresora—aunque más tarde apoyo la invasión norteamericana a Veracruz—pero se puede ver esa apología de la lucha contra las elites financieras.
London murió en 1916 por lo que no pudo ver las atrocidades llevadas por el régimen bolchevique contra el pueblo ruso.
Ahora hemos visto a lo largo de este pequeño texto como la filosofía de London era vitalista, era un patriota anglosajón, nietszcheciano, valores que contrastan con la ideología comunista.
London no predicaba la igualdad sino el derecho de los fuertes, no predicaba el pacifismo sino la lucha, su pensamiento era antidemocrata y apologista de la violencia como parte de la naturaleza humana.
El historiador californiano Kevin Starr sostiene que alrededor de 1911 London estaba cansado de la lucha socialista y se había retirado de esta por la poca capacidad de lucha del movimiento obrero.
Es posible que de no haber muerto a los cuarenta años London hubiera visto con agrado el movimiento fascista y su ideología vitalista, su vía de la acción como una forma de vida.
Recordemos que en sus inicios del fascismo hubo militantes comunistas y anarquistas que se sintieron identificados con sus ideales de lucha, de movimiento, de militancia frente al pacifismo y conformidad de la vida burguesa.
El comunismo de London era ya bastante atípico en su época pero pudo haber evolucionado de un socialismo a un prusianismo que superara la lucha de clases.
London moriría sin ver el ascenso del bolchevismo y el fascismo a la edad de cuarenta años en su rancho, dejando una obra narrativa llena de un amor a la vida y a la aventura.
Resulta curioso que los comunistas de hoy no tengan a London entre sus lecturas, quizás se deba a que su obra y su persona superaron al socialista de su época y porque los valores narrativos contenidos en su obra son opuestos al comunista occidental del siglo XXI.
En el fondo era más un hombre de acción que un activista político y su obra ha superado esa etiqueta.

Enero 2015


jueves, 22 de enero de 2015

La unidad de la cultura occidental



Francis Parker Yockey

Desde el principio, la Cultura Occidental ha sido una unidad espiritual. Este hecho básico y formativo universalmente contrasta del todo con el punto de vista ignorante y superficial de aquellos que mantienen que la idea de la unidad de Occidente es nueva, un elemento técnico que sólo se puede producir a partir de una base limitada y condicionada.


Desde su llanto de nacimiento en las Cruzadas, la Cultura Occidental tuvo un Estado con su emperador a la cabeza, una iglesia y una religión, el Cristianismo gótico, con un papa autoritario, una raza, una nación y un pueblo que se sentía distinto y unitario, y que también era reconocido por las fuerzas exteriores. Había un estilo universal, el Gótico, que inspiró y dio forma a todo el arte, desde los oficios hasta las catedrales. Había un código ético para la relación entre los estratos culturales, la caballería occidental, creado a partir de un sentimiento del honor puramente occidental. Había un idioma universal, el latín, y una ley universal, la ley romana. Incluso en la adopción de formas más antiguas, no-occidentales, Occidente fue unitario. Convirtió esas formas en una expresión de su propia alma y las universalizó.



Más importante que todo esto, esta Cultura se sentía a si misma como una unidad de poder en contra de todas las fuerzas externas, fueran bárbaros, como los eslavos, turcos o mongoles, o civilizados, como los moros, judíos o sarracenos. Diferencias nacionalistas embrionarias existieron desde entonces dentro de Occidente, pero estas diferencias no eran sentidas como contrastes, y no tenían todavía la posibilidad de convertirse en el foco de una lucha por el poder. Un caballero Occidental estaba peleando por su patria ya fuera en una batalla contra los eslavos o los turcos en las ciénagas orientales alemanas, contra el moro en España, Italia o Sicilia, o contra los sarracenos en el Levante. Las fuerzas externas reconocían también esta unidad interna de Occidente. Para el Islam, todos los occidentales eran catalogados como el mismo tipo de infieles.

Esta elevada unidad Cultural desarrolló consigo sus ricas posibilidades en las Naciones-idea, en las que se realizaría gran cantidad de la historia occidental, ya que formaban parte del plan divino que una Alta Cultura crea como fases de su propio desarrollo; no sólo elevadas unidades estéticas, escuelas de música, pintura, y lírica, elevadas unidades religiosas y filosóficas, escuelas de misticismo y teología, grandes instituciones de conocimiento natural, escuelas de técnica e investigación científica, sino también elevadas unidades de poder dentro de si misma; Emperador contra Papado, Estados contra Emperador y Papa, sublevaciones contra el Rey, Nación contra Nación. Durante los tiempos góticos, la lucha por el poder intercultural entre emperadores y Papa estuvo siempre estrictamente subordinada, por la conciencia universal, hacia la amenaza exterior de los miembros ajenos a la Cultura, el bárbaro y el pagano. Las Naciones existían entonces, pero no como unidades de poder, no como organismos políticos. Los miembros de las distintas naciones se sentían a si mismos diferentes de los demás, pero las diferencias en ningún caso determinaban por completo una distinta orientación de la vida. Un ataque eslavo, turco, o moro era recibido en Europa por fuerzas conformadas de todas las partes de Europa.

La primera expresión política de Europa fueron las cruzadas, en donde Europa fue una unidad de poder, actuando unitariamente en contra del mundo externo en una auto-afirmación de su alma recién nacida. Paralelamente a esta forma de política se originó la tensión, que duraría tres siglos junto a la Cultura, entre las facciones gemelas de Emperador y Papa. Y entonces durante la mitad del siglo 13 comenzó la revuelta de los grandes barones y obispos contra el poder absoluto de los emperadores y el papado. Este fue un paso adelante contra la unidad cultural primaria, pero en ningún modo afectó la gran idea esencial de unidad de Occidente vis-á-vis cualquier fuerza extra-Cultural. Inclusive, durante este período, el Papa decretó que la ballesta era una arma barbárica y prohibió su uso contra todos los miembros de la cristiandad occidental, pero expresamente aprobó su uso contra los bárbaros y paganos. 

El incremento de la diferenciación política dentro de la Cultura fue el simple proceso orgánico para conformar las múltiples posibilidades del alma de la cultura Occidental. Todo este proceso era necesario orgánicamente, e incluso divinamente, ya que el alma de una Alta Cultura es una emanación directa de la mente creadora de Dios. El desarrolló desembocó con el rompimiento de la unidad religiosa de Occidente, en el Renacimiento, la Reforma y Contrarreforma. Este fenómeno, religioso de origen, nos muestra el significado verdadero de lo político: donde sea que una idea o movimiento suprapersonal ascienda en intensidad hasta el punto donde se involucre una cuestión de vida o muerte, entonces se convierte en político, independientemente de si su origen perteneciera a la esfera de lo no-político. A partir de ese momento, los competidores son Estados, organismos políticos, independientemente de cómo se denominen ellos mismos, y la manera en que el organismo se conduce es de manera política: dividiendo el mundo en amigos y enemigos; buscando el poder, y no la verdad; persiguiendo la alianza, la guerra y la negociación, y no la conversión y la salvación. Esta es la lección que nos dejan los siglos tanto de la Reforma como los del conflicto Imperial-Papal.

El acompañamiento al rompimiento de la unidad religiosa, que se convirtió a sí misma en una lucha política, fue el ascenso del Estado dinástico, y el inicio de guerras interculturales a grandes escalas entre los estados Occidentales. De nuevo, el proceso desunificador de la Cultura fue limitado. Las guerras inter-europeas que tomaron lugar estuvieron condicionadas con un gran Pacto, sentido y comprendido por todos, de que los Estados Europeos pertenecían al mismo mundo Cultural. En consecuencia estas guerras nunca procedieron al aniquilamiento político del oponente. Eran llevadas sólo hasta el punto limitado en donde la guerra se convirtiera en objeto de negociaciones, las cuales satisficieran ambos bandos.

La entrega de una franja de territorio, o el reconocimiento de una herencia, eran las cuestiones a las que se limitaban estas guerras interculturales. La escala de estas guerras dinásticas incrementó gradualmente, hasta que la forma dinástica llego a su fin, hacia el final del siglo 18, cuando una nueva forma de lucha por el poder intercultural emergió. Fue también durante estos siglos de política dinástica, con sus guerras limitadas, y su consecuente preservación de la unidad Cultural, que otro tipo de política, con otra forma de guerra, se introdujo entre la unidades políticas Occidentales y las fuerzas externas: La Política Absoluta.

Estas guerras no estaban condicionadas bajo la mutua afiliación a la Alta Cultura, ni la presencia de un código de honor en común, ya que el bárbaro y el pagano no compartían el sentimiento de las obligaciones de la caballerosidad Occidental. Las Guerras Husitas, 1420-1436, nos muestran la naturaleza de la guerra entre un pueblo perteneciente a la Cultura Occidental y un pueblo bárbaro. Por 16 años, los ejércitos husitas ocuparon largas áreas de Alemania, quemando, ultrajando, asesinando, destruyendo. Esta explosión de nihilismo eslavo estaba desconectada por completo con cualquier objetivo militar, y fue entonces una temprana expresión de lo que hoy llamamos Bolchevismo, el espíritu de negación y destrucción, donde sea que se manifieste, que clama por la aniquilación de todo lo Occidental. Durante los siglos del Gótico y el Barroco, fueron primordialmente Alemania y España quienes protegieron el cuerpo de Occidente, y lo salvaron de los horrores bárbaros, los cuales serán su destino, si es que las fuerzas externas prevalecen. 


LA PROCLAMACIÓN DE LONDRES.

martes, 13 de enero de 2015

Barbarie y civilización





Por Fernando Trujillo

“La barbarie es el estado natural de la humanidad. La civilización es antinatural; un capricho de las circunstancias. ¡Y al final, la barbarie siempre triunfara!”

Robert E. Howard


En la cultura occidental siempre ha existido una concepción dualista, dos polos o dos fuerzas que se complementan y al mismo tiempo se enfrentan, esta concepción se ha manifestado en el conflicto patriarcado-matriarcado, aristocracia-democracia, paganismo-cristianismo y por supuesto barbarie-civilización.
Este conflicto es uno de los más antiguos sobre la tierra, en el caso de occidente se ha venido dando desde los tiempos anteriores a la cristiandad y continua en la actualidad aunque la gran mayoría no lo quiere ver.
El hombre occidental moderno (el burgués, el lemming) cree que la barbarie es cosa del pasado, cree en la civilización como un progreso lineal hacia el paraíso en la tierra donde los avances tecnológicos y científicos le harán la vida más fácil.
Esta mentalidad es la que rige la civilización occidental moderna, que vamos superando el pasado, las religiones, que si legalizamos la hierba, el aborto, el matrimonio homosexual vamos a ir evolucionando hacia una utopía científica y pacifista.
Si crees todo esto déjame decirte que estas muy equivocado, estás viviendo en un sueño y tu despertar va a ser muy duro.
Nunca hemos superado el conflicto entre barbarie y civilización, continua muy presente en nuestros días y si no puedes verlo es que estas ciego.
Antes de continuar debemos responder a dos preguntas ¿Qué es la barbarie? ¿Qué es la civilización? Nuestro pensamiento asocia la palabra “barbarie” a una época salvaje, retrograda, sangrienta que está superada mientras que asocia la palabra “civilización” con bienestar, progreso, conformidad y derechos humanos.
Para el occidental moderno el Medievo, el imperio español y Roma son tiempos barbaros ya superados.
No obstante la mentalidad occidental moderna ignora que tanto la barbarie como la civilización son procesos orgánicos en la historia. La civilización surge de la barbarie y retorna a ella.

En los mitos de diversos pueblos en un principio existía el caos, un océano oscuro que no tenía forma ni vacío, entonces surgió un dios-diosa-dioses que dieron forma a este caos, el proceso de creación, la separación del mar y la tierra. En todos esos mitos siempre hay una batalla cósmica que antecede a la Creación, por ejemplo en el mito griego Zeus enfrentándose a su padre Cronos, en el mito cristiano con la caída de Lucifer y sus ángeles rebeldes y así podíamos continuar.
Estos mitos están presentes en el inconsciente colectivo de varios pueblos, el caos antecede a la creación, del caos surge la creación y en el mundo de lo real es similar, la barbarie antecede a la civilización y esta surge de la barbarie.
Los pueblos se ven reflejados en sus mitos y van repitiendo sus patrones, sus formas, el caos primordial es un reflejo del hombre primordial, el cazador, el asesino, el ser que iba arrastrándose del estado de primate a la condición humana.
En un principio el hombre era un cavernícola, sin lenguaje, solo vivía por la violencia como forma de sobrevivir un día más. Fue conociendo a otros de los suyos, matándose entre ellos pero también forjando alianzas, compañerismos, tribus.
Entonces se formaron las tribus, los clanes, los colectivos humanos unidos por intereses en común, por protegerse mutuamente. Esto no fue un indicio de civilización sino un comportamiento propio en las especies animales, el hombre como animal busca a los suyos, a los de su propia raza para formar manadas, un grupo con el cual se siente afín, con los suyos para viajar, cazar o enfrentarse a una tribu enemiga.
Fue esta la concepción de los pueblos barbaros, pueblos aventureros, errantes que se enfrentaron entre ellos, que enfrentaron a otros pueblos ya civilizados y arrasaron con ellos, fueron los barbaros quienes dieron forma e identidad a las naciones de occidente.
A través de la violencia, de dejar a su paso cadáveres tras cadáveres apilados, fueron el derramamiento de sangre y la rapiña con las que se forjaron los imperios, los estados, fue el nacimiento de las civilizaciones.
Los clanes itálicos fundaron la civilización romana, los vikingos varangios fueron los padres del estado ruso, los barbaros germanos cimentaron los reinos medievales.
Fue la barbarie la que engendro la civilización mediante la destrucción de un pueblo decadente y son estas civilizaciones las que en un determinado tiempo las que sucumben a esta barbarie. No es algo bueno, no es algo malo, es un proceso orgánico.
Esto fue lo que paso con la Roma imperial, ya envejecida, con su sangre agotada, entregada a sus vicios y depravaciones, ya no tenia la fuerza viril con la que se forjo, los clanes ítalos habían ya desaparecidos y solo quedaba una aristocracia enferma.
Fue entonces que llegaron los barbaros germanos, sangre nueva, hombres y mujeres con los instintos intactos que saquearon y finalmente destruyeron al decadente imperio. Roma surgió de la barbarie y cayo de nuevo en ella.
Los vikingos, los germanos, los visigodos, los vándalos fueron dejando atrás la barbarie para fundar los reinos europeos, el nacimiento de España, de Francia, del Sacro imperio romano germánico tuvieron su génesis en la barbarie.
Toda civilización tiene un ciclo de nacimiento, grandeza, decadencia y muerte que da pasó a un nuevo periodo de barbarie.
Esto también se puede ver en la sociedad de castas como las colonias europeas en América, en los Virreinatos de México y el Perú en los que la demagogia y el populismo incitaron al pueblo alzarse contra las castas más altas y generando la destrucción de la civilización.
Pocos recuerdan en México que Hidalgo (el mal llamado “Padre de la patria”) incito a una horda de indígenas, mestizos y zambos a asesinar a familias criollas y españolas provocando una barbarie que duraría once años y estancaría el progreso del país.
Esto sucedió en Haití donde la casta esclava de africanos se rebeló masacrando a la casta blanca, en las sociedades de castas llega un momento en el que las castas más bajas se rebelan contra las más altas destruyendo la civilización.
La barbarie siempre llega cuando una civilización está agotada, es un proceso orgánico, como si la vida misma engendrara esta barbarie para destruir aquello que esta moribundo.
En la actualidad se vive bajo una falsa ilusión de progreso y multiculturalismo, una visión irreal de los tiempos actuales en los que se cree superada la barbarie pero esto es solo la superficie. Occidente está en el mismo proceso de destrucción en el que se encontraron Roma y Grecia en su decadencia.
Los estallidos de violencia racial que suceden en Europa y América, la inmigración masiva, el yihadismo y terrorismo en las fronteras, una elite gobernante corrupto y decadente que controla occidente. Es claro que estamos en una civilización moribunda.
Spengler predijo lo que es la revuelta de los pueblos de color y actualmente lo vemos con la inmigración masiva a Europa, la tolerancia hacia la violencia y criminalidad, el debilitamiento tanto físico como espiritual del hombre occidental y el crecimiento en poder de los pueblos del tercer mundo.
En esta visión apocalíptica vemos una civilización desgastada, decadente, una sombra de lo que fue. Los conservadores y los críticos de la civilización nos advirtieron de esto, pero nos encontramos ya en un proceso irreversible.
Oponerse al matrimonio homosexual y a la legalización de la hierba no servirá de nada, la ruina de esta civilización no va a llegar, ya está aquí.
Los conservadores pelean por los escombros, por un pasado nostálgico, por recuperarlo en un acto de optimismo trágico, me imagino que en Roma hubo hombres que se opusieron a la decadencia pero eso no evito el asedio de los barbaros.
Sinceramente no sabemos qué va a pasar en un futuro pero ante el inminente avance de la barbarie lo único que queda es formar clanes, tribus, ya lo están haciendo en Estados Unidos con grupos de preppers, sociedades aisladas, motociclistas, ningún mesías ni ningún milagro salvaran lo que queda de occidente.   
Podemos especular, escribir, pensar en lo que sucederá, eso nadie lo sabe pero no se puede negar una verdad fundamental: la barbarie siempre ha estado presente, esperando el momento de despertar.


Enero 2015