"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 26 de mayo de 2015

La inquisición digital




Por Fernando Trujillo

Hace unos días las redes sociales se armaron de polémica por las declaraciones “racistas” de Lorenzo Córdova presidente del INE en el que hace unos comentarios bromeando sobre una etnia indígena.
A través de las redes sociales se hicieron memes, usuarios exigieron su renuncia, hablaron sobre la marginación de los indígenas y la importancia de su cultura—personalmente dudo que la mayoría sepa lo básico de alguna de estas culturas—y se hicieron comentarios contra el racismo. Todo este circo hipócrita propio de las redes sociales solo me hace confirmar que vivimos en una sociedad vigilada y con una inquisición digital.
Claro dentro de nuestros perfiles de Facebook, Twitter, somos personas cultas, optimistas, triunfadoras, humanistas pero esto es un disfraz, en el mundo real hacemos chistes de los indígenas, usamos las palabras “indio”, “naco” para referirnos a alguien y claro cuando a un personaje importante como es el caso de Córdova le sucede esto entonces sacamos nuestra doble moral, nuestro discurso hipócrita y defendemos una causa que no nos interesa.
Hace unos años sucedió algo similar con la atleta Yelena Isinbaeva que por unas declaraciones que se alejaban del discurso políticamente correcto de inclusión, fue insultada, criticada severamente por la inquisición de las redes sociales, toda esa masa de usuarios que detrás de un monitor esperan la oportunidad para agredir, violentar y ridiculizar a cualquier persona por un comentario, una broma o una decisión pública.
En todo este asunto de Córdova nadie vio lo más inquietante y es que independientemente de sus declaraciones, está el tema del espionaje telefónico, de la vigilancia en internet, de que como sociedad nos vamos acercando cada vez más al modelo orwelliano.
Todas tus conversaciones en Facebook son registradas, a través de tu celular, de tus cuentas en alguna red social, saben dónde estás, con quien estas, si estamos en una sociedad vigilada pero esto nadie lo vio, todos se fueron por la superficie.
Esta inquisición librepensadora no vio esto, solo les interesa atacar personajes públicos, insultar y crear memes pero sin conocer a fondo una cuestión o darse de aires de superioridad moral con sus conocidos y extraños.
Y esto al sistema político le funciona, crear un pan y circo para que las masas se distraigan y no prestar atención a lo verdaderamente importante.
Si haces un chiste sobre los homosexuales o sobre algún tema políticamente incorrecto y eres grabado, subido a youtube entonces tendrás a miles de usuarios insultándote, haciendo memes de tu persona, incluso llegando a investigar tus datos personales y los de tu familia todo por un comentario o una opinión propia.
Contrario a la creencia popular no estamos viviendo en una época de libre expresión o pluralidad de opiniones, estamos en una época represiva, en donde salirse de la línea de pensamiento te puede llevar a la cárcel.
Lo hemos visto en Francia—país que presume de defender la libertad de expresión—donde el comediante Diudonne ha sido condenado por los medios debido a su actitud antisionista, donde una persona que hizo una sátira de Charlie Hebdo está condenado a una pena de cárcel y en donde las redes sociales se han vuelto una inquisición digital condenando, burlándose y sacando todo su odio por una persona.
Esto lo pudimos ver recientemente con el caso del torero Saúl Jiménez que sufrió una cornada en el cuello, cientos de animalistas que predican la no-violencia y el amor por los animales se burlaban del hecho, pedían más sufrimiento y muerte de toreros, de la manera más vil—como solo la chusma sabe hacerlo—humillaba y se regocijaba con el sufrimiento de un ser humano.
También viene al caso recordar el caso de Gabriela una chica obesa que se suicidó y los usuarios de estas redes hicieron burla del hecho con memes y comentarios despectivos, mismos usuarios que hipócritamente dicen amar a los animales, indígenas y comparten fotos de niños obsesos y gatos mutilados.
Una vez alguien dijo—no recuerdo quien—que Twitter era el reino de los mediocres y resentidos, le falto agregar Facebook pero tuvo razón en esas palabras. En las redes sociales se ha gestado una inquisición conformada por una chusma de usuarios que creen tener el poder de juzgar y de condenar a cualquiera que haga una declaración impropia o diga algo que salga del limitado pensamiento de las masas.
El ser humano no ha cambiado, continua siendo una criatura hipócrita y prejuiciosa pero ahora cobardemente detrás de un monitor opina, juzga y difama sin tener alguna consecuencia. Nuevamente una nueva inquisición.
Desde que a las masas se les dijo que tenían el derecho de opinar o de decidir a un gobernante estas lo han usado para darse aires de superioridad, de creerse mejor que cualquiera, se etiquetan a sí mismos de ateos, animalistas, librepensadores, opinologos, humanistas pero a pesar de estos aires de intelectualidad que creen tener continúan siendo una masa ciega, seguidora de modas y dogmas.
Lo único que logran es vomitar su rencor y desahogarse de las frustraciones de una vida vacía mientras que todo lo que publican queda registrado, todo lo que opinan sin conocimiento no significa nada para este sistema.
El más grande logro de las redes sociales ha sido mostrar al ser humano tal como es—sobre todo al ser humano de este siglo—una criatura mediocre, irracional y cobarde que ataca por la espalda.
Esto es lo que es esa inquisición digital formada por los usuarios de estas redes, pan y circo que sirve para sacar sus frustraciones en un momento efímero pero que al final no sirve de nada.


Mayo 2015

lunes, 18 de mayo de 2015

Japón, de país samurái a país kawaii



Por Fernando Trujillo

Kawaii es un adjetivo japonés que traducido al español seria “lindo” o “tierno”, antiguamente este término se usaba para referirse a un bebe o a un animal que provocara una ternura en una persona. Actualmente esta palabra se ha vuelto parte de la corriente otaku, de la cultura pop japonesa y se ha vuelto viral en todo el mundo, siendo también asociado a los bronies.
La mercancía kawaii ha tenido una prevalencia en Japón donde incluso edificios de gobierno tienen estos adornos, las prefecturas tienen mascotas kawaii y en donde lo tierno es parte integral de la sociedad.
Un amigo dijo hace un tiempo de manera acertada cuando platicábamos sobre el suicidio ritual de Yukio Mishima “cuando murió el último samurái entonces nació el otaku” y no se equivocaba con esta afirmación.
Uno pensaría que la obsesión por el sexo, por el placer efímero es un fenómeno decadente que se da en el mundo occidental pero si vemos a Asia esta misma obsesión por el Eros se da en Corea del Sur y en Japón. Ambos países americanizados, ambos países con un modelo occidental como sistema de gobierno, ambos países tienen esta obsesión por la primacía del Eros sobre el honor y el deber que caracterizaba el espíritu samurái.
Japón en las últimas décadas se ha sumido en un culto a lo sexual, de una forma bizarra que sobrepasa las parafilias que se dan en el mundo occidental.
Su tecnología está enfocada al placer sexual, a satisfacer las necesidades primarias de su gente en este ámbito, animaciones sexuales, producción masiva de muñecas inflables con apariencia de adolescentes, comercios con meseros vestidos de colegiadas para el disfrute enfermizo de una población decadente, la producción del genero hentai que ha dado lugar a variaciones como el yaoi, el yuri, hasta el subgénero shotacon que incluye a jóvenes pre-púberes en relaciones sexuales.
Eso es la punta del iceberg en una cultura degenerada, un pueblo que ha pasado de ser un imperio a ser un país kawaii, occidentalizado y con un culto hacia el sexo más aberrante y hacia lo “tierno”.
Antes de continuar dejemos en claro que pese a esta degeneración el pueblo japonés tiene un gran manpower, es un pueblo que puede salir delante de las catástrofes, disciplinado y pulcro además de un respeto por el pasado que la globalización no ha podido borrar. Si ese espíritu samurái llegara a despertar volverían a ser una potencia a temer para el mundo.

Al igual que muchos chicos de mi generación crecí viendo anime, vi la serie de Dragón Ball, Mazinger Z, Escaflowne, Hellsing, Samurái X pero desde Japón ha llegado un tiempo de anime diferente al que veíamos de niños, un tipo de anime más “tierno” con personajes de sexualidad ambigua, mas estrongenizado.
Animes como Dragón Ball contenían buenos valores como la amistad, el honor, el pelear por tus ideales pero toda esta nueva oleada de anime y manga que ven los niños de ahora está plagado de personajes estrongenizados, fetichismo sexual entre niños y adolescentes, esto en Japón se lleva haciendo desde hacía años pero en lugares como Iberoamérica esta tendencia está llegando desde hace poco tiempos.
Un ejemplo es un manga de título “Rapeman” que habla de un superhéroe que viola mujeres en forma de venganza, escuche hablar de este manga en un capítulo de “La Ley y el Orden: Unidad de Victimas Especiales” pero no creí que fuera real.
En Japón Rapeman tiene una inmensa popularidad que ha dado lugar a seis películas, ovas y mercadotecnia. Solo un pueblo degenerado puede rendir culto a algo tan repulsivo como lo es el concepto de Rapeman.
Toda esta cultura del anime ha llegado a dominar la cultura japonesa, los personajes femeninos de ojos grandes y apariencia adolescente que están en los restaurantes, cafés, los personajes tiernos de ojos grandes que adornan edificios, los cosplayers adultos que se visten de niñas, feminización de figuras masculinas, de edificios, de la sociedad, un culto hacia todo lo femenino, hacia la homosexualizacion de la figura masculina, hacia la apología a la pedofilia. Japón como país ha llegado a un punto en el que sus peores patologías se proyectan en el anime y el manga.
Desde su derrota en 1945 Japón perdió su espíritu samurái, hasta el día de hoy no han podido superar el trauma de la bomba atómica que literalmente mato su ideal imperial. Con su derrota la figura del emperador perdió su divinidad, se implanto un modelo occidental basado en la visión americana y los derechos humanos, surgieron partidos de izquierda y con tendencias ultracapitalistas que iban desdeñando las antiguas tradiciones.
Mishima y el Tatenokai fueron una reacción contra esta brutal modernización y perdida de los valores samurái, propiamente aristocráticos y viriles. La toma del cuartel y el suicidio ritual de Mishima fue también el final de los últimos samurái y el inicio de una decadencia que al día de hoy ha llegado a un punto más alto.  
En el nuevo sistema educativo del país no hay himnos, banderas, culto al emperador y a los héroes y el concepto de la superioridad de la raza nipona. El japonés egresado de este sistema acepta todas las religiones, todas las razas, todo tipo de gobierno. Es decir un ser globalizado, un idiota multicultural sin identidad y sin concepto del honor.
Este nuevo sistema educativo (al que se le llama “educación valiente”) es una forma de por fin terminar lo empezado en 1945 con la bomba atómica, destruir el ya quebrado espíritu samurái. Se ha eliminado del sistema educativo todo este patriotismo pero se ha dejado la primacía de esta cultura kawaii.
La obsesión por lo tierno, por el color rosa, por lo otaku está presente desde Japón en el mundo occidental tomado por cantantes, artistas y por supuesto la comunidad otaku como estandarte de un pueblo moribundo que ha perdido todo lo que le hacía grande.
Todas las razas, culturas, sufren la oleada de la globalización, del plan de las oligarquías para destruir su alma y su identidad desde adentro. Algunos en menor o en mayor grado, en Asia tenemos estos ejemplos de Corea del Sur y Japón.
Japón ha pasado de ser el glorioso imperio del sol naciente, a ser un país que rinde culto a figuras de ojos grandes y semblante tierno.
Japón ahora es un país kawaii.

Mayo 2015



viernes, 8 de mayo de 2015

Baltimore y el conflicto étnico




Por Fernando Trujillo

“Rascad al hombre civilizado y aparecerá el salvaje”

Arthur Schopenhauer


La semana pasada la ciudad de Baltimore estuvo en los medios debido a una serie de disturbios, protestas violentas efectuadas en la ciudad debido a la muerte de un joven afroamericano a manos de la policía.
No vamos a analizar este detonante, este caso concreto, no vamos a decir si fue justo o si fue un caso de brutalidad policiaca, eso lo han hecho otras publicaciones. Lo que nos debe interesar es el aspecto social, el incendio que ha causado esta chispa: romper la ilusión de multiculturalidad, quitar la máscara a este dogma inquebrantable del Sistema y mostrar el choque étnico escondido tras capas de multiculturalismo.
Vemos la toma de las calles por parte de los afroamericanos, la destrucción de propiedades, la violencia vandálica, el incendio de autos y vemos a los blancos esconderse en sus hogares con el toque de queda.
Vemos a la policía antimotines, elementos del ejército llegar a contener a hordas de manifestantes negros violentos, vemos a los anglosajones escondidos en sus hogares, temerosos de salir en la propia ciudad que fundaron. Tras muchos años de que los medios decían que “el racismo estaba superado” o “ya no existe el racismo” este resurge con furia, con fuerza y con más odio que nunca.  
Porque el racismo es algo que nunca terminara, por más derechos humanos, adoctrinamiento, negar su existencia, es algo que es parte de la naturaleza humana, está en el código genético, esa desconfianza hacia el extranjero, hacia un color de piel diferente es parte de ese instinto humano anterior a la civilización.
Hemos negado ese instinto, nos hemos vuelto creyentes del dogma del multiculturalismo y hemos creado una ilusión que se esta desmoronando.
Estas revueltas no son algo nuevo en los Estados Unidos, hace unos años paso algo similar en Los Ángeles y recientemente con el homicidio de Trayvon Martin se temía que sucediera una ola de violencia y asesinatos raciales.
Muchos piensan que la liberación de O.J Simpson—cuando claramente era culpable—se debió también a motivos de esta índole, pues se quería mantener contentos a los afroamericanos.
Todos estos ejemplos nos hacen ver la fragilidad de la sociedad multicultural, de la farsa en la que viven las naciones occidentales.
Actualmente se vive el fenómeno que Spengler llama “La revolución de los pueblos de color” en el que estos han declarado la guerra a las naciones blancas.
Estados Unidos hace mucho dejo de ser una tierra de blancos, quien piense que los anglosajones son los dueños de ese país es que no sabe nada de lo que ocurre en realidad, solo cree lo que los medios de izquierda piensan.
Porque claro los grupos de izquierda apoyan a los afroamericanos de Baltimore (lo mismo hicieron en el caso Martin) porque ellos son “una minoría oprimida-segregada-pobre-victima-maltratados” y ahí está esa izquierda oportunista para dar su apoyo moral a su causa. Esta izquierda estadounidense que no sabe la problemática del hombre negro de los guettos (porque está conformada en su mayoría por blancos progres, hipsters, niños ricos de Beverly Hills que consumen cocaína en sus mansiones) sin embargo toma su causa como la suya por moda, por un sentimiento de culpa blanca.
Pero claro a los grupos de color no les importan toda esta burguesía progre ni la agenda multicultural de los gobiernos, para ellos las naciones occidentales son un botín en el que saben que tendrán derechos, vivienda, todo en bandeja de plata gracias a organizaciones de derechos humanos, grupos de izquierda y una oligarquía ambiciosa.
Lo que vimos en Baltimore es el choque de razas, una chispa del conflicto étnico ancestral que erróneamente creemos superado. Estados Unidos no es tierra de blancos, ni de negros, es un campo de batalla.

A principios de este año sucedió la matanza en la revista Charlie Hebdo que conmociono al mundo occidental, esto no es nada nuevo, la violencia racial contra los blancos se viene llevando a cabo en Europa desde hace años pero tras este hecho el mundo vio solo la superficie del problema para pasadas unas semanas olvidarlo.
Los disturbios en Baltimore y la matanza de Charlie Hebdo son síntomas de esta guerra étnica, de esta revuelta de los pueblos de color que en este momento azota a las naciones occidentales, los europeos esperan que el gobierno solucione esto, que el Frente Nacional llegue al poder para parar la inmigración masiva pero es el mismo gobierno el problema.
Los únicos que no están conscientes de este conflicto son los occidentales que viven tomándose sus selfies, viven predicando la tolerancia y los derechos humanos, preocupados por ser “open mind” y experimentar con su sexualidad al mismo tiempo que continúan pidiendo disculpas por sus “crímenes del pasado”.
Ahora este sistema político regido por oligarquías financieras, este sistema multicultural golpea a todas las razas por igual, arrebata las identidades de los pueblos, la inmigración masiva es un fenómeno que afecta a ambas partes, crea sociedades carentes de una identidad real de carácter tercermundista en donde el crimen, la sobrepoblación y la pobreza son parte de la vida diaria.
Lo que se está viviendo es una tercermundizacion a nivel global, eso está pasando en los Estados Unidos con Baltimore y ciudades como Detroid donde se puede ver claramente este fenómeno del que estoy hablando.
Lo que esos teóricos racistas “dementes” como William Pierce advirtieron hace años en libros, conferencias, sitios web se vuelve una realidad.
Lo de Baltimore es un prólogo a una escala de violencia racial más sangrienta, más violenta sin precedentes en Estados Unidos.
La historia se repite y hace unos doscientos años en Haití los habitantes negros se armaron contra la población francesa masacrándolos a todos, purgando todo rastro de sangre gala del país. Ese mismo horrible destino le puede deparar al mundo occidental.
Los gobiernos no van a solucionar nada, ni Le Pen, ni esos partidos de ultraderecha, la única alternativa es volver a la tribu.
Lo cierto es que el tiempo de las naciones, de los estados ha muerto, ha quedado en el siglo pasado y lo que retorna es el tiempo del tribalismo.
Abandonar la civilización, los gobiernos, reunirse en tribus, en clanes—como las gens romanas—en pequeños grupos bárbaros, cazadores, portadores de armas, familias tradicionales en Estados Unidos lo están haciendo, en Sudáfrica se encuentra Orantia como último bastión blanco.
La caída de la civilización occidental es algo inminente, los enfrentamientos raciales, la opresión del gobierno, la escala de violencia, el yihadismo es entonces cuando la tribu, el clan, el pelear por los tuyos, el formar grupos de supervivientes, el amor por las armas se convierten en la última defensa por sobrevivir.
La última alternativa es tribu o muerte, creer en salvar la civilización occidental es demasiado optimista, creer que vendrá un caudillo que hará despertar al pueblo es demasiado ingenuo, esos tiempos han terminado. El mundo del futuro pertenece al tribalismo.


Mayo 2015