"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 11 de junio de 2015

Una historia de fantasmas (I): El Boulevard




La historia que estoy por publicar es una novela corta que llevo haciendo desde el año 2011 y nunca he podido llegar a completar, la he retomado y luego la dejo, ya sea por escribir otros proyectos que tengo como prioridad, por cuestiones de trabajo o de escuela pero he decidido terminarla ¿Por qué? Porque creo que un buen escritor debe terminar sus proyectos y con “Una historia de fantasmas” en lo personal quiero hacer un experimento. Publicar una novela por entregas, algunas de las mejores obras de la literatura como Oliver Twist de Dickens o Miguel Strogoff de Julio Verne se publicaron de esta manera, Lovecraft y Howard publicaron sus obras más largas por entregas en la mítica Weird Tales. Espero que este experimento que haga de un resultado positivo, ya he publicado artículos por entregas (El Poder del Patriarcado y En defensa de la eugenesia) pero esta vez es un relato de ficción que narra una historia de terror, fantasía, apatía juvenil pero también de esperanza. Sin mas que decir sean bienvenidos a este relato llamado Una historia de fantasmas.

Fernando Trujillo

                                                         
Mi nombre es Jeremías Rodríguez
Morí siendo un adolescente
Pero no termino ahí.
Soy un fantasma
Esta es mi historia.
                                                                      

Kike estaba faroleando como era su costumbre, hablaba de aquella chica francesa con la que se encontró en un antro de Mérida la otra noche, en su versión el ligaba a la chica y pasaron la noche en una habitación de un motel barato.
Lo más probable era que conoció a una chica con la que bailo un momento y luego ella lo mando al diablo pero estaba agregando de su propia cosecha para tener algo interesante que contar a sus amigos a su regreso.
Todos sus amigos sabían que esa era la verdad sin embargo ninguno lo desmentía solo asentían a todo lo que decía.
Una típica noche de viernes sin nada que hacer, como siempre estaban reunidos en el boulevard tomando y fumando mientras platicaban, ningún tema de importancia solo cosas para pasar el tiempo.
-¿Y cómo se llamaba la francesa?—se le ocurrió preguntar a Cesar.
-Remy.
-¿No es nombre de hombre?—pregunto Juan de repente.
-También es nombre de mujer—replico Kike a la defensiva, temeroso de que su historia se fuera al carajo. Juan asintió sacando la cajetilla de su bolsillo. Le ofreció uno a Jeremías, a Salvador y a Fabio.
Una patrulla estaba pasando, Cesar escondió el vodka en la mochila cuidadosamente, cuando se fue prendieron los cigarros. Mauricio al que todos llamaban “Gusano” propuso que se fueran de una vez a Tequila pero no tenían dinero y si mucha flojera. Ahí en el Boulevard tenían trago y música a alto volumen, no necesitaban ir al antro.
Jimmy se sirvió un poco más de vodka, le sirvió un poco a Cesar en su coca y a Kike, ya se estaba acabando y casi era hora de que se dejaran de vender bebidas alcohólicas.
El único lugar cercano era con don Mariano que siempre les vendía trago de forma secreta, otra patrulla estaba pasando. Juan y Cesar saludaron a los oficiales con sus caras de niños buenos,  Cesar les dijo a los demás que se fueran a su casa que ahí podrían tomar tranquilos pero ninguno de ellos tenía ánimo. Se quedarían en el Boulevard como todas las noches en las que no tenían plan.
-Esto se está acabando—dijo Jimmy mostrando la botella que ya estaba menos de la mitad, sus amigos asintieron.
-¿Qué hacemos?—pregunto Kike.
-Voy con don Mariano por otra botella ¿Me acompañas Jeremías?—pregunto Salvador, Jeremías que habia estado callado toda la noche arrojo la colilla de su cigarro y asintió, no había nada que hacer ni aquí ni en ningún lado.
Cada uno de los amigos dio algo para la botella, se subieron al auto y Salvador puso a todo volumen a Calle 13. Jeremías odiaba el raggeton pero no dijo nada, sus amigos conocían su opinión y no les importaba, claro que a decir verdad a él tampoco le importaba lo que pensaran de él.
Salvador estaba hablando de la fiesta de Halloween que habría en Tequila, dijo que habría una fiesta de disfraces y que él se disfrazaría de Drácula, Jeremías asentía en silencio, haciendo un mohín de vez en cuando. El antro estaría lleno de tipos disfrazados del conde, no era para nada original pero se guardo sus palabras.
-¿Tú te vas a disfrazar?
-Nel, no pienso ir.
-¿Por?
-No tengo lana.
-¿No será por Marieke?
-Eso me vale madres—respondió a la defensiva. Salvador no dijo nada, era mejor cambiar de tema. Se estaciono a una calle de donde vivía don Mariano, se bajaron y tocaron a su puerta. Don Mariano pasaba de los cincuenta años, era un hombre bajo, con barba y gafas grandes. Se encontraba en camisa sport y shorts.
-¿Qué quieren?
-Una botella de vodka, de preferencia Oso Negro—dijo Salvador. El viejo puso una mueca de negación, Jeremías ya se sabía el teatrito, el viejo fingía negarse porque si los polis lo descubrían vendiendo alcohola menores le cerrarían el changarro pero luego accedía a vendérselos más caro de lo usual.
-Pues creo que me queda una botella pero les va a costar.
-¿Cuánto?—pregunto Jeremías.
-Setecientos pesos—dijo el viejo dejando a los chicos con la boca abierta. Siempre les cobraba menos de cuatrocientos pesos, aquello era un abuso.
-No vamos a pagar esa cantidad por una botella de vodka—replico Salvador. El viejo alzo las manos diciendo que era eso o nada. Jeremías le hizo un gesto a su amigo para que pusiera lo que faltaba y luego los demás se lo repondrían. Salvador entrego el dinero al viejo y este les hizo una seña para que esperaran.
-Hijo de puta—susurro Salvador.
Don Mariano regreso con la botella de vodka, les deseo buenas noches a los jóvenes con una mueca que reflejaba su cinismo.
Volvieron al Boulevard, ahí Salvador les contó molesto la cantidad que tuvo que pagar por una botella. Después de hacer su rabieta se calmo y continúo bromeando con el resto de sus amigos. Hablaban de la fiesta de Halloween, de los disfraces y de Tequila.
Jeremías se había alejado para fumar a solas, el mundo a su alrededor le parecía tan aburrido, todo era lo mismo dio tras día. No le interesaba la fiesta de Halloween ni el concurso de disfraces, ni Marieke ni la escuela. Habia decidido acabar con su vida y lo haría en la noche de Halloween.

© Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

Junio 2015


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