"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 18 de junio de 2015

Una historia de fantasmas (II): Marieke I

         


                                                  
    
(Segunda parte de Una historia de fantasmas, para ir a la parte uno pulsar en el enlace Capitulo I)

Jeremías se encontraba esa mañana de sábado en su computadora navegando por face sin mucho que hacer. Ninguna de las publicaciones de sus amigos le parecía en absoluto interesante sin embargo ¿Qué más había por hacer? No tenía ningún objetivo, sus asesorías le estaban aburriendo y lo rutinario de la vida se hacía cada vez más pesado.
A sus diecisiete años Jeremías era un nini al igual que muchos sus amigos, había sido dado de baja en la escuela por sus bajas calificaciones y se inscribió a la prepa abierta, lo cual era un pretexto para no tener que hacer nada.
Tomaba asesorías dos horas en la mañana, el resto del día se la pasaba en casa escuchando las mismas canciones en su Ipod, en face o en el parque con sus amigos.
El próximo año tendría que hacer el servicio militar pero no le gustaba la idea, no le gustaba seguir órdenes ni jerarquías. En general no le gustaba nada. Cesar le envió un mensaje por el chat de face, dio una palmada pequeña al escritorio por no haber cerrado el chat. Bueno ya lo habían visto, ninguno de los dos tenía algo que hacer así que Cesar le propuso ir al parque a pasar el rato.
Bueno en el parque no tenia que soportar las miradas reprobatorias de sus padres ni tener que aguantar a sus hermanas. Se puso una camisa con el logotipo de los Misfist, un pantalón corto de color caqui, un billete de cien pesos que tenía en un cajón, su Ipod y su patineta. Se puso los audífonos y puso a todo volumen la canción “Halloween” de los Misfist. Cerró la puerta y se subió a su patineta.
Mientras recorría la calle pensaba en su futura muerte, leyó todo lo referente al suicidio pero se había cuidado muy bien de no decir algo referente al tema o publicar un post suicida en face.
Había leído que hablar dando del tema seria una señal de lo que haría y tendría a todo mundo como moscas sobre él para disuadirlo y tratar de convencerlo de que la vida era un regalo, las clásicas cosas que le dicen a los suicidas.
Era seguro que cuando muriera todos buscarían una razón, un por que a la llamada “salida fácil”, se lo atribuirían a su fracaso en la escuela o al rompimiento con Marieke.
No existía una razón, nada de depresiones o problemas mentales, era su decisión esa era la única causa. Su vida no pertenecía a sus padres ni a Marieke, ni a nadie solo a él y había decidido acabar con ella.  
Estaba hastiado, estaba harto de vivir, no entendía cómo es que podía haber gente que podía seguir continuando con esas existencias tan vacías.
Cesar Vásquez estaba en el parque, estaba acompañado de Salvador y de Jimmy que tenía un refresco de cola, era seguro que tuviera unas gotitas de vodka dentro.
-¿Qué tal?—saludo dándole la mano a sus amigos.
Se subieron a sus patinetas y se pusieron a rodar en la pista, incluso algo que amaba como la patineta le estaba pareciendo aburrido.
Rolando y Guadalupe estaban ahí con sus patinetas, Laura y Natalia también estaban ahí sentadas en una banca con sus helados.
-Voy a tomar algo—le aviso a sus amigos. Se encontraban algunas familias congregadas en el parque, niños jugando, ancianos jugando ajedrez. El día estaba un poco nublado. 
Dos policías estaban apoyados en su patrulla tomando unos refrescos, un anciano estaba sentado en una banca mirando a su nieta jugar con unas burbujas.
En una esquina estaba Jaibo acompañado de Iván y Memo, Jaibo era un conocido vendedor de drogas de la región, siempre tenía mercancía en los bolsillos pero se cuidaba muy bien de que la policía no lo detuviera, de todos modos tenia algunos contactos en la policía que le podían hacer el paro en caso de ser detenido.
-Que tranza—saludo Jaibo.
-Que onda—devolvió el saludo Jeremías, ocasionalmente le compraba algo de su mercancía sobre todo hierba. Se habían conocido en la primaria pero nunca fueron amigos cercanos, su única relación era de negocios.
-Tengo un nuevo paquete por si te interesa.
-Luego ahora no tengo lana—respondió Jeremías caminando hacia la tienda, para su mala suerte ahí se encontraba Marieke acompañada de Lila. 
Marieke y Jeremías se quedaron viendo por unos instantes, ninguno tenía algo que decirse, tenía que admitir que todavía latía su corazón por ella pero cada día que pasaba la sentía más distante.
Se acerco al mostrador pidiendo un refresco de cola, cuando se dio la vuelta ella estaba en frente.
-Hola—saludo.
-Hola—le respondió sin mucho ánimo y queriendo irse de inmediato pero ella lo detenía, era una de las chicas más hermosas de toda la ciudad con su rubia cabellera y su rostro de muñeca. Su familia tenia muchos negocios de la ciudad, el padre de Jeremías era abogado de su padre, su familia era descendiente de austriacos y todas las mujeres pertenecientes a ella era de una belleza abrumadora. Se conocieron en la primaria como la mayoría de los chicos de la ciudad, terminando la secundaria comenzaron a salir y pronto se hicieron novios.
-¿Qué has pensado sobre nosotros?—pregunto Marieke, la última vez que habían hablado fue hace una semana pero decir hablar seria un eufemismo para la pelea que tuvieron en aquel entonces. Ella odiaba lo apático y desinteresado que era Jeremías.
-No tenemos nada de qué hablar—dijo bruscamente soltándose de su brazo,  le dolía el verla y el escucharla.
Todo se había ido al diablo hace mucho pero lo más doloroso fue lo que paso, ella quería que el fuera otro tipo de persona, que estudiara derecho en la facultad de Mérida pero él no quería nada de eso. Los primeros días fueron buenos, iban al cine, al parque, la invitaba a algo de comer pero luego todo comenzó a ser más monótono, el perdió el interés no solo por ella sino por la vida rutinaria.
Cuando comenzaron su noviazgo los padres de ambos estaban felices, sus padres decían que ella era la mujer ideal y que encausaría a Jeremías a dejar la vida de nini, los padres de ella decían que era un buen muchacho aunque en el fondo sabia que el padre lo aborrecía y sabia que ellos preferían a un tipo como Arturo Larios  y efectivamente este era el consuelo de Marieke ahora.
-Esto no debió terminar así.
-Fue tu decisión.
-Si tan solo te esforzaras….
No estaba de humor para verla, no quería volver a escucharla, la tenía en su cabeza todo el tiempo, recordando los momentos hermosos y recordando los fracasos, era más doloroso recordar lo bueno porque el sentimiento de fracaso se hacía más fuerte, pesa más sobre uno mismo, tenerla cerca le hacia daño.
-Sabes que…..solo vete…..vete con Arturo y a mi déjame en paz—no la miro, si lo hubiera hecho le diría cosas más crueles, la llamaría puta y otros insultos para humillarla, quería hacerlo, podía hacerlo pero no lo hizo, no la iba a lastimar.  Marieke no dijo nada, lo miraba entre triste y molesta por su indiferencia, por no verla a los ojos, Lila la jalo del brazo para alejarla de aquel doloroso momento.
Jeremías tiro el refresco y corrió, había sido demasiado, todo aquello había llegado al límite y exploto. No le importaba lo que pensaran de él, al cabo que pronto estaría muerto.  



© Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

Junio 2015

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