"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 30 de junio de 2015

Una historia de fantasmas (III): El final



         (Tercera parte de Una historia de fantasmas para leer capítulos anteriores pulsar en I y II)

La noche de Halloween había llegado, eran las nueve y sus padres estaban fuera, todo mundo estaba en face haciendo comentarios sobre la fiesta en Tequila y algunos otros subían vídeos de relacionados con el tema del terror como Jaime el dueño de una tienda de discos de black metal que subió un par de vídeos de Mayhem (No Mosh, No Cover and No Fun), una tía de Mérida puso un  mensaje que pretendía ser gracioso pero que le pareció estúpido. Dos días después del pleito con Marieke no había salido de su casa excepto claro a las asesorías pero de ahí nada, se sentía apenado por la discusión del sábado pero no tenía más que hacer.
Leía las publicaciones, tenía mensajes de Cesar y Juan pero no presto atención a ninguno. No estaba interesado en nada, era su última noche y quería pasarla escuchando a Nirvana todo el día.
Gusano escribió a su muro para preguntarle si iría, no respondió, el álbum de “Nevermind” había terminado y lo puso de nuevo desde el principio.
Se le ocurrió entrar al muro de Jessica la mejor amiga de Marieke para ver si escribió algo respecto a ellos. Solo había un post en el que decía que iría a Tequila acompañada de Arturo. Hizo una mueca de desagrado.
Se imaginaba que todo lo que Marieke le contara a Jessica seria personalmente o por inbox, no lo escribiría en el muro para que todos lo vieran.
Habían surgido los celos al leer que iría con Arturo Larios, Arturo era todo lo contrario a lo que él era. Futbolista estrella, alumno ejemplar, tenía como principal meta estudiar política en la capital, lo que México necesitaba otro político más pensó con amargura.
Se metió a bañar, si iba a matarse quería estar limpio primero, abrió la regadera mientras pensaba en los momentos felices con Marieke. Cuando fueron a la feria, cuando iban al cine, tomando un helado en la plaza o jugando en el boliche. No todo había sido tan malo después de todo, al tener este pensamiento se resistió a seguir pensando en ella eso podría generarle cambiar sobre su idea del suicidio.
¿Qué futuro le esperaba? No tenía ninguna idea de lo que iba a hacer de su vida, no quería integrarse a la sociedad, no quería estudiar una carrera ni ser padre de familia. No quería nada de la vida, ya ni siquiera la música o la patineta le causaban placer.
Sus pensamientos se detuvieron al percatarse de que alguien había apagado su Ipod, salió de la regadera con la toalla y vio a Ximena acostada en su cama.
Ximena era su hermana mayor, dos años mayor que él, estaba en el último año de preparatoria y pensaba estudiar derecho, estudiaba la carrera por que era el sueño de su padre, así le dejaría el despacho cuando se jubile.
-¿Qué haces aquí?—pregunto. Esperaba que no haya descubierto las pastillas.
-Viéndote—le respondió con tono de sarcasmo.
 La ignoro y fue a encender de nuevo su Ipod, lo menos que quería en sus últimas horas era tener que lidiar con su hermana.
-¿Vas a ir a la fiesta?
-Sabes que no.
-Eres un amargado. El que Marieke te haya mandado al carajo no es el fin del mundo—todos creían que esto era por ella. Le parecía patético.  Quería que lo dejaran solo, que no lo molestaran ¿Era eso mucho pedir?
-Solo quiero que me dejen en paz.
-Eres un perdedor pero lo más triste es que eres un perdedor que se auto-compadece—le dijo con tono burlón. Jeremías agarro un vaso de plástico que estaba sobre su escritorio y se lo arrojo, su hermana se levanto haciéndole la seña del dedo y cerrando la puerta de un golpe. Estaba harto de ellas, de sus padres, de Marieke y de todo lo que le rodeaba.
A la única a la que extrañaría seria a Gaby su hermana menor, le tenía mucho cariño y esperaba que estuviera bien, lloraría por su muerte pero la superaría.
Puso seguro a la puerta y arrojo la toalla a la cama, se puso unos bóxers, una camisa de Nirvana y unos tejanos. Por último se puso su tenis, recogió la almohada y la arrojo al cesto que estaba en el baño.
En su Ipod puso ahora a Sonic Youth, siguió mirando su face, mirando el estado de Cesar en el que decía que tenía una botella de vodka en el auto.
Desactivo su cuenta y abrió un documento Word para escribir su nota, lo pensó un momento, no sabía cómo despedirse del mundo. Habia practicado en su mente durante la semana sin embargo ahora no se le ocurría nada.
Se levanto para ir a la cocina, esperaba a que Ximena ya se hubiera ido, no quería pelearse de nuevo. Se sirvió un vaso grande de agua y regreso a su cuarto, saco las pastillas del  cajón y abrió la bolsa. Se sentó de nuevo y esta vez tenía una idea de cómo sería su despedida:

31 de octubre de 2011
Para quien la encuentre:
Mi nombre es Jeremías Rodríguez  y si has encontrado esta carta significa que estoy muerto, hace unas semanas tome la decisión de quitarme la vida y elegí esta noche para hacerlo.  ¿Por qué? Se preguntaran, bien no tengo una respuesta concreta de por qué hice esto solo puedo decirles que no hay futuro para mí y para los que son como yo.
Mi generación está condenada al fracaso, he visto a toda la gente de mi edad drogada, alienada, deprimida y enojada, he descubierto que pase lo que pase todo seguirá igual, creceremos, tendremos un bonito diploma si es que llegamos a graduarnos por supuesto, tendremos un trabajo de porquería y una familia de mierda.
No quiero nada de esto y sé que mi generación aborrece tal idea aunque no se atrevan a admitirlo.  Esta vida es demasiado controlada, mecanizada, rutinaria, tan aburrida y no encuentro un escape a ella (o al futuro), no quiero ser un padre de familia ni un abogado como  mi viejo. No quiero ser nada.
No sé como sea la muerte, no sé si llegare a un cielo con ángeles tocando el arpa o a un infierno con un diablo rojo riendo malévolamente, no lo sé pero la muerte puede dar esa libertad que tanto he buscado.  
Posiblemente busquen una explicación a mi muerte, mi papa dirá que quería llamar la atención, mis maestros dirán que “pudieron hacer algo” y mis amigos dirán que fue el rompimiento con mi novia.
Mama no llores no fue tu culpa, papa no soy el hijo que querías, Ximena creo que te voy a extrañar y Gaby te dejo mi Ipod, mis discos, todo lo que está en mi cuarto es tuyo así que viejos no vendan ni se desahogan de algo que hay en esta habitación.
No busquen explicaciones, esta fue mi elección, en esta vida uno no elige a que raza pertenecer, en que familia nacer, no elige nada pero puede elegir de que manera puede morir y he tomado la decisión de quitarme la vida.
Me despido y que disfruten la vida o lo que sea a lo que llamen vida, no pido un altar o que vayan a rezarme. No pido nada al fin que ya estoy muerto.

Atte

Jeremías

Leyó un par de veces más la carta y dijo que así estaba bien, la imprimió y la doblo poniéndola debajo del reproductor.
Puso en el Ipod la canción “Smell like teen spirits” cantada por Tori Amos, amaba esa versión y quería que fuera lo último que escuchara.
Se acostó en la cama y se tomo las pastillas de un solo trago, se convulsiono, sentía que se estaba ahogado y que perdía el conocimiento. Esto era morir, no era muy agradable pero esto pasaría y entonces a lo que sigue sea lo que sea.
Diez minutos después de haberse tomado las pastillas Jeremías se quedo mirando el techo y luego la puerta, su visión se hacía más borrosa y sintió que todo terminaba. Sintió que ya no podía mover las manos, ni los pies, ni podía hablar. Imágenes vinieron a su mente, imágenes de su infancia, sus amigos, Marieke, Gaby, las visitas a Mérida y a Campeche, eso que dicen de que antes de morir ves tu vida pasar era cierto, sentía que escuchaba el tema de los “Años Maravillosos” y su vida se extinguía.

Así fue como Jeremías Rodríguez de diecisiete años de edad, abandono el mundo de los vivos.

© Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

Junio 2015

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