"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 31 de julio de 2015

Una historia de fantasmas (IV): Adela Ventura



(Ir al Capitulo III)

La psicóloga del colegio había pasado quince minutos con Gabriela Rodríguez sobre la muerte de su hermano. En realidad ella era la única que hablo haciendo las preguntas de siempre “¿Cómo te sientes?”, “¿Quieres hablar de eso?” no obstante la niña no quiso hablar, permanecía callada volteando su vista hacia el unicornio de plata que estaba sobre el librero.
Carolina Martínez se habia graduado de psicología hacia dos años y aquel era su primer año en la escuela como psicóloga, los niños a los que atendía eran en su mayoría chicos problemáticos o con timidez . La mayoría de ellos inventaban historias fantasiosas sobre sus vidas y ella los escuchaba sin mucho ánimo.
Le hizo por tercera vez las preguntas de rutina, esta vez su voz sonaba un poco más apática que al principio de la sesión. Gaby respondía haciendo un gesto negativo.
-Cariño cuando quieras hablar de eso aquí estoy para escucharte, somos amigas—dijo la psicóloga despidiendo a Gaby de su oficina, la niña había entendido el eufemismo “Lárgate mocosa y no me hagas perder el tiempo”,  quince minutos escuchando a esa tipa que presumía su cargo diciéndole que eran amigas, cuando en realidad a ella le importaba un comino los sentimientos de los niños.
Cuando salió de la oficina sonó el timbre del recreo, Gaby se sentó en una banca mirando al suelo. Habían pasado tres días desde que Jeremías se suicido, su mama se la pasaba llorando mientras que su padre estaba encerrado en su cuarto después del trabajo, fueron sus padres quienes habían encontrado el cuerpo de Jeremías en la cama inerte, recuerda que su madre grito y rompió a llorar mientras que su padre agarro el teléfono para llamar a una ambulancia. Ximena estaba en una fiesta de Halloween en Tequila, Gaby se acerco al cuarto de su hermano y vio a su madre llorando sobre el cuerpo de Jeremías.
A sus once años ya sabía lo que era la muerte, sus padres y el párroco se lo habían explicado cuando era más chica. Sin embargo nunca había visto un cadáver como el que vio esa noche, sabía que Jeremías se suicido aun antes de que sus padres hablaran con ella, al ver a su hermano muerto comenzó a llorar. Su papa la abrazo y la aparto de la recamara cubriendo sus ojos.
Ximena fue la última en enterarse, llego como a las dos de la mañana a su casa y su padre le dio la noticia. Gaby quien estaba acostado tratando de conciliar el sueño escucho cuando su hermana rompió a llorar.
El funeral fue el dos de noviembre, durante el Día de Muertos, Gaby pensaba que Jeremías había escogido estas fechas a propósito para dar fin a su vida, un pensamiento que nunca le diría a sus padres.
Visitas iban y venían a la casa a dejar un asado o un pastel en señal de condolencias, sus tíos de Campeche que solo se aparecían cuando necesitaban dinero ahí estaban para “compartir” su dolor, Gaby pudo notar su falsedad desde la primera palabra.
La muerte de su hermano trastorno todo, la noche de ayer escucho como su mama culpaba a Marieke de su muerte, la familia de Marieke había ido al funeral antes de que su madre llamara perra a la ex novia de su hermano y se fueron.
Nadie pensaba que esto iba a pasar, Gaby pensaba que esto era el equivalente a despertar un día y no encontrar el sol o salir de tu casa y que pasara algo que cambiara todo. Esto era algo que rompió con su mundo rutinario, estaba acostumbrada a ver a su hermano, a escucharlo discutir con su padre y con su hermana. La gente que iba a casa a dar sus condolencias le decía a su madre que la vida sigue, lo mismo que dicen cuando alguien muere y si la vida sigue lo que no entienden es que ya nada es igual.
Se paró de la banca caminando a un sitio más solitario, un lugar donde no escuchara a los otros niños jugar, quería estar solo los pocos minutos que faltaban de recreo.
En la cancha estaban jugando futbol, podía escucharlos patear el balón e insultar, escucho como Miguel Pérez se puso a discutir con uno de los hermanos Borges por algo que a decir verdad no le interesaba,  tal pareciera que un poco de silencio era demasiado pedir.
-Hola—escucho una voz, volteo a ver y apoyada en la pared estaba Adela Ventura a la que todos apodaban Bruja. Estaba fumando y hojeando un libro de cuentos de Lovecraft.
-Hola Adela—devolvió el saludo. Adela se caracterizaba por ser una chica antisocial, tenia doce años e iba en su mismo salón. Tenia algo intimidante, una mirada oscura y penetrante, a pesar de su corta edad mostraba una madurez e inteligencia nada habituales en los chicos de su edad (una maestra afirmo que ella podía estar en una escuela para superdotados, si hubiera una en Chetumal), tenia la piel pálida, algunas pecas en el rostro y el cabello castaño, no le gustaba relacionarse con los otros niños (a los que consideraba tontos) y vivía par sus lecturas, apartada de todos los demás. los otros niños le tenían miedo y le rehuían.  Nunca se habían dirigido la palabra hasta ahora.
-Lamento lo de tu hermano, debe ser perturbador el que se haya suicidado—dijo Adela, por alguna razón pensó que eso fue el pésame más sincero que escucho en esos días.
-Gracias—respondió, Adela le ofreció un cigarro. Nunca antes en su vida habia fumado pero nunca antes un hermano se habia suicidado. Tomo el cigarro y se lo puso en la boca, Adela lo prendió, le dijo que respirara hondo y exhalara el humo.
Miro por detrás para ver si no se acercaba una maestra, hizo lo que Adela le indico, respiro hondo sin embargo termino tosiendo.
-Con la práctica mejoraras—dijo Bruja.
-Me imagino—respondió volteando de nuevo. Si era descubierta le esperaría un fuerte regaño en casa y las cosas no estaban para un reporte.
-¿Te gustaría contactar con tu hermano?
-¿De qué hablas?
-Hablo de necromancia, invocar a los muertos—respondió Adela. Gaby creyó que le estaba tomando el pelo no obstante quería volver a ver y hablar con su hermano para decirle todo lo que no le dijo cuando estaba vivo.
-Eso no es posible.
-En esta vida y en la otra todo es posible.
-No lo sé—respondió Gaby cuando sonó el timbre que indicaba el final del recreo, Adela arrojo la colilla de cigarro.
-Piénsalo y me buscas—dijo Adela. Caminaron hacia el salón, aunque la idea de invocar a los muertos resultaba aterradora, también resultaba tentadora como para ser ignorada.

Julio 2015

 ©Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

Imagen sacada de Little Witch of Greenwich 









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