"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







domingo, 9 de agosto de 2015

Una historia de fantasmas (V): Bienvenido al Purgatorio




Jeremías despertó en su recamara, tenía un fuerte dolor de cabeza y sentía que su estómago estaba revuelto. Tenía nauseas, sentía que había vomitado y al mismo tiempo se tragó su propio vómito, ese pensamiento le dio asco.
Miro a su alrededor, estaba en su cuarto, estas eran sus cosas, su computadora, sus afiches, su cama, pensó que su muerte fue frustrada pero tenía algo diferente. Si su suicidio quedo en un intento ¿Por qué no despertó en un hospital? ¿Dónde estaban sus padres y los médicos? Se paró mirando cada una de sus cosas, abrió un baúl donde escondía sus revistas Maxim, H para Hombres, Penthouse, todas estaban ahí intactas. Miro su computadora, la prendió pero no funcionaba. Agarro el control de la televisión y la encendió, vio el comedor de su casa, su mama estaba sentada tomando un café. Se veía que acababa de llorar.
Ximena entro y abrazo a su mama, ambas estaban llorando, las dos vestían de negro, a pesar de que la pantalla estaba en blanco y negro podía ver que estaban de luto. No podía escuchar lo que decían pero por sus gestos podía ver que Ximena estaba consolando a su mama. La escena lo devasto.
Apago la televisión, se paró de su cama nuevamente dando vueltas por su habitación, no le quedaba ninguna duda de que estaba muerto pero si así era ¿Dónde se encontraba?
Dudaba de que este lugar fuera el Cielo y si lo era entonces lo engañaron descaradamente en el catecismo, pensó entonces que se encontraba en el Infierno, el padre Díaz les contó que los suicidas van al Infierno. No obstante a diferencia de la idea de Infierno que le sembraron cuando era niño aquí no había demonios ni fuego, solo era su cuarto. Cielo o Infierno esto era una mierda pensó.
Entonces se preguntó sobre lo que había detrás de la puerta, se sentó en una silla pensando en abrir o no la puerta. Tenía mucho miedo de lo que pudiera encontrar ahí, pensó que tal vez estaría Satanás esperándolo pero aquel era un pensamiento demasiado infantil, claro que tampoco estaba San Pedro esperando para llevarlo al Cielo.
No tenía idea de lo que iba a hacer, pensó que la vida era una mierda pero la muerte era una mierda también ¿Tendría que pasar la eternidad en su habitación? Continúo dando vueltas por su habitación sin saber que hacer ahora, en definitiva no quería quedarse encerrado en esta copia de su cuarto por siempre.
Miro la puerta, sea lo que sea tenía que abrirla, pensó que no podía ser peor que quedarse encerrado aquí. Toco la manija y la abrió lentamente. Tenía los ojos cerrados, cuando abrió la puerta por completo se encontró con un pasillo.
Dio un paso afuera encontrándose con otras tres puertas junto a la suya, vio que en su puerta estaba su nombre y su apellido, camino por el pasillo buscando algún indicio de donde se encontraba.
Había otras puertas con nombres, no creía que fuera buena idea tocar a la puerta, pensó que a los muertos no les gustaría ser interrumpidos.
Vio una sombra en un pasillo, fue caminando hasta encontrar con un elevador, una gran ventana que daba a una ciudad que desconocía y a una mujer que mirada el paisaje mientras fumaba un pitillo.
-Hola—saludo Jeremías.
La mujer se dio la vuelta, vestía un abrigo rojo de seda, falda, una boina francesa y unos zapatos de tacón rojos, tenía ojos azules y el cabello castaño largo y hermoso.  El termino guapa sería muy poco para describir a esa mujer, era bella, su rostro era perfecto, su hermosura superaba a Michelle en todo sentido pensó Jeremías.
-¿Eres un ángel?
La mujer se rio por la pregunta. Jeremía se sintió un tonto al haberla formulado.
-Se ve que eres nuevo. Mi nombre es Remy ¿Y tú cómo te llamas niño?—tenía un acento francés, entonces después de todo Kike tenía razón y el nombre Remy también era usado por mujeres. Jeremías se presentó.
-Es un placer conocerte Jeremías.
-¿Dónde estamos?—pregunto acercándose a la ventana, habían grandes edificios que lucían en ruinas, el cielo era nublado, a Jeremías le recordaba a las primeras escenas de la película “Cabeza borradora”, el mismo ambiente decadente e industrial.
-Estas en el Purgatorio niño ¿No era lo que te imaginabas?
Jeremías hizo un gesto negativo.
-Déjame adivinar, pensaste que al morir terminaría la decepción y el dolor ¿Cierto?
Jeremías asintió.
-Lo mismo pensé unos segundos antes de morir y desperté en la recamara de mi apartamento, vestida con la misma ropa con la que morí. La vida y la muerte son una verdadera mierda ¿No crees?
-Lo son—admitió Jeremías observando el desolador paisaje. Así que iba a pasar toda la eternidad en este lugar, se sintió abrumado por la tristeza y unas lágrimas recorrieron sus ojos. Remy lo abrazo para consolarlo.
-Tranquilo niño hay que resignarse a la idea de que aquí pasaremos toda la eternidad. Hace mucho que me resigne—por las palabras de Remy supuso que eso les pasaba a todos los que se despertaban por primera vez en el Purgatorio.
Se imaginó la Nada, el descanso, no volver a pensar ni a sentir pero nada como lo que le estaba pasando.
-Ven vamos a mi habitación ¿Te gusta el ajenjo?
-Nunca lo he probado.
-Siempre hay una primera vez para todo incluso después de la muerte—respondió Remy con un gesto alegre. Caminaron unos pasillos hasta encontrarse con una puerta en donde estaba el nombre de su nueva amiga.
Al abrirla Jeremías se encontró en una habitación elegante, había unos dos cuadros de Tolouse-Lautrec en la pared, una cama desordenada, una botella de ajenjo y una botella de ron, un tocadiscos y unos discos de viniles.
-¿Te gusta?
-Sí.
-¿Cómo moriste?—pregunto de pronto, sintió que no debía de haber hecho esa pregunta, Remy se sentó en una silla que estaba en un rincón. Sonrió pero esa sonrisa estaba desprovista de alegría, Jeremías podía deducir que esperaba que le hiciera esa pregunta tarde o temprano.
-Mi amor mi historia empieza en Paris a finales de los cincuenta, era una estrella en ascenso, había sacado a la venta dos álbumes que puedes ver en esta habitación. Era llamada “La Voz de Francia”, algunos me llamaban diosa y otros me llamaban ángel—en este punto puso un disco en el tocadiscos que empezó con una canción que sonaba melancólica con claros sonidos jazz, recordaban a la época dorada de los cabarets, de la bohemia y de una belleza decadente.
Jeremías recordó los poemas de Arhur Rimbaud y pensó en la música de Remy, sus canciones le recordaban esa poesía extraña y sensual.
Remy se levantó haciendo movimientos de danza, mientras más iba su voz cantando a través del tocadiscos, ella bailaba al son de su propia voz. Jeremías sentía que estaba teniendo una erección al mismo tiempo que la veía bailar. ¿Quién diría que después de muerto siguieras sintiendo deseo? 
-Saque mi tercer álbum en 1961 pero para esa época me sentía desilusionada, me habia hecho adicta a la heroína, por mi cama habían pasado los hombres y las mujeres más bellas de toda Francia pero me sentía vacía—dijo fumando todo su pitillo y exhalando el humo, Jeremías tenia deseos de besar esa boca.
-Una mañana de marzo de 1962 decidí terminar con todo en esta habitación y me corte las venas…...los vecinos me encontraron tres días después…...morí con tan solo veintisiete años pero me convertí en una leyenda, mi música es inmortal, mi rostro esta en las revistas musicales de moda, tengo club de fans en todas las rede sociales ¿Valió la pena? Si lo valió después de todo porque creo que soy inmortal—dijo al mismo tiempo que la primera canción del tocadiscos terminaba.
-¿Y este es el precio? ¿Vivir eternamente en la misma habitación donde moriste?—se mordió la lengua pensando que había sido grosero. Remy se sentó a su lado, no parecía ofendida.
-Te acostumbraras niño—le dijo dándole un beso en la mejilla, le invito uno de sus cigarros, tomo una mientras seguía escuchando el álbum. Era muy triste pero de esa tristeza que resultaba bella, no entendía el francés pero por el tono de voz y el sonido de los instrumentos podía decir que trataban sobre el dolor de existir.
Remy le paso el álbum que tenía por nombre “Les petites filles mortes” (Las niñas muertas) y tenía siete canciones, la primera que escucho se llamaba “L'amour qui naît mort” (“Amor que nace muerto) y tenía en la portada el rostro de Remy en blanco y negro con el cabello ocultando el lado izquierdo de su rostro. El álbum estaba que salió a la luz en noviembre de 1958 estaba dedicado a su hermana Stefy que había muerto en un accidente de tráfico cuatro años atrás y a la que habia dedicado la tercera canción llamada “Stefy” en donde hablaba de cómo su padre abuso de ella.
-Tienes una voz hermosa.
-Gracias.
Tomo el segundo álbum que tenía por título “l'arcoiris” (El Arcoiris”) que vio la luz en la primavera de 1960 y tiene como portada un dibujo de una mujer desnuda sentada en posición de loto y un arcoíris detrás de ella.
-El dibujo es mío. Hice como 50 dibujos.
El tercer y último álbum tenia por título “les créatures célestes” (Criaturas celestiales) y la portada era otro dibujo de Remy en el que estaban dos chicas desnudas agarradas de las manos y con alas de mariposa. El álbum salió a la venta a finales de 1961 y estaba dedicado a Mao Tseng Tsung y su revolución cultural.
-Fui marxista cuando estaba viva….me perdí Mayo del 68—dijo con ironía.
Tocaron a la puerta, Remy dio permiso de que pasaran, entro un muchacho con una camisa blanca sucia y sin mangas, chanclas y pantalones de mezclilla rotos, saludo a Remy amistosamente y luego estrecho la mano a Jeremías.
-Qué onda carnal mi nombre es Ladrón ¡Bienvenido al Purgatorio!—dijo dándole un abrazo por lo que podía ver era mexicano.
-Me llamo Jeremías….mucho gusto.
-¿De dónde eres?
-De Chetumal.
El rostro de Ladrón se ilumino.
-Otro mexicano que chévere, yo era chilango pues de ahí del DF carnal.
-¿Por qué te llaman Ladrón?
-Pues porque era ladrón carnal y por qué olvide mi primer nombre chale—dijo rascándose la cabeza, se dio la vuelta y Jeremías miro estupefacto un hoyo de bala que tenía en el cráneo con los sesos de fuera.
-¿De qué año eres?
-2011.
-¿Ganamos en Francia?
-Perdimos contra Alemania.
-Chale que mala pata ¿Sigue el PRI?
-Eso termino en el año 2000, ahora tenemos al PAN en el poder.
-Oras ¿Y qué pasó?
-Todo sigue igual.
-Ni pex. 
-¿Ya están todos reunidos Ladrón?—pregunto Remy interrumpiendo la charla cultura, el asintió. Ambos invitaron a Jeremías a una partida de cartas. No tenía nada que hacer por supuesto, accedió levantándose de la cama.
Caminaron por el pasillo hasta llegar a otra puerta que quedaba a la derecha de donde estaba la de Remy, el nombre de esa habitación era Kyle Baker, ese debía de ser el inquilino. Remy toco la puerta y cuando una voz masculina le dio permiso de que abriera se encontraron en una recamara que a Jeremías le pareció idéntica a la suya.
Había una mesa con tres ocupantes, un chico rubio que debía ser Kyle el cual tenía una camisa de manga larga verde con rayas rojas y pantalones rotos, una muchacha rubia con una camisa en blanca con la bandera del Reino Unido y el tercero era un muchacho el cual estaba todo vendado pero usaba una camisa gris sin mangas y tenía los ojos oscuros.
-Te presento a Kyle, Brittany Hanson y el es Oz—dijo Remy presentando a cada uno y luego presentando a Jeremías al grupo. Todos le dieron la bienvenida y le pidieron que los acompañara, Jeremías se sentó junto a Remy y Ladrón.
-¿De dónde eres?—pregunto Kyle.
-México ¿Y tú?
-Minnesota.
-Yo soy de Londres y Oz es de Irak—dijo Brittany con tono jovial, Oz asintió a lo que dijo la chica.
-¿Cómo moriste?—pregunto Kyle curioso mientras repartía las cartas.
-Me suicide—respondió Jeremías, Kyle asintió sin mostrarse sorprendido, ninguno en la sala se mostraba sorprendido sobre su respuesta.
-Yo tenía una banda de rock llamada “Mándala”, mi banda y yo sacamos unos cassets con nuestras canciones, tuvimos un par de conciertos y luego me metí un balazo en mi habitación. Quería ser como Kurt sabes, ser una leyenda pero mi banda fue olvidada rápidamente junto conmigo—dijo con un tono triste y de aceptación, Ladrón puso su mano en su hombro como apoyo.
-Yo morí en un accidente de autos, iba muy ebria, creo que choque contra una pareja—dijo Brittany como si dijera que rompió un plato, Jeremías pensaba que el cinismo ayudaba a soportar el dolor de estar muertos. Lo mismo que pasaba con la vida.
-Pues yo asalte una tienda, me robe el dinero de la caja registradora y Salí corriendo el policía me dijo que me detuviera pero luego no recuerdo que pex—dijo Ladrón rascándose la cabeza. Todos sabían el desenlace de la historia, no era necesario ser un genio para adivinarla.
-Mi muerte fue diferente a la de ustedes idiotas, era un joven con deseos de ser poeta ¿Y qué paso? Un bombardeo y despiertas en este lugar, la diferencia es que yo no quería morir—dijo Oz con amargura, por lo que percibía todos estaban acostumbrados a su queja.
-Nadie quería morir. Yo iba a entrar a la universidad al año siguiente—replico Brittany mirando sus cartas. Esos eran sus nuevos amigos, perdedores como lo era él, Jeremías razonaba si el Infierno era un lugar para los malvados, el Cielo era una recompensa para los buenos entonces el Purgatorio debía de ser el hogar de los perdedores.
-¿Te gusta Nirvana?
-Kurt es un dios—respondió Jeremías.
-Un año antes de su muerte un amigo y yo nos escapamos a uno de sus conciertos, fue genial verlo tocar, ese hombre debe de estar en el Paraíso del Rock.
-¿Existirá?—pregunto Brittany.
-Si existiera un cielo para los músicos yo estaría ahí—replico Remy que al parecer ya había escuchado ese rumor antes.

Jeremías veía sus naipes mientras reflexionaba, no existía mucha diferencia entre su antiguo hogar y su nuevo hogar, no le gustaba pero como decía Remy, solo quedaba resignarse, así era la muerte. 

©Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

Agosto 2015

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