"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







domingo, 20 de septiembre de 2015

Una historia de fantasmas (VI): Marieke II

                                                                 



                                                        (Ir al Capitulo anterior)

No debió terminar de esa manera pensó Marieke mirando la foto que se había tomado con Jeremías en la playa, derramo una lagrima sobre la foto. Cuando había iniciado su noviazgo se había construido muchas ilusiones, pensaba reformar a Jeremías, tal vez casarse saliendo de la prepa, había muchos planes y muchas historias que nunca concluyeron.
Lo había odiado por la forma en la que la insulto en el parque y lamentaba que esa fuera la última vez que lo viera. Estaba dentro del restaurante La Buena Vibra que se especializaba en hamburguesas y pastas.
Hubo un tiempo en el que La Buna Vibra era un lugar de moda, las familias iban seguido, los chicos de la prepa y la secundaria se reunían a tomarse una malteada y relajear pero cuando llegaron los Burger y los McDonalds junto con los Italian Coffe, Cinepolis y el Starbucks entonces la popularidad del lugar decayó.
Todavía había algunas familias que se reunían y viejos amigos que de vez en cuando iban a tomar una malteada—que habían bajado de calidad—pero la gloria que alguna vez tuvo la Buena Vibra se había ido.
-¿Quieres algo de tomar Marieke?—era Renard Boucher, su familia era la dueña del restaurante y de otros negocios en la ciudad. Era un muchacho de diecinueve años, de piel negra, alto y con musculos, acepto tomar un café, Renard le pidió a Andrea que preparara un café americano.
-Lo lamento Marieke, sé que lo amabas.
-Gracias—claro que lo amaba aunque en los últimos meses su relación comenzaba a fracasar estrepitosamente, por más que lo pensaba no sabía en qué momento todo había comenzado a derrumbarse. Se había refugiado en los brazos de Arturo y en los de Renard mismo aunque el muchacho era cuidadoso con eso.
La ciudad aún no se reponía del escándalo de Kalimba y esa chica Dayana, a meses de terminar ese lio aun persistan ecos de lo sucedido. Marieke había conocido a esa muchacha y siempre le había parecido una persona de lo más corriente.
-Si puedo ayudarte en algo—claramente la estaba seduciendo, Renard tenía fama de ser un mujeriego, se había acostado con muchas chicas la mayoría de ellas turistas. Tanto Renard como Jeremías sentían una mutua antipatía, Jeremías lo consideraba un imbécil, en una ocasión a Renard se le ocurrió coquetearle a ella en el antro y Jeremías casi le cae a golpes.
Andrea Paz una chica poco agraciada se acercó con el café, Marieke aparto las manos y se levantó. Saco un billete de cincuenta dejándolo en la mesa.
-Guarda el cambio.
-Marieke lo siento si te ofendí….
-Nos vemos luego Renard—le dijo saliendo del restaurante, no sabía que la había ofendido si el que intentara seducirla o esa mirada de cretino que a veces tenia.

Después de irse de la Buna Vibra Marieke se fue a caminar al parque, eran casi las cinco de la tarde, tenía mucho que pensar,  pensaba que si se hubiera acercado más a Jeremías el no habría muerto pero no se sentía con confianza, no después de lo que había sucedido.
En julio había ido a Mérida en compañía de Jessica y Lila para hacerse un aborto, tenía dos meses de embarazo y tenía miedo de lo que pudiera suceder,  les pidió a sus amigas que la llevaran con un médico que le hizo un legrado a la hermana mayor de Lila dos años antes.
Pensaba que esto solucionaría sus problemas pero se sentía muy deprimida, ni las vacaciones ni las fiestas pudieron hacerla olvidar lo que había sucedido.
Cada vez que miraba a una pareja con un niño pensaba en el hijo que pudo haber tenido, pensaba en una niña de rubios cabellos que pudo haber cargado, pensaba en ella y Jeremías con su hijo en el parque.
Ese pensamiento la hizo llorar, todo se había roto y jamás volvería a estar bien, sentía que había echado todo a perder.
No tenía caso llorar o añorar algo que no sucedió, sin embargo tenía ese deseo ahogado en su interior. Era algo que no podía evitar.
Se limpió las lágrimas,  se quedó un rato en la banca del parque para calmarse un poco, no quería que sus padres ni nadie en su casa la vieran así.  Vio a dos niños pasar con sus Ipods, uno de ellos era el hermano menor de Arturo y el otro era un niño de nombre Miguel Pérez, ambos se detuvieron al verla llorar.
-Hola Marieke ¿Estas bien?
Ella asintió con un gesto, Miguel era muy amigo de su hermana menor Sara así que ya lo conocía, Esteban el hermano de Arturo le jalo el brazo para que se fueran, era un chico prudente e intuyo que ella quería estar sola, Miguel hizo un gesto de despedida y se fueron.
Marieke se levantó de la banca y continuo caminando hasta llegar a su auto, se encerró un momento esperando a que dejara de llorar.
Puso una canción de Zoe en el estéreo, a Jeremías no le gustaba ese tipo de música y siempre discutían por eso, él quería poner el soundtrack de Trainspotting y ella quería poner a Zoe y Motel.

Esbozo una sonrisa más de resignación que de gracia, no tenía otra opción a decir verdad,  puso la llave y encendió el auto, lo único que quería ahora era llegar a su casa y encerrarse en su cuarto a ponerse a escuchar sus viejos álbumes y recordar los buenos momentos con Jeremías el resto del día.

Septiembre 2015

 ã Fernando Trujillo, todos los derechos reservados

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