"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







sábado, 31 de octubre de 2015

Una historia de fantasmas (VIII): Una esperanza en el Purgatorio

                                                         


                                                              (Ir al Capitulo anterior)

El cielo en el Purgatorio siempre era oscuro, como si fuera a caer una tormenta, algunas veces pasaba cuando llegaban nuevas almas.
Jeremías había salido del edificio en compañía de sus nuevos amigos, la multitud caminaba en silencio, algunos llevaban vestimenta hippie, otros vestimenta militar, había jóvenes con pinta de estudiantes pero tenían marcas de bala en el cuerpo. Algunos lucían desolados pero otros habían formado amistades, aunque aún seguían resignados a su condición.
Jeremías entendió que este lugar era para los que aun tenían asuntos pendientes en el mundo de los vivos, aquellos que fueron asesinados, que murieron en accidentes o que se suicidaron como en su caso iban a parar allí.
-¿Y esa torre?—pregunto mirando la torre más alta que se alzaba sobre toda esa metrópolis, una torre negra que llegaba hasta el cielo negro.
-Ahí vive el Ejecutor
-¿Quién?
-Es el señor del Purgatorio, algunos dicen que es un ángel y otros que es un demonio, el rige desde lo alto de la torre, lo observa todo, puede enviarte al Infierno con solo tronar los dedos. Nunca menciones su nombre en público…..no es bueno hablar de esas cosas—dijo Kyle con un tono de angustia, por lo que Jeremías podía ver el Ejecutor era el equivalente a un dictador en el mundo de los vivos.
Remy contó una historia, de cómo había visto al Ejecutor en acción, había un hombre que había muerto atropellado, estaba diciendo maldiciones y retando al señor del Purgatorio para que bajara a enfrentarse con él.
Todos a su alrededor incluyendo a Remy se alejaron, el tipo se reía y lanzaba constantes desafíos a la torre, gritaba constantemente hasta que el cielo trono, el tipo se quedo callado,  los demás se fueron corriendo.
Remy se fue corriendo junto con la multitud pero alcanzo a ver al tipo inclinado hacia el suelo llorando, estaba suplicando piedad a una figura oscura que debía medir casi dos metros de alto y ataviada  con una capucha negra.
No vio mas, escucharon sus gritos y al volverse no quedaba nada del sujeto más que cenizas. Únicamente se le veía cuando habia revueltas, disturbios, cuando los muertos lo desafiaban o cuando habia riñas y su presencia indicaba un castigo implacable para aquellos que hayan perturbado su descanso.
Habia toda clase de historias sobre el Ejecutor, algunos decían que era el mismo Satán disfrazado, otros decían que fue el primer muerto del mundo, tal vez Adán o quizás Abel que habia adoptado una nueva identidad después de muerto.
-Mejor hablemos de otros temas—propuso Brittany y todos estuvieron de acuerdo. Al lugar al que iban era al mercado del Purgatorio, según le habia contado Remy en ese lugar se reunían criaturas de diferentes realidades a comerciar con los muertos. Había demonios, trolles, hadas, gnomos entre otros, allí podías conseguir cualquier cosa desde algo que dejaste en el mundo de los vivos hasta una maldición para alguien a quien odies en ese mundo, todo por un módico precio.
Merecía la pena visitar ese lugar pensó Jeremías, doblando en una esquina vio un señalamiento que indicaba un lugar llamado “Vecindario”, por lo que tenia visto pocas calles tenían ese nombre y el de aquella calle le llamo la atención.  
-¿Qué es el Vecindario?
-Ni idea—contesto Ladrón.
-Es a dónde van los niños—contesto Kyle, su tono de voz era melancólico, de todos los lugares del Purgatorio aquel era el más deprimente. Nuevamente como dijo Brittany era mejor hablar de otras cosas.
Llegaron hasta una calle cerrada en donde habia una reja despintada y unas grandes letras que anunciaban el mercado.
Era como cualquier mercado en el mundo de los vivos, habia changarros, vendedores gritones, hombres y mujeres de épocas distintas se paseaban por cada puesto mirando y preguntando sobre diversos productos.
Lo que llamo la atención de Jeremías fue una tienda en donde unos muertos estaban arrodillados bajo una figura de cera que representaba a un ángel, habia un hombre pálido y de grandes ojeras vestido de blanco que predicaba sobre como los ángeles vendrían y cerrarían el Purgatorio para llevarlos al Paraíso.
 -El Culto a los Ángeles—pronuncio Remy con un gesto de fastidio.
-¿Qué es eso?
-Abundan en todo el Purgatorio, creen que si rezan y se arrepienten de sus pecados en el mundo de los vivos los ángeles vendrán por ellos para llevarlos al Paraíso—respondió Remy con un tono cínico, Kyle lanzo un bufido llamándolos perdedores.
Remy le explico que habia diversas ramificaciones de ese culto, estaba la Iglesia de San Miguel que creía en la supremacía del arcángel sobre los otros, el Templo de los Serafines una comunidad aislada que practicaba la autoflagelación.  El Culto a la Virgen que solo admitía mujeres y acusaba a las otras de ser blasfemas,  los Inclinados que creían en la sumisión y los rezos constantes,  los Blancos que creían en incendiar todo a su paso, los Rojos que pensaban que Dios era un planeta en otra galaxias.
Algunas veces estas sectas se enfrentaban unas a otras en violentas batallas callejeras, el Ejecutor habia intervenido en numerosas ocasiones mandando a la mayoría de sus feligreses al Infierno pero como las peores plagas siempre volvían a resurgir.
Remy recordaba cuando los Blancos y la Iglesia de San Miguel se enfrentaron, los primeros incendiaron las calles y edificios mientras que los segundos iban golpeando gente a su paso como una turba poseída por la furia. Todo termino cuando el Ejecutor apareció y barrió a la mayoría con su poder.
Los tipos inclinados a los que vio Jeremías pertenecían a una ramificación minúscula en comparación a las otras. Podía ver que incluso después de la muerte existía el fundamentalismo religioso, los humanos no cambian después de muertos pensó Jeremías con amargura.
Un puesto que le llamo la atención era uno que tenía la pinta de una choza maya, se acercó discretamente, el vendedor era un hombre chaparro, moreno que vestía una guayabera típica de la península de Yucatán. Frente al hombre había un puesto con varios frascos.
-Bienvenido joven mi nombre es Yuca ¿Busca algo en especial?—dijo el hombre con un acento típico de Yucatán, Jeremías miro con interés cada uno de los frascos.
-¿Qué es lo que contienen?
-Sabores del mundo de los vivos, tengo este con sabor al tradicional Pib, este otro con sabor a horchata y este otro con sabor a banana Split elija su favorito—dijo el hombre sonriendo amigablemente, Kyle y Oz se acercaron viendo cada uno de los frascos que Yuca ofrecía, pregunto si no tenía uno con sabor a alcohol, Yuca enseño dos frascos uno que contenía el sabor del vodka y otro que contenía sabor de Xtabentun.
-Quizás en otro momento.
-Para servirle joven—dijo Yuca.
Fueron caminando mirando negocios que vendían desde maldiciones para los vivos, había otro negocio que vendía piedras preciosas para hablar con los vivos. Bastante colorido pensó Jeremías.
Kyle y Britanny se quedaron mirando un establecimiento de ropas del mundo de los vivos atendidos por la que antes fuera una supermodelo británica que tomo demasiada cocaína y era amiga de ellos.
Un lugar que le llamo la atención era un establecimiento con pinta árabe que era atendido por un hombre fortachón con ropas de Medio Oriente que era idéntico a Mister Popo, Jeremías se acercó a ver qué era lo que le ofrecía.
-Hola amigo ¿Buscas algo en especial?
-¿Qué eres?
-Soy un djin pero me conocen mejor como un genio—se mostró maravillado nunca había conocido a una de esas criaturas míticas pero era diferente al Genio de la película Aladino, su establecimiento tenia lámparas idénticas a las de la película, alfombras, rubíes, una shisha que seguramente le serviría para pasar la eternidad.
-¿Eres nuevo aquí?—pregunto con ese acento árabe tan marcado, hizo un gesto afirmativo, el genio le pidió que se acercara para murmurarle algo.
-Tengo algo que podría interesarte.
-¿Qué es?
-Un mapa
-¿Del Purgatorio?
El djin negó con la cabeza.
-Entonces.
-Es un mapa para encontrar la Trascendencia—la palabra lo dejo intrigado pero antes que preguntara Remy lo jalo del brazo y lo alejo velozmente del establecimiento del djin.
-No confíes en nadie aquí.
-¿Qué es la Trascendencia?
El rostro de Remy adopto una seriedad que no había visto hasta ese momento, la muchacha se detuvo. Pensaba cuidadosamente las palabras que elegiría.
La Trascendencia era una leyenda urbana entre los muertos, contada de boca en boca entre los habitantes del Purgatorio. Decían que era una puerta, otros que era una escalera y algunos que era una isla, las cosas variaban pero al final la idea era la misa: una entrada al Paraíso.  Algunas almas abandonaban el Purgatorio para buscarla pero nadie las había vuelto a ver, no existía nadie que conociera su existencia.
-¿Tu qué opinas?
-Es solo una historia.
-¿Nunca lo has intentado?
-No es de mi interés.
-¿No te interesa el Paraíso?
Remy no quiso responder a eso, saco un cigarro y se dispuso a caminar, Jeremías considero que no sería prudente hacer más preguntas al respecto.  También suponía que el tema de la Trascendencia era lago delicado a tratar con los muertos.
Sus amigos se encontraban en un local que era atendido por un muchacho de piel roja con cuernos en la frente que vestía con una playera negra de Iron Maiden y con un gorro negro, el chico les iba mostrando diferentes piedras de colores con formas de cráneo.
-Con este cráneo pueden comunicarse con las altas Jerarquías del Infierno para conseguir un favor pero les advierto que el precio es alto—les dijo mostrándoles el cráneo rojo,  no se necesitaba ser un tipo demasiado brillante para saber que era un demonio.
-Él es Jeremías, es nuevo—le dijo Kyle, alzo la mono como una forma de saludo.
-Soy Ranok, Señor del Octavo Círculo del Infierno…
-Querrás decir un demonio de pacotilla que trabaja en un mercado de mierda—le dijo Remy con una sonrisa, Jeremías miraba cada una de las calaveras, había también otros objetos como una tabla de Ouija, cartas del tarot y unos lentes de lente rojo.
-¿Qué son eso?
-Te permiten ver el mundo de los vivos ¿Tienen un buen precio?
-No confíes en nada de lo que te diga—le advirtió de nuevo Remy, Ranok no se mostró ofendido, pudo ver que incluso se sentía halagado por esa mala fama que tenía.
Ladrón miraba cada una de las cosas hasta que algo le llamo su atención, una lámpara con una llama intensa que lo tenía atontado.
Ranok les explico que esa llama era un pedazo de fuego del Infierno, según explico era uno de sus artículos más pedidos no únicamente en el Purgatorio sino en otros planos de la existencia, con el podías hipnotizar o incendiar una ciudad entera.
Ladrón acerco su mano pero en ese momento Ranok lo detuvo advirtiéndole que el fuego infernal es traicionero, una chispa que te toca y podría expandirse por todo el cuerpo de la víctima hasta calcinarlo.
-Estamos muertos—sonrió irónicamente Kyle.
-Pero te dará un dolor que nunca olvidaras.
Había otros artículos interesantes que Jeremías vio entre ellos una daga, un pedazo de roca que según Ranok era una piedra del Infierno sin valor alguno pero que a los coleccionistas les gustaba tener.
El artículo que más le llamo la atención fue un anillo de color negro que estaba junto a la roca, Ranok le explico que ese anillo le permitía al propietario materializarse en el mundo de los vivos.
Jeremías se mostró interesado, quería volver a ver a sus padres y a sus hermanas, incluso a Marieke pero todo eso había pasado, le cruzo la idea de adquirir el anillo y aparecer frente a su familia y amigos pero desecho tal cosa.
Entonces comenzó a sentir un malestar en el pecho, la cabeza comenzaba a darle vueltas, era como un malestar que estaba recorriendo su cuerpo, Remy se volteo para preguntarle si le sucedía nada pero se logró reponer, otra vez volvió el mismo malestar esta vez más fuerte, escuchabas unas voces pero no entendía lo que decían, se escuchaban lejanas pero aun así logro identificar la voz de Gabriela.
-¿Qué diablos está pasando?—Kyle y Ladrón se apresuraron a ayudarlo a mantenerse de pie, estaba casi desmayándose, las voces aún se sentían lejanas pero claramente lo estaban llamando.  El malestar en su pecho se hacía más fuerte, como si se estuviera desprendiendo.
-¿¡Gabriela eres tú!?
-Lo están invocando—dijo Remy, no le prestó atención, ahora las voces se escuchaban más claramente, era su hermana y otra niña que lo estaban invocando. Miro sus manos y vio como comenzaba a desvanecerse, no le gustaba esa sensación.
-¡Gabriela!—grito haciéndose para atrás, el dolor de cabeza había aumentado, sentía que estaba siendo arrancado del Purgatorio. Miro a su izquierda y vio a su hermana junto con otra niña que lo miraron sorprendidas.
Se escuchó el abrir de una puerta y nuevamente estaba en el mercado del Purgatorio, ni su hermana ni la otra niña estaban. Solo Remy mirándolo con preocupación, el malestar se había ido por completo.
-¿Qué sucedió?
-Te estaban invocando en el mundo de los vivos, al principio es doloroso pero si lo hacen seguido te acostumbras—dijo Remy, ella había sido invocada otras veces por sus fanáticos sobre todo en sus cumpleaños.
-¿Podemos volver a casa?

Sus amigos asintieron, se fueron del mercado y en todo el camino guardaron silencio. Jeremías pensaba en lo que había sucedido, todo había sido tan rápido pero una idea había surgido en ese momento, una de la cual no desistiría. Al llegar al departamento se encerró en su habitación, pensaba en su vida, pensaba sobre todo en Gabriela y en lo mucho que lo extrañaba. También pensaba en Marieke preguntándose si ella lo extrañaría igual, pensaba en sus padres y pensaba en todo lo que había vivido, hubiera sido interesante ver lo que la vida le hubiera mostrado, quizás casarse y tener hijos, quizás viajar por el mundo, cosas que nunca sucederían y se sintió por completo devastado. Solo había algo que tenía pensado hacer y por primera vez en su existencia era algo en lo que no se rendiría: Quería ir al mundo de los vivos y buscar la Trascendencia. 

Octubre 2015

ãFernando Trujillo, Todos los Derechos Reservados 

sábado, 24 de octubre de 2015

Una historia de fantasmas (VII): En la biblioteca

                                                          



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El sábado en la tarde Adela y Gabriela estaban en sus bicicletas pedaleando hasta la Biblioteca Pública de Chetumal.
Gabriela habia aceptado su amistad y su propuesta de comunicarse con su hermano, Adela le había dicho que en la biblioteca tenían un grimorio y ahí estaba el conjuro de los muertos, según le dijo era muy viejo, las hojas estaban anaranjadas y era la última edición del año 1945.
Adela amaba los libros viejos, le contó a Gabriela sobre su tía Josefa Zubieta que vivía en Campeche, ella tenía una colección de libros viejos sobre los temas más interesantes. Entre su colección estaban libros sobre masonería,  brujería,  teosofía y de autores como Herman Hesse y Giovanni Papini. Adela no los leyo a todos pero había leído lo suficiente sobre ocultismo como para autodenominarse bruja.
El hombre que estaba en ese momento a cargo de la biblioteca era Jerónimo Salazar un anciano de setenta y un años que según Rodolfo el hermano de Adela fue director de la escuela primaria. La biblioteca estaba casi vacía con excepción de don  Ernesto Reyes un abogado de mediana edad el cual consultaba unos libros sobre derecho penal.
Las niñas saludaron a don Jerónimo y caminaron hacia la sección de interés general, la biblioteca no había cambiado nada en años con la única excepción de que ahora tenía un salón para computadoras pero no se había renovado en años. Tenía los mismos libros, las mismas viejas revistas. En ese estado se encontraban la mayoría de las bibliotecas del país, hace años –le contaban sus padres—los niños y jóvenes iba a las bibliotecas a hacer trabajos, buscar información para sus tareas.
El Internet acabo con el imperio de las bibliotecas, toda la información sin salir de casa, su generación contaba con Wikipedia, blogs, youtube y redes sociales en las cuales buscar tareas e información.
Las bibliotecas eran una reliquia de la época anterior a la era digital, las niñas veían los libros de la sección de interés general buscando el libro de Adela.
Habían viejas historietas de Memin Pinguin, Kaliman, el Mil Chistes, libros sobre esoterismo sobre el horóscopo y hechizos de magia blanca—como conseguir dinero, como atraer el amor, como atraer la buena salud, etc.—hasta libros más interesantes como “Isis sin Velo” de Madame Blavatsky y libros en ingles como  Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry de Albert Pike.
-Ese libro es muy loco—dijo Adela
-¿Sabes inglés?
-No pero mi tía Claudia tiene una edición en español. Ese cuate adoraba al diablo—dijo Adela riendo. Gabriela no estaba muy segura de querer seguir siendo su amiga pero la compañía de Adela le gustaba.
Encontraron el libro sobre como invocar a los muertos, el autor decía ser un antiguo monje hablaba en la contratapa de cómo llamar a los muertos, como aprisionarlos en el mundo y como obligarlos a responder preguntas.
-Un fantasma—como el autor definía a los muertos—puede contar muchas historias, puede hablarles del mundo de los muertos, los secretos de la vida después de la muerte, puede contarle su propia historia e incluso puede predecir el futuro.
Gabriela no quería aprisionar a su hermano, solo hablar con él, verlo aunque sea como un fantasma. Pero más que nada quería verlo de nuevo.
-¿Entonces nos llevaremos este libro?
-Claro que no, mi mama ya está harta de esto y si tus viejos te ven leyendo esto te llevaran inmediatamente con el loquero—dijo poniendo el dedo índice en la cabeza y girándolo dando a entender qué pensarían que estaba loca.
-Le sacaremos fotocopias—dijo pero primero debían de ver donde estaban las invocaciones, el libro contaba con quinientas páginas y Gabriela nunca habia leído algo tan grande como eso.
Se sentaron en una mesa, al lado de ellos estaba Antonio Godínez un chico gordo que iba a la misma clase de Jeremías, según le había contado su hermano en una ocasión al gordo lo habían descubierto masturbándose en el baño con una revista yaoi.   
Ese mismo día pero al anochecer Cesar, Jimmy y Arturo Larios lo esperaron a la vuelta de su casa, cuando salió a comprar unas tortillas de harina le pusieron una golpiza, le amenazaron con que si denunciaba entonces lo terminarían matando.
Adela le susurro que según algunos rumores sus padres se divorciaron al descubrir que era gay, el gordo no escuchaba, tenía en su Ipod una canción de algún anime.
-Aquí están—señalo Adela.
Eran en total cuatro invocaciones, una de ellas requería una tabla Ouija, la mención de aquel juego hacía temblar a Gabriela.
Tomaron las fotocopias, don Jerónimo no hizo preguntas algo que hizo que las niñas se sintieran aliviadas.
Tomaron de nuevo sus bicicletas y pedalearon hasta llegar al parque, ahí se sentaron en una banca mirando las hojas que fotocopiaron.
-¿Por qué no las bajamos de internet?
-No es confiable, los libros son mejores—respondió Adela prestando atención al conjuro que involucraba la Ouija.
-Probaremos con este ¿Qué te parece?
Gabriela asintió, a simple vista parecía el más sencillo de todos.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
Adela hizo un gesto de asentimiento, en el parque se encontraban otras cuatro personas en el parque incluyendo a un policía, por lo que guardo bien sus cigarros.
-¿Con esto poder ver a mi hermano?
-Sí, confía en mí—ella asintió con un gesto mientras veía el material fotocopiado, tenía muchas preguntas por hacerle, quería preguntarle por qué lo hizo, porque la abandono y porque de ese modo. Mirando el azul del cielo pensó en lo hermoso que era y quiso ponerse en lugar de su hermano al momento de tomar la decisión de quitarse la vida. Por más que lo intento no pudo hacerlo.


 Octubre 2015

ãFernando Trujillo, Todos los Derechos Reservados




sábado, 17 de octubre de 2015

Lo que nos une: algo más que la historia común



José Javier Esparza
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Lo mollar de la cuestión es esto: lo que empezó a nacer en 1492 y crecería sin tregua durante los dos siglos posteriores fue un mundo nuevo que ya no era la América indígena ni tampoco una simple prolongación colonial de la metrópoli. En el suelo americano surgió una realidad histórica nueva con sus propias características culturales, políticas, religiosas, sociales y hasta raciales. No es que la América hispana y España compartan una historia común: es que nuestra historia es la misma. Allí nació algo que lleva nuestra sangre pero cobró vida propia, y la cobró mucho antes de las independencias del XIX. Por eso somos hermanos.

Contra la leyenda negra

Hay una tendencia bastante enfermiza a examinar la conquista de América bajo la luz de sus aspectos más siniestros. Según cierta vulgata muy en boga hoy en nuestro país, España llegó a América, arrasó el paraíso, diezmó a los pueblos felices con un genocidio brutal, esclavizó a los indios y les infligió torturas sin fin para convertirlos al cristianismo. Todo esto es simplemente falso. Hoy nadie con un mínimo rigor puede hablar de genocidio. El genocidio presupone una voluntad de exterminio que jamás existió en la política española en América. Al contrario, es el primer caso de conquista en toda la historia que proscribe desde el principio la esclavitud de los vencidos, persiguiendo a quienes vulneran esa prohibición y tolerando un proceso de mestizaje. Sí hubo una catástrofe demográfica sin paliativos que diezmó a la población amerindia, y hoy todo el mundo sabe (o debería saber) que obedeció, sobre todo, a los virus llevados a América por los españoles, por sus animales domésticos y, después, por los esclavos.
 Falso es también el tópico de los indios torturados por la Inquisición. La labor de la Inquisición en América fue comparativamente minúscula. Por ejemplo: una sola ejecución en todo el siglo XVIII. Y sobre todo, rarísima vez se aplicó sobre los indios: los casos tempranos (el cacique Don Carlos de Texcoco, los tres indios de Tlaxcala) fueron tan polémicos en Nueva España que llevaron a la propia Inquisición a prohibir expresamente que se persiguiera a los indios, “neófitos en la fe”. Léase la Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima, de José Toribio Medina, por poner un sólo ejemplo. En cuanto a la esclavitud, sabemos que la historia de la colonización es una permanente pugna de la Corona y la Iglesia contra quienes querían implantarla. Hubo, sin duda, otras formas de explotación de los indios, pero no la esclavista. Esa la hubo, y muy brutal, en la América pre-hispana, entre los propios pueblos indios.
Los indios, sí. Y por eso abrieron el camino a los españoles. Cuando uno cuenta la historia de la conquista se fija siempre en los grandes héroes (Núñez de Balboa, Cortés, Pizarro), gentes que desafiaron a poderes de extraordinaria amplitud y vencieron. Las gestas de estos personajes son en verdad escalofriantes, pero ninguna conquista hubiera sido posible sin el concurso –interesado y vehemente- de las propias tribus indias. Santo Domingo lo conquistaron los Colón, pero lo hicieron gracias a los taínos que les ayudaron para quitarse de encima a los caribes, que gustaban de comérselos a pedacitos. México lo conquistó Hernán Cortés, sí, pero sus manos y sus pies fueron los centenares de miles de tlaxcaltecas, tepeaqueños, etc., que se le unieron porque estaban hasta el gorro de los mexicas (o aztecas). El Perú lo conquistó Pizarro, sí, pero quienes le llevaron literalmente en andas fueron las decenas de miles de huancas, chacha poyas, cañares y yanaconas, entre otros, que le abrieron camino porque ya no soportaban más a los incas. Y así sucesivamente.

Roma y España

Las civilizaciones amerindias tienen muchos aspectos fascinantes, pero se derrumbaron al primer contacto con el exterior porque eranmás primitivas y menos aptas para la convivencia organizada que la civilización invasora. Exactamente igual que pasó en España con las culturas ibéricas y célticas aplastadas por Roma. Por lo demás, hoy la población indígena de la América hispana se estimaentre 40 y 50 millones de almas, según los distintos tipos de censo. La de la América anglosajona no llega a los dos millones.
A propósito de Roma: no sabemos cuántos celtíberos fallecieron durante la latinización de la península, pero no por eso renunciamos a ser herederos de Roma, ¿verdad? De la semilla que plantó Roma en Hispania nació una entidad singular con una sociedad mestiza –hispanorromana-, con estructuras económicas y políticas evolucionadas, con una lengua latina que terminaría alumbrando las distintas lenguas españolas, después con una religión que unificó a los hispanos –el cristianismo- y, en fin, con una cierta conciencia de pertenencia a un mundo común. Es interesante aplicar el mismo esquema a la conquista española de América, porque el modelo es muy semejante. Con la salvedad de que allí, en América, no desaparecieron los pueblos nativos, sino que numerosas culturas precolombinas siguen existiendo hoy, y los misioneros predicaron la fe en la lengua de los indígenas.
Pero ahora fijémonos en lo demás: cosas que ninguna otra potencia imperial hizo nunca –y apenas haría después- en la Historia universal. Desde el mismo codicilo del testamento de Isabel la católica, en 1504, se proscribe la esclavitud de los vencidos: es la primera vez en la Historia que una potencia vencedora hace algo semejante. Desde 1511 la Iglesia denuncia los abusos sobre los indios y desde el año siguiente ya hay una legislación específica que sería renovada en momentos sucesivos y siempre en la misma dirección: la protección de los indígenas, lo cual en la práctica implica el designio de crear una sociedad nueva sobre bases de justicia. El momento cumbre de este proceso llegará cuando Carlos I ordene detener las conquistas hasta tener la certidumbre de que obra conforme a la moral; será la Controversia de Valladolid, entre 1550 y 1551, de cuyos debates nace la primera formulación de lo que hoy llamamos derechos humanos. Nunca había pasado nada igual.
Simultáneamente España ampara un proceso de mestizaje que es fruto directo de las circunstancias. La mayoría de los pueblos amerindios utilizaban a sus mujeres como moneda de cambio, de manera que los españoles –inicialmente muy pocos- se encuentran rápidamente con mujeres nativas e hijos mestizos. Desde el punto de vista español de la época, nada malo había en ello si la cónyuge era bautizada y la relación devenía en matrimonio. En 1553 Felipe II promulga la primera legislación para proteger a los niños mestizos sin padre conocido y en 1557 se funda el primer colegio para niños mestizos pobres.


El mundo virreinal

Lo que está naciendo ahí no es una colonia como las que Portugal había sembrado en África y Asia, o como las que Inglaterra empezará a levantar a partir del siglo XVII, sino que es una sociedad con personalidad propia que aspira a regirse a sí misma. Desde el primer momento se erigen catedrales: Santo Domingo en 1512, México en 1523, Lima en 1535. Y también desde el primer momento surgen universidades, según el modelo español, destinadas a la educación de la elite autóctona: Santo Domingo en 1538, Lima y Méjico en 1551. Cabe recordar que Inglaterra nunca fundó universidades en sus colonias americanas. Gran Bretaña estructuró su imperio con el ejército y el ferrocarril. España lo hizo con la religión y una ingeniería política enteramente nueva.
Ingeniería política, en efecto, porque los virreinatos son entidades políticas que generan su propia personalidad. La organización del territorio, las vías comerciales, las rutas marítimas e incluso la protección militar de las Indias quedaron siempre bajo la responsabilidad de cada virreinato. Y no debieron de hacerlo tan mal cuando el invento sobrevivió tres siglos sin alteraciones dignas de mención ni guerras civiles. Menos guerras, desde luego, que las que sacudirían ese mismo territorio después de la independencia. ¿Más blasones? Por ejemplo, este: la América española fue el primer escenario de la vacunación masiva contra la viruela en fecha tan temprana como 1803, es decir, sólo siete años después de su invención por Jenner, y antes de que Napoleón la hiciera obligatoria en sus ejércitos.
Todas estas cosas son tan verdad como los episodios más o menos truculentos de la conquista. Y son precisamente las cosas que diferencian a la huella española en América de cualquier otra aventura imperial en la historia de Europa. España no se trasplantó a América; España se injertó. Así nació una realidad autónoma, con vida propia. Porque las Indias, como decía el argentino Ricardo Levene, nunca fueron colonias. Desde este punto de vista, que los virreinatos terminaran ganando su propia independencia era inevitable. Y es interesante, porque en los textos de Vitoria sobre la conquista de las Indias, en pleno siglo XVI, se contempla ya la emancipación de los territorios americanos como objetivo natural de la acción misionera española.
¿Lo que nos une? El cordón umbilical. Un tipo de unión que permanece aunque el cordón se corte.

Lo que nos separa


Hoy una parte notable de la opinión hispanoamericana vive en la convicción de que la culpa de todos sus males la tiene España. Los españoles “se llevaron nuestro oro”, “arruinaron nuestras culturas”, “exterminaron a nuestra gente”, etcétera. Eso lo dicen personas que se apellidan Martínez o Echevarría (o Chávez) y que en general son mestizos o blancos, es decir, descendientes directos de los que cometieron aquellos crímenes que ellos imputan a un enemigo exterior. Este discurso tiene algo de psicopatológico, pero está profundamente arraigado en parte de la sociedad hispanoamericana, hasta el punto de preferir el término francés “Latinoamérica” para así desprenderse de la odiada hispanidad. Ese antiespañolismo es muy temprano: nació en los primeros momentos de la emancipación, a principios del XIX, como fundamento retórico de las nuevas repúblicas; resurgió con fuerza en los años 60, en la estela de los movimientos anticolonialistas del tercer mundo, y hoy lo han recuperado los ideólogos bolivarianos. El venezolano Nicolás Maduro proclamaba en un reciente viaje a China: "Ahora estamos deslastrándonos de los siglos de colonialismo, dominación y esclavitud que sufrimos, ahora comenzamos a ser independientes". Venezuela lleva casi doscientos años siendo independiente, como México y Argentina. Son estados más viejos que la Alemania o la Italia modernas, o que Bélgica o la India. La persistencia del discurso victimista podría no ser otra cosa que la cortada de una clase política poco edificante para mantenerse en el poder mediante la invención de un chivo expiatorio. Deberían reflexionar sobre eso en ultramar.

Fuente: El Manifiesto

jueves, 8 de octubre de 2015

Los Fascismos y la Tradición Primordial



Eduard Alcantara

En primer lugar debemos de aclarar que si en el título del presente escrito hemos insertado el término de ‘Tradición Primordial’ en lugar del de ‘Tradicionalismo’ ha sido exclusivamente para evitar, desde un principio, malentendidos que pudieran hacer creer a algunos que íbamos a hablar sobre el ‘tradicionalismo’, así, en minúscula. En efecto, no pretendemos en absoluto hablar de esta corriente que, por ejemplo, en España como doctrina política, social y económica va, desde hace cerca de dos centurias, indisociablemente ligada al carlismo. De lo que queremos tratar es de una forma de entender y de vivir el mundo y la existencia que ha empujado al hombre, en determinados momentos de su historia, a encauzar todo su quehacer cotidiano hacia fines Elevados, Suprasensibles, Metafísicos,… y le ha llevado, en consecuencia, a configurar unos tejidos sociales, culturales, económicos y políticos guiados e impregnados hasta la médula por dichos valores Superiores y dirigidos a la aspiración de la consecución de un Fin Supremo, Trascendente. A esto denominamos Tradicionalismo, con mayúscula, a esta tendencia que tiene como modelo el de la Tradición Primordial que conformó la vida del Hombre de los orígenes; esto es, la vida del Hombre de la Edad de Oro descrita por Hesíodo o del Satya-yuga definido por la tradición indoaria.

Aclarado lo cual hemos de decir que más que tratar el tema del Tradicionalismo, el principal objetivo del presente escrito es el de desarmar a aquellos que han pretendido y pretenden enfrentar, incompatibilizar y yuxtaponer al fascismo, como movimiento genérico, y al Tradicionalismo.
Primeramente, les diríamos a estos creadores de discordias que analicen cuáles eran muchas de las principales metas a las que aspiraban los fascismos históricos. Y no tendrán más remedio que reconocer que dichas metas se enmarcan dentro de la definición que sobre el Tradicionalismo se ha hecho. A saber:
-Formación, antes que nada, de un ‘Hombre Nuevo’, adalid de una concepción espiritual de la vida; tal y como pretendía un Corneliu Z. Codreanu.
-Constitución de un tejido político-económico-social en el que el eje sería el ‘hombre como portador de valores eternos’ , ‘el hombre mitad monje, mitad soldado’ como muy bien expresó José Antonio Primo de Rivera.
-Renacimiento del espíritu, del talante, de la ética y de la cosmovisión de la Antigua Roma, ayudándose incluso del soporte de mucha de su simbología y ritualismo. Ardua tarea que, a partir de cierto período de su gobierno, emprendió Mussolini en Italia.
-Configuración de un tipo humano que adoptara como arquetipo a los héroes de los antiguos mitos y sagas germánicas; a lo cual se aspiró durante el III Reich.

Seguidamente conminaríamos a estos abanderados de la negación de lo obvio a que le echaran un vistazo a algunas de las estructuraciones sociales realizadas en aquella época histórica y a las interioridades de determinadas organizaciones claves en el seno de alguno de los regímenes políticos que son objeto de nuestro análisis. Como muestra de lo cual tenemos unas S.S. que se fueron ,
paulatinamente, configurando como la élite del Régimen surgido en Alemania tras el 30 de enero de l.933. Fueron, poco a poco, adoptando el papel de primera casta dentro de la comunidad, primeramente, alemana y, a lo largo de la II Guerra Mundial, incluso pretendiendo convertirse en rectoras de Europa. Casta en la que se combinaban lo guerrero y una fuerte formación ideológicoespiritual. Estamento ascéticoguerrero encabezado por una dirigencia que tenía su enclave supremo de reunión y decisión en el Castillo de Wewelsburg, alrededor de una mesa redonda jalonada por doce asientos ocupados más un treceavo, el asiento peligroso; siguiendo, pues, el modelo Tradicional del ciclo artúrico.
Jerárquicamente por debajo de la conocida como Orden Negra encontraríamos en el escalafón social a todos aquellos que centraban su vida laboral en actividades de orden económico.
Los diferentes agentes de la producción no se encuadraban en sendas organizaciones que deberían ser coordinadas por organismos del gobierno –tal como sucedió en la Italia Fascista-, sino que todos ellos formaban parte, sin distinciones, del Frente Alemán del Trabajo, como para que quedara bien claro que la auténtica jerarquía no es la que diferencia a empresarios, técnicos y obreros, sino la que, siempre según los parámetros de la Tradición, se da entre los ‘milites’ ascetas, por un lado, y los productores, por otro.
En uno de los momentos de mayor disolución de los valores y estructuras Tradicionales, en una de las fases más avanzadas de la decadente Edad de Hierro descrita por las sagas grecorromanas, de la Edad del Lobo de los mitos germánicos, o del Kali-yuga anunciado en los Vedas, en plena época de corrosión y subversión, y en tan solo unos pocos años, se estaba consiguiendo subyugar al ‘demonio de la economía’ y recolocando, en lo que hemos de considerar una auténtica convulsión revolucionaria – de ‘re-volvere’-, a cada estamento en el escalafón del que nunca debería de haber sido desplazado.

A continuación, recomendaríamos a los que se obstinan en negar la esencia Tradicional de los fascismos históricos que echasen un vistazo a su simbología y a su rituales; incluso a los de naturaleza léxica. Así, si la honradez representa un valor para ellos, deberían enmudecer ante:
-El símbolo solar e hiperbóreo de la esvástica.
-Las también solares águilas.
-Las cinco flechas falangistas que, aparte de su evidente carácter guerrero, tambén simbolizan los rayos del sol.
-La garra hispánica solar de las J.O.N.S.
-El cisne del sindicato estudiantil falangista, S.E.U.; el animal, solar por excelencia, que transporta al herido Arturo hasta el hiperbóreo Avalon.
-La cruz flechada del Movimiento Hungarista de Szalassi; símbolo que acrisola también espiritualidad y milicia.
-El mismo rayo enmarcado en una circunferencia, de la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley; otro símbolo solar para una organización política que notaba palpitar la llamada de la Restauración de los Valores Eternos, aunque no tuvo tiempo de tomar plena conciencia de esta necesidad.
-Canciones que hablan de ‘luceros’ y del tipo de existencia que en ellos debe darse: ‘haciendo guardia’, para no detenerse en el proceso de superación interior
iniciado en la existencia precedente; nada, pues, que ver con otras consabidas imágenes de paraísos celestiales donde prima un tipo de ‘felicidad’, en unos casos, indolente y laxa y, en otros casos, casi sensual.
-Canciones, como la anterior, que con un título como el de ‘Cara al Sol’ refleja, bien a las claras, un tipo de espiritualidad que rebasa formas religiosas, lunares y devocionales y entiende, por el contrario, de sacralidad olímpica, viril y heroica y, en definitiva, solar. Se mira al Sol, como símbolo de espiritualidad pura, de cara, de tú a tú, como lo haría cualquiera que aspirara a alejarse de formas sumisas de entender la Trascendencia, con el objetivo de avivar la lánguida llama de lo Absoluto que anida en nuestro interior para alcanzar la meta del Conocimiento Suprasensible.
-Términos para referirse a la Trascendencia como, por ejemplo, el de ‘la Providencia’ utilizado por Adolf Hitler que denota ese impulso, más o menos consciente, de superar, tal y como hemos expuesto en el anterior párrafo, la simple religiosidad que otorga formas, sean antropomórficas o de cualquier otro tipo, a lo que, en realidad, se encuentra por encima de dichas formas o, sencillamente, no las tiene debido a su naturaleza incondicionada: el Principio Supremo.
-Fórmulas rituales del lenguaje que consideran como ´presentes’ a los caídos en la lucha, porque dichas fórmulas son claro reflejo de una concepción existencial que no se ancla en el sendero de la vida terrena, sino que, como hemos dejado bien patente líneas arriba, entiende de estados del Ser que traspasan la caducidad de la existencia terrenal y finita.
-Celebración de rituales sacros de carácter solar, como los solsticios de invierno y de verano.

Igualmente, a los sembradores de semillas de la discordia no les vendría nada mal reflexionar sobre las siguientes anotaciones:
-La persecución, tanto doctrinal por parte de los diferentes fascismos, como legal en los países en los que lograron encaramarse al poder, la persecución, decíamos, a la que fueron sometidas sectas contrainiciáticas y, por tanto, antitradicionales, como la masonería liberal-especulativa o como las teosofistas y sus múltiples variantes y ramificaciones; tal cual sucedió para con estas últimas en el III Reich.
-Que ante un mundo hostil seguramente no era muy aconsejable desdeñar ningún arma al alcance para consolidar o aumentar la fuerza y/o el poder político y social, por lo que los actos de masas para atraer o afianzar la adhesión del pueblo son del todo comprensibles y justificables y no constituyen, ni muchísimo menos, ningún síntoma de cuál era la esencia auténtica y profunda de la corriente política e ideológica que estamos analizando.
-Que ciertos aspectos totalitarios de los fascismos históricos no obedecen a un sentir nivelador e inorgánico de la comunidad, sino que responden a la misma necesidad, que hemos mencionado, de conseguir apuntalar el poder político ante la enconada aversión y animadversión que contra ellos exhalaban los múltiples y poderosos arietes del disoluto Mundo Moderno.
-Que los espectaculares avances científicos y técnicos que, especialmente en la Alemania del nacionalsocialismo, se consiguieron no son señal de un cientifismo sin freno ni cortapisas que antepusiera el progreso material al desarrollo espiritual
sino que, por un lado, el progreso técnicocientífico estaba sometido, en todo momento, a los dictados de la ética; como, por ejemplo, queda bien claro con la prohibición que se hizo de experimentar con animales vivos. Y, por otro lado, estos avances resultaban vitales si es que se quería sobrevivir en medio de ese mundo tan hostil, del que hemos hecho alusión, que arrollaría, irremediablemente, todo intento de Reconstrucción Tradicional a no ser que se le antepusiera un sofisticado material bélico, fruto de una intensa investigación científica y de un complejo y desarrollado armatoste técnico.

En fin, a todos estos obviadores de la evidencia les impeleríamos a meditar sobre el porqué uno de los más grandes intérpretes de la Tradición, como lo fue Julius Evola, vio cómo los postulados vertidos en su ‘Síntesis de la doctrina sobre la raza’ entusiasmaron al propio Mussolini y estuvieron a punto de convertirse en la postura oficial, sobre el tema, del Régimen Fascista. O sobre el porqué del éxito que algunas de sus obras, como ‘Revuelta contra el mundo moderno’, tuvieron en la Alemania nazi. O sobre sus múltiples conferencias en suelo teutón durante dicha época. O, aparte de ciertas críticas que vertió sobre determinados aspectos que creemos haber justificado en los párrafos anteriores, que meditaran sobre el positivo análisis que hizo de tendencias y organizaciones del fascismo italiano y del nazismo alemán; también esbozados por nosotros en el presente artículo; sabido es, como no podía ser de otro modo en ningún Tradicionalista que se precie como tal, sabido es, decíamos, que en ningún otro movimiento político e ideológico del momento, salvo quizás el de la Revolución Conservadora alemana, encontró, nuestro autor, ningún punto loable desde la mira de la Tradición, sino que, bien al contrario, los constató como enteramente empapados del cariz corrosivo de la Edad de Hierro . O, proseguimos, bueno sería que meditaran sobre los halagos que le dedicó a la figura del rumano Codreanu. O sobre su estrecha colaboración, la de Evola, con la sección esoterista de las S.S.: la Anhenerbe; con la que precisamente trabajaba en Viena estudiando archivos y documentos de la masonería cuando, tras un bombardeo aliado, quedó paralítico de por vida.

Nada nos placería más, definitivamente, el que estos portaestandartes del manipulador distanciamiento se maravillaran, con nosotros, de cómo en plena fase decadente del kali-yuga se pudo Restaurar tanto, tan a contracorriente y en tan pocos años. ¿Hasta dónde se hubiera llegado de haberse alargado ni que fuera tan solo una década más el cabalgar de los fascismos históricos?


Fuente: Septentrionis Lux