"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 8 de octubre de 2015

Los Fascismos y la Tradición Primordial



Eduard Alcantara

En primer lugar debemos de aclarar que si en el título del presente escrito hemos insertado el término de ‘Tradición Primordial’ en lugar del de ‘Tradicionalismo’ ha sido exclusivamente para evitar, desde un principio, malentendidos que pudieran hacer creer a algunos que íbamos a hablar sobre el ‘tradicionalismo’, así, en minúscula. En efecto, no pretendemos en absoluto hablar de esta corriente que, por ejemplo, en España como doctrina política, social y económica va, desde hace cerca de dos centurias, indisociablemente ligada al carlismo. De lo que queremos tratar es de una forma de entender y de vivir el mundo y la existencia que ha empujado al hombre, en determinados momentos de su historia, a encauzar todo su quehacer cotidiano hacia fines Elevados, Suprasensibles, Metafísicos,… y le ha llevado, en consecuencia, a configurar unos tejidos sociales, culturales, económicos y políticos guiados e impregnados hasta la médula por dichos valores Superiores y dirigidos a la aspiración de la consecución de un Fin Supremo, Trascendente. A esto denominamos Tradicionalismo, con mayúscula, a esta tendencia que tiene como modelo el de la Tradición Primordial que conformó la vida del Hombre de los orígenes; esto es, la vida del Hombre de la Edad de Oro descrita por Hesíodo o del Satya-yuga definido por la tradición indoaria.

Aclarado lo cual hemos de decir que más que tratar el tema del Tradicionalismo, el principal objetivo del presente escrito es el de desarmar a aquellos que han pretendido y pretenden enfrentar, incompatibilizar y yuxtaponer al fascismo, como movimiento genérico, y al Tradicionalismo.
Primeramente, les diríamos a estos creadores de discordias que analicen cuáles eran muchas de las principales metas a las que aspiraban los fascismos históricos. Y no tendrán más remedio que reconocer que dichas metas se enmarcan dentro de la definición que sobre el Tradicionalismo se ha hecho. A saber:
-Formación, antes que nada, de un ‘Hombre Nuevo’, adalid de una concepción espiritual de la vida; tal y como pretendía un Corneliu Z. Codreanu.
-Constitución de un tejido político-económico-social en el que el eje sería el ‘hombre como portador de valores eternos’ , ‘el hombre mitad monje, mitad soldado’ como muy bien expresó José Antonio Primo de Rivera.
-Renacimiento del espíritu, del talante, de la ética y de la cosmovisión de la Antigua Roma, ayudándose incluso del soporte de mucha de su simbología y ritualismo. Ardua tarea que, a partir de cierto período de su gobierno, emprendió Mussolini en Italia.
-Configuración de un tipo humano que adoptara como arquetipo a los héroes de los antiguos mitos y sagas germánicas; a lo cual se aspiró durante el III Reich.

Seguidamente conminaríamos a estos abanderados de la negación de lo obvio a que le echaran un vistazo a algunas de las estructuraciones sociales realizadas en aquella época histórica y a las interioridades de determinadas organizaciones claves en el seno de alguno de los regímenes políticos que son objeto de nuestro análisis. Como muestra de lo cual tenemos unas S.S. que se fueron ,
paulatinamente, configurando como la élite del Régimen surgido en Alemania tras el 30 de enero de l.933. Fueron, poco a poco, adoptando el papel de primera casta dentro de la comunidad, primeramente, alemana y, a lo largo de la II Guerra Mundial, incluso pretendiendo convertirse en rectoras de Europa. Casta en la que se combinaban lo guerrero y una fuerte formación ideológicoespiritual. Estamento ascéticoguerrero encabezado por una dirigencia que tenía su enclave supremo de reunión y decisión en el Castillo de Wewelsburg, alrededor de una mesa redonda jalonada por doce asientos ocupados más un treceavo, el asiento peligroso; siguiendo, pues, el modelo Tradicional del ciclo artúrico.
Jerárquicamente por debajo de la conocida como Orden Negra encontraríamos en el escalafón social a todos aquellos que centraban su vida laboral en actividades de orden económico.
Los diferentes agentes de la producción no se encuadraban en sendas organizaciones que deberían ser coordinadas por organismos del gobierno –tal como sucedió en la Italia Fascista-, sino que todos ellos formaban parte, sin distinciones, del Frente Alemán del Trabajo, como para que quedara bien claro que la auténtica jerarquía no es la que diferencia a empresarios, técnicos y obreros, sino la que, siempre según los parámetros de la Tradición, se da entre los ‘milites’ ascetas, por un lado, y los productores, por otro.
En uno de los momentos de mayor disolución de los valores y estructuras Tradicionales, en una de las fases más avanzadas de la decadente Edad de Hierro descrita por las sagas grecorromanas, de la Edad del Lobo de los mitos germánicos, o del Kali-yuga anunciado en los Vedas, en plena época de corrosión y subversión, y en tan solo unos pocos años, se estaba consiguiendo subyugar al ‘demonio de la economía’ y recolocando, en lo que hemos de considerar una auténtica convulsión revolucionaria – de ‘re-volvere’-, a cada estamento en el escalafón del que nunca debería de haber sido desplazado.

A continuación, recomendaríamos a los que se obstinan en negar la esencia Tradicional de los fascismos históricos que echasen un vistazo a su simbología y a su rituales; incluso a los de naturaleza léxica. Así, si la honradez representa un valor para ellos, deberían enmudecer ante:
-El símbolo solar e hiperbóreo de la esvástica.
-Las también solares águilas.
-Las cinco flechas falangistas que, aparte de su evidente carácter guerrero, tambén simbolizan los rayos del sol.
-La garra hispánica solar de las J.O.N.S.
-El cisne del sindicato estudiantil falangista, S.E.U.; el animal, solar por excelencia, que transporta al herido Arturo hasta el hiperbóreo Avalon.
-La cruz flechada del Movimiento Hungarista de Szalassi; símbolo que acrisola también espiritualidad y milicia.
-El mismo rayo enmarcado en una circunferencia, de la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley; otro símbolo solar para una organización política que notaba palpitar la llamada de la Restauración de los Valores Eternos, aunque no tuvo tiempo de tomar plena conciencia de esta necesidad.
-Canciones que hablan de ‘luceros’ y del tipo de existencia que en ellos debe darse: ‘haciendo guardia’, para no detenerse en el proceso de superación interior
iniciado en la existencia precedente; nada, pues, que ver con otras consabidas imágenes de paraísos celestiales donde prima un tipo de ‘felicidad’, en unos casos, indolente y laxa y, en otros casos, casi sensual.
-Canciones, como la anterior, que con un título como el de ‘Cara al Sol’ refleja, bien a las claras, un tipo de espiritualidad que rebasa formas religiosas, lunares y devocionales y entiende, por el contrario, de sacralidad olímpica, viril y heroica y, en definitiva, solar. Se mira al Sol, como símbolo de espiritualidad pura, de cara, de tú a tú, como lo haría cualquiera que aspirara a alejarse de formas sumisas de entender la Trascendencia, con el objetivo de avivar la lánguida llama de lo Absoluto que anida en nuestro interior para alcanzar la meta del Conocimiento Suprasensible.
-Términos para referirse a la Trascendencia como, por ejemplo, el de ‘la Providencia’ utilizado por Adolf Hitler que denota ese impulso, más o menos consciente, de superar, tal y como hemos expuesto en el anterior párrafo, la simple religiosidad que otorga formas, sean antropomórficas o de cualquier otro tipo, a lo que, en realidad, se encuentra por encima de dichas formas o, sencillamente, no las tiene debido a su naturaleza incondicionada: el Principio Supremo.
-Fórmulas rituales del lenguaje que consideran como ´presentes’ a los caídos en la lucha, porque dichas fórmulas son claro reflejo de una concepción existencial que no se ancla en el sendero de la vida terrena, sino que, como hemos dejado bien patente líneas arriba, entiende de estados del Ser que traspasan la caducidad de la existencia terrenal y finita.
-Celebración de rituales sacros de carácter solar, como los solsticios de invierno y de verano.

Igualmente, a los sembradores de semillas de la discordia no les vendría nada mal reflexionar sobre las siguientes anotaciones:
-La persecución, tanto doctrinal por parte de los diferentes fascismos, como legal en los países en los que lograron encaramarse al poder, la persecución, decíamos, a la que fueron sometidas sectas contrainiciáticas y, por tanto, antitradicionales, como la masonería liberal-especulativa o como las teosofistas y sus múltiples variantes y ramificaciones; tal cual sucedió para con estas últimas en el III Reich.
-Que ante un mundo hostil seguramente no era muy aconsejable desdeñar ningún arma al alcance para consolidar o aumentar la fuerza y/o el poder político y social, por lo que los actos de masas para atraer o afianzar la adhesión del pueblo son del todo comprensibles y justificables y no constituyen, ni muchísimo menos, ningún síntoma de cuál era la esencia auténtica y profunda de la corriente política e ideológica que estamos analizando.
-Que ciertos aspectos totalitarios de los fascismos históricos no obedecen a un sentir nivelador e inorgánico de la comunidad, sino que responden a la misma necesidad, que hemos mencionado, de conseguir apuntalar el poder político ante la enconada aversión y animadversión que contra ellos exhalaban los múltiples y poderosos arietes del disoluto Mundo Moderno.
-Que los espectaculares avances científicos y técnicos que, especialmente en la Alemania del nacionalsocialismo, se consiguieron no son señal de un cientifismo sin freno ni cortapisas que antepusiera el progreso material al desarrollo espiritual
sino que, por un lado, el progreso técnicocientífico estaba sometido, en todo momento, a los dictados de la ética; como, por ejemplo, queda bien claro con la prohibición que se hizo de experimentar con animales vivos. Y, por otro lado, estos avances resultaban vitales si es que se quería sobrevivir en medio de ese mundo tan hostil, del que hemos hecho alusión, que arrollaría, irremediablemente, todo intento de Reconstrucción Tradicional a no ser que se le antepusiera un sofisticado material bélico, fruto de una intensa investigación científica y de un complejo y desarrollado armatoste técnico.

En fin, a todos estos obviadores de la evidencia les impeleríamos a meditar sobre el porqué uno de los más grandes intérpretes de la Tradición, como lo fue Julius Evola, vio cómo los postulados vertidos en su ‘Síntesis de la doctrina sobre la raza’ entusiasmaron al propio Mussolini y estuvieron a punto de convertirse en la postura oficial, sobre el tema, del Régimen Fascista. O sobre el porqué del éxito que algunas de sus obras, como ‘Revuelta contra el mundo moderno’, tuvieron en la Alemania nazi. O sobre sus múltiples conferencias en suelo teutón durante dicha época. O, aparte de ciertas críticas que vertió sobre determinados aspectos que creemos haber justificado en los párrafos anteriores, que meditaran sobre el positivo análisis que hizo de tendencias y organizaciones del fascismo italiano y del nazismo alemán; también esbozados por nosotros en el presente artículo; sabido es, como no podía ser de otro modo en ningún Tradicionalista que se precie como tal, sabido es, decíamos, que en ningún otro movimiento político e ideológico del momento, salvo quizás el de la Revolución Conservadora alemana, encontró, nuestro autor, ningún punto loable desde la mira de la Tradición, sino que, bien al contrario, los constató como enteramente empapados del cariz corrosivo de la Edad de Hierro . O, proseguimos, bueno sería que meditaran sobre los halagos que le dedicó a la figura del rumano Codreanu. O sobre su estrecha colaboración, la de Evola, con la sección esoterista de las S.S.: la Anhenerbe; con la que precisamente trabajaba en Viena estudiando archivos y documentos de la masonería cuando, tras un bombardeo aliado, quedó paralítico de por vida.

Nada nos placería más, definitivamente, el que estos portaestandartes del manipulador distanciamiento se maravillaran, con nosotros, de cómo en plena fase decadente del kali-yuga se pudo Restaurar tanto, tan a contracorriente y en tan pocos años. ¿Hasta dónde se hubiera llegado de haberse alargado ni que fuera tan solo una década más el cabalgar de los fascismos históricos?


Fuente: Septentrionis Lux

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