"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







sábado, 24 de octubre de 2015

Una historia de fantasmas (VII): En la biblioteca

                                                          



                                                             (Ir al Capitulo anterior)

El sábado en la tarde Adela y Gabriela estaban en sus bicicletas pedaleando hasta la Biblioteca Pública de Chetumal.
Gabriela habia aceptado su amistad y su propuesta de comunicarse con su hermano, Adela le había dicho que en la biblioteca tenían un grimorio y ahí estaba el conjuro de los muertos, según le dijo era muy viejo, las hojas estaban anaranjadas y era la última edición del año 1945.
Adela amaba los libros viejos, le contó a Gabriela sobre su tía Josefa Zubieta que vivía en Campeche, ella tenía una colección de libros viejos sobre los temas más interesantes. Entre su colección estaban libros sobre masonería,  brujería,  teosofía y de autores como Herman Hesse y Giovanni Papini. Adela no los leyo a todos pero había leído lo suficiente sobre ocultismo como para autodenominarse bruja.
El hombre que estaba en ese momento a cargo de la biblioteca era Jerónimo Salazar un anciano de setenta y un años que según Rodolfo el hermano de Adela fue director de la escuela primaria. La biblioteca estaba casi vacía con excepción de don  Ernesto Reyes un abogado de mediana edad el cual consultaba unos libros sobre derecho penal.
Las niñas saludaron a don Jerónimo y caminaron hacia la sección de interés general, la biblioteca no había cambiado nada en años con la única excepción de que ahora tenía un salón para computadoras pero no se había renovado en años. Tenía los mismos libros, las mismas viejas revistas. En ese estado se encontraban la mayoría de las bibliotecas del país, hace años –le contaban sus padres—los niños y jóvenes iba a las bibliotecas a hacer trabajos, buscar información para sus tareas.
El Internet acabo con el imperio de las bibliotecas, toda la información sin salir de casa, su generación contaba con Wikipedia, blogs, youtube y redes sociales en las cuales buscar tareas e información.
Las bibliotecas eran una reliquia de la época anterior a la era digital, las niñas veían los libros de la sección de interés general buscando el libro de Adela.
Habían viejas historietas de Memin Pinguin, Kaliman, el Mil Chistes, libros sobre esoterismo sobre el horóscopo y hechizos de magia blanca—como conseguir dinero, como atraer el amor, como atraer la buena salud, etc.—hasta libros más interesantes como “Isis sin Velo” de Madame Blavatsky y libros en ingles como  Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry de Albert Pike.
-Ese libro es muy loco—dijo Adela
-¿Sabes inglés?
-No pero mi tía Claudia tiene una edición en español. Ese cuate adoraba al diablo—dijo Adela riendo. Gabriela no estaba muy segura de querer seguir siendo su amiga pero la compañía de Adela le gustaba.
Encontraron el libro sobre como invocar a los muertos, el autor decía ser un antiguo monje hablaba en la contratapa de cómo llamar a los muertos, como aprisionarlos en el mundo y como obligarlos a responder preguntas.
-Un fantasma—como el autor definía a los muertos—puede contar muchas historias, puede hablarles del mundo de los muertos, los secretos de la vida después de la muerte, puede contarle su propia historia e incluso puede predecir el futuro.
Gabriela no quería aprisionar a su hermano, solo hablar con él, verlo aunque sea como un fantasma. Pero más que nada quería verlo de nuevo.
-¿Entonces nos llevaremos este libro?
-Claro que no, mi mama ya está harta de esto y si tus viejos te ven leyendo esto te llevaran inmediatamente con el loquero—dijo poniendo el dedo índice en la cabeza y girándolo dando a entender qué pensarían que estaba loca.
-Le sacaremos fotocopias—dijo pero primero debían de ver donde estaban las invocaciones, el libro contaba con quinientas páginas y Gabriela nunca habia leído algo tan grande como eso.
Se sentaron en una mesa, al lado de ellos estaba Antonio Godínez un chico gordo que iba a la misma clase de Jeremías, según le había contado su hermano en una ocasión al gordo lo habían descubierto masturbándose en el baño con una revista yaoi.   
Ese mismo día pero al anochecer Cesar, Jimmy y Arturo Larios lo esperaron a la vuelta de su casa, cuando salió a comprar unas tortillas de harina le pusieron una golpiza, le amenazaron con que si denunciaba entonces lo terminarían matando.
Adela le susurro que según algunos rumores sus padres se divorciaron al descubrir que era gay, el gordo no escuchaba, tenía en su Ipod una canción de algún anime.
-Aquí están—señalo Adela.
Eran en total cuatro invocaciones, una de ellas requería una tabla Ouija, la mención de aquel juego hacía temblar a Gabriela.
Tomaron las fotocopias, don Jerónimo no hizo preguntas algo que hizo que las niñas se sintieran aliviadas.
Tomaron de nuevo sus bicicletas y pedalearon hasta llegar al parque, ahí se sentaron en una banca mirando las hojas que fotocopiaron.
-¿Por qué no las bajamos de internet?
-No es confiable, los libros son mejores—respondió Adela prestando atención al conjuro que involucraba la Ouija.
-Probaremos con este ¿Qué te parece?
Gabriela asintió, a simple vista parecía el más sencillo de todos.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
Adela hizo un gesto de asentimiento, en el parque se encontraban otras cuatro personas en el parque incluyendo a un policía, por lo que guardo bien sus cigarros.
-¿Con esto poder ver a mi hermano?
-Sí, confía en mí—ella asintió con un gesto mientras veía el material fotocopiado, tenía muchas preguntas por hacerle, quería preguntarle por qué lo hizo, porque la abandono y porque de ese modo. Mirando el azul del cielo pensó en lo hermoso que era y quiso ponerse en lugar de su hermano al momento de tomar la decisión de quitarse la vida. Por más que lo intento no pudo hacerlo.


 Octubre 2015

ãFernando Trujillo, Todos los Derechos Reservados




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