"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







miércoles, 27 de enero de 2016

Los payasos del otro lado



Este relato que forma parte de la Saga de Vril, he decidido reescribir la saga, acompañarla de una tercera parte y poder finalizarla, ese ha sido mi objetivo desde el año pasado que aún no he podido concluir. Espero que este relato sirva como una guía para poder realizar un nuevo comienzo, algo que sea definitivo. Esta confesión no es una apología a las drogas, es compartir una anécdota con ustedes mis lectores. Espero disfruten su lectura.

Fernando Trujillo

A la memoria de David Bowie (1947-2016)



1

Max Aguilera abrió los ojos.
Se puso de pie, tenía las botas puestas.
El Juego había comenzado.
Frente a él estaba aquel gran desierto, infinito en su extensión y en algún lado se encontraba ese hombre mágico recorriéndolo con sus gastadas botas.
No era como el desierto del norte de México, aquí había magia, podía sentirla, dio un paso sintiendo una poderosa energía detrás.
Se sentía mareado, no era por el abrasador calor, el viaje astral puede desorientarte, tenía en la boca el sabor amargo del LSD que Kelly le dio. A lo lejos pudo ver algo, era una energía de colores chillones, pero muy escasa. Ese era el rastro del mago.
A lo lejos estaba una figura, una sombra que no identificaba de quien se trataba, tal vez fuera ese hombre mágico pero descarto la idea. Le parecía que aquella figura lo observaba o tal vez fuera algún efecto de la sustancia. No estaba seguro.
Max ¿Estás ahí?
Era la voz de Kelly llamándolo desde el mundo real—en ese momento la noción de realidad le parecía demasiado absurda—Max alzo la cabeza encontrándose con el brillo del sol que le hizo entrecerrar los ojos.
-Si Kelly estoy en el desierto.

Escucha Max tienes poco tiempo para encontrar a Jahad Udo así que será mejor que te apresures antes que los payasos vengan.

-Entiendo eso ¿No el desierto es territorio de la Reina de Saba? Digo podríamos pedirle ayuda—espero la respuesta, comenzó a caminar, tenía un largo trayecto que cruzar.

Max el desierto no tiene un soberano, los territorios de la reina se encuentran a millas de este lugar. El desierto pertenece a los demonios, así que ten mucho cuidado y ¡Apresúrate!

-Y hasta ahora me lo dices—dijo escupiendo, no soportaba más lo amargo en su lengua. Comenzó a caminar siguiendo el rastro de las luces que el Mago iba dejando en su camino.
Atrás una energía oscura se estaba haciendo más grande, Max tenía miedo de mirar porque sabía quiénes estaban.
Los payasos del otro lado.
Los oscuros guardianes de Mundo Interior, aquellos que se ocultan en la oscuridad del Vacío, ellos siempre estaban presentes en cualquier ritual, en cualquier viaje astral, ellos esperan en el trayecto para atrapar tu ser, eran los policías fronterizos de la región que separaba al Mundo Interior con el Mundo Exterior. Para algunos ángeles pero para otros demonios.
Kelly Hart realizó un ritual en el que su ser se transportaba al Mundo Interior, el ritual involucraba una dosis de LSD para poder entrar en trance y que el ser se desprenda del cuerpo pero estaban entrando a un espacio sagrado, no tenían el permiso de las entidades que gobernaban aquellas regiones.

Camina hacia el Oeste, el Señor de los Secretos recorre esa senda.

La voz de Kelly se escuchaba lejana, parecía estar a kilómetros de distancia de donde él se encontraba. Se perdía en la inmensidad de un cielo rojizo.
Los payasos iban por él, parte del ritual cerraba sus puertas pero se estaban abriendo poco a poco. Tenía que ser rápido.
Cruzaba el desierto, luchando contra esa sensación de desorientación que era cada vez más fuerte. Podría usar sus poderes para poder volar pero Kelly le advirtió que se encontraban limitados, tendría que ser sabio para poder usarlos.
Sentía que sus labios se estaban quemando, su cara, aquellas luces iban desapareciendo, alzo las manos intentando agarrar una.
-Te encontrare—susurro.
Cayo de rodillas, respiraba agitadamente, más allá de él estaba el desierto y detrás los payasos del otro lado. Tenía que continuar.

Conforme más caminaba más sentía ese efecto de irrealidad a su alrededor, le parecía que habían pasado días, incluso años desde que llego al desierto.
Aquí no existía una noción de tiempo, de realidad, de pronto Max sintió que toda la realidad como la conocía no era más que una fantasía absurda. Pasaron por su mente recuerdos, noticas que recordaba. La crisis en Grecia, la crisis de seguridad en México, las revueltas en Medio Oriente todo le parecía algo tan absurdo, tan irreal que solo una mente enferma podía crear.
Lanzo una carcajada ante este pensamiento, todo el diseño de la realidad era algo que solo un demente en el interior de la celda de un hospital psiquiátrico pudo imaginar.
Se preguntó si la sed y el sentir la piel quemándose eran reales, si su cuerpo físico las estaba sintiendo o todo sucedía en su mente.
Pensó en preguntarse todo eso después, ahora había que alcanzar al hechicero, cerró los ojos intentado concentrarse.
Abrió sus manos, al abrir los ojos vio que portaba un cinturón con dos fundas donde estaban dos revólveres plateados.
Siguió caminando, sintió una peste a su alrededor, volteo la mirada encontrando el cuerpo de una cabra negra.
El animal estaba con los intestinos de fuera y las hormigas estaban sobre sus intestinos, un escarabajo negro salía del orificio donde estaba su ojo. Se preguntó si las hormigas eran parte del desierto, los conocimientos en biología ahora le fallaban.
La cabra tenía la boca abierta, la lengua de fuera, el cuerpo se estaba pudriendo y le pareció que el proceso estaba a un ritmo veloz, como la secuencia de una película. Sintió tanto asco pero no podía despegar su vista.
Recordaba que en los mitos hebreos se llevaba una cabra al desierto en ofrenda al demonio Azazel, era una cabra negra por los pecados y una cabra blanca como ofrenda de buena voluntad, no se acordaba muy bien de cómo era.
Se preguntó si había demonios cerca, detrás sintió una ráfaga de frió, el vórtice comenzaba a abrirse.
Vio un jardín y una casa con una gran ventana, era de noche y la escena contrastaba con la brutalidad del desierto.
Un payaso abrió la ventana asomándose, tenía el pelo rojo y la cara completamente blanca, un atuendo de colores chillones, Max vio que no había ojos, solo unas cuencas vacías pero sentía como lo observaba sin una expresión.
Otros payasos se asomaron, seres fantasmales, miraban por la ventana, todos sonreían pero estaba desprovista de alegría y de crueldad, eran sonrisas vacías.
Al usar el Vril abrió más el vórtice, cada vez que usara el poder lo abriría hasta que los payasos fueran libres.
Por ahora solo observaban.
Max continúo caminando, apartaba la arena de una patada, camino lo más lejos que podía del cuerpo de la cabra pero aún tenía ese aroma pestilente en su nariz.
Miro a su derecha, solo arena y rocas.
Escupió a un lado, miro a su alrededor las hormigas, estaban en círculo rodeándolo, las sintió recorrer sus manos pero no eran reales, nada a su alrededor lo era.
Luego de la tierra brotaron los escarabajos negros, eran más grandes que el último, tres escarabajos se formaron en fila y después se separaron, iban comiendo y aplastando a las hormigas, las hormigas lanzaron gritos infantiles y los escarabajos comenzaban a reír.
Una hormiga emitió el grito de una niña.
Otra hormiga grito como un bebe.
Max no lo pudo soportar más, aplasto a los escarabajos que gritaron  como mujeres, se hizo a un lado, las hormigas se seguían moviendo como los escarabajos, habían adquirido colores chillones y se movían sin un orden aparente, a veces como si estuvieran danzando y otras como si estuvieran peleando.

Mantente tranquilo, este lugar puede enloquecerte, tienes que resistir lo más que puedas.

Es mejor concentrarse en el Juego, no hay mucho tiempo pensó dando la vuelta y siguiendo su camino.
Los payasos del otro lado seguían observando.

Max casi estuvo a punto de desmayarse sobre unas rocas, miro el cielo preguntándose cuanto tiempo había transcurrido.
Miro una de las piedras, su visión comenzaba a fallarle, e encontraba debilitado, apoyándose en las piedras pudo sostenerse de pie.
Desenfundo su revólver y apunto a una de las piedras, un tiro y el agua empezó a brotar, Kelly y Eric le sugirieron que usara este método, un arma creada por el Vril al golpearla sobre una roca de Mundo Interior puede generar agua.
La sostuvo en sus manos tomándola, le parecía el agua más fresca y deliciosa que tomo en mucho tiempo. Se lavó la cara y volvió a beber.
¿Cuánto tiempo paso sin beber agua? Tal vez una hora o tal vez pasaron más de mil años, el tiempo no tenía ningún significado en el desierto.

Max no pierdas el tiempo, continua tu camino a la derecha encontraras un camino abandonado.

Se puso de pie, la voz de Kelly le pareció que vino de más allá del desierto, se puso en marcha sobre el camino indicado.
Otra vez le pareció ver a lo lejos a esa figura fantasmal, el hombre que caminaba lejos pero al mismo tiempo a su lado.
-¡Oye quien eres!
El hombre no respondió ni lo miro.
Se preguntó si era algún ángel caído que habitaba el desierto o algún otro psiconauta perdido en su propia visión.
Decidió dejarlo continuar su camino, el siguió andando, aquel brujo huía a través del desierto, él tenía algo que Max quería, un secreto que poseía y que no se lo entregaría hasta que lo alcanzara y lo obligara a entregárselo. En eso consistía el Juego.
Recordó unos fragmentos de una canción de Nick Cave:
Es un dios, es un hombre, es un fantasma, es un gurú.
Se trataba de una entidad que conocía los secretos, que desvelaba lo que se encontraba oculto pero para eso se tenía que ganar su propio Juego.
Aquellos que perdían no regresaban a la realidad, su identidad se perdía en la inmensidad del desierto. Perder no era una opción.
Llego a lo que parecían unas vías ferroviarias abandonadas, cascaras de huevos de serpiente abandonadas, tomo una tocándola con su dedo índice, aún seguían frescas.
Se preguntó quién había construido esas vías, si fue algún pueblo como los seres humanos o alguna raza que el hombre del Mundo Exterior desconocía, será el Pueblo Blanco al que Machen se refiere en sus historias pensó tocando el acero.
Tal vez pensó, en todo este inmenso desierto hubo alguna civilización que cayó en algún momento de su historia, una que se asemejaba al occidente de su mundo pero no tenía tiempo de todas estas meditaciones.
A lo lejos unas luces de colores, el hombre misterioso había seguido esa ruta, Max se puso en marcha.
Casi podía tocar las luces, camino siguiendo las luces que a su paso se iban desvaneciendo y más allá estaba el hechicero.

Siguió las luces que estaban en toda la vía, intento tocarlas pero se iban desvaneciendo, miro al cielo viendo que ya habían salido algunas estrellas.
Las estrellas se iban moviendo, algunas chocaban unas con otras, era como una batalla o una danza cósmica de la cual desconocía su significado.
La noche estaba llegando y con ella los payasos.
Volteo la mirada, los payasos del otro lado continuaban observando, sus caras pálidas casi espectrales solo observaban detrás de la ventana, no podía leer sus expresiones, esos ojos vacíos de cualquier emoción solo miraban.
Los asesinos del otro lado esperaban, los jinetes de los abismos más negros que separan los mundos del Multiuniverso conectado.
Max les hizo la señal del dedo, pero pese a todo no dejaban de ponerlo algo nervioso, continuo caminando.
En mitad de la vía encontró una estaca, en ella estaba el cráneo de un toro con un mensaje escrito con sangre:

No es un final, es una puerta.

¿Qué significaba? ¿Un mensaje del hechicero?
Veía las letras moverse, la sangre se iba escurriendo por la estaca, no sabía si era real o algún efecto de la sustancia.
La dejo atrás para seguir su camino, Kelly le advirtió que en ese lugar nada era real, que dudara de todo lo que observara.
Se desmayó a mitad de la vía.
Las estrellas se movían, danzaban y chocaban, aún quedaba la luz del sol pero el calor estaba siendo remplazado con el frio.
El crepúsculo y él estaba casi sin fuerzas.
Pensó en sus amigos, los recuerdos de la infancia y la adolescencia iban sucediendo como en una secuencia de escenas de película, veloces y sin orden. Por momentos iba a su infancia y por otros a su vida como miembro de la Liga.
Personas del pasado y del presente se intercalaban sin ninguna continuidad.
Madre, Padre, hermana, Daniel, Leo, Kelly, Eric, Juan Pablo su enemigo, Alexis, Teodoro y también estaba ella
No era Pamela la mujer a la que amo y lo traiciono, era Frances Angus quien entre todo ese caos de imágenes estaba en el centro.
Murmuro su nombre, ella estaba en el techo de la casa de Saltillo preparando un rollo con tabaco, ella bebiendo un vaso de ron con coca.
Otra vez murmuro su nombre mientras la recordaba sonreír.
Y ella dijo algo.
Se puso de pie, continuo su marcha en busca del mago, en su andar se encontró con una estación de paso, recordó la canción de Bowie “Station to Station”, será algo que pensaría después se dijo mientras entraba.
Estaba abandonada como era de esperarse, vieja, con la madera podrida, dentro estaban las luces de colores, saco su revólver, tal vez podría encontrar algo de comer pero no había nada ahí que pudiera servirle.
Veía que la madera y las puertas se derretían, un efecto de la sustancia, estuvo aquí, tal vez el mago se detuvo a descansar un poco pero ya no se encontraba dentro. Aquí solo perdería su tiempo.
Continuo su marcha, a lo lejos estaba el viajero caminando a la par, tal vez sería solo algo dentro de su mente.
Dejo la estación atrás, continuo con su marcha, miro detrás, la ventana estaba abierta y los payasos estaban observando.

Viejos trenes en el camino.
Estaban destrozados por el tiempo, tirados y olvidados, las luces de colores lo guiaban hasta ese cementerio de acero.
Se subió sobre uno mirando a su alrededor, ahí estaba la inmensidad del desierto y a lo lejos las luces de colores desvaneciéndose.
Salto del tren, persiguiendo las luces que iban perdiéndose mientras las intentaba alcanzar, casi estaba oscureciendo.
Seguía el rastro en las vías, caminando más lejos del cementerio de trenes, aquí hubo un cataclismo pensó, todos los habitantes murieron o tal vez solo se fueron.
Continúo con su camino por aquellos paisajes abandonados, carentes de vida, se imaginó que aquello debía de ser la verdadera esencia de la Entropía, un mundo devastado, sin vida alguna, solo ruinas y un desierto.
Pero la Entropía tenía muchos rostros como bien sabia, a veces podía ser mundos resultado de la destrucción total y otras veces mundos donde nada tuviera el menor sentido.
Los payasos continuaban observando.
Nada cambio, solo continuaban mirando con sus caras blancas y carentes de expresión, esperaban, ya tendrían tiempo para reír, eso sí se los permitía claro.
En el desierto uno nunca estaba solo, podía sentirse que ahí a su alrededor había otros, no solo los payasos sino que desde otras regiones que desconocía lo estaban observando. Tal vez las almas de aquellos que perdieron el Juego. Tal vez espíritus impuros.
Esto no tenía ningún sentido pensó, este lugar con su atmósfera opresiva, la realidad a su alrededor. Comprendió las palabras del Viejo de la Montaña, nada era verdad y todo estaba permitido. Esas mismas palabras las uso un escritor loco obsesionado con las armas.
Sintió un vacío en su ser, sintió que todo por lo que luchaba, todo lo que alguna vez amo era solo una ilusión, alguna falla cósmica.
Aquí no existía el concepto del tiempo, no existía lo que estaba arriba ni lo que estaba abajo, solo estaba el desierto y eso era todo. Aquí estaba la Muerte, el fin de la vida, de la identidad, este era el hogar de los perdidos.
Espíritus que vagan por los ferrocarriles, van vendados y caminan con los pies destrozados por ciudades abandonadas y vías ferroviarias devastadas.
No conocen el cansancio, su identidad, quienes fueron alguna vez se ha perdido para siempre, solo caminan sin un destino escapando tal vez de los payasos o solo condenados.
-¿Quiénes son?
-Somos los errantes, viajero, somos lo que tú serás pronto.
-No lo seres.
Pareció que emitieron una risa amarga, dolorosa, se burlaban de otros viajeros, esa cruel diversión era su único consuelo.
Max les hizo la señal del dedo, pero no caminaban cerca, estaban en otro espacio tiempo, en el mismo desierto pero tal vez a kilómetros de distancia, tal vez estaban en el mismo sendero pero en dos siglos de diferencia.
Los errantes desaparecieron, una alucinación del desierto o tal vez estaban ahí y continuaron su camino desvaneciéndose en la arena.
Los payasos continúan observando.

Llego a unas colinas, casi estaba anocheciendo.
El crepúsculo no duraría, las luces que dejaba el Oculto como rastros eran un poco más intensas que antes. Quizás estaba cerca o quizás se estaba burlando.
Escucho un sonido incomodo a lo lejos, pensó en los payasos pero estos permanecían en silencio. Se dio la vuelta, los payasos ya estaban saliendo de la ventana, estaban en el jardín, algunos tenían martillos y otros cuchillos.
Ahora mostraban unas sonrisas, los payasos del otro lado estaban preparados para comenzar su ataque.
Nuevamente escucho ese sonido, era el sonido de un asno y se encontraba cada vez más cerca. Le resultaba molesto.
Y el asno vio al ángel.
Recordó esas palabras de algún capítulo de la Biblia pero no recordaba de cual se trataba. Aquí no había ángeles ni entidades benévolas. Este no era su hogar.
Caminaba y algo caminaba a su lado, no se trataba de los payasos, algo estaba a su izquierda. Sentía el golpe de unas pezuñas, golpeaban con más fuerza en cada paso que daba.
-¿Quién eres?
El asno emergió de las sombras ¿Se preguntó cuánto tiempo lo estaba siguiendo? El animal estaba haciendo esos sonidos molestos, esos sonidos que le parecían una risa burlona.
Max volvió a caminar, presentía que el Oculto se encontraba más cerca, el asno continuaba lanzando sus ruidos cada vez más grotescos.
Cuando se dio la vuelta el asno adquirió una apariencia humana, un cuerpo masculino musculoso y la cabeza continuaba siendo la del repulsivo animal que emitía esos ruidos que adquirían el tono de carcajadas.
-No tengo tiempo para ti fenómeno—Max desenfundo sus revólveres, el asno lo ataco con las manos abiertas intentando ahorcarlo. Soltó los revólveres mientras las manos de la bestia oprimían su cuello.
Le pego un puñetazo en la cara, el animal la desvió por otro lado y al asno gimió con una risa estridente. Le dio otro puñetazo en la cara y una patada en el vientre quitándoselo de encima. La bestia retrocedió riendo, se hacía más grande y sus músculos aumentaban de tono. Max se hizo a un lado recogiendo uno de sus revólveres, le pego un tiro al asno en el ojo derecho.
Un color rojo chillón se derramo por su ojo mientras que dos escarabajos negros salían del ojo en direcciones opuestas. Disparo otra bala a su ojo izquierda, el asno emitió un grito humano, la sangre se derramaba.
La bestia intento atacarlo con golpes que fallaba, se hizo a un lado y le pego dos tiros en el pecho, el asno se volvía más grande, casi estaba pareciendo un gigante, apunto al cuello y le pego un tiro que le arranco la garganta. El asno cayó boca arriba, Max se acercó y le perforo el cráneo con una bala.
Se dio la vuelta para poder continuar con su camino, ahí a lo lejos podía ver unas luces de colores que se iban desvaneciendo, el mago estaba ahí a lo lejos.
Miro detrás, el asno estaba empalado y las hormigas rodeaban su cuerpo, dos buitres uno a su derecha y otro a su izquierda iban arrancando su carne.
Los payasos del otro lado continúan observando.

Una tormenta de arena.
Max siente que está a punto de caer, intenta hablar con Kelly pero el enlace psíquico es demasiado débil.
Cubre su mirada de la arena, ¿Qué es este lugar? Se pregunta, el desierto sin fin, sin comienzo, no hay nada salvo muerte, el desierto es un lugar implacable al que van los espíritus inmundos y los muertos sin descanso.
Unas letras se forman en el viento de la tormenta:
TOMA EL CUCHILLO.
Se preguntó si el mensaje era de Kelly pero no sentía ningún contacto, las letras se fueron volando perdiéndose entre la tormenta.
Al voltear la vista atrás los payasos se preparaban para atacar, parecía que estaban caminando fuera de la casa pero le pareció que lo hacían de una manera lenta, como si avanzaran y al mismo tiempo se quedaran en el mismo espacio.
Miro el cuchillo, estaba enterrado en la tierra, avanzo hacia donde estaba siendo golpeado por el viento, tal parecía que fuera la misma tormenta la que no le dejara acercarse.
Agarro el cuchillo del mango, la tormenta se volvía más intensa, cerraba los ojos cubriéndose de la arena. En frente se encontraba una figura encapuchada, a lo lejos, estaba rodeado de luces de colores.
Las ráfagas de viento adquirieron tonos violetas y rosas, tonos rojizos y azules, se sentía desorientado, el deseo de vomitar y de gritar se mezclaban.
Sentía que su cuerpo estaba cubierto de hormigas, con la mano que le quedaba libre iba rascándose pero no era suficiente, casi estaba a punto de soltarse del cuchillo. Lo agarro con las dos manos resistiendo a las hormigas.
Los hombres vendados ríen, los escucha a su alrededor, las vendas salen volando en la tormenta revelando seres hechos de carne pútrida que se desmoronan.
El desierto lo llamaba.
La voz dura y siniestra del desierto lo estaba llamando, era la voz de un anciano cruel, un ser que corrompe a los débiles y los atada en este lugar.
El desierto le decía que debía de soltar el cuchillo, que era tiempo de unirse a ellos, a los muertos sin descanso, a los malditos.
-¡No!
Sostuvo el cuchillo con más fuerza, la risa del asno resonó en medio de la tormenta, ahí estaba ese maldito asno riéndose detrás, era un cuerpo descompuesto cubierto de hormigas que solo reía.
-¡Cállate!
Cuerpos descompuestos de jóvenes en las arenas del desierto, camellos muertos con buitres devorando sus entrañas. Niños palestinos muertos, fundamentalistas jihadistas degollan prisioneros blancos y su sangre cubre la arena, soldados yanquis sodomizan y le pegan tiros a prisioneros de guerra con los ojos vendados y en todas esas escenas que pasan por sus ojos se escucha la risa del asno.
La muerte y la locura eran la verdadera esencia del desierto.
Recorriendo sus caminos uno alcanza una oscura revelación que desemboca en la locura, preso de los demonios que lo habitan.
-Ven y únete a nosotros muchacho, de aquí no vas a salir—era esa voz rancia, oscura del desierto, un rostro envejecido se formó en la arena, Max miro sus ojos vacíos, su boca se abría amenazando con devorarlo.
Se concentró en el cuchillo, la tormenta lo iba arrastrando y solo podía resistir, la cabra muerta volvía a levantarse para lamer su rostro.
La cabra tenia algunos de sus rasgos faciales, grito, sentía que se estaba convirtiendo en una cabra, el animal desapareció pero tenía esa sensación de metamorfosis.
Otro grito mientras imágenes de animales sacrificados recorrían su mente y entre todas esas imágenes sobresalía la de Frances Angus.
Frances en un bar tomando un Cosmopolitan, fumando un rollo de tabaco, Frances en su departamento al verla tras tantos años.
Pensó en ella, entre todas las imágenes, las voces, ella estaba presente, se concentró en ella, solo eso podía salvarlo en este momento.
Una última imagen se hizo presente.
La razón por la que se encontraba en ese lugar.
El rostro de Amy, ella y Frances eran las figuras que más sobresalían, la niña con su cabello castaño riendo, jugando. Era ella, tenía que concentrarse en ella.
-¡NUNCA LA VOLVERAS A VER!
El desierto rugió con gran fuerza y Max luchaba por aferrarse a la cordura ante el torbellino de colores que estaba sobre él.
<>
Repetía su mantra en su mente mientras sentía que alguien lo tomaba de los pies, no eran los payasos, eran los hombres vendados, los malditos querían que se uniera a su tropa, que fuera uno como ellos.
Les dio una patada, libero una de sus manos descargando una ráfaga del Vril sobre ellos arrojándolos a la tormenta.
Amy estaba en sus pensamientos, el deseo de volver a verla después de mucho tiempo, ese anhelo, esa pequeña esperanza lo sostenía de ser arrastrado.
Un escenario negro.
Es una obra de teatro, Max se encuentra desnudo con una espada y sobre el escenario se encuentran dos cabras.
Alza la espada y decapita a la cabra blanca, se cubre con su sangre, decapita a la cabra negra bañándose también en su sangre. Los animales muertos derraman su sangre sobre la alfombra donde están las butacas.
Se escuchan unos aplausos, alza la vista viendo solo un escenario vacío, detrás el asno se acercaba. Max le clava la espada en el pecho. El animal-hombre grita, saca la espada y lo decapita.
-¿Esto es todo?
-No es un final, es una puerta—la voz del Oculto se escuchó en el escenario.
El teatro desapareció, se encontraba en el desierto y frente a él se encontraba una figura ataviada con una túnica de blanco y negro sentado en posición de loto.
Por fin encontró al Hombre Oculto.
Los payasos estaban avanzando.

                       
                                                                       2

El Oculto estaba flotando en el aire, bajo las piernas quedando de pie frente a Max, con esto el Juego estaba por concluido, pero aún faltaba que le diera el premio por alcanzarlo. Pensó en Kelly, se había perdido la conexión. Detrás los payasos estaban avanzando, venían por el con sus cuchillos largos y sus martillos.
El rostro del mago era el rostro de un hombre viejo, tenía una barba blanca y parecía no poseer ojos, solo dos espacios oscuros, profundos, antiguos.
¿Cuál era la naturaleza de esa criatura? ¿Sería un ente de la Jerarquía o la Entropía? Tal vez fuera un doble agente pensó.
-¿Cuánto tiempo te he buscado?
-Aquí el tiempo no tiene significado como sabes, tal vez mil años o tal vez doscientos años. En el mundo material tal vez solo hayan transcurrido veinte minutos.
-Me dirás lo que quiero saber—no era una pregunta, era una afirmación, había ganado aquel extraño juego y exigía que le dijera la revelación. Desenfundo su pistola apuntándole, no pareció ofenderle.
-¿Qué fue toda esa mierda que vi?
-Una prueba de resistencia, te aferraste a lo que amas y pudiste resistir a la demencia y a la pérdida de identidad. Debes saber que en cuatrocientos años nadie ha terminado el Juego—no se sentía halagado, no le interesaba quien había jugado eso antes, solo quería encontrar respuestas.
-Sabía que lo lograrías amigo.
-No somos amigos.
-En eso te equivocas—el Oculto se tocó el rostro, solo era una máscara que se quitó dejando a Max perplejo, bajo el revolver.
Quien estaba detrás de la máscara era Mercurio Señor del Caduceo, alguien que una vez fue llamado Alexis, su amigo. Alguien que ya no existía para tomar su destino como avatar de un dios.
-Si sabias donde estaba mi hija ¿Por qué me hiciste jugar este maldito juego?
-Tú invocaste el juego, como Jahad Udo tengo que someterme a las reglas del Juego, incluso un dios como yo no puede quebrantarlas. Como Mercurio no sabía quién tiene a tu hija pero como el Oculto sí. Aun no puedo dominar todas mis personalidades—eso no le quitaba el enojo que sentía en ese momento.
Mercurio se quitó la túnica mostrando que vestía un traje de múltiples colores brillantes, alzo las manos formando unos sigilos con los dedos.
-Has venido por revelaciones Max Aguilera y he de mostrártelas. Lo primero es que debes de saber que Amy se encuentra en una ilusión. Esta a salvo pero debes encontrarla antes de que todo colapse—las estrellas formaban mundos que se creaban y que se destruían, puertas que se abrían y se cerraban, estrellas colisionando unas con otras.
Esto no es el final, es una puerta pensó en el mensaje que había encontrado una y otra vez, Mercurio hizo un gesto de asentimiento.
-Las líneas de tiempo, las líneas de diferentes realidades están abiertas cruzando unas con otras, historias se abren y se estancan, realidades se crean y se destruyen. Nuestra historia tiene que continuar—a continuación Mercurio ya no lo miraba a el sino hacia otro espacio, a lo alto. Alzo la mano y la pantalla de la computadora se alejó deteniendo cualquier proceso de escritura.
-Te hablo a ti, dios o demiurgo, es tiempo de continuar, tienes la historia en tu mente pero no has explorado lo suficiente. Hemos esperado por mucho tiempo, tienes que escribir lo que sigue. Recupera a la musa, deja de escribir artículos, deja todas tus preocupaciones y supera los bloqueos, escribe, no te detengas. Solo escribe. Recuerda que esto no es el final tan solo es una puerta—no estaba entendiendo nada, Mercurio dejo de mirar al cielo y volvió su vista a donde estaba el.
-¿Qué significa todo esto?
-Significa que esto tiene que continuar, significa que tienes que encontrar a Amy y continuar la historia—Mercurio señalo hacia la derecha, ahí estaba la niña, estaba vestida con el uniforme de su colegio.
Max se acercó queriendo abrazarla pero una fuerza se lo impedía, no podía acercarse demasiado, no era ella, era tan solo una ilusión.
Mercurio le dijo que era una parte de la conciencia de Amy, ella se encontraba en el lugar de su cautiverio, le dijo que hiciera la pregunta correcta. La niña no permanecería mucho tiempo con él.
-¿Dónde estás cielo?
-Estoy con mama—detrás de la niña estaba Pamela Álvarez, su antiguo amor ahora convertida en su enemiga. Pamela tan hermosa, tan elegante tenia a la niña abrazada, su cara mostraba esa sonrisa cínica que llego a amar pero que también odiaba.
-Nunca la volverás a ver—entonces era ella, Pamela le dio un beso en la mejilla a su hija no con afecto sino como una afrenta.
Una serpiente con apariencia humana, un ser cruel, no permitiría que su hija estuviera en manos de esa mujer.
-Escucha cielo voy a matar a tu madre y voy a salvarte—las figuras de Amy y su madre se desvanecieron. Max se encontraba en lo que parecía una calle, escuchaba unos pasos, una marcha que venía por él.
Los payasos del otro lado estaban aquí.
Estaban fuera de su terreno sosteniendo en alto sus cuchillos y sus martillos, Max desenfundo sus revólveres, le pego un tiro en la cabeza a uno, el payaso emitió una risa antes de caer muerto.
Disparo a otro en la cabeza, a otro lo hirió en la pierna, un payaso se abalanzo con su cuchillo casi perforándole la garganta, retrocedió disparando tres veces sobre su pecho, el payaso rio y se desinflo como un globo.
Detrás otro payaso lo golpeo en la espalda con un martillo, dejo caer uno de sus revólveres, le pego un tiro en la pierna, se percató de que no solo no tenían ojos, carecían de lengua o dientes, le disparo a la cabeza.
Ángeles, demonios, productos de la alucinación no le importaba, disparo sobre la cabeza de un payaso gordo con un cuchillo.
Dos payasos se aproximaban con cuchillos, arrojándose violentamente, disparo sobre la cabeza de uno e hirió en la garganta al otro que retrocedía tambaleándose. Le pego un tiro de gracia sobre la cabeza.
Distraído no vio al payaso que estaba a su lado, al darse la vuelta el payaso le hirió con el cuchillo en el hombro, disparo otra bala en su estómago pero el payaso contrataco con otra puñalada sobre su brazo. Un tiro penetro en el ojo del payaso.
Aún quedaban diez payasos frente a él, Max tiro el revólver y decidió usar el Vril, abrió las manos dejando escapar una barrera de energía contra los payasos, dos de ellos perecieron, los otros atacaron en medio de gruñidos, con la energía contenida los aparto arrojándolos en la calle. La fuerza que tenía la dejo escapar, desintegrando a los payasos restantes.
Max casi estuvo a punto de desmayarse, quedo de rodillas viendo los restos de los payasos a su alrededor.
-Antes de volver hay una última revelación—dijo Mercurio.
Max alzo la mirada y vio al Viajero arribar al desierto.


                                                                       3

Max estaba de nuevo en el desierto, no encontró a Mercurio cerca, el sol estaba en lo alto y el Viajero estaba cerca.
El hombre que llego vestía harapiento, un sombrero vaquero y un pañuelo cubría su rostro, el hombre se acercó al niño.
Se quitó el sombrero y el pañuelo mostrando a un hombre pasados de los cuarenta años, un hombre de barba oscura y rasgos parecidos a los de Max.
-Padre—dijo el niño.
Su nombre era Tomas Aguilera, un borracho abusivo, un hombre frustrado con la vida que se desquitaba golpeando a su esposa y sus hijos. Al verlo el niño comprendió que su padre había muerto, este desierto era parte de esa tierra donde los muertos vagan sin descanso.
El hombre no solo era Tomas, era también Max y la niña a la que le hablaba era Amy, padre e hijo se convertían en uno y daban un mensaje al hijo y nieta que eran uno.
-Hijo perdóname por todo lo malo que les hice, por todos mis errores—el padre se acerca a su hijo y le toma del hombro. La niña ve a su abuelo y a su padre confundiéndose en el mismo rostro, el mismo semblante.
-Descargue mis temores, mis frustraciones en ustedes, todos mis fracasos, todos mis ideales y proyectos de juventud que nunca se hicieron realidad. Me odiaba a mí mismo y todo lo descargue sobre ustedes—el padre derrama sus lágrimas, el hijo intenta quitárselas con los dedos. Ve al hombre al que odiaba, lo ve derrotado pero no se regocija, siempre quiso tomar venganza por esos malos tratos pero no ahora, en ese momento veía a un hombre arrepentido y solo podía sentir empatía por él.
-Perdóname por ser tan débil, por no haber sabido cuidar de ti—ahora era Max quien hablaba y Amy quien escuchaba.
-En el fondo te temía porque sabía que eras mejor persona de lo que yo he sido—el niño recuerda los insultos y los golpes, comprende que al final su padre fue un hombre débil, un hombre que fue arrastrado por sus propias frustraciones que nunca pudo superar.
-Se fuerte, no cometas mis errores—le dice Max a Amy, la niña asiente y acaricia su rostro.
Max/el padre se pone de pie.
-Estoy orgulloso de ti—dice el padre y Max al mismo tiempo, el niño/Amy derraman una lagrima y en un susurro le expresan que lo quieren.
El padre/Max desenfunda una Colt, se la coloca en la boca y jala el gatillo.
Su espíritu se leva y ve el cadáver del Viajero, solo quedaban huesos enterrados bajo la arena del desierto.
Un niño se levanta gritando en medio de la noche, su madre entra a la habitación y le da un abrazo.
-Calma cariño, solo tuviste un mal sueño. Todo está bien—Max responde con un gesto afirmativo incapaz de poder decir algo. Estaba en casa, un lugar seguro donde las pesadillas no podían encontrarlo y donde podía llorar en brazos de su madre.
Hubo un tiempo en el que fue frágil pensó desde un rincón.
 El niño y su yo adulto se miran brevemente, el hombre que se convertirá, el hombre que continuara la historia se desvanece en la oscuridad dejando solo un extraño recuerdo que será sepultado en su memoria.

Enero 2016


      ã Fernando Trujillo Peña, Todos los Derechos Reservados

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