"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 4 de febrero de 2016

Calígula, el emperador incomprendido



Por Fernando Trujillo

Demente, depravado, cruel, tirano, son algunos de los epítetos que se han usado para referirse al emperador romano Calígula quien gobernara el imperio romano de los años 37 al 41 de la era cristiana.
Calígula ha pasado a la historia como un emperador insano, capaz de actos atroces y abominables. El retrato más famoso que se ha hecho de este emperador ha sido en la película Calígula de Tinto Brass una obra nauseabunda y considerada entre las peores obras cinematográficas de la historia en la que Calígula (interpretado por Malcom McDowell) y toda la sociedad romana están representados como una horda promiscua, excéntrica, incestuosa, decadente y moralmente podrida. Hollywood en general ha representado a la civilización romana de ese modo pero en esta película se llega aniveles grotescos y tragicómicos, obviamente carentes de seriedad histórica.
La historia como sabemos la escriben los vencedores, la escriben y reescriben quienes están en el poder de turno, ellos son quienes dictaminan quien es héroe y quien es villano, ellos exageran los hechos para engrandecer o humillar a un pueblo o a un personaje. Sabiendo esto podríamos preguntarnos ¿Fue realmente Calígula un villano?
Para Hollywood sabemos fue un demente sediento de poder, para Camus fue un personaje trágico, un símbolo de lo absurdo en el ser humano, los textos romanos no han sido favorables con su reinado describiendo todo tipo de excentricidades y actos despóticos, no obstante estos textos fueron escritos en su mayoría por sus detractores por lo que la objetividad puede ser puesta en duda.
Seneca el Joven da algunas descripciones negativas de su persona pero el filósofo estuvo a punto de ser ejecutado por tomar parte de una conspiración para derrocarlo en el año 39, por lo que estas anécdotas pueden ser puestas en duda.
En tiempos recientes es el historiador Roldan Hervas quien en su obra “Calígula: el autócrata inmaduro” puso en duda todas estas fuentes y en su libro ha desmontado muchos mitos alrededor del emperador.
En sus propias palabras expresa: “Todas ellas [las fuentes] escritas para las elites sociales romanas a las que pertenecían los senadores, que no habrían aceptado de buen agrado una imagen positiva tratándose de una figura tan antisenatorial. Yo llegue a la conclusión de que solo fue un joven desequilibrado por una niñez trágica y una adolescencia marcada por el miedo que de improvisto, se encontró con un poder omnímodo. Y toda la represión contenida que había acumulado estallo en una desbocada satisfacción de los más elementales instintos”.
Detrás de todas estas mentiras y exageraciones hechas en la historia, tal vez en Calígula encontremos a una figura trágica que se refugió en su locura para escapar de la dureza de la realidad.

Para los historiadores es una ardua tarea separar la realidad de la ficción, tratándose de Calígula es muy difícil poder ver que fue real y que es parte del mito que ha rodeado al tercer emperador romano.
La dinastía Julia-Claudia a la que perteneció era un nido de intrigas, en donde la traición y los métodos crueles para escalar al poder eran habituales (tal como Robert Graves retrato en su “Yo Claudio”), este ambiente de desconfianza y crueldad seguro afectaron la mente del joven Calígula que busco escapar de la realidad.
Tal como el personaje del emperador afirma en la obra de Camus: “Las personas mueren y no son felices. El mundo tal y como esta se me es insoportable, por eso necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad, o algo que por demente que suene, ayude a corregir este mundo.”
Posiblemente actos como nombrarse un dios o nombrar cónsul a su caballo hayan sido intentos por escapar del mundo, por buscar algo para poder evadirse, esto convertiría a Calígula en un emperador trágico pero también en el primer nihilista de la historia, alguien que negaba la realidad del mundo y buscaba cambiarlo de alguna forma excéntrica.
Así lejos del trastornado monarca de la cultura popular podíamos ver en el a un ser incomprendido, un soñador en un mundo que no admite soñadores.
Tal vez en el podamos ver un idealista, a manera política quiso hacer muchos cambios, tuvo políticas antijudías en las que ordeno colocar sus estatuas en las sinagogas lo que provoco el rechazo del pueblo judío, quiso poner orden en el sistema financiero haciendo donativos a soldados y ciudadanos, queriendo poner un límite a las clases altas a las que pertenecían los senadores por los que se ganó el rechazo de estos.
Existen muchas dudas respecto a su compleja personalidad y la versión que nos ha llegado ha sido sumamente simplificadora.
Un maniático tal vez pero lejos del monstruo que lo han convertido, un emperador incomprendido creo yo, alguien quien desde su locura quiso cambiar al mundo y fue esa incomprensión, ese rechazo lo que lo llevo a ser asesinado junto con su familia.
Alguien que busco convertirse en una divinidad, buscando en ser un dios una manera de superar la tristeza y la dureza de la vida como humano.
Las últimas palabras del emperador al momento de ser asesinado fueron “¡Sigo vivo!” las cuales resultan por demás enigmáticas e interesantes.
¿Una forma de burlarse de sus asesinos? ¿Una exclamación de que por fin era libre de este mundo? Posiblemente esto último, al morir podía vivir de nuevo pero ya no como hombre sino como un ser libre de este mundo.
Su tío Claudio ordeno la ejecución de sus asesinos, muchos de ellos magistrados que querían volver a instaurar la república.
La figura del emperador loco continuara por mucho tiempo, es más interesante esa figura de monarca demente y depravado que la del joven incomprendido.
Calígula quiso encontrar un sentido en este absurdo mundo, pudo encontrar el sentido de la vida al momento de su violenta muerte, más que un loco podemos ver a alguien que nunca encajo con el mundo que le rodeaba y 1974 años después de su asesinato continúa siendo una figura incomprendida y que no encaja con la historia.


Febrero 2016