"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







miércoles, 26 de abril de 2017

Caudillismo bananero




Por Fernando Trujillo


“La decadencia política de España quedo reflejada por las figuras revolucionarias de Hidalgo, Iturbide y Bolívar que acabaron con la dominación española en el Hemisferio Occidental”

Francis Parker Yockey


Desde hace unas semanas la crisis en Venezuela se ha vuelto un tema candente en los medios, el mundo ha visto como Maduro se ha erigido como dictador absoluto y como el pueblo venezolano ha salido a marchar, recibiendo represión y asesinatos por parte de las fuerzas leales a la tiranía.
Pero el caso de Maduro y de Venezuela es otro triste episodio del caudillismo bananero que es una parte integral de la historia iberoamericana desde hace doscientos años.
Los procesos de independencia de la América Hispana estuvieron lideradas por una serie de oscuros personajes Bolívar, Hidalgo, Morelos y Guerrero que pronto encontraron aliados entre las logias masónicas enemigas de cualquier autoridad real.
Con excepción de Brasil la independencia Iberoamericana fueron procesos desastrosos que trajeron consigo la ruptura de la Unidad Hispana en el continente y el republicanismo de carácter masónico que extermino a la aristocracia criolla y causo la ruptura de varios estados en diversas republiquetas tercermundistas que hasta la fecha están peleadas entre si y divididas en patrioterismos estériles.
Hidalgo y Bolívar ambos criollos fueron los primeros caudillos que alentaron a las masas indígenas en un odio por el pueblo español al que culpaban de todos sus problemas, Hidalgo usando el estandarte de la Virgen de Guadalupe movilizo a una horda de indígenas, mestizos y mulatos en una serie de matanzas de la población criolla, saqueos, violaciones y crímenes que finalizaron con su captura y fusilamiento. Hoy Hidalgo y sus compinches son recordados como “héroes” por la historia republicana.
El caudillismo nace entonces de estados sin un carácter nacional, arruinados por guerras civiles de independencia que lejos de dotar al naciente estado con un alma nacional solo forjaron republiquetas artificiales, es en ellas donde el caudillo busca ganar el favor de la población desprestigiando al gobernante anterior o los años de dominación española.
Oswald Spengler definió a los caudillos como demagogos guerreros de la población de color, es a este sector donde el caudillo se dirige para ganarse su favor y es que racialmente los indígenas siguen al hombre más fuerte, al guerrero, a quien grita más fuerte y se impone ejerciendo el autoritarismo y la violencia.
En México las figuras de Villa y Zapata movieron a las masas campesinas con promesas de derrocar a los terratenientes, organizando una serie de saqueos, asesinatos y sangrientos ataques a ciudades. Lo que movilizo a las hordas revolucionarias fue la violencia y un odio por la clase terrateniente pero fuera de eso nunca tuvieron ningún proyecto de nación.
En México los benevolentes gobiernos de Iturbide y Maximiliano fueron derrocados por la movilización del pueblo por parte de caudillos como Guerrero y Juárez, detrás de estas revueltas estaba el odio por el hombre blanco, por el ideal monárquico y su deseo de aniquilarlo. La caída de los breves imperios de Iturbide y Maximiliano fueron una prueba de que en México la democracia y las buenas maneras nunca funcionan, por el contrario solo la mano dura puede hacer funcionar el país, tal fue el caso de Porfirio Díaz otra figura caudillista pero que bajo su gobierno México alcanzo la paz y prosperidad económica.
Las figuras de Castro en Cuba, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y López Obrador en México son caudillos que prometen una nueva sociedad de igualdad, de patria libre, de justicia social pero siempre terminan igual, la clase dirigente se queda con poder y riquezas mientras el pueblo en la pobreza y rindiendo un culto ciego al caudillo.

En la actualidad la crisis venezolana es otro hecho que consta que el caudillismo ha sido un lastre para Iberoamérica, el chavismo dejo a una nación hundida en la miseria, su sucesor Maduro ha hecho más que empeorar la situación del pueblo. En Uruguay Mujica el así llamado “presidente más pobre del mundo” sedujo a los pueblos con su figura de venerable anciano, pero detrás se esconde un caudillo asesino, terrorista con logros artificiales durante su gobierno como la legalización de la marihuana mientras que la pobreza y criminalidad todavía son hoy parte de la sociedad uruguaya.
El legado de todos estos caudillos siempre son ilusiones, hechos que su mismo partido y sus seguidores magnifican a grados casi divinos para ocultar la pobreza, la continua desigualdad y el tercemundismo.
En México la figura de López Obrador que se alza como un caudillo para la sociedad ha sido un personaje de culto entre la población, los intelectuales, artistas y periodistas lo idolatran y han contribuido a generar esa aura de “salvador de México”.
Obrador y su partido Morena han elegido como héroes las figuras caudillistas de Juárez, Cárdenas y los revolucionarios mientras organizan marchas sobre marchas, organizan tácticas populistas para generar votos y simpatías.
Lázaro Cárdenas otra figura caudillesca fue el hombre que devasto el campo mexicano al quitárselo a los terratenientes y darle las tierras a hombres sin preparación que lejos de cuidarlas las terminaron abandonando y dejándolas morir, Cárdenas también se tomaba fotos comiendo con campesinos y obreros mientras las fuerzas militares de los agraristas arrebataban las tierras a sus propietarios y ejercían la creación de ejidos por medio de la violencia y la intimidación.
Cárdenas y sus sucesores impulsaron el presidencialismo, esa doctrina caudillista que exige un culto y respeto a la figura presidencial, en México se acostumbra hasta el día de hoy llamar al presidente como “señor presidente”, hasta hace unos años la figura del presidente era intachable, imponente y exento de cualquier crítica o comentario en los medios.
Pero el caudillismo no solo se ve en la izquierda sino también en la derecha política, las figuras de Pinochet y Videla los hombres fuertes, los militares tuvieron una fuerte presencia en tierras hispanas, el culto a su persona así como la brutalidad de sus gobiernos son parte de ese legado caudillista de Bolívar e Hidalgo.
Pinochet y Videla alcanzaron el poder por medio de golpes de estado—otra triste realidad de nuestra historia—erigiéndose como caudillos de sus respectivos países.
Las republiquetas hispanas son incapaces de ejercer una democracia, los gobiernos benévolos son derribados en golpes de estado por el caudillo de turno y es que el modelo republicano ha sido un gran fracaso por más de doscientos años.
Mientras la crisis venezolana continúa cada vez más sangrienta, los gobiernos caudillistas de Morales y Correa continúan reafirmándose, en México López Obrador dos veces contendiente a la presidencia de la república se mantiene como el hombre fuerte del país y se reafirma como un “salvador”.
Detrás de todo ese caudillismo republicano y bananero está el odio por la herencia española, el indigenismo, el odio por todo ideal de Aristocracia, Orden, Monarquía y Elite, el odio por el mundo blanco.  
El modelo republicano ha generado todo ese caudillismo que continuara mientras las naciones Iberoamericanas se aferren a él. Durante los procesos de independencia Brasil fue la única nación que lejos de una ruptura violenta con su patria, acepto su herencia, invito a su rey a ser gobernante de la recién nación independiente y convirtiéndose en un imperio con la economía más prospera de la región, una flota naval poderosa y conservando todo su territorio hasta la disolución de la monarquía, actualmente en Brasil las figuras de Lula da Silva y Dilma Rousseff son prominentes caudillos de la izquierda hispana.
Por hoy Venezuela es otro hecho lamentable de la tiranía de una izquierda bananera que gobierna impunemente y es tan criminal como la derecha neoliberal. Ambos productos de ese republicanismo jacobino.  
Si todo continua de esa manera las naciones hispanas no saldrán de su tercemundismo, no saldrán de los golpes de estado y los caudillos y no saldrán de estos patrioterismos republicanos que engrandecen a cualquier capo, criminal, militar de pacotilla y oportunistas con suficiente carisma para erigirse como “libertador”.


Abril 2017



jueves, 20 de abril de 2017

El combate cultural



Por Fernando Trujillo

“Llegara un día en el que Dante, Shakespeare y Wagner sean prohibidos por incorrectos. Porque con ellos como maestros nunca se podrá imponer la anticultura de Freud y Miro”

CEDADE, La Cultura de la Otra Europa

Ellos tienen la cultura

El termino combate cultural fue acuñado por el teórico marxista Antonio Gramsci, fue el mismo Gramsci quien dijo “Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura”, siguiendo esta enseñanza en la mitad del siglo XX la izquierda conquisto la educación, los medios televisivos, el cine, la literatura, la música y para principios de este siglo mantiene un dominio absoluto en toda área cultural.
Porque para Gramsci la conquista cultural era más importante que la conquista política, no se puede tomar el control de un pueblo si primero no se toma su cultura y vaya que la izquierda lo aprendió muy bien.
Gramsci marco las pautas, la lucha no solo era en las calles y en la política, sino se daba en el mundo cultural, el control sobre el lenguaje, sobre el discurso, sobre el pensamiento, Gramsci moriría en 1937 de un derrame cerebral pero sus ideas las continuaría la Escuela de Frankfurt en Norteamérica.
“Tras la renuncia a la lucha de clases, lucha horizontal, buscan la formación de bloques heterogéneos, lucha trasversal, que se articulan en torno a identificaciones políticas, porque, dicen, las identidades no están dadas, están en permanente construcción, son una cuestión social. La izquierda indefinida es antiesencialista y, por tanto, antiplatónica. Para ella todo son construcciones culturales, niegan incluso la biología. Ser madre o mujer, por ejemplo, no es un hecho biológico sino una construcción social, dicen sus pensadores.” (Morales, 2017)
Hablar de una izquierda política ha quedado obsoleto, este término ha dado paso a lo que es el liberalismo cultural quien domina la cultura, ellos no son marxistas infiltrados, no es un nuevo comunismo y definitivamente esto no es marxismo cultural. Ellos son liberales y ellos dominan el discurso cultural actual.
La filosofía de Marcuse, la educación sexual de Freud, Kinsey y Reich, la psicología de Fromm, la literatura de Neruda, Benedetti, García Márquez en las universidades hispanas, el cine de Kubrick, Tarantino, Polansky, Jodorowsky y Allen es galardonado con premios y es considerado obra maestra, tan solo el año pasado el ganador del Premio Nobel de Literatura fue Robert Zimmerman alias Bob Dylan, músico y pacifista, icono de la cultura dominante actual.
Así la ideología imperante del sistema político actual es la que domina la cultura, toda la cultura globalista representada por los valores feministas, LGBT, animalistas, multiculturales, derechos humanos y la corrección política es lo que impera en el cine, las series de televisión, los comics, los videojuegos, los best-sellers, etc.
Desde los medios de entretenimiento hasta las universidades se impone una nueva neolengua para censurar todo pensamiento alterno, se usan epítetos como “fascista” y “homofóbico” para desacreditar a quienes piensen diferente.
Aquí los intelectuales afines al establishment juegan un papel crucial, abogando por el progresismo, por la imposición de la ideología de género, así en Estados Unidos tenemos a Stephen King escandalizado por la libre portación de armas de ciudadanos (pero no escandalizado por cierta escena sexual en su novela de terror Eso), tenemos a los fallecidos intelectuales iberoamericanos Eduardo Galeano y García Márquez criticando el capitalismo pero codeándose con los dictadores Hugo Chávez y Fidel Castro, al mismo tiempo que reciben premios y siendo best-sellers en países capitalistas.
La labor de los intelectuales y artistas hablar públicamente de feminismo, de lenguaje políticamente correcto, las celebridades de Hollywood organizando marchas masivas anti-Trump, hablando de liberación femenina en un país hartamente liberal y donde las mujeres gozan de una posición privilegiada pero que no dudan en acusar a la mayor parte de la población que no piense como ellos como “deplorable”.
“No es de extrañar que una vez destruida y criminalizada toda forma de pensamiento mínimamente disidente en Europa, tal y como ha sucedido, los ciudadanos se acojan a cualquier edulcorante intelectual que tengan a su alcance tomándolo por doctrina cierta y verdadera y por ‘ciencia muy sabrosa’.
Si algunos supuestos intelectuales han ejecutado muy bien su papel de re-educadores de masas y clases medias, los activistas y los ‘progres’ han jugado por su parte, una vez más, el papel de tontos útiles.” (Álvarez, 2016).


Nuestra cultura frente a su cultura

La cultura oficial es una cultura globalizadora, la mentalidad capitalista es introducida a todas las otras culturas y pueblos a través de los medios y el sistema educativo de carácter occidental, es común escuchar de los voceros del Pensamiento Único decir que la educación es el arma más poderosa, puede ser verdad pero definitivamente no su “educación”, es decir toda esa pedagogía occidentalizada que se ve petulantemente así misma como el “mejor modelo”.
Da gracia ver a la ganadora del Nobel Malala decir que lo que los terroristas necesitan es educación, más cuando el califa Al-Baghdadi posee un doctorado en teología islámica mientras que Osama Bin Laden fue ingeniero.

Es que la mentalidad occidental mira a los terroristas y aquellos que no se alineen a su forma de vida como un “montón de barbaros sin cultura”.

Pero esos pueblos tienen su propia cultura, sus propias tradiciones y por supuesto su propia pedagogía que se adapta a sus estándares culturales y raciales, imponer el modelo occidental solo genera un fracaso y resentimiento.

Antes las potencias occidentales imponían su pensamiento y forma de vida a las colonias, pero ahora tenemos un tipo de colonialismo más posmoderno y por lo tanto políticamente correcto, nuestros valores representados por el feminismo, el homosexualismo y la pedagogía progre se deben de imponer a los pueblos “primitivos” para que salgan de su “oscurantismo” y abracen el modelo occidental.

El joven occidental producto de toda esta cultura global presume en redes sociales de su feminismo, se inventa un género en Tumblr, se cree librepensador y aborrece la cultura de sus antepasados pero no duda en abrazar toda esa nueva cultura globalizadora que el mismo sistema “retrogrado” le da.

El progresista occidental es un supremacista, cree que su cultura posmoderna es superior a las otras culturas pero el viejo supremacismo blanco del viejo colonialismo ha sido sustituido por un colonialismo antirracista y progresista que desprecia a las culturas “bárbaras” y ama su cultura posmoderna.

“El joven progresista sobreestima su papel y su realidad. Se ve a sí mismo como un ejemplar del “hombre nuevo”, pero no como el “hombre nuevo” que llamaba a construir el Che Guevara, dedicado con rudeza al más duro trabajo por meros incentivos morales, sino más bien como el “hombre nuevo” de Herbert Marcuse, un hombre con “sensibilidades” presuntamente superiores que hoy traducimos en lloriqueos banales y safe spaces universitarios: esos cuartos especiales con los que ya cuenta en Estados Unidos para encerrarse cuando alguien dicen algo “ofensivo”.” (Laje, 2017)

Ese es el modelo de ser humano que ofrece la cultura globalizadora, alguien que consume la música de Madonna, Lady Gaga, Bob Dylan, U2, Kiss, que canta Imagine de John Lennon, que lee los libros de Galeano, fuma marihuana mientras escucha a Manu Chao y escribe sus insulsas criticas al mismo gobierno que le da toda esa cultura de mierda.

Frente a la cultura globalista esta otra cultura, la cultura de derecha o la cultura de la Otra Europa (como lo definiría CEDADE) y que es la anti-tesis de la cultura actual.

Nuestra música está representada por Massimo Morsello, Burzum, Saga, ZetaZeroAlfa, Skoll, Hobbit, a las cuales nunca veras en grandes auditorios, en gigantescos conciertos sino que es una música condenada a la marginalidad por sus ideas políticas.

El año pasado en la Ciudad de México se dio un concierto gratuito en el Zócalo de la ciudad a John Waters quien también tuvo el lujo de hacer una crítica al gobierno federal, por el contrario a la cantautora nacionalista Saga ni de broma ningún gobierno o corporación le daría semejante privilegio.

Nuestro rock no es para el sistema mainstrem, sus álbumes los encontraras en sitios nacionalistas pero nunca en las grandes tiendas de música.

En México los autodenominados “rebeldes” como Taibo, Poniatowska y hasta Rubén Albarrán dan conferencias, mítines en prestigiosas universidades mientras que a un intelectual como don Salvador Borrego o Luis Reed jamás le darían un espacio para hablar de sus ideas.

Nuestra cultura está prohibida, silenciada, nuestras ideas son ideas malditas frente al actual paradigma cultural.

Nuestra literatura está representada por Gabriele D’Annunzio, Marinetti, Papinni, Celine, Brasillach, La Rochelle, Junger, Pound, Mishima, Spengler, Schmidt, Lovecraft, Howard, Tolkien, Hamsum y Hans Heinz Ewers. Grandes autores con obras maestras, mientras sus libros se venden, sus ideas han sido silenciadas o desacreditadas por pomposos intelectuales. Podras encontrar un volumen con los Cantos de Ezra Pound pero con un mediocre prologo hecho por algún enano intelectual que quiera desacreditar sus ideas, lo mismo si encuentras un volumen con los cuentos de Lovecraft, el prologuista escribirá lo posible para que el lector lo vea como un “loco genial”.

Todos estos autores tuvieron un pensamiento fascista o por lo menos cercano a este, caso de Ernst Junger un disidente de derecha dentro del nacional socialismo, fue puesto de cualquier modo en la lista negra de los aliados durante la desnazificacion.

Y es que Junger si bien nunca fue un nacional socialista sus ideas si fueron “fascistas”, el culto a la guerra, a la naturaleza, a la raza alemana, la aristocracia estaban presentes en su obra, ya el filósofo del Sistema político lo describió: “lo odio no por alemán sino por aristócrata”. Mostrando todo su odio y resentimiento social.

En todos estos autores está presente una Cosmovisión anti-democrática, elitista, jerárquica, anti-igualatoria, identitaria, está presente el culto a la guerra, el repudio por los valores jacobinos y la defensa de la identidad de cada pueblo.

Todos estos valores por supuesto chocan con los valores globalistas, con la visión de una aldea global donde “convivan todas las razas” dominadas bajo una misma cultura y una misma forma de pensamiento.

Su actual cultura esta dominada por el lenguaje políticamente correcto, quiere formar un “hombre nuevo” pero este “hombre nuevo” se aleja de la idea del Che Guevara tan admirado por la progresía actual, el “hombre nuevo” nacido de la cultura globalista es un narcisista, sentimentaloide, sumiso ante los “refugiados” y los caprichos de las feministas, tan sensible que las palabras le ofenden, adicto a la nutella, el café, la hierba, un tipo que se cree “único y original” mientras denuncia comentarios que considera ofensivos en redes sociales. Semejante tipo de ser humano jamás cuestionara la actual cultura misma que engendra el gobierno “fascista”.

Nuestra cultura por lo tanto es el opuesto a la cultura actual y mientras esta cultura domine nuestra cultura es la nueva contracultura.


Somos el nuevo punk

En una reciente entrevista Johnny Rotten líder de la banda punk Sex Pistols afirmo que el anti-progresismo es el nuevo punk, Rotten por supuesto elogio a Trump, el Brexit y a su impulsor Nigel Farange.

“La clase obrera ha hablado y yo soy uno de ellos y estoy con ellos” afirmo sobre el Brexit en un programa de televisión.
La izquierda globalista dueña de la cultura dominante ha abandonado a la clase obrera, prefiriendo censurar el arte, el lenguaje o todo lo que le parezca “ofensivo”.

Esta cultura globalista se ha convertido en un totalitarismo progresista, domina el lenguaje, el discurso actual y maneja el linchamiento mediático a través de las redes sociales y los medios todo lo que disienta de ella.

La cultura de derecha es el nuevo punk y Rotten no estaba nada errado, los fascistas fueron los primeros rockstars, D’Annunzio invento el rock y el punk con esos cantos a la guerra que realizaba en las trincheras, con esos movimientos hipnóticos y teatrales mientras daba un discurso en Fiume, adelantándose a la pose y teatralidad de David Bowie y los rockstars.

La pintura y literatura futurista fueron (y aun lo son) tan rebeldes y contestatarios con el sistema actual, ellos fueron punks antes de que esta tendencia surgiera en Inglaterra.

La cultura fascista invento el punk antes de que el punk naciera, eso es definitiva, nuestra cultura de derechas es contestataria, disidente, es un golpe de rebeldía frente a la hegemonía globalista actual. Rotten no estaba nada equivocado.

Pero toda esta actitud disidente no servirá de nada sino aprendemos de las técnicas de Gramsci, si no leemos sus libros y absorbamos todas esas enseñanzas que llevo a la izquierda a la toma del poder.

Es necesario un gramscismo de derechas.

Alain de Benoist ya había sentido interés por el material metodológico de Gramsci y como la cultura de derecha debe de usar sus técnicas en la toma de poder.

Varios intelectuales de la llamada Nueva Derecha Europea han incluido la lectura de Gramsci entre su repertorio ideológico, han comprendido que entender las pautas del filósofo marxista son clave importante para volver a tomar el control de la cultura.

“La gran importancia del “gramscismo de derechas” para la Teoría del Mundo Multipolar, es que esta comprensión de la “hegemonía” puede asumir una posición más allá del discurso marxista y de izquierda, y rechazar el orden burgués en la superestructura (la sociedad política y civil), así como en la base (la economía), y hacerlo no después de que la hegemonía se convierta en un hecho planetario total y global, sino en sustitución suya. Esto es lo que implica el matiz en el título de otra obra de Alain de Benoist, “Contra el Liberalismo”, a diferencia del libro “Después del liberalismo” de Immanuel Maurice Wallerstein. Como para Benoist es imposible en cualquier caso confiar en el “después”, y no se debe permitir que el liberalismo se haga realidad como un hecho consumado, debemos estar contra el liberalismo ahora, hoy, combatirlo en cualquier posición y en cualquier parte del mundo. La hegemonía ataca a escala planetaria, encontrando sus partidarios tanto en las sociedades burguesas desarrolladas como en las sociedades donde el capitalismo no se ha establecido completamente. Por lo tanto, la contra-hegemonía debe ser aceptada más allá de las limitaciones ideológicas sectarias. Si queremos crear un bloque contrahegemónico, debemos incluir en su composición a todos los representantes de las fuerzas anticapitalistas y antiburguesas – izquierda, derecha, o no susceptibles de clasificación (el propio Benoist enfatiza constantemente que la división entre “izquierda” y ”derecha” está obsoleta y que no satisface la posición escogida; hoy es mucho más importante saber si alguien está a favor de la hegemonía o contra ella).” (Dugin, 2017).

Por lo tanto todo fascista, todo disidente tiene el deber de leer a Gramsci para estudiar sus técnicas, generar este gramscismo de derecha, la batalla cultural empezó hace mucho y ellos tienen la victoria.

No hay que temerle ni tenerle prejuicios a Gramsci sino entenderlo para poder aprender de sus lecciones, la comprensión del combate cultural será un arma poderosa para enfrentar la hegemonía dominante.

En el actual combate cultural luchan dos frentes, la cultura dominante y la cultura disidente, nosotros, el nuevo punk.

El futurismo de Marinetti frente al pacifismo de carácter marxista de la literatura iberoamericana.

El elitismo y culto al Japón Imperial de Mishima frente a la pasividad y modernidad de la literatura de Murakami. 

Los valores jerárquicos y luminosos de Tolkien frente al relativismo y vacío de la literatura fantástica de consumo actual.

La poesía elevada y sacra de Ezra Pound frente a los versos basura de Allen Ginsberg.

El rock violento y antidemocrático de Skoll y Bronson frente a la música pacifista y sentimentaloide del rock-pop actual.

En el combate cultural nosotros representamos la Marcialidad, la Elite, el Orden, la Belleza y todo lo Ascendente frente a la podredumbre globalizadora de la cultura dominante.

En esta batalla cultural hagamos nuestras las palabras de Marinetti: “el coraje, la audacia y la rebeldía serán elementos esenciales de nuestra poesía”.


Abril 2017


Bibliografía


Morales, Gustavo (2017).  La batalla cultural. Posmodernia. [En red] Recuperado de http://www.posmodernia.com/la-batalla-de-la-cultura/


Álvarez, R. Esaul (2016). Umberto Eco: falsos intelectuales al servicio de la anti-Tradición. Página Transvensal. [En red] Recuperado de https://culturatransversal.wordpress.com/2016/07/08/umberto-eco-falsos-intelectuales-al-servicio-de-la-anti-tradicion/


Laje, Agustín (2017). Breve retrato del joven progresista. Prensa Republicana. [En red] Recuperado de https://prensarepublicana.com/breve-retrato-del-joven-progresista-agustin-laje/


Dugin, Alexander (2016). La revisión del gramscismo de derechas. El Manifiesto. [En red] Recuperado de http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5312











martes, 4 de abril de 2017

Fascismo y la vanguardia artística



Por Fernando Trujillo

Los poetas y la guerra

Uno de los más grandes errores de los historiadores es señalar que el movimiento fascista nació de la derecha, del clero y la burguesía, es una distorsión que ha perdurado en la mente de la población. El fascismo nació de la izquierda, del movimiento obrero pero también nació de las trincheras y de la poesía.
Italia al igual que muchas otras naciones se sumaron al conflicto de la Primera Guerra, una confrontación que cambiaría la historia misma de la guerra y que inauguraría una nueva etapa de movilización total.
Las trincheras, el lodo, el movimiento, toda la técnica al servicio de la guerra, era moverse o morir, era disparar o que te disparen, toda una generación recibió su bautismo de fuego en aquella carnicería que cambio la historia.
En las tropas italianas un hombre se levanta, recita poemas glorificando el combate, a los soldados caídos, es el poeta Gabriele D’ Annunzio quien a sus casi sesenta años se enlista en las tropas buscando la acción, la guerra, es así como el poeta combatiría por tierra, por mar y por aire.
“D’Annunzio se había ubicado a finales del XIX en el nacionalismo y en el imperialismo que alternaba con poesías inflamadas (especialmente durante la guerra de Libia en 1910-12), lances de amor más o menos escandalosos y gestas militares heroicas (7). La experiencia bélica radicalizó sus convicciones nacionalistas y la cesión de Fiume a Yugoslavia pactada en la Conferencia de París de 1919, fue mucho más de lo que estaba dispuesto a soportar pasando a la acción y ocupando la ciudad. D’Annunzio no fue futurista, pero su comportamiento si influyó decididamente en el movimiento fundado por Marinetti y especialmente sus “gestos” fueron recogidos por los futuristas que los revalidaron e incorporaron a su poesía y a sus manifiestos. Algunos autores han destacado que D’Annunzio prodigaba gestos escénicos, dramáticos y espectaculares de los que luego Mussolini usó y abusó: “El culto a D’Annunzio fue el anunciador innegable del culto de que Mussolini intentaría rodearse”” (Mila, 2010)
Puedo afirmar sin equivocarme que D’Annunzio invento el rock décadas antes de que fuera concebido, sus gestos, su histrionismo, la forma en la que daba sus discursos y recitaba sus poemas, toda esa teatralidad, D’Annunzio fue el primer rockstar adelantándose décadas a David Bowie y Jim Morrison. Fiume fue un gran concierto, sus poemas y discursos en medio del sonido de las ametralladoras y el rugir de los cañones el rock estaba ahí inventado por el primer fascista y primer Duce de la historia.
Pero D’Annunzio no sería el único poeta en participar en aquella apocalíptica confrontación, Marinetti y los futuristas quienes años antes en el Manifiesto Futurista predicaran la guerra como única higiene por el mundo se enlistaron entusiasmados por la experiencia de la guerra, no todos regresaron pero el combate reafirmo las convicciones bélicas de Marinetti.
A diferencia del comunismo y el capitalismo que fue engendrado por economistas, el fascismo fue concebido por los poetas-solados, la guerra fue su bautismo de fuego, el camino de la acción, el anti-igualatarismo, el desprecio por el mundo democrático burgués y sobre todo una nueva cosmovisión revolucionaria.
Pese a que Marinetti y D’Annunzio tenían ideas idénticas ninguno de los dos se soportaba, por una parte Marinetti consideraba a D’Annunzio un “retrogrado” mientras que el otro consideraba al fundador del futurismo como “un exhibicionista”, posteriormente con la consolidación del fascismo ambos serian obligados a respetarse en público.

Los futuristas

Filipo Marinetti poeta con trayectoria funda en 1909 lo que sería el movimiento futurista al publicar en el diario Le Figaro el Manifiesto Futurista predicando toda una revolución, un rompimiento con el mundo tradicional literario, predicaba la guerra, la acción, la maquina frente a la poesía pacifista y amorosa.
Los poetas italianos de antaño rendían un culto a la mujer pero Marinetti al afirmar en su manifiesto un desprecio por la mujer sería un golpe a toda esa literatura amorosa, ahora la mujer ya no sería objeto de veneración, ahora sería la máquina, la artillería, el automóvil.
El futurismo quería una revolución total en el arte y se escribieron un manifiesto de la arquitectura futurista, de la música, de la escultura, etc.
A la locura futurista se unen Carra, Buzzi, Papinni, Apollinaire (quien también se integraría al surrealismo), intelectuales, pintores, escultores.
“El futurismo, de alguna forma, hereda la estética de la destrucción nietzscheana abanderada en Italia por el Simbolismo o el decadentismo de D´Annunzio (El triunfo de la muerte, 1894), habiendo quedado ya recogida por Marinetti en poemas tales como La conquista de las estrellas, Destrucción o el manifiesto fundacional. Sin embargo, si bien es cierto que coinciden con Nietzsche en ese aspecto destructivo, en absoluto comparten la visión de éste acerca del eterno retorno o la supervivencia de la clasicidad -lo que llevará a los futuristas a considerar al filósofo alemán, en más de una ocasión, como passatista– Esta circunstancia ambivalente se observa perfectamente si se repara en el destino de los héroes futuristas: “Los aviadores, los conductores de automóviles y los atletas son versiones modernas de los vencedores olímpicos y, al mismo tiempo, superhéroes débiles de la decadencia.(…) si “Mafarka el futurista”(1910) de Marinetti, se solaza todavía en la pasión africana que inspirara a D´Annunzio en la tragedia “More than love”(1906) y es hijo del superhéroe nietzscheano, no es fortuito que aquel rey africano se convierta de pronto en un “constructor de pájaros mecánicos”, de aeroplanos. Pero, al levantar el vuelo y pilotar estos pájaros, Mafarka, y con él el futurismo, regresa presto de África para zambullirse en la agitación urbana de la Italia más industrial. En la medida, pues, en que asume el papel de “constructor”, las hipótesis destructivas nietzscheanas se debilitan o son abandonadas en beneficio de las categorías bergsonianas de la intuición o del dinamismo universal.”” (Holda, 2009)
Al término de la guerra el futurismo se disgrega, varios de sus exponentes siguen otras vanguardias pero surge una segunda etapa en el movimiento liderado por Marinetti quienes se sumarian a la causa fascista.
Si bien el futurismo fue una vanguardia que se adhirió al fascismo en la Alemania hitleriana fue catalogado de arte degenerado y por lo tanto su obra prohibida, en este aspecto la Italia fascista tuvo una mayor libertad artística.
El futurismo fue una revolución artística total, con la llegada de la idea del fascismo empezó un arte revolucionario opuesto al arte masificado y burgués.
A diferencia del Tercer Reich a los futuristas no les interesaba pintar paisajes, arios musculosos desnudos ni recrear mitos del pasado ¡Ellos querían crear nuevos mitos!
No iban a pintar bosques sino automóviles, motocicletas, su poesía no sería para doncellas germánicas sino para una locomotora.
Luigi Russolo uno de sus más prominentes miembros fue un músico experimental, no le intereso crear una ópera decimonica sino nuevos sonidos, experimentar con el ruido, creo una máquina de ruidos que fue duramente criticada en su época.
“La música futurista no sólo partía meramente de la idea de un mundo moderno y nuevo llevado al pentagrama: era una cuestión estética enraizada en lo político. Había un objetivo prioritario: el ejercicio de la provocación como llamada al desorden, a la rotura de un molde considerado opresor.” (Bielsa, 2013)
Los experimentos de Russolo dieron como legado la música electrónica, la música industrial y el noise décadas más tarde.
Mario Sironi otro miembro de los futuristas fue uno de los muralistas que contaban con el favor del régimen, si bien abandono el futurismo para fundar el movimiento Novecento Sironi fue uno de los pintores más prolíficos de la vanguardia artística.
Si el arte heroico del Tercer Reich fue ascético y sobrio, el arte futurista fue una fiesta, fue ebriedad en el que se experimentó con la pintura, con el teatro, en el que se recrearon nuevas tendencias y en el que se revoluciono el arte.

Arte y fascismo

Pero los futuristas no fueron los únicos artistas del régimen, Papinni quien abandono el movimiento y se convirtió al catolicismo fue un intelectual que apoyo al régimen mientras que el norteamericano Ezra Pound poeta y activista político fue un defensor de la causa fascista. Pound tuvo su programa de radio “La Voz de Europa” denunciando la usura internacional, Pound también tuvo una rivalidad con Marinetti que también sería respetuosa, al grado que el poeta norteamericano le dedica uno de sus cantos pisanos.
El movimiento Novecento antes mencionado que pretendía dar un nuevo Renacimiento y fue liderado por Margherita Sarfatti poetisa y amante de Mussolini de quien escribiera una biografía.
El fascismo italiano tuvo una rica vanguardia artística, muy diversa entre varios estilos y tendencias. La Italia Fascista y la Alemania Nacional Socialista fueron los únicos regímenes en tener sus propias vanguardias artísticas, mientras que el Tercer Reich tuvo un arte enfocado en lo heroico, lo sano y sobre todo en la belleza del pueblo alemán, el arte italiano fue más diverso, no tuvo un mismo objetivo, sino que eran diferentes corrientes unidas por el mismo régimen político.
Ambos movimientos pese a sus diferencias querían una revolución total en el arte, querían un arte nuevo para un hombre nuevo, pero sobre todo querían una revuelta contra el aburguesamiento de las corrientes artísticas.
El culto al heroísmo, a la guerra, la crítica al pacifismo estaba presentes en ambas corrientes artísticas y solo la llegada y posterior perdida de la guerra abortaron todas las vanguardias.
Con la llegada de la Segunda Guerra y la entrada de Italia los artistas se suman a la confrontación, Pound habla en la radio denunciando la guerra como una iniciativa de los banqueros, Marinetti se suma a las tropas y combate en Rusia.
El triunfo de los aliados vendría también a ser el fin de la vanguardia artística fascista, Pound seria encarcelado, Papinni bajo sospecha, perseguido, Sarfatti exiliada de la vida pública. Poetas, intelectuales, pintores todos ellos perseguidos, fusilados, encarcelados por seguir la Gran Idea Europea.
Todo arte fascista fue suprimido, condenado al olvido, la época de un arte revolucionario termino y llego el arte impuesto por los yanquis a Europa.
Llego el arte para vender, el arte de masas, llego Warhol, llego el arte pop, llegaron nuevas corrientes artísticas fabricadas en Estados Unidos por la CIA y el Instituto Rockefeller, llego el arte posmoderno para vender.
Llegaron las latas de sopa, las pinturas de celebridades, llego el arte pacifista, el amor y la flores, los cientos de jóvenes burgueses estudiantes en escuelas de arte adoctrinados en el pacifismo, el feminismo, el arte para vender millones de dólares, los performances o el arte efímero pero ya no existía la revolución, ni el heroísmo ni los cantos a la guerra.
La historia de los vencedores nos quieren imponer la idea de que el fascismo fue puro militarismo sin ninguna sensibilidad artística, esa es la idea general que predomina en el mundo del arte.
La derecha y la burguesía definitivamente no engendraron al fascismo, fueron los poetas-soldados, fue el futurismo y su revolución anti-burguesa.
Actualmente ya no hay vanguardias sino modas, el arte posmoderno es un arte muerto, no solo carece de propósito sino también de cualquier matiz de revolución y renovación del mundo, está ahí para inflar el ego del artista.
El fascismo es hijo del futurismo y se puede considerar por sí mismo otra vanguardia artística. El tiempo de los poetas-soldados, de los futuristas, de los que viven peligrosamente paso y el paradigma actual solo predica el pacifismo, el conformismo y platicar sobre arte en un Starbucks.
No cabe duda de que durante los fascismos hubo un arte de vanguardia y revolución que nunca más volvió a haber.


Bibliografía

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Foto: Camisas negras de Mussolini de Enrico Prampolini, 1919