"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 20 de abril de 2017

El combate cultural



Por Fernando Trujillo

“Llegara un día en el que Dante, Shakespeare y Wagner sean prohibidos por incorrectos. Porque con ellos como maestros nunca se podrá imponer la anticultura de Freud y Miro”

CEDADE, La Cultura de la Otra Europa

Ellos tienen la cultura

El termino combate cultural fue acuñado por el teórico marxista Antonio Gramsci, fue el mismo Gramsci quien dijo “Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura”, siguiendo esta enseñanza en la mitad del siglo XX la izquierda conquisto la educación, los medios televisivos, el cine, la literatura, la música y para principios de este siglo mantiene un dominio absoluto en toda área cultural.
Porque para Gramsci la conquista cultural era más importante que la conquista política, no se puede tomar el control de un pueblo si primero no se toma su cultura y vaya que la izquierda lo aprendió muy bien.
Gramsci marco las pautas, la lucha no solo era en las calles y en la política, sino se daba en el mundo cultural, el control sobre el lenguaje, sobre el discurso, sobre el pensamiento, Gramsci moriría en 1937 de un derrame cerebral pero sus ideas las continuaría la Escuela de Frankfurt en Norteamérica.
“Tras la renuncia a la lucha de clases, lucha horizontal, buscan la formación de bloques heterogéneos, lucha trasversal, que se articulan en torno a identificaciones políticas, porque, dicen, las identidades no están dadas, están en permanente construcción, son una cuestión social. La izquierda indefinida es antiesencialista y, por tanto, antiplatónica. Para ella todo son construcciones culturales, niegan incluso la biología. Ser madre o mujer, por ejemplo, no es un hecho biológico sino una construcción social, dicen sus pensadores.” (Morales, 2017)
Hablar de una izquierda política ha quedado obsoleto, este término ha dado paso a lo que es el liberalismo cultural quien domina la cultura, ellos no son marxistas infiltrados, no es un nuevo comunismo y definitivamente esto no es marxismo cultural. Ellos son liberales y ellos dominan el discurso cultural actual.
La filosofía de Marcuse, la educación sexual de Freud, Kinsey y Reich, la psicología de Fromm, la literatura de Neruda, Benedetti, García Márquez en las universidades hispanas, el cine de Kubrick, Tarantino, Polansky, Jodorowsky y Allen es galardonado con premios y es considerado obra maestra, tan solo el año pasado el ganador del Premio Nobel de Literatura fue Robert Zimmerman alias Bob Dylan, músico y pacifista, icono de la cultura dominante actual.
Así la ideología imperante del sistema político actual es la que domina la cultura, toda la cultura globalista representada por los valores feministas, LGBT, animalistas, multiculturales, derechos humanos y la corrección política es lo que impera en el cine, las series de televisión, los comics, los videojuegos, los best-sellers, etc.
Desde los medios de entretenimiento hasta las universidades se impone una nueva neolengua para censurar todo pensamiento alterno, se usan epítetos como “fascista” y “homofóbico” para desacreditar a quienes piensen diferente.
Aquí los intelectuales afines al establishment juegan un papel crucial, abogando por el progresismo, por la imposición de la ideología de género, así en Estados Unidos tenemos a Stephen King escandalizado por la libre portación de armas de ciudadanos (pero no escandalizado por cierta escena sexual en su novela de terror Eso), tenemos a los fallecidos intelectuales iberoamericanos Eduardo Galeano y García Márquez criticando el capitalismo pero codeándose con los dictadores Hugo Chávez y Fidel Castro, al mismo tiempo que reciben premios y siendo best-sellers en países capitalistas.
La labor de los intelectuales y artistas hablar públicamente de feminismo, de lenguaje políticamente correcto, las celebridades de Hollywood organizando marchas masivas anti-Trump, hablando de liberación femenina en un país hartamente liberal y donde las mujeres gozan de una posición privilegiada pero que no dudan en acusar a la mayor parte de la población que no piense como ellos como “deplorable”.
“No es de extrañar que una vez destruida y criminalizada toda forma de pensamiento mínimamente disidente en Europa, tal y como ha sucedido, los ciudadanos se acojan a cualquier edulcorante intelectual que tengan a su alcance tomándolo por doctrina cierta y verdadera y por ‘ciencia muy sabrosa’.
Si algunos supuestos intelectuales han ejecutado muy bien su papel de re-educadores de masas y clases medias, los activistas y los ‘progres’ han jugado por su parte, una vez más, el papel de tontos útiles.” (Álvarez, 2016).


Nuestra cultura frente a su cultura

La cultura oficial es una cultura globalizadora, la mentalidad capitalista es introducida a todas las otras culturas y pueblos a través de los medios y el sistema educativo de carácter occidental, es común escuchar de los voceros del Pensamiento Único decir que la educación es el arma más poderosa, puede ser verdad pero definitivamente no su “educación”, es decir toda esa pedagogía occidentalizada que se ve petulantemente así misma como el “mejor modelo”.
Da gracia ver a la ganadora del Nobel Malala decir que lo que los terroristas necesitan es educación, más cuando el califa Al-Baghdadi posee un doctorado en teología islámica mientras que Osama Bin Laden fue ingeniero.

Es que la mentalidad occidental mira a los terroristas y aquellos que no se alineen a su forma de vida como un “montón de barbaros sin cultura”.

Pero esos pueblos tienen su propia cultura, sus propias tradiciones y por supuesto su propia pedagogía que se adapta a sus estándares culturales y raciales, imponer el modelo occidental solo genera un fracaso y resentimiento.

Antes las potencias occidentales imponían su pensamiento y forma de vida a las colonias, pero ahora tenemos un tipo de colonialismo más posmoderno y por lo tanto políticamente correcto, nuestros valores representados por el feminismo, el homosexualismo y la pedagogía progre se deben de imponer a los pueblos “primitivos” para que salgan de su “oscurantismo” y abracen el modelo occidental.

El joven occidental producto de toda esta cultura global presume en redes sociales de su feminismo, se inventa un género en Tumblr, se cree librepensador y aborrece la cultura de sus antepasados pero no duda en abrazar toda esa nueva cultura globalizadora que el mismo sistema “retrogrado” le da.

El progresista occidental es un supremacista, cree que su cultura posmoderna es superior a las otras culturas pero el viejo supremacismo blanco del viejo colonialismo ha sido sustituido por un colonialismo antirracista y progresista que desprecia a las culturas “bárbaras” y ama su cultura posmoderna.

“El joven progresista sobreestima su papel y su realidad. Se ve a sí mismo como un ejemplar del “hombre nuevo”, pero no como el “hombre nuevo” que llamaba a construir el Che Guevara, dedicado con rudeza al más duro trabajo por meros incentivos morales, sino más bien como el “hombre nuevo” de Herbert Marcuse, un hombre con “sensibilidades” presuntamente superiores que hoy traducimos en lloriqueos banales y safe spaces universitarios: esos cuartos especiales con los que ya cuenta en Estados Unidos para encerrarse cuando alguien dicen algo “ofensivo”.” (Laje, 2017)

Ese es el modelo de ser humano que ofrece la cultura globalizadora, alguien que consume la música de Madonna, Lady Gaga, Bob Dylan, U2, Kiss, que canta Imagine de John Lennon, que lee los libros de Galeano, fuma marihuana mientras escucha a Manu Chao y escribe sus insulsas criticas al mismo gobierno que le da toda esa cultura de mierda.

Frente a la cultura globalista esta otra cultura, la cultura de derecha o la cultura de la Otra Europa (como lo definiría CEDADE) y que es la anti-tesis de la cultura actual.

Nuestra música está representada por Massimo Morsello, Burzum, Saga, ZetaZeroAlfa, Skoll, Hobbit, a las cuales nunca veras en grandes auditorios, en gigantescos conciertos sino que es una música condenada a la marginalidad por sus ideas políticas.

El año pasado en la Ciudad de México se dio un concierto gratuito en el Zócalo de la ciudad a John Waters quien también tuvo el lujo de hacer una crítica al gobierno federal, por el contrario a la cantautora nacionalista Saga ni de broma ningún gobierno o corporación le daría semejante privilegio.

Nuestro rock no es para el sistema mainstrem, sus álbumes los encontraras en sitios nacionalistas pero nunca en las grandes tiendas de música.

En México los autodenominados “rebeldes” como Taibo, Poniatowska y hasta Rubén Albarrán dan conferencias, mítines en prestigiosas universidades mientras que a un intelectual como don Salvador Borrego o Luis Reed jamás le darían un espacio para hablar de sus ideas.

Nuestra cultura está prohibida, silenciada, nuestras ideas son ideas malditas frente al actual paradigma cultural.

Nuestra literatura está representada por Gabriele D’Annunzio, Marinetti, Papinni, Celine, Brasillach, La Rochelle, Junger, Pound, Mishima, Spengler, Schmidt, Lovecraft, Howard, Tolkien, Hamsum y Hans Heinz Ewers. Grandes autores con obras maestras, mientras sus libros se venden, sus ideas han sido silenciadas o desacreditadas por pomposos intelectuales. Podras encontrar un volumen con los Cantos de Ezra Pound pero con un mediocre prologo hecho por algún enano intelectual que quiera desacreditar sus ideas, lo mismo si encuentras un volumen con los cuentos de Lovecraft, el prologuista escribirá lo posible para que el lector lo vea como un “loco genial”.

Todos estos autores tuvieron un pensamiento fascista o por lo menos cercano a este, caso de Ernst Junger un disidente de derecha dentro del nacional socialismo, fue puesto de cualquier modo en la lista negra de los aliados durante la desnazificacion.

Y es que Junger si bien nunca fue un nacional socialista sus ideas si fueron “fascistas”, el culto a la guerra, a la naturaleza, a la raza alemana, la aristocracia estaban presentes en su obra, ya el filósofo del Sistema político lo describió: “lo odio no por alemán sino por aristócrata”. Mostrando todo su odio y resentimiento social.

En todos estos autores está presente una Cosmovisión anti-democrática, elitista, jerárquica, anti-igualatoria, identitaria, está presente el culto a la guerra, el repudio por los valores jacobinos y la defensa de la identidad de cada pueblo.

Todos estos valores por supuesto chocan con los valores globalistas, con la visión de una aldea global donde “convivan todas las razas” dominadas bajo una misma cultura y una misma forma de pensamiento.

Su actual cultura esta dominada por el lenguaje políticamente correcto, quiere formar un “hombre nuevo” pero este “hombre nuevo” se aleja de la idea del Che Guevara tan admirado por la progresía actual, el “hombre nuevo” nacido de la cultura globalista es un narcisista, sentimentaloide, sumiso ante los “refugiados” y los caprichos de las feministas, tan sensible que las palabras le ofenden, adicto a la nutella, el café, la hierba, un tipo que se cree “único y original” mientras denuncia comentarios que considera ofensivos en redes sociales. Semejante tipo de ser humano jamás cuestionara la actual cultura misma que engendra el gobierno “fascista”.

Nuestra cultura por lo tanto es el opuesto a la cultura actual y mientras esta cultura domine nuestra cultura es la nueva contracultura.


Somos el nuevo punk

En una reciente entrevista Johnny Rotten líder de la banda punk Sex Pistols afirmo que el anti-progresismo es el nuevo punk, Rotten por supuesto elogio a Trump, el Brexit y a su impulsor Nigel Farange.

“La clase obrera ha hablado y yo soy uno de ellos y estoy con ellos” afirmo sobre el Brexit en un programa de televisión.
La izquierda globalista dueña de la cultura dominante ha abandonado a la clase obrera, prefiriendo censurar el arte, el lenguaje o todo lo que le parezca “ofensivo”.

Esta cultura globalista se ha convertido en un totalitarismo progresista, domina el lenguaje, el discurso actual y maneja el linchamiento mediático a través de las redes sociales y los medios todo lo que disienta de ella.

La cultura de derecha es el nuevo punk y Rotten no estaba nada errado, los fascistas fueron los primeros rockstars, D’Annunzio invento el rock y el punk con esos cantos a la guerra que realizaba en las trincheras, con esos movimientos hipnóticos y teatrales mientras daba un discurso en Fiume, adelantándose a la pose y teatralidad de David Bowie y los rockstars.

La pintura y literatura futurista fueron (y aun lo son) tan rebeldes y contestatarios con el sistema actual, ellos fueron punks antes de que esta tendencia surgiera en Inglaterra.

La cultura fascista invento el punk antes de que el punk naciera, eso es definitiva, nuestra cultura de derechas es contestataria, disidente, es un golpe de rebeldía frente a la hegemonía globalista actual. Rotten no estaba nada equivocado.

Pero toda esta actitud disidente no servirá de nada sino aprendemos de las técnicas de Gramsci, si no leemos sus libros y absorbamos todas esas enseñanzas que llevo a la izquierda a la toma del poder.

Es necesario un gramscismo de derechas.

Alain de Benoist ya había sentido interés por el material metodológico de Gramsci y como la cultura de derecha debe de usar sus técnicas en la toma de poder.

Varios intelectuales de la llamada Nueva Derecha Europea han incluido la lectura de Gramsci entre su repertorio ideológico, han comprendido que entender las pautas del filósofo marxista son clave importante para volver a tomar el control de la cultura.

“La gran importancia del “gramscismo de derechas” para la Teoría del Mundo Multipolar, es que esta comprensión de la “hegemonía” puede asumir una posición más allá del discurso marxista y de izquierda, y rechazar el orden burgués en la superestructura (la sociedad política y civil), así como en la base (la economía), y hacerlo no después de que la hegemonía se convierta en un hecho planetario total y global, sino en sustitución suya. Esto es lo que implica el matiz en el título de otra obra de Alain de Benoist, “Contra el Liberalismo”, a diferencia del libro “Después del liberalismo” de Immanuel Maurice Wallerstein. Como para Benoist es imposible en cualquier caso confiar en el “después”, y no se debe permitir que el liberalismo se haga realidad como un hecho consumado, debemos estar contra el liberalismo ahora, hoy, combatirlo en cualquier posición y en cualquier parte del mundo. La hegemonía ataca a escala planetaria, encontrando sus partidarios tanto en las sociedades burguesas desarrolladas como en las sociedades donde el capitalismo no se ha establecido completamente. Por lo tanto, la contra-hegemonía debe ser aceptada más allá de las limitaciones ideológicas sectarias. Si queremos crear un bloque contrahegemónico, debemos incluir en su composición a todos los representantes de las fuerzas anticapitalistas y antiburguesas – izquierda, derecha, o no susceptibles de clasificación (el propio Benoist enfatiza constantemente que la división entre “izquierda” y ”derecha” está obsoleta y que no satisface la posición escogida; hoy es mucho más importante saber si alguien está a favor de la hegemonía o contra ella).” (Dugin, 2017).

Por lo tanto todo fascista, todo disidente tiene el deber de leer a Gramsci para estudiar sus técnicas, generar este gramscismo de derecha, la batalla cultural empezó hace mucho y ellos tienen la victoria.

No hay que temerle ni tenerle prejuicios a Gramsci sino entenderlo para poder aprender de sus lecciones, la comprensión del combate cultural será un arma poderosa para enfrentar la hegemonía dominante.

En el actual combate cultural luchan dos frentes, la cultura dominante y la cultura disidente, nosotros, el nuevo punk.

El futurismo de Marinetti frente al pacifismo de carácter marxista de la literatura iberoamericana.

El elitismo y culto al Japón Imperial de Mishima frente a la pasividad y modernidad de la literatura de Murakami. 

Los valores jerárquicos y luminosos de Tolkien frente al relativismo y vacío de la literatura fantástica de consumo actual.

La poesía elevada y sacra de Ezra Pound frente a los versos basura de Allen Ginsberg.

El rock violento y antidemocrático de Skoll y Bronson frente a la música pacifista y sentimentaloide del rock-pop actual.

En el combate cultural nosotros representamos la Marcialidad, la Elite, el Orden, la Belleza y todo lo Ascendente frente a la podredumbre globalizadora de la cultura dominante.

En esta batalla cultural hagamos nuestras las palabras de Marinetti: “el coraje, la audacia y la rebeldía serán elementos esenciales de nuestra poesía”.


Abril 2017


Bibliografía


Morales, Gustavo (2017).  La batalla cultural. Posmodernia. [En red] Recuperado de http://www.posmodernia.com/la-batalla-de-la-cultura/


Álvarez, R. Esaul (2016). Umberto Eco: falsos intelectuales al servicio de la anti-Tradición. Página Transvensal. [En red] Recuperado de https://culturatransversal.wordpress.com/2016/07/08/umberto-eco-falsos-intelectuales-al-servicio-de-la-anti-tradicion/


Laje, Agustín (2017). Breve retrato del joven progresista. Prensa Republicana. [En red] Recuperado de https://prensarepublicana.com/breve-retrato-del-joven-progresista-agustin-laje/


Dugin, Alexander (2016). La revisión del gramscismo de derechas. El Manifiesto. [En red] Recuperado de http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5312











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