"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







viernes, 18 de agosto de 2017

Monumentos y ciudades



Por Fernando Trujillo

Las protestas en Charlottsville han dado la vuelta al mundo, no obstante los medios lejos de hablar de la protesta en si, han hablado de que algunos de sus participantes portaban banderas con esvásticas, banderas confederadas y estética del Ku Klux Klan.
Una horda conformada por antifascistas, feministas y SJW llegaron como grupos de choque a frenar la protesta, cosa que los medios de forma hipócrita buscaron torcer a su favor y tergiversarla para que parezca que los nacionalistas fueron los causantes y de esta forma seguir criticando—como lo han hecho ininterrumpidamente desde la elección—la presidencia de Trump.
Pero en todo el circo mediático armado por la prensa, se olvidó—o se dejó en segundo término—que la marcha fue para protestar contra el retiro de la estatua del general confederado Robert E. Lee.
No es mi intención dar una larga explicación sobre la Guerra Civil Norteamericana, sus causas y consecuencias para la actualidad—lo cual sería un tema largo y extenuante—solo decir que a diferencia de lo que afirman los medios no solo blancos fueron a la marcha, sino personas de todas etnias a defender su historia de las corrientes políticamente correctas, los blancos no solo fueron neonazis—estos fueron una minoría—sino pertenecientes a la alt-right, libertarios, capitalistas, de varias ideologías pero unidos por una conciencia racial e identitaria, en defensa de su historia.
Los colectivos de izquierda están buscando desaparecer toda la historia por no ajustarse a sus normas políticamente correctas, quieren no solo remover los monumentos a los héroes confederados sino que también remover monumentos y estatuas hechas a héroes nacionales como Theodore Roosevelt y hasta se habla de George Washington por haber poseído esclavos (cosa común en su tiempo), esto último lo que dijo el presidente Trump en su discurso.
Pero esto no es exclusivo de Estados Unidos, desde hace años la izquierda iberoamericana de corte indigenista, ha ido vandalizando y destruyendo los monumentos a los conquistadores, cada 12 de octubre estos colectivos manchan de pintura roja y hasta derriban los monumentos, además de vandalizarlos escribiendo frases denigratorias.
Tal como paso en Chiapas donde en el año de 1992, el EZLN y agrupaciones indigenistas derriban la estatua de Don Diego de Mazariegos y Porres, conquistador y fundador de la ciudad de San Cristóbal de las Casas.
En Mérida se intentó hacer lo mismo con el monumento a los Montejo, se ha llamado a su derribo, se ha exigido al gobierno local que las estatuas sean retiradas, pese a que fueron los Montejo los fundadores de la ciudad.
Lo irónico es que la mayor parte de los miembros de estos colectivos viven en las ciudades fundadas por los tan odiados conquistadores, fueron ellos quienes erigieron aquellas majestuosas ciudades, con su bella arquitectura, sus edificios y catedrales, parte de la herencia europea que es nuestra.
Pasa lo mismo en grandes ciudades como Buenos Aires y hasta Madrid donde la estatua de Hernán Cortes es manchada de pintura roja cada doce de octubre.
Tanto en los casos de los confederados en Estados Unidos como los conquistadores en Hispanoamérica se ve reflejado el odio de una horda sin identidad, sin cultura y sumamente caprichosa que buscan destruir el legado de los hombres que construyeron sus ciudades y sus naciones.
Esos monumentos no están de adorno sino como un homenaje a los fundadores de las ciudades, los héroes que nacieron en ellas y que construyeron esa tierra.
Pero la izquierda tanto en el primer como en el tercer mundo son agentes del globalismo, buscan la destrucción del pasado y de la identidad para imponer un Pensamiento Único regido por la corrección política y el feroz liberalismo cultural.

En Sucia los colectivos de izquierda repudian y hasta destruyen el legado vikingo, en Francia la estatua a Juana de Arco es vandalizado y se busca que se retire. La izquierda siente un extremo odio por el pasado—al que estúpidamente se le califica como retrogrado—pero por el pasado europeo, en realidad no buscan reivindicar los derechos de ninguna minoría ni de ninguna cultura “victima”, sino es solo puro odio por la herencia europea, por sus logros y hazañas.
Las plebes aborrecen todo lo que es grande, todo lo que es hermoso, el sentido aristocrático de una gran cultura, esta es la revuelta de esas plebes contra la grandeza del pasado.
Ellos son una subcultura de lloriqueos, de “espacios seguros”, de arcoíris, música rap y la idea de imponer una aldea global donde las ideas de raza y nación sean abolidas, fuera de eso no tienen ninguna retorico, solo un fanático odio por la herencia blanca.
En España se vienen retirando nombres de personajes asociados al franquismo de las calles, por esa iniciativa llamada “ley de memoria histórica” apoyada por Podemos y colectivos de izquierda asociados, hace poco el parlamento aprobó retirar el cadáver de Francisco Franco del Valle de los Caídos y también borrar toda simbología franquista por exigencia de los colectivos de izquierda.
Lejos de ser un acto reivindicativo es un acto de resentimiento y odio puro, esta plebe no conoce la historia—ni busca conocerla—sino destruirla, reescribirla bajo el Pensamiento Único, solo lo motiva el odio contra todo lo que es superior.
Son estos colectivos los que reivindican y llaman “expresiones culturales” a asociaciones delictivas como la mara salvatrucha, los latin kings, los cholos y la cultura de pandillas, con la música rap y hip hop, toda una plebe amparada bajo los derechos humanos que destruyen las grandes ciudades de herencia europea como Buenos Aires en Argentina, Sao Paulo en Brasil, Córdoba, Monterrey y Guadalajara en México, así como las bellas ciudades del suroeste norteamericano con ciudades con una herencia española, francesa y anglosajona.
De la misma manera que la izquierda predica la iconoclasta, en Medio Oriente el Califato del Estado Islámico destruye las pirámides, las estatuas dedicadas a los antiguos dioses sumerios y asirios, arrasa con el pasado pagano de esa tierra por ir contra los preceptos de su fe, así como asesina indiscriminadamente a los yezidis, busca borrar la herencia de los viejos pueblos para debilitar espiritual y moralmente a los pueblos sometidos.
Destruir los monumentos, retirar las estatuas, borras la herencia europea, de esa forma quedara un pueblo vacío y dispuesto a ser llenado con cualquier ideología nociva, con un Pensamiento Único y totalitario—el Islam en medio oriente y el liberalismo cultural en Occidente—para conquistarlos.
Paso en Chiapas, una vez que el EZLN derribo la estatua del fundador de San Cristóbal de las Casas e impuso en sus comunidades un indigenismo total, donde predominaba un odio por la herencia hispana y católica.
En la actualidad Chiapas no solo es uno de los estados más pobres de México sino que también se presentan sectas protestantes y donde ya hay una mayoría musulmana. Es la consecuencia cuando se borra la identidad de un pueblo.
Citando la tan trillada pero totalmente real frase de Orwell: quien controla el pasado, controla el futuro y los oligarcas que están en el poder, la hegemonía cultural dominante busca destruir ese pasado para tener un futuro que controlar.
Ese pasado tan—para los liberales—“retrogrado, racista y homofóbico” fue forjado por hombres y mujeres mucho mejores que los del presente, hombres de honor como el general Lee que buscaron la autonomía del gobierno yanqui y ese fue su pecado para el gobierno de Lincoln y para el presente posmoderno.
La bandera confederada no es un símbolo de odio sino de identidad, así como la estatua erigida en su honor y esas ciudades que una generación orgullosa de su raza y su cultura erigieron. Esa es la cultura que hay que defender.
En el combate cultural la defensa de los monumentos es otro frente en el cual pelear por preservar nuestra identidad.
No solo son edificios, ni estatuas, son herencia y son nuestra identidad, aquí la de los conquistadores y ahí la de los confederados.
Esa es la herencia por la cual enorgullecernos y la cual proteger para que una generación mucho mejor que esta pueda verla y apreciarla.

Agosto 2017


1 comentario:

  1. Yo me pregunto, dónde está nuestra organización? Somos bastantes los jóvenes que no comulgamos con esa identidad barata qué quieren implantarnos, personajes como Colón y Cortés nos gusten o no tenemos que recordarlos, el mismo Octavio Paz dijo "a Cortés es difícil quererlo, pero es imposible dejar de admirarlo", cuando la izquierda inculta sale con la absurda idea de borrar nuestro pasado, que como bien dices, está forjado por personajes de muchísima más calidad que los líderes actuales, nosotros deberíamos salir a las calles, defender nuestros monumentos, los nombres de esos qué fueron dignos de ser inmortalizados en una estatua... Urge organización amigo, y desde ya cuenta conmigo para difundir, organizar o lo que sea que haga falta... "hay épocas en las que es todo un honor ir preso" Mussolini, si nos pasa por defender un ideal digno, no veo porque no intentarlo...

    ResponderEliminar