"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







sábado, 2 de diciembre de 2017

El antifascismo




Por Fernando Trujillo


El movimiento antifascista ha estado presente desde los orígenes mismos del fascismo, la oposición a este fue su génesis, una reacción contra esta idea surgida posterior a la Primera Guerra. Los republicanos que combatieron a Franco fueron antifascistas, las potencias aliadas ganadoras de la Segunda Guerra fueron antifascistas y claro los opositores a Hitler y Mussolini en sus inicios podemos considerarlos los padres del antifascismo.
El antifascismo es casi tan viejo como el fascismo pero ha ido evolucionando hasta llegar a los niveles de comedia trágica en los que nos encontramos.
Con la derrota de las Potencias del Eje en 1945 triunfaron las potencias antifascistas a nivel global, por supuesto quedaron fascistas que fueron exiliados, encarcelados, muchos viviendo en la clandestinidad y muy pocos que después de la guerra colaboraron con el Sistema vencedor.
La propaganda antifascista continuo siendo perpetua en la educación a nivel mundial, la palabra <> perdió su significado original y quedo como sinónimo de totalitarismo, represión policial, militarismo y extrema derecha. Así después de la guerra las nuevas generaciones vieron en la palabra <> asociada a la derecha norteamericana, a la Iglesia Católica, a los policías y en general a todo lo que el liberal le parezca símbolo de represión.
La ideología antifascista se impuso en las universidades, en las escuelas de arte, en el gobierno liberal deformando el sentido del fascismo y colocándolo como todo lo que los “librepensadores” odian, así el mismo país vencedor de la Segunda Guerra Estados Unidos quedo catalogado por sus mismos jóvenes como fascista, el capitalismo quedo etiquetado como fascismo y cualquier presidente electo, cualquier figura que involucrara un poco de autoridad era y es actualmente llamado fascista.
Así fueron los beatniks, los hippies, todas las tendencias y modas urbanas que veían erróneamente al capitalismo y los símbolos de autoridad como representaciones del fascismo. Tendencia que continua vigente hasta la actualidad.
La guerra física contra los fascismos termino en 1945 pero la guerra ideológica, de propaganda se ha continuado hasta la fecha.
Dejemos en claro que no existe ninguna cultura ni ningún gobierno al que se le pueda llamar fascista, toda la cultura y todas las áreas de poder se encuentran tomadas por la izquierda y por lo tanto por la ideología antifascista.
La policía a menudo acusada de fascista por la izquierda, es de hecho un instrumento del antifascismo global, siendo los mismos policías quienes han arrestado a Pedro Varela, miembros de organizaciones nacionalistas como Amanecer Dorado, CasaPound, cerrado librerías especializadas en la visión de los Vencidos, etc.
Eso por supuesto no impide que grupos de choque de izquierda y asociaciones como el Black Lives Matter agredan policías en las calles o abiertamente hagan apología del asesinato de estos en los medios. Si un policía se atreve a golpear a un militante de izquierda tendrá a abogados de derechos humanos, la prensa con noticias sentimentaloides todo el día, activistas políticos exigiendo la cabeza del policía.
El discurso de los movimientos antifascistas es que ellos son una “resistencia” cuando en realidad su ideología es la ideología dominante del planeta y ellos son financiados por el mismo estado al cual supuestamente combaten.
Los movimientos antifascistas surgidos a la par de los Fascismos históricos estaban integrados por comunistas, obreros, militares en su mayoría pero en la actualidad sus militantes pertenecen a las corrientes feministas, LGBT, liberales de toda índole y musulmanes. Las elecciones presidenciales de 2016 en las que triunfo Donald Trump y el Brexit británico mostraron una nueva faceta en la evolución del antifascismo.
Ahora ya no son comunistas ni obreros, son niños burgueses, estudiantes universitarios mimados, de buena familia, celebridades de Hollywood y la música, apologistas de la legalización de la marihuana, así como feministas, activistas LGBT y musulmanes que aborrecen la sociedad europea y todos sus valores.
Cuentan con poderosos lobbies que hacen presión en organismos internacionales, asociaciones de derechos humanos, grupos de choques callejeros los cuales saquean y agreden ciudadanos y policías por igual.
Para ser blanco del odio de los antifascistas ya no es necesario ser un militante nacionalista, basta con que difieras con ello en una opinión para ser amenazado de muerte en redes sociales, ser acusado de alguno de sus epítetos (fascista, neonazi, supremacista blanco, homofobo, etc.) y estar del bando contrario.
Los movimientos antifascistas en la sociedad occidental forman grupos de choque, hacen denuncias masivas en Internet cuando algo les resulta “ofensivo”, comenten actos de terrorismo contra sus opositores y reivindican el asesinato de gente blanca, destrucción de toda la historia y el arte europeo.
Fueron antifascistas quienes perpetraron los tiroteos en Las Vegas y aquella iglesia de Texas, son antifascistas los miembros del movimiento Black Lives Matter que asesina policías y muestra un odio por la sociedad blanca.
El movimiento antifascista es una masa de odio, de destrucción, intolerante y autoritaria, irónicamente lo que dicen combatir.
La hijab que hasta hace unos años era considerada un símbolo de represión, se ha vuelto un símbolo de una imaginaria resistencia, un símbolo de los colectivos feministas.
Este antifasicsmo ha dado una alianza antinatural entre el feminismo y el Islam contra el hombre blanco.
Ambos se consideran marginados, ambos se consideran perseguidos, ambos tienen una actitud victimista frente a sus adversarios.
Si los liberales de antes sentían una idolatra por el budismo—por supuesto por un budismo occidentalizado y progre, no por el budismo viril y aristocrático de la Tradición oriental—una atracción por todo el orientalismo, ahora este seudo-budismo dejo de ser atractivo para los progres y ahora la nueva fe que idolatran es la religión islámica.
Los colectivos feministas e islámicos marchan juntos en las protestas, tienen como enemigo en común al viejo Patriarcado Europeo—uno que en la actualidad no existe—las feministas justifican las violaciones y crímenes de los inmigrantes musulmanes junto con todo el discurso antifascista.
Pero las feministas cuando les hablan sobre las vejaciones a mujeres en el mundo islámico no tienen una respuesta, tartamudean ante los hechos y solo responden con la negación o la violencia—tal como lo demostró Lauren Southern en un video reciente—las feministas defienden a los musulmanes aunque este apoyo no sea reciproco. Puede parecer a simple vista una incongruencia pero no lo es.
Contrario al discurso feminista, las mujeres no son víctimas en la guerra, sino que son trofeos de guerra, en toda guerra primitiva cuando los conquistadores llegaban masacraban o esclavizaban a los hombres mientras que las mujeres eran llevadas a harems como esclavas sexuales de los grandes señores de la guerra.
Los turcos lo llevaron a la práctica en todos sus territorios conquistados, lo mismo que los Califatos que llevan la espada a los territorios infieles. Las mujeres no eran víctimas sino que se convertían en las amantes de los vencedores, traicionando a los hombres de su raza y de su nación.
Esa es la razón por la que las feministas defienden el Islam, en su inconsciente saben que una vez que el Islam se imponga en todo Occidente, los hombres sufrirán pero ellas serán los trofeos de los vencedores islámicos, irán a parar a los haremes con los privilegios que estos otorgan por su sumisión.

Todos los ideales utópicos de igualatarismo, fraternidad, inclusión social, tolerancia, todos son mascaras detrás de las que se esconden grupos de resentidos que quieren el poder, ellos tienen el poder y lo usan para acallar a quienes piensan diferente.
El antifascismo es el arma del estado liberal que rige actualmente, lo usan para desacreditar oponentes, crear caos en las calles, tener soldados que pelen por ellos en los medios o en las calles de las ciudades.
Así los colectivos que vandalizan negocios, que asesinan ciudadanos por portar una playera o una gorra con una consigna “fascista” son parte de la maquinaria del estado para generar una forma de represión en la sociedad.
Los verdaderos disidentes, los verdaderos rebeldes no son estos antifascistas, sino los nacionalistas, los grupos cristianos y conservadores, los grupos fascistas marginados y que no cuentan con el capital del estado.
Ellos no representan al pueblo, ellos desprecian a la clase obrera a la cual ven como un símbolo del “racismo”, ellos representan los intereses de poderosos lobbies. Decir también que paradójicamente los antifascistas norteamericanos ven la época de mediados del siglo XX (Cuando transcurrió la Segunda Guerra) como una “edad oscura” donde imperaba el machismo, el racismo, la homofobia y todas esas cosas que les desagradan, ven a esa generación como un montón de “hombres blancos machistas y racistas”, los grupos de choques de izquierda le faltan al respeto a estos hombres (ya ancianos), vandalizan la tumba de los veteranos y los agreden en las calles, es paradójico pues fue esa generación de ancianos a los que odian quienes pelearon contra el Nacional Socialismo y los Fascismos europeos, esa fue su paga por parte del estado capitalista.
Lo que hay detrás de la ideología antifascista es un odio por la herencia europea, por la masculinidad, por los valores cristianos e identitarios, ellos combaten con odio todos los valores europeos y tradicionales. Porque al final eso es el antifascismo un arma al servicio del globalismo.
Aquellos de nosotros que amamos nuestra tierra, nuestra historia, nuestra raza, aquellos de nosotros que amamos la Cultura y los altos valores somos el enemigo natural del antifascismo.
Esto ya lo decía el gran escritor italiano Giovanni Papini: El amor por las grandes cosas atrae el odio de las pequeñas.
Si ellos responden con violencia nosotros responderemos con el doble de violencia, si responden con unión entre ellos, nosotros nos uniremos con más fuerza.
Hace un año fue la llamada “Batalla de Berkeley” en el que hordas antifascistas amenazaron a nacionalistas y simpatizantes de Trump quienes se prepararon con bates de béisbol, cascos de hockey, escudos y se lanzaron contra los antifas, paso también en las marchas de Charlottesville con multitudes de nacionalistas defendiendo su historia e identidad frente a los antifas.
La lucha es contra el antifascismo, en las calles o en el combate cultural pero no hay que parar hasta vencerlo y desterrarlo.

Diciembre 2017





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