"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







miércoles, 4 de abril de 2018

El voto mexicano




Por Fernando Trujillo

“Vota por Zod. Vota por Cthulhu. Vota por Crom. Vota por el puto Comandante Cobra por lo que a mí respecta. Pero no votes por ninguno de los hijos de puta de la cartilla electoral”
Jack Donovan

Este año son las elecciones en México, hay toda una cobertura política en los medios, diversas opiniones en las redes sociales, memes de dudosa veracidad que buscan legitimizar o difamar a un candidato, pláticas y peleas políticas, eventos electorales donde se regalan despensas y se hacen promesas.
¿Quiénes son los candidatos? ¿Cuáles son sus propuestas? Eso no importa, todos son representantes de este sistema, todos son diferentes caras del mismo modelo político y económico centralista. El candidato de izquierda o de derecha, eso ya da igual, en estas elecciones todos se han aliado con todos, la izquierda con la derecha protestante, la derecha con la otra izquierda y así se ha creado un revoltijo que muestra la carencia de ideologías en nuestro país.
Pero para hablar de candidatos y de propuestas absurdas ya están otros medios, este texto es sobre el derecho al voto.
El concepto de voto es antiguo y viene de eras atrás, desde la antigua Atenas, la Republica romana y las tribus bárbaras pero en todas estas sociedades antiguas solo una elite podía votar, en Roma solo los patricios representantes de las gens en el senado, entre los barbaros solo entre iguales (los mejores hombres) podían tomar las decisiones y en Atenas solo varones pertenecientes a familias nobles que hayan pasado pruebas físicas y mentales. El voto era un derecho no para cualquiera.
El estado-iluminista surgido de la Revolución francesa otorgo el derecho al voto a sus ciudadanos solo por el simple hecho de ser ciudadanos pero sin ninguna responsabilidad, sin ningún compromiso.
Tu puedes votar, un secuestrador puede votar, un imbécil puede votar, el hombre que trabaja todo el día y el nini de dieciocho años tienen derecho a votar, el solo hecho de pertenecer al estado mexicano ya te acredita para poder votar.
Tus cualidades intelectuales no importan, tus valores éticos tampoco importan, tus valores religiosos ni tu inteligencia, todo se reduce a tachar un papelito y depositarlo en una urna para que un montón de burócratas lo cuenten y lo notifiquen a una institución sin rostro que no te representa ni le importas como individuo.
La clase política es una tribu propia, ellos no te conocen, no conocen tus ideas, nunca vas a toparte con ellos cara a cara, para eso tienen guardaespaldas y al ejército para impedirlo, nunca conocerán tus preocupaciones, tus ideas, no les interesa. Votas por gente que nunca sabrá de tu existencia, que nunca conocerán tú problemática o tus propuestas, tu no les importas, solo les importa que taches el logo de su partido en la boleta.
Ellos (los políticos) tienen su propia tribu, se mueven con sus propias reglas y tú no eres parte de ellos.
Si sé que existen movimientos ciudadanos, candidatos ciudadanos pero ellos no van a salvar al país ni van a hacer una nueva forma de hace política, en todo caso cuando sean admitidos por la tribu política ellos darán la espalda a sus antiguos ideales (si alguna vez los tuvieron claro) y si no, no van a llegar a más que a puestos locales.
Ese cuento de infiltrarte en el sistema para cambiarlo desde adentro no va, es una tontería optimista que no tiene fundamento, si te involucras con el sistema te traga por completo o te escupe pero nunca lo vas a cambiar desde adentro.
El estado mexicano cuenta con muchos entramados, muchos intereses y mucha astucia, no lo vas a engañar ni de broma, te va a corromper o te va a demoler pero es impenetrable, así que ese optimismo no va.
El estado-iluminista mexicano es un estado espurio surgido a raíz de la destrucción del Primer Imperio e impuesto de forma perpetua tras la caída del Segundo Imperio. Cada vez que votas, cada vez que participas en esta frívola política lo perpetuas más, le das más poder, lo haces legítimo.
No importa por cual candidato o partido votes, ellos solo obedecen a los intereses del partido o los intereses del globalismo pero no obedecen a tus intereses como individuo ni a los tuyos.
Tu tierra puede estar sumida en la criminalidad, el desempleo, la pobreza, la falta de recursos pero ellos vivirán bien, tendrán sus propias casa grandes, sus guaruras, gozaran de riquezas y poder, tu no les importas.
Si, en tiempos electorales ellos se toman fotos comiendo con los albañiles, abrazando indígenas, comiendo en puestos de tacos ¿Y qué? Lázaro Cárdenas lo hizo y de ahí todos sus alumnos políticos lo imitan.
El voto anula cualquier cualidad intelectual o ética por la cantidad, es en la democracia donde la cantidad triunfa sobre la calidad, donde el número se impone al individuo, tu como persona, tu familia, los tuyos no valen, solo vale la cantidad de papelitos en una urna, al estado mexicano no le importas tú, le importan los números.
El estado-iluminista te hace creer que votar es la única opción de cambiar las cosas, en tiempo de elecciones están los actores y cantantes haciendo apología del voto entre los jóvenes, campañas juveniles para apoyar el voto, campañas contra el voto nulo o la apatía política—síntoma natural ante el hastió democrático—hasta amenazas disimuladas que te dicen que si no votas no te quejes.
Pero el simple hecho de votar le das poder al estado mexicano, a ese centralismo monstruoso que saquea tu tierra y no te da nada a cambio. Votar es seguir siendo esclavo del estado mexicano.
Anular tu voto o dejar de votar, tirar el juego político del estado-iluminista, empezar a formar tu propio camino, buscar una nueva alternativa pero no continuando en el mismo circulo vicioso que hemos estado durante décadas.
Votar es seguir siendo esclavo y un esclavo es quien espera que venga un candidato o un partido a salvarlo.

Abril 2018






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