"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







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domingo, 9 de junio de 2013

La Prostitucion Sagrada



 Julius Evola 

 Todo culto tradicional apunta esencialmente a la actualización de la presencia real de cierta entidad suprasensible en un medio dado, o bien a la transmisión participativa, a un individuo o a un grupo, de la influencia espiritual que corresponde a esa entidad. Los principales medios empleados a tal objeto son los ritos, los sacrificios y los sacramentos. Ahora bien, en varias culturas, también la sexualidad se empleó con tal fin. 

 Uno de los casos más típicos puede observarse en el ámbito de los Misterios de la Gran Diosa, a través de las prácticas eróticas precisamente destinadas a evocar el principio de ésta y a reavivar su presencia en cierto lugar y en una comunidad determinada. Ese, entre otros, era particularmente el verdadero objeto de la prostitución sagrada practicada en los templos de muchas divinidades femeninas de tipo afrodítico pertenecientes al Mediterráneo: Ishtar, Mylitta, Anaitis, Afrodita, Innini y Athagatia. 
Hay que distinguir aquí dos aspectos. Por una parte, estaba la costumbre de que toda muchacha llegada a la pubertad no podía contraer posibles nupcias antes de haber ofrecido su virginidad, y ello no en un contexto de amor profano, sino de Sacralidad: debía entregarse, en el recinto sagrado del templo, a un extranjero que hiciese una ofrenda simbólica e invocase, a través de ella, a la diosa.
 Por otro lado, había templos con un cuerpo fijo de hierodulas, es decir, de mujeres consagradas a la diosa, sacerdotisas cuyo culto consistía en el acto que los modernos no saben designar de otro modo que con el verbo “prostituirse”.
 Celebraban el misterio del amor carnal, en el sentido, no de un rito formalista y simbólico, sino de un rito mágico operativo: para alimentar la corriente de psiquismo que daba cuerpo a la presencia de la diosa y, al propio tiempo, para transmitir a los que se unían a ellas, como en un sacramento eficaz, la influencia o virtud de esta diosa. Estas jóvenes llevaban también el nombre de “vírgenes” (Parthónoj hierai), se consideraba que encarnaban en cierta forma a la diosa, que eran las “portadoras” de la diosa, de la que tomaban, en su función erótica específica, su denominación genérica ishtaritu. 
Aquí, el acto sexual desempeñaba por una parte la función general propia de los sacrificios evocatorios o capaces de reavivar presencias divinas y por otra desempeñaba un papel estructuralmente idéntico al de la presencia eucarística era, para el hombre, el medio de participar en el sacrum, llevado y administrado por la mujer en este caso; era una técnica para obtener un contacto experimental con la divinidad, para abrirse a ella, pues el trauma del acto sexual, con la interrupción de la conciencia individual que trae consigo, constituye una condición particularmente propicia para ello. Todo esto, como principio. 

 Este empleo de la mujer no estaba restringido a los Misterios de la Gran Diosa del antiguo mundo mediterráneo; se sabe que se practicó también en Oriente. La ofrenda ritual de las vírgenes se encuentra igualmente en la India, en los templos de Jaggernaut, para “alimentar” a la divinidad, es decir, para activar eficazmente su presencia. En muchos casos, las danzarinas de los templos cumplían la misma función sacerdotal que las hierodulas de Ishtar y de Mylitta, y sus danzas consteladas de mudras, o sea de gestos simbólico-evocadores presentaba generalmente carácter sagrado. También su “prostitución” era sagrada. Por eso incluso familias muy destacadas consideraban un honor, y no una vergüenza, que sus hijas fuesen consagradas desde la mas tierna edad a este servicio en los templos. Con el nombre de devadási, a estas mujeres se las consideraba a veces las esposas de un dios. En tal caso, más que portadoras del sacrum femenino, iniciadoras de los hombres en los Misterios de la Diosa, eran las mujeres destinadas a servir genéricamente de fuego en la unión sexual, que, como hemos visto, en textos tradicionales hindúes es comparada con el sacrificio en el fuego.

 Además, como ya hemos señalado, hay que considerar que, incluso cuando estaba fuera de tales marcos culturales e institucionales, el hetairismo (la actividad de hetaira) antiguo y oriental tenía aspectos no sólo profanos, pues las mujeres estaban calificadas para darle al acto del amor unas dimensiones y un desenlace que hoy en día se ignoran. Entre las hetairas de Extremo Oriente, que solían estar agrupadas en hermandades que tenían sus “armas”, sus insignias simbólicas y una antigua tradición propia, está comprobada la existencia de conocimientos de lo que podría denominarla fisiología suprabiológica y sutil. Hay razones para pensar que, en algunos casos, la ars amatoria profana nació por degradación de elementos externos de una ciencia sui generis basada en un saber sacerdotal y tradicional; no está excluido que, entre posturas indicadas en obras como las cuarenta y ocho Figurae Veneris de Forberg haya algunas que en su origen tuviesen valor de mudra, o sea de posturas mágico-rituales aplicadas al acto sexual, dado que, como señalaremos en su momento, hay significados de este tipo que han subsistido incluso en prácticas de magia sexual de algunos círculos modernos. 

 Ya hemos hablado de los filtros de amor, de los que también se ha perdido el sentido completo, puesto que ya sólo se conocen sus usos degradados, en la forma de mistificaciones supersticiosas populares propias de brujas. Aquí, en realidad, lo que podría entrar en juego, más que el arte de hacer nacer anormalmente una pasión común es el arte de dar a la experiencia sexual unas dimensiones distintas de las eros corriente.
 Se sabe que Demóstenes hizo condenar a una amante de Sófocles que tenía fama de confeccionar filtros de amor; pero en el proceso resultó que había recibido una iniciación y que frecuentaba ambientes cercanos a los Misterios. Por lo general, a muchas hetairas, o figuras de tipo hetérico, incluso en las sagas y las leyendas, se las describe como magas; a causa de la fascinación que ejercían, por supuesto pero también a causa de sus conocimientos específicos en el ámbito de la magia. Por lo que se refiere al Kâma Sutra (1, l), la lista de las habilidades que debía poseer una ganika, o hetaira de clase alta, resulta bastante prolija y barroca, pero es significativo que entre ellas figuren las artes mágicas, el arte de trazar diagramas místico-evocatorios (mandala) y la de preparar ensalmos De la famosa Frine se cuenta que se mostró desnuda no sólo en el contexto del conocido episodio de su proceso (donde por demás sus valedores destacan, más que el aspecto estético de su belleza profana. elaspecto sacral-afrodítico; por eso refiere Ateneo: “Los jueces quedaron embargados del sagrado temor de la divinidad: no osaron condenar a la profetisa y sacerdotisa de Afrodita”), sino también a los iniciados de Eleusis y luego en la gran fiesta de Poseidón, o sea en relación con las “Aguas”, de las que Poseidón es dios: ahí probablemente estaba en primer plano el lado profundo, mágico-abismal, de la desnudez femenina, de la que ya hemos hablado. En conjunto, debemos retener que, en el origen a la mujer-hetaira no le era ajena la función de administradora del Misterio femenino, según posibilidades que podían ser naturales o tradicionalmente cultivadas, abiertas a la mujer en la misma medida en que en ella se active un lado fundamental del principio del que ella, como ser humano, es encarnación, individuación, símbolo vivo. 

 Precisamente es esta posibilidad la que hay que considerar a la hora de examinar otros complejos rituales antiguos: una posible sexuación trascendente, o sea la incorporación efectiva, o momentánea o casi duradera, en determinados seres humanos femeninos, de las divinidades o arquetipos de su sexo: en los mismos términos con los que en el catolicismo se habla de la presencia real de la divinidad en las hostias, establecida por el rito. En muchos monumentos egeos, a menudo las representaciones de las sacerdotisas se confunden prácticamente con las de la Gran Diosa y permite suponer que las primeras eran el objeto concreto del culto rendido a la segunda, mientras que son bien conocidas las figuras, incluso históricas, de soberanas del Mediterráneo oriental en las que se veía la imagen viva de Ishtar. Isis y otras divinidades del mismo tipo. Pero además hay que considerar el caso de encarnaciones momentáneas de estas divinidades en un ser dado, determinadas por un clima mágico-ritual del mismo tipo del que en principio debería efectuarse el misterio “el mvsterium transformationis” de la propia misa cristiana. 

 Un orden de ideas análogo entra en cuestión en el caso del hieros gamos en sentido estricto, o sea de teogamias, de uniones rituales y culturales de un hombre con una mujer, destinadas entonces a celebrar y renovar el Misterio del Ternario, esa unión del eterno masculino con el eterno femenino, del Cielo con la Tierra, de donde procede la corriente central de la creación. 
En las personas de los que cumplían estos ritos era, pues, como si se encarnasen y actuasen los correspondientes principios, y su unión momentánea física se convertía en una reproducción evocativa de la unión divina mas allá del tiempo y del espacio. 
El fin de tales ritos, pues, era distinto del de los otros que ya hemos recordado y explicado como ritos de participación en la sustancia o influencia de una u otra divinidad. Era el Tres, el Ternario más allá del estado dual, el que era evocado a través de la acción nupcial de los dos, para activar periódicamente en una comunidad determinada una influencia correspondiente, pero en el mareo del ritualismo, y no de las experiencias individuales iniciáticas de las que hablaremos más adelante.

 De este tipo de ritos podrían recordarse numerosos ejemplos procedentes de tradiciones culturales de civilizaciones muy diversas. 
De todos ellos, citaremos el ejemplo de los misterios antiguos en los cuales una vez al año la sacerdotisa principal que personificaba a la diosa se unía al hombre, que representaba el principio masculino, en el lugar sagrado. Consumado el rito, las demás sacerdotisas llevaban el nuevo fuego sagrado, que se consideraba generado por tal unión, y con su llama se encendía el fuego de los hogares de las distintas gentes. 
Algunos han señalado con razón la analogía de este rito con el que todavía se celebra el sábado santo en Jerusalén. Por lo demás, el propio rito pascual de consagración del agua, sobre todo tal como se celebra en la Iglesia ortodoxa, conserva huellas visibles del simbolismo sexual: el cirio, que tiene un significado fálico evidente, se sumerge por tres veces en la fuente, símbolo del principio femenino de las Aguas; se toca el agua, se sopla por tres veces sobre ella marcando la letra griega P, y la fórmula de consagración pronunciada durante este acto de unión incluye estas palabras: “Que la virtud del Espíritu Santo descienda en toda la profundidad de esta fuente.., y fecunde toda la sustancia de esta agua, para la regeneración”. En oriente, la difundidísima iconografía del lingam (el Phallus) puesto dentro del loto (padma) o dentro del triángulo invertido que es signo del yoni femenino y símbolo de la Diosa o Shakti, obedece al mismo significado; y este simbolismo como veremos más adelante, puede aludir también a Operaciones Sexuales concretas. 

 En efecto, a menudo el rito original de la hierogamia solo subsistió en formas en las que un rito simbólico o una unión simulada ocuparon el lugar de la unión sexual real de un hombre con una mujer. En materia de aplicaciones, esto nos permite pasar a una consideración sobre los ritos sexuales estacionales de fertilidad, que son uno de los caballos de batalla de las escuelas etnológicas actuales, que tras haberse fijado en un primer momento en el “mito solar”, tras haber pasado a continuación al “totemismo” y ver entonces totemismo por todas partes, se inclinan ahora por las interpretaciones “agrarias”, y recurren a ellas a cada instante.

 En realidad, en estos ritos hay que considerar una de las posibles aplicaciones mágicas operativas del contexto que hemos examinado hace poco. Hablando de las orgías, ya hemos dicho que éstas pueden propiciar el contacto experimental con lo primigenio y lo preformal en el espíritu de quienes participan en ellas. Por su propia naturaleza, por el cambio de nivel existencial que implica, ese estado hace posible. llegado el caso, una eficaz inserción extranormal de la fuerza del hombre en la trama cósmica, en el orden de los fenómenos naturales y en general en todo ciclo de fecundidad: como intervención, en la dirección fundamental del proceso natural, de un poder superior que intensifica y galvaniza. Así, en esencia, es exacto lo que dice Eliade a este respecto: “Generalmente, la orgía corresponde a la hierogamia. A la union de la pareja divina ha de corresponder, en la tierra, el frenesí genesíaco ilimitado.. Los excesos cumplen una función precisa y saludable en la economía de lo sagrado Rompen las barreras entre el hombre, la sociedad, la naturaleza y los dioses; ayudan a hacer circular la fuerza, la vida, los gérmenes, de un nivel a otro, de una zona de la realidad a todas las demás”. Es, efectivamente, uno de los significados posibles de una parte del vasto acervo de ritos “agrarios” recogidos por Frazer. 
Sin embargo. cuando no se trata de pueblos salvajes, sino de tradiciones históricas en las que unas formas aisladas y bien circunscritas de hierogamia ritual sustituyen en principio a los fenómenos orgiásticos colectivos, es importante no generalizar, distinguir entre el contenido del rito mágico -naturalista en cierto modo- puesto unilateralmente de relieve por las escuelas etnológicas, y un contenido superior, misteriosófico, que se refiere esencialmente a la obra de regeneración interna: y ello aunque en ciertos casos un mismo complejo hierogámico, basándose en relaciones de correspondencia analogica, puede haber integrado los dos contenidos. Tal parece haber sido el caso de 1os Misterios de Eleusis, en los que el rito de arar se asoció al hieros gamos como rito iniciático. 
El descuidar esta bivalencia es un rasgo característico de una investigación que, sin darse cuenta, obedece a la tendencia general de las disciplinas profanas modernas, que consiste en reducir constantemente lo superior a lo inferior, o bien en poner de relieve únicamente lo inferior cada vez que es posible hacerlo. 

 Según los casos, en el sistema de las participaciones rituales realizadas por medio de la sexualidad, la fuente de lo sagrado puede ser ya el hombre, ya la mujer. Por eso pueden encontrarse hierogamias parciales y no bilaterales, o sea uniones, en las que sólo una de las partes se transforma en su naturaleza y reviste carácter no humano sino divino, mientras que la otra conserva rasgos puramente humanos, y entonces la unión puede orientarse no a la participación mística, sino incluso a la procreación. Los relatos legendarios en los que aparece este tema “mujeres poseídas por un “dios”, hombres que poseen a una diosa” son demasiado conocidos para que haga falta recordarlos. Bastará aludir a algunos casos en los que tales conexiones se presentan dentro de marcos institucionales regulares. Así, en el antiguo Egipto, no era el soberano como hombre, sino como encarnación de Horus, quien se unía a la esposa y la fecundaba para continuar la línea de la “realeza divina”. En la fiesta helénica de las Antesterias, la acción más importante era el sacrificio privado que la mujer del arconte-rey hacía a Dioniso en su templo del Leneo, y su unión con el dios, así como en Babilonia se conocía la hierogamia de una joven escogida que, ascendidos ritualmente los siete planos de la torre sagrada aterrazada, el zikurrat, de noche, en una estancia nupcial situada por encima de estos niveles (“más allá de los siete”) esperaba la unión sexual con el dios. Igualmente se consideraba que la sacerdotisa de Apolo en Patara pasaba la noche unida con el dios en el “lecho sagrado”. 

 El hecho de que el dios (y por tanto también uno de sus representantes) pudiese algunas veces tener por simbolismo un animal determinado, a causa de una tosca interpretación literal, dio paso más tarde a la variante constituida por aparentes acoplamientos de seres humanos con animales sagrados. Así Herodoto (II, 46) habla del carnero sagrado de Mendes, llamado “el señor de las jóvenes”, al que se entregaban las mujeres para tener descendencia “divina”; y en las propias tradiciones romanas subsiste un eco de temas relacionados: lo que dice Ovidio (Fast., II, 438-442) de la voz divina que había mandado a las esposas sabinas de los romanos que se dejasen fecundar por el sacer hircus. 

 De nuevo el fundamento doctrinal de todo esto es la idea de que pueda suprimirse el límite humano e individual, que en el individuo “hombre o mujer” por transubstanciación, en determinados casos pueda encarnarse, aflorar o atisbarse la “presencia real”. Esta idea le parecía natural a la humanidad tradicional a causa de la concepción del mundo que le era inherente; no ocurre lo mismo con el hombre moderno, que tiene que considerarla pura fantasía y que puede tomársela en serio, como máximo, en la forma desrealizada y psicologizada de irrupción de los arquetipos del inconsciente. Todavía más difícil le resultará, por tanto, entender el contenido de realidad presente en las tradiciones que hablan de integraciones a través del principio femenino, en las que no figura en modo alguno ninguna mujer real, y en cambio interviene esencialmente una “mujer invisible”, una influencia que no pertenece al mundo fenoménico, sino que es una manifestación no individual, e indirecta, del poder que representan las distintas imágenes de la mitología del sexo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Santa Claus, un dios ancestral disfrazado




Por Fernando Trujillo


Escúchame con atención cuando te digo que Santa Claus no lo invento la Coca-Cola ni la mercadotecnia yanqui.
No es un producto de una época claramente materialista ni es un cuento para que los niños se porten bien, escúchame cuando te digo que Santa Claus es real.
Déjame explicarte mejor, bajo la forma del bonachón anciano se encuentra un dios pagano disfrazado. En esta época racionalista, científica y mecanizada un arquetipo ancestral se ha disfrazado de un símbolo del capitalismo para convertirse en una deidad de nuestro tiempo.
Pero esto no es nada nuevo con respecto a Papa Noel, durante años los cristianos fundamentalistas han acusado a Santa Claus de ser un dios pagano, el diablo, el anticristo, un ser malvado y ladrón (por robarle la navidad a Cristo), varias congregaciones cristianas han advertido a sus feligreses de la herejía que representa el culto a Santa.
La mayoría de estos fundamentalistas creen que todos los dioses son en realidad uno, el mismo diablo bajo diferentes disfraces, en el caso de Santa solo es cuestión de cambiar unas letras de su nombre para que de cómo resultado el nombre Satán Claus algo que usan los fundamentalistas como evidencia de que Papa Noel es el demonio.
En Varios países de Latinoamérica las congregaciones religiosas han intentado combatir el culto a Santa usando la figura del Niños Dios. Se les inculca a los niños la idea de que es este personaje el que les trae regalos en navidad y no Santa, en realidad solo sustituyen una cosa por la otra.
El Niño Dios también es poseedor de un simbolismo pagano pero hablar de ello sería desvirtuarnos del tema que tratamos.
Volviendo a Papa Noel no solo los cristianos radicales lo han atacado, desde el ámbito político tanto partidarios de derecha como de izquierda han acusado a Santa de ser un instrumento de dominación yanqui apuntando directamente a su origen moderno en Coca-Cola. El origen de Santa es anterior al nacimiento del capitalismo y su comienzo esta en las raíces más profundas de la cultura occidental.

Santa Claus es una deidad de nuestro tiempo, bajo la máscara de Papa Noel se encuentra un dios olvidado, un misterioso vagabundo de los tiempos que ha estado en todas las épocas y en todas las civilizaciones presentándose con un disfraz diferente.
En la tradición nórdica nos encontramos a Odín quien en tiempos de Yule le entregaba regalos a su gente en su caballo volador.
Dentro de la misma tradición encontramos a Tomte un espíritu bondadoso que le da regalos a los niños en esa época del año.
En la civilización romana cada diciembre se celebraban las bacanales saturnales dedicadas al dios Saturno dios del tiempo, estas fiestas duraban una semana y se permitían toda clase de excesos. Los roles eran cambiados y los esclavos se convertían en amos mientras que los amos se convertían en esclavos durante esa celebración. Esto origino la leyenda del Señor del Desorden un anárquico dios de las festividades de invierno que permitía todos los placeres y los excesos.
Otra deidad del invierno son el Rey Sagrado un dios céltico del año viejo y el Abuelo Hielo un dios ruso de esta temporada.
En Finlandia nos encontramos con Joulupukki cuyo nombre viene a significar “Cabra de Navidad” quien viene a representar los aspectos más oscuros del dios del invierno.
Este ser estaba ataviado con pieles y cuernos de cabra que cada invierno aterrorizaba a los niños exigiéndoles regalos y si no le eran entregados los devoraba. Con el tiempo la figura de Joulupukki dio paso al bondadoso Papa Noel.
Todos estos dioses y espiritus del Solsticio se han camuflado en nuestro tiempo en la deidad moderna conocida como Santa Claus el dios de la Navidad.
La idea del dios que toma varios disfraces está plasmada en la novela de terror Doctor en Medicina de Thomas M. Disch en la que el dios Mercurio utiliza diferentes formas (incluyendo la de Santa) para contactar con el protagonista.
En nuestra era Papa Noel se ha convertido en el dios del invierno, si aun no lo creer déjame decirte que tiene todos los requisitos para ser una deidad.
Tiene un día sagrado cada Navidad y aunque tradicionalmente la familia celebraba el nacimiento de Cristo—para los paganos tradicionales el nacimiento del Dios Sol—para los niños eso no nos importaba, esperábamos la llegada de Santa. Le escribimos cartas, nos portábamos bien e incluso le ofrecíamos oraciones.
Como toda deidad Santa tiene un sacerdocio, hombres y mujeres vestidos como él se encuentran en centros comerciales o en las calles, hablaban en nombre de nuestro dios y nosotros como fieles adoradores les contábamos nuestros deseos para que intercediera por nosotros ante él.
Santa al igual que todo buen dios juzgaba a los niños buenos de los malos, el mal comportamiento era el pecado más grande y el castigo era recibir carbón en la víspera de Navidad (en algunas leyendas Santa se comía a los niños malos), mientras que los niños buenos eran recompensados con sus regalos en el árbol.
Antes de dormir le dejábamos frente al árbol galletas y leche pura como una forma de Eucaristía, estos sagrados alimentos eran consumidos por los representantes de la familia (mayormente los padres) que asumían el rol de nuestro dios.
Existe toda una mitología alrededor de Santa que va desde su hogar en el Polo Norte, sus duendes como sus fieles sirvientes (el equivalente a los ángeles de la tradición cristiana), la Señora Claus como su pareja mística, sus propios héroes como Rodolfo el reno y el Señor Frosty e incluso sus propios demonios. Estos últimos eran en su mayoría hombres avaros y malhumorados que odiaban la alegría navideña, en los cuentos navideños estos villanos hacen todo por destruir la Navidad pero al final el espíritu navideño acaba triunfando y ellos se vuelven seres bondadosos.
Como ves Santa es un dios de nuestra era, tiene todos los atributos para serlo, es honrado de la misma manera que hace siglos honrábamos a Odín o a Zeus.
Definitivamente si alguien es el amo de la Navidad ese es Santa le pese a los fundamentalistas o a los mas exacerbados anti-yankees pero así es.

Cuando éramos niños todos adorábamos a Santa Claus, teníamos una fe ciega en el, toda la estación navideña era para honrarlo y amarlo.
No habías otro dios que no fuera Santa, todos lo amábamos era así de simple para todos los niños. Posiblemente la figura moderna lo diseño una empresa capitalista pero esa imagen ha superado la mera mercadotecnia para ser un dios.
Santa Claus-Odín-Saturno-Joulupukki es el dios encarnado en un solo personaje que llega cada temporada para ser amado y honrado.
Nuestra sociedad y nuestro tiempo están demasiado mecanizados, demasiado contaminados con teorías científicas y racionales, admitimos algunas religiones como el judeo-cristianismo pero desechamos otras por considerarlas primitivas.
Escuchame cuando te digo que en cinco mil años la gente del futuro estudiara a Santa Claus y lo considerada la deidad del invierno de nuestra época, al mismo tiempo ellos tendrán a su propio dios del Solsticio al cual adorar.
En mi novela "El Caballero de Lucifer" durante el enfrentamiento con Joulupukki este le dice a Adrián Sicotello: No me puedes matar niño idiota soy una idea, algo que ha estado en el subconsciente humano desde que eran unos simios. Los monstruos hemos estado aquí desde el comienzo y estaremos aquí cuando tu raza se extinga. Qué importa que me mates, resucitare en otro plano con otro nombre no lo sé pero nunca desapareceré.
Los dioses, los símbolos, los arquetipos, los mitos y los monstruos son tan reales como cualquiera de nosotros, inmortales viajeros del alma humana.
Entonces en este siglo veneramos a Papa Noel que hace siglos se llamo Odín y antes se conoció como Rey Sagrado y mucho antes con un nombre olvidado por el lenguaje humano. Es una parte del Gran Espíritu que cada invierno aparece a celebrar su gran fiesta conocida como Navidad.
Escúchame entonces ¿Por qué continuar negando su existencia? Santa Claus es real, es un dios encarnado que se ha robado la Navidad brindándonos alegría y risas. No hablo de él como un símbolo si no como un ser tan real como Cristo, Buda o como Horus.
En estas fechas uno puede optar por creer en Santa Claus como un dios del invierno o asumir una máscara de racionalidad, tomar el ponche con la familia y ver esta fiesta como una celebración más del año. Yo como buen creyente opto por lo primero, en esta fiesta venerare al espíritu alegre de Santa Claus, es mucho más divertido y estimulante.

Diciembre 2011

jueves, 24 de diciembre de 2009

Plegaria a Mitra


© Extraido de la autopista y otras historias

Fernando Trujillo

Mitra hijo del sol
Campeón del tiempo
Te pido valor
Te pido tu bendición
Soy un guerrero
Soy un hijo del sol
Dame tu bendición para combatir
Mis enemigos son crueles
Pero tengo tu espíritu
El espíritu violento, sagrado y puro
El espíritu del legionario romano
El espíritu del chatria hindú
Tú que conquistaste al toro
Dame valor para dominar a la bestia
Déjame ver tu reino
Un reino de luz, amor y autoridad
Déjame luchar a tu lado
Por tu reino
Por ti
¡Gloria a Mitra!
¡Gloria al campeón solar!

(25/12/07)

sábado, 19 de diciembre de 2009

Un canto a Mitra


Fernando Trujillo

© Extraido de La autopista y otras historias

Nació de una virgen
Nació para gobernar
Su nombre es Mitra
Bendecido por los dioses
Adorado por guerreros
Viajo a través del mundo
Se enfrento a las bestias
Convirtió las tinieblas en luz
Los legionarios lo honraron
En India lo aclamaron
En la montaña instauro su reino
El sol es su símbolo
Entrego al hombre la llave del reino
Le entrego la espada
Solo para los que tengan valor
Solo para los héroes
Únicamente para los sabios
Para aquellos que combatan
Para los hijos del sol.

(25/12/07)