"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







jueves, 31 de marzo de 2011

El espíritu samurái de Japón



Por Fernando Trujillo

Todos hemos escuchado del tsunami que recientemente azoto Japón, todos hemos visto en los noticieros la cobertura que se ha hecho de la tragedia, del número de muertos y desaparecidos. Algo de lo que podemos estar seguros es que Japón saldrá adelante, la raza japonesa es poseedora de una voluntad de hierro a la par de un espíritu noble heredado de sus antepasados.
Recordemos que hace setenta años fueron arrojadas las nefastas bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki a pesar de la destrucción Japón pudo salir adelante gracias a su coraje y fuerza de voluntad consolidándose como una potencia mundial.
Esta tragedia del tsunami es mucho peor que la que aconteciera en 1945 sin embargo creo que en cinco años (o menos) Japón resurgirá de las cenizas. En occidente una catástrofe como esa nos devastaría por completo, el occidente moderno tiene un espíritu muy débil por décadas de confort y de un vacio estilo de vida.
En este ensayo vamos a hablar sobre este espíritu samurái del pueblo japonés que desde el final de la Segunda Guerra ha ido desapareciendo debido al americanismo y a la globalización. La juventud oriental ha adoptado un estilo de vida tan vacio como el occidental sin embargo ese ancestral espíritu guerrero aun continuo dormido en el inconsciente japonés. Se encuentra en su literatura, en su historia y en la sangre de su raza, es el espíritu de un pueblo que lucha por salir adelante.
Podemos comenzar por decir que si Japón tiene un espíritu propiamente samurái (guerrero, solar y aristocrático) es en parte debido a su religión el Sintoísmo. La fe sintoísta es puramente nacionalista, no busca convertir ni expandirse si no que es parte del alma japonesa. Aunque otras religiones como el cristianismo han entrado al país la mayor parte de la población aun continua practicando la religión de sus antepasados.
A finales del siglo XIX se desarrollo el concepto de Sintoísmo estatal como parte de la identidad nacional del pueblo japonés. En esa época surgió la corriente intelectual llamada Kokugaku que rechazaba el estudio de textos budistas, confucionistas y chinos a favor de textos puramente autóctonos. El objetivo era combatir cualquier influencia extranjera que pudiera infiltrarse en el Sintoísmo.
Dentro del Sintoísmo cabe resaltar la figura del emperador, antes de la Segunda Guerra, el emperador era considerado una divinidad al ser descendiente de Amaterasu la diosa del sol y protectora del país. Así el emperador era un representante del cielo en la tierra, uniendo el poder terrenal y el poder espiritual. Un culto similar al de los faraones en Egipto y los cesares de la antigua Roma.
El culto al emperador era una parte fundamental de la vida japonesa, aun hoy sigue siendo una figura respetada pese a haber perdido todo su porte divino. El escritor Yukio Mishima llamaba a los jóvenes a recuperar la divinidad del emperador como símbolo del país.

Los samurái eran los señores feudales del Japón antiguo, guerreros que estaban bajo un estricto código llamado Código Bushido. De ellos se han escuchado muchas historias que han perdurado como leyendas. Sin embargo el antiguo sistema ya comenzaba a mostrar signos de envejecimiento, Japón se estaba convirtiendo en un país atrasado y a la mitad del siglo XIX estaban entre cambiar o ser presas de las potencias imperialistas como China. Durante la restauración Meiji el emperador abolió el sistema feudal sin embargo el espíritu samurái no murió en la restauración si no que permaneció en el pueblo. El Código Bushido fue usado como una forma de doctrina militar y espiritual dentro del ejército imperial.
El código samurái y el nacionalismo fueron introducidos en toda la población sobre todo en la juventud, los jóvenes recibían un entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo, entrenamiento en armas y tácticas de supervivencia.
Esta era una juventud sana e idealista y unida bajo el sueño de formar un mejor país. Se trataba de una generación inquieta, ansiosa por luchar y construir un nuevo país.
De esta manera toda la población estaba bajo un adoctrinamiento tanto militar como moral y espiritual. Se estaba educando a la población bajo el ideal de un imperio unificado, se estaban inculcando los valores del samurái (fuerza, honor, disciplina, valor) en la juventud en cuya sangre se iba a levantar el nuevo imperio.
Como dije antes la religión también estaba cambiando, se estaba depurando de la influencia extranjera para dejar limpio al Sintoísmo que era parte de los valores del pueblo. Se prohibieron el budismo y el cristianismo fue reprimido, el Sinto era la religión oficial, la identidad de Japón como Imperio.
Estos eran los valores propios de un imperio construido por sangre joven y guiado por los valores tradicionales de fe, valor y honor. En pocos años tras la restauración Japón se convirtió en un imperio que podía competir contras las potencias extranjeras.
Se podría decir que contrario a la mayoría de los casos durante la modernización Japón no perdió su espíritu ni su identidad nacional. Incluso podemos decir que se complementaron sin embargo el sentimiento nacionalista se impuso a esto.
Como se puede ver el recién formado imperio japonés era un orden TOTALITARIO unido bajo principios militares y nacionalistas. No existían disputas entre partidos políticos, no había sindicatos que organizaran huelgas ni disputas religiosas y si las había eran suprimidas con violencia. En el imperio existía la unión, el orden, la población estaba unida totalmente a una nueva estructura.
Aquí se puede ver como un país unido bajo un régimen orgánico puede convertirse rápidamente en una gran potencia (por ese tiempo algo similar ocurrió en occidente con la unificación alemana), mientras que un gobierno inorgánico—léase democracia liberal—se rige por la desunión tanto de los partidos como de su gente cosa que lleva al desastre y al atraso cultural, en los regímenes orgánicos existe un orden total que impera en la población. Este orden fue la razón por la que Japón se convirtió en una gran potencia en tan poco tiempo.

Si algo caracterizo al espíritu del imperio japonés fue la concepción de la guerra. Los militares solían usar una katana típica de los samuráis, existía entre ellos también el culto a Hachiman un antiguo dios de la guerra al que se le oraba antes de cada batalla.
Este culto a la guerra, al sacrificio, al amor a la patria son propios de las culturas solares, culturas donde se repudia la debilidad y se enaltece al guerrero.
Este espíritu fue lo que empujo al imperio recién formado a la guerra contra los antiguos imperios de China y Rusia. En la primera se logro anexar la isla de Taiwán mientras que en la segunda logro anexar Manchuria a sus dominios. Dos antiguos habían sido derrotados por una potencia recién formada, porque el ejército japonés estaba formado por sangre joven, por un ideal solar y por un espíritu guerrero, ansioso de luchar y conquistar.
Al final de la Primera Guerra cuando la mayoría de los imperios occidentales habían desaparecido, Japón perduro al no participar activamente en el conflicto pero bajo la amenaza del comunismo internacional surgió en la población un fuerte sentimiento anti-marxista. La ideología soviética era ajena al pueblo, los militares la rechazaron desde un inicio proclamando una “guerra santa” contra la Unión Soviética.
Comenzando la Segunda Guerra Japón se alió a las potencias del Eje en su lucha contra el marxismo. En 1937 dos años antes de empezar el conflicto bélico, Japón invadió China con el fin de arrebatarles las posesiones a las potencias occidentales. El ejército chino era mayoría pero la disciplina y entrega del ejército japonés logro derrotarlos.
El presidente americano Roosvelt mando una advertencia a Japón para que no atacara al ejército bolchevique. Provocando a los japoneses suspendió los suministros de petróleo provocando una crisis en el país. Fue un acto muy bien cuidado, una infame trampa en la cual el imperio cayó. Con el orgullo herido Japón decidió tomar venganza atacando Pearl Harbor, para ese momento la base norteamericana estaba desprotegida a propósito así cuando sucedió el ataque el pueblo norteamericano estaba tan encendido que fue el pretexto perfecto para entrar a la guerra. Roosvelt y su gabinete habían planeado cuidadosamente cada paso para empujar al país al conflicto europeo, una guerra que el pueblo no quería y que fue planeada en base a los inocentes sacrificados en Pearl Harbor.
Durante la guerra el soldado japonés lucho con entrega y valor en la que se conoce como Guerra del Pacifico. Fue una lucha entre el imperio de oriente contra el capitalismo de occidente, entre el espíritu samurái contra el espíritu del poder monetario.
Para ese entonces Japón se había dado a la tarea divina de mantener la paz en Asia y eso se lograría al expulsar a las potencias capitalistas y al comunismo internacional de su territorio. La guerra estaba empezada, los aliados enviaron a sus tropas a suelo oriental siendo combatidas por el ejército imperial.
Hubo batallas feroces como la Batalla de Midway que significo la primera derrota del Japón a manos de los aliados.
Durante la guerra surgieron héroes entre ellos los kamikazes. Kamikaze quiere decir "Viento" y "Tempestad de los Dioses". Fueron aviadores que se lanzaban en ataques suicidas contra los navíos americanos.
Para el mundo democrático era una muestra de locura, ellos no entienden lo que es el sacrificio pero no para el guerrero kamikaze. Ellos mueren con honor porque saben que estaban muriendo por su patria y por su emperador.
El espíritu kamikaze era un espíritu de entrega, de sacrificio y de honor, en sus aviones no había símbolos de muerte si no de inmortalidad. Al dar su vida por su imperio alcanzaban la trascendencia que solo se puede alcanzar al morir en batalla. Por eso los pilotos kamikazes eran considerados dioses vivientes.
Los kamikazes sembraron el terror en las tropas americanas, muchas veces durante el enfrentamiento al ver uno de ellos acercarse el ejercito lanzaba todo su arsenal contra ellos pero aun así muchos buques de guerra fueron hundidos por el fuego oriental.
Lamentablemente todo ese espíritu de fe y sacrificio del que hacía gala el imperio no fue suficiente para alcanzar la victoria. En 1945 sucedió la Batalla de Okinawa, los aliados invadieron la isla y lucharon durante ochenta y dos días contra los japoneses, con la derrota del ejército imperial en una de las más sangrientas batallas de la guerra el emperador decidió firmar la rendición cuando sucedió uno de los actos más nefastos de la historia humana.
En agosto de ese mismo año por órdenes del presidente Truman fueron lanzadas las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki. Fue un genocidio contra el pueblo japonés, perpetrado por aquellos que decían luchar por la democracia y los derechos humanos. Sin embargo como el bombardeo fue realizado por los chicos “buenos” nadie dijo nada, no hubo denuncias ni nadie protesto, hubo silencio.
La nube radioactiva alzándose sobre los escombros de ambas ciudades fue el espíritu samurái que se evaporaba tras un cruento Apocalipsis. El imperio de Japón había llegado a su final.

Al finalizar la guerra los americanos bajo el mando del general Douglas McArthur impusieron una constitución al país. La propaganda aliada lavó el cerebro a la población, usando los supuestos crímenes de guerra japoneses que les impusieron los aliados lograron cumplir su objetivo.
La propaganda de los aliados fue borrando ese espíritu samurái de entrega, virilidad y nacionalismo haciendo al pueblo dócil y aborregado. El emperador perdió su divinidad y el país fue presa del liberalismo económico y confort pero matando su espíritu.
Llegaron las franquicias de comida rápida, las marcas de ropa, el entretenimiento vulgar de Hollywood y toda esa mierda capitalista que desgraciadamente el pueblo acepto debido a la tentación de novedad. Era lo que faltaba para matar la antigua tradición.
Pasaron de ser un imperio a ser una colonia, todo sentimiento patriótico fue eliminado, todo militarismo fue borrado. Querían hacer de Japón una copia del occidente moderno, sin valor, ni honor ni espíritu.
Uno de los opositores a la modernidad fue el escritor Yukio Mishima que incluso formo su propia sociedad llamada Tatenokai (sociedad de los escudos) un grupo entregado a las enseñanzas samurái y las artes marciales para rescatar la antigua tradición guerrera de su patria. En su último discurso antes de su suicidio ritual Mishima dijo la siguiente:
Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual... hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones... el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurái... cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros... Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día... El ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿Por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos... Salvemos al Japón, al Japón que amamos...
Al morir Mishima murió el ultimo samurái pero ese espíritu guerrera que llamaba a recuperar aun se ha perdido.
Las películas de Akira Kurosawa rescatan la esencia de la tradición samurái, animes como “Samurái X” o el manga “Lone Wolf and Cub” tienen ese mismo aire de nostalgia. De un tiempo de espadachines vagabundos que luchaban por la justicia, de honor y de amor hacia las antiguas tradiciones. Un tiempo que anhela con volver no solo en Japón si no en el resto del mundo harto de la falsedad de la modernidad.
En 2011 Japón sufre una de sus peores crisis en setenta años, está al borde de una segunda catástrofe nuclear pero ellos saldrán adelante, en su interior como pueblo tienen la fuerza para levantarse, posiblemente esta catástrofe sea el fin del Japón moderno y el regreso del antiguo imperio más fuerte que antes. En estos tiempos de crisis el espíritu samurái resurge de nuevo.

Marzo 2011

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