"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 28 de septiembre de 2010

Freudianismo




Por Francis Parker Yockey

Texto extraido de su libro Imperium

Igual que el darwinismo y el marxismo, el freudianismo no tiene ningún significado cultural, sino anti-cultural. Los tres son productos del aspecto negativo de la crisis de la civilización; el aspecto que arruina los viejos valores espirituales, sociales, éticos y filosóficos, y los substituye por un crudo Materialismo. El principio del criticismo fue el nuevo dios al que se ofrendaron todos los viejos valores de la cultura occidental. El espíritu del siglo XIX es el de la iconoclastía. Casi todos los pensadores relevantes tuvieron su centro de gravedad en la parte del nihilismo: Schopenhauer, Hebbel, Proudhon, Engels, Marx, Wagner, Darwin, Dühring, Strauss, Ibsen, Nietzsche, Strindberg, Shaw. Algunos de estos fueron también, por la otra parte de su ser, heraldos del futuro, del espíritu del siglo XX. La tendencia predominante fue, con todo, materialista, biológica, económica, científica, contra el alma del Hombre-cultura y el -hasta entonces- significado reconocido de su vida.
De un modo diferente, pero en la misma tradición, actúa el sistema del freudianismo. El alma del Hombre-cultura es atacada por él, pero no oblicuamente, a través de la economía o de la biología, sino de frente. La “ciencia” de la psicología es escogida como vehículo negativo de los más altos impulsos del alma. De la parte del creador del psicoanálisis, este asalto fue consciente. Freud habló de Copérnico, de Darwin y de sí mismo como de los tres grandes insultadores de la humanidad. Su doctrina acusó el hecho de su judaísmo, y en su ensayo sobre La resistencia al psicoanálisis, dijo que no fue accidental que un judío creara este sistema, y que los judíos fácilmente se “convertían” al mismo, pues conocían el sino del aislamiento en la oposición. Con respecto a la civilización occidental, Freud estaba espiritualmente aislado, y no le quedaba más recurso que la oposición.
El freudianismo es un producto más del racionalismo. Aplica el racionalismo al alma, y descubre que ésta es puramente mecánica. El alma puede ser comprendida y los fenómenos espirituales son todos manifestaciones del impulso sexual. Esa fue otra de esas maravillosas y grandiosas simplificaciones que garantizan la popularidad a cualquier doctrina en una época de periodismo masivo. El darwinismo fue la visión popular de que el significado de la vida del mundo era que todo tendía a devenir animal-hombre, y que el animal-hombre tendía a devenir darwinista. Marxismo: el significado de toda la vida humana es que lo más bajo debe convertirse en lo más alto. freudianismo: el significado de la vida humana es la sexualidad. Los tres son nihilistas. El Hombre-cultura es el enemigo espiritual. Debe ser eliminado animalizándolo, convirtiéndolo en algo puramente biológico, haciéndolo económico, sexualizándolo, satanizándolo.
Para el darwinismo, una catedral gótica es un producto de la evolución mecánica; para Marx, es una trampa de la burguesía para engañar al proletariado; para Freud es una prueba de helada sexualidad.
Refutar el freudianismo es una empresa tan innecesaria como imposible. Si todo es sexo, una refutación del freudianismo debería tener también un significado sexual. El siglo XX no considera los fenómenos históricos preguntándose si son verdaderos o falsos. Para su manera de pensar histórica, una catedral gótica es una expresión de la intensamente religiosa, joven cultura occidental que despierta. En su necesidad de autoexpresión, esta nueva perspectiva debe rechazar la tiranía materialista de la vieja perspectiva que la precedió. Debe liberarse también del freudianismo.
La última gran tentativa de animalizar al hombre usa también métodos crítico-racionalistas. El alma es mecánica: consiste en un simple impulso: el impulso sexual. Toda la vida del alma es el proceso de este instinto mal dirigido, distorsionado, vuelto hacía sí mismo. Porque es elemental para esa “ciencia” que el instinto no puede funcionar correctamente. Describir las funciones mecánicas del alma es describir enfermedades. Los diversos procesos son neurosis, inversión, complejos, represión, sublimación, transferencia, perversión. Todos son anormales, insanos, mal dirigidos, antinaturales. Una de las verdaderas dogmáticas del sistema pretende que cada persona es un neurótico, y cada neurótico un pervertido o un invertido. Esto se aplica no sólo al Hombre-cultura, sino también al hombre primitivo.
Aquí Freud va más lejos que Rousseau, quien al principio de la primera fase de civilización de occidente, afirmó la pureza, simplicidad y bondad del salvaje, en contraste con la maldad y perversión del Hombre-cultura. Freud amplió el ataque:
el enemigo es toda la especie humana. Incluso si no dedujéramos de todos los demás fenómenos que la primera fase de civilización del materialismo y el racionalismo ya ha pasado, podría deducirse de éste sistema únicamente, pues un nihilismo tan completo no puede, evidentemente, ser sobrepasado, al expresar un sentimiento anticultural hasta sus límites máximos.
El freudianismo, más que una psicología, debe ser calificado de pato-psicología, ya que todo su arsenal terminológico sólo describe aberraciones del instinto sexual. La noción de salud está completamente disociada de la vida del alma. El freudianismo es la misa negra de la ciencia occidental.
Una parte de la estructura del sistema es la interpretación de los sueños. Los trabajos puramente mecánicos de la “mente” (ya que el alma no existe) son descritos por los sueños. Pero no claramente descritos, pues se necesita un ritual elaborado para llegar al significado real. “Censura de la conciencia” -el nuevo nombre que se da a la razón moral de Kant- “simbolismo”, “repetición compulsión”... esas son las palabrejas cabalísticas que deben ser invocadas. La forma original de la doctrina especificaba que todos los sueños eran deseos.
El psicoanálisis explicaba que el sueño de la muerte de una persona amada estaba motivado por un odio latente hacia los padres, síntoma del casi universal complejo de Edipo. El dogma era rígido: si el sueño consistía en la muerte de un perro o gato doméstico, ese animal se convertía en foco del complejo de Edipo. Si el acto sueña que va a olvidar lo que debe recitar en público, ello se debe a que desea íntimamente hallarse en una situación comprometida. Con objeto de atraer a más conversos, incluyendo a los de fe más débil, se cambió ligeramente la doctrina, admitiéndose otras interpretaciones de los sueños, tales como la de la “repetición-compulsión”, cuando tal tipo de sueños-temor se repiten regularmente.
El mundo de los sueños, naturalmente, reflejaba la sexualidad universal del alma.
Cualquier objeto que apareciera en un sueño podía ser un símbolo sexual. El instinto sexual “reprimido” aparecía en los sueños, simbolizando, transfiriendo, sublimando, invirtiendo y dirigiendo toda la escala de la terminología mecánica.
Cada persona es un neurótico en su vida madura, y ello no es accidental, toda vez que la neurosis se produjo en su infancia. Las experiencias infantiles determinan -de manera mecánica, ya que todo el proceso es antiespiritual -cuáles son las neurosis particulares que acompañarán a la persona en cuestión en el curso de su vida. Nada puede hacerse para evitarlo, excepto ponerse en manos de un adepto al freudianismo. Uno de estos afirmó que el 98 por ciento de todos los seres humanos deberían hallarse sometidos al tratamiento de psiquiatras. Esto fue en la segunda fase del desarrollo del sistema, pues al principio hubieran sido el cien por cien, pero tal como ocurrió con la secta de los Mormones, la pureza original de la doctrina debía admitir ciertas excepciones por razones tácticas.
El hombre corriente que está realizando su trabajo representa una comedia ante los ojos de un curioso observador; parece que hace lo que efectivamente está haciendo. Pero, no obstante, el freudianismo nos dice que sólo lo está haciendo aparentemente, pues está pensando tranquilamente en asuntos sexuales, y todo lo que podemos ver son los resultados de su fantasía sexual manifestados a través de los filtros mecánicos de la censura de conciencia, sublimación, transferencia, y demás. Si uno anhela, teme, desea, sueña, piensa abstractamente, investiga, se siente inspirado, ambiciona, repugna, reverencia, no hace más que expresar sus instintos sexuales. El arte es, obviamente, sexo, así como la religión, la economía, el pensamiento abstracto, la técnica, la guerra, el Estado y la política.

III

Freud ganó de esta manera, junto con su primo Marx, la orden de la simplicidad. Era la condecoración ambicionada en la edad de las masas. Con la defunción de la época del criticismo, cayó en el descrédito, porque la nueva perspectiva se interesa, no en atiborrar todos los datos del conocimiento, la experiencia y la intuición en un molde prefabricado, sino en ver lo que era, lo que es, lo debe ser. Sobre el portal de la nueva perspectiva está el aforismo de Leibnitz. “El presente está cargado con el pasado, y preñado con el futuro “. El niño es el padre del hombre; esto es vieja sabiduría, y describe el desarrollo del organismo humano desde la infancia hasta la madurez, relacionándose cada etapa hacia adelante y hacia atrás porque la misma alma habla en cada momento. El freudianismo caricaturiza esta profunda visión orgánica con un artificio mecánico mediante el cual la infancia determina la forma de la madurez, y convierte todo el desarrollo orgánico en un proceso causal, y lo que es peor, un proceso diabólico, enfermo.
Hasta el punto en que pueda considerarse occidental, el freudianismo está sujeto a la predominante espiritualidad de occidente. Su mecanicismo y su materialismo reflejan la perspectiva del siglo XIX. Sus referencias al inconsciente, al instinto, al impulso y demás reflejan el hecho de que el freudianismo apareció en el punto de transición de la civilización occidental cuando el racionalismo ya había agotado sus posibilidades y lo Irracional emergía de nuevo como a tal. No fue en absoluto en la terminología o en el tratamiento de los nuevos e irracionales elementos en la doctrina que el freudianismo presagió el nuevo espíritu, sino simplemente en el hecho de que los elementos irracionales aparecieran. Sólo en esto la nueva estructura puede anticipar algo, proyectarse hacia el futuro; en todo lo demás, pertenece al Pasado Malthusiano-Darwinista-Marxista. El freudianismo no fue más que una ideología; una parte del ataque general racionalista-materialista contra el Hombre-cultura.
Los elementos irracionales que reconoce el sistema están estrictamente subordinados al más alto racionalismo del adepto, que puede desembarazarse de ellos, volviendo entonces el doliente neurótico a la luz del día. Están aún más enfermos que el resto del complejo mental. Podrán ser irracionales, pero tienen una explicación, un tratamiento y una curación racional.
El freudianismo, pues, aparece como la última de las religiones materialistas. El psicoanálisis, como el marxismo, es un secta: Tiene su confesión auricular, sus dogmas y símbolos, sus versiones doctrinales esotéricas y exotéricas, sus conversos y sus apostatas, sus sacerdotes y escolásticos, un completo ritual de exorcismo y una liturgia. Aparecen los cismas, que desembocan en la formación de nuevas sectas, cada una de las cuales pretende ser la portadora de la doctrina verdadera. Es oculto y pagado, con su interpretación de los sueños, demoníaco con su adoración del sexo. Su imagen del mundo es la de una humanidad neurótica, retorcida y pervertida en la camisa de fuerza de la civilización occidental, hacia la cual el nuevo sacerdote del psicoanálisis tiende la mano liberadora del evangelio anti-occidental de Freud.
El odio que era la esencia del marxismo está presente en esta nueva religión. En ambos casos es el odio del intruso hacia todo lo que le rodea, que le es completamente extraño, y que, al no poder cambiarlo, lo debe destruir.
La actitud del siglo XX hacia el sujeto del freudianismo es inherente al espíritu de esta época. Su centro se halla en la acción: tareas externas apelan al alma occidental. Los mejores oirán esta llamada, dejando a los que no tienen alma ocuparse en dibujar imágenes del alma al estilo de Freud.
Siempre ocurrió lo mismo con la psicología científica: nunca atrajo a las mejores mentes en ninguna Cultura. Todo se basa en la presunción de que es posible, mediante el pensamiento, establecer la forma de lo que piensa... una proposición extremadamente dudosa. Si fuera posible describir el alma en términos racionales
-requisito previo para una ciencia de la psicología- no habría necesidad de tal ciencia. La razón es una parte, o, mejor dicho, una función parcial, del alma. Toda imagen del alma describe solamente el alma del que la propone y de los que son como él. Un satanista ve las cosas al estilo de Freud, pero no puede comprender al que ve las cosas de otra manera. Esto explica la vileza de las tentativas freudianas para satanizar, sexualizar, mecanizar y destruir a todos los grandes hombres de Occidente. No podían comprender la grandeza al no poseer experiencia interna de la misma.
El alma no puede ser definida: es el elemento de los elementos. Cualquier imagen de ella, cualquier sistema psicológico, es un mero producto de éste, y no va más allá del autorretrato. ¡Cuán bien comprendemos ahora que la vida es más importante que los resultados de la vida!
En todas las civilizaciones los sistemas psicológicos usan la terminología de las ciencias materiales de la física y la mecánica. Reflejan, así, el espíritu de las ciencias naturales y toman rango entre ellas como producto de la época. Pero no pueden acceder al más alto rango al cual aspiraban, es decir, la sistematización del alma. Apenas si el freudianismo acababa de establecerse como la nueva Iglesia psicoanalítica, que ya el progresivo desarrollo de la civilización occidental lo había convertido en anticuado.
La psicología del siglo XX está adaptada a una vida de acción: Para esta época, la psicología, o es práctica, o no tiene valor alguno. La psicología de las multitudes, de los ejércitos, del mando, de la obediencia, de la lealtad: he aquí la psicología que tiene valor en esta época. A ella no se puede llegar con métodos “psicométricos” y abstrusa terminología, sino con la experiencia humana; la propia y la de los demás. El siglo XX considera a Montaigne como un psicólogo, pero a Freud, simplemente, como al representante de la obsesión por las brujas en el siglo XIX, en los días jóvenes de la cultura occidental, como forma disfrazada del culto al sexo.
La psicología humana se aprende viviendo y obrando, no controlando reacciones u observando perros y ratones. Las memorias de un hombre de acción, aventurero, explorador, soldado, estadista, contienen la psicología de la clase que interesa a esta época, tanto literalmente como entre líneas. Cada periodo es un compendio de psicología de la propaganda de masas, superior a cualquier tratado sobre la materia. Hay una psicología de las naciones, de las profesiones, de las culturas, de las sucesivas épocas de una cultura, desde la juventud hasta la senilidad. La psicología es uno de los aspectos del arte de lo posible, y como tal es un estudio favorito de la época.
El gran almacén de la psicología es la historia. No contiene modelos para nuestro uso, ya que la vida no se repite, sólo ocurre una vez, pero nos muestra con ejemplos cómo podemos desarrollar nuestras potencialidades siendo fieles a nosotros mismos, y no aceptando compromiso alguno con lo que es netamente extraño a nuestra manera de ser. Para este concepto de la psicología, ningún materialismo podría ser considerado psicológico. Ahí coinciden Rousseau, Darwin, Marx y Freud. Comprendieron otras cosas, tal vez, pero no comprendieron el alma humana, y en particular el alma del Hombre-cultura. Sus sistemas no son más que curiosidades históricas para el siglo XX, a menos que pretendan ser descripciones apropiadas de la realidad. Cualquiera que “crea en” esas anticuadas fantasías se define a sí mismo como ridículo, póstumo, inefectivo y superfluo. Ningún dirigente de las próximas décadas será darwinista, marxista o freudianista.

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