"Escribe con sangre y comprenderas que la sangre es espiritu"

Friederich Nietszche







martes, 31 de mayo de 2011

Nuestra Tierra Huele a Muerte



Por Paola Klug

Nuestra tierra huele a muerte, con balas, con machetes, con cuchillos, con metrallas…
Muerte encapuchada, muerte cobarde.
Y la carne es secuestrada, torturada, mutilada en silencio, en la oscuridad.

La muerte que elige al azar en los camiones del norte,
Que vomita casquillos en la cabeza de inocentes,
Que desangra en las carreteras y en los malecones…

Nuestra tierra huele a sangre,
A dolor, a ira, a incomprensión.
Y la muerte nos vigila cerca,
Nos hace cómplices temerosos, pusilánimes egoístas…

Y corremos, nos hincamos, nos callamos y huimos.

Nuestra tierra huele a muerte,
De retenes, revisiones, violaciones, e interrogatorios.
Huele a muerte de fosas, de cabezas, de amenazas, de terror.

La muerte llamada gobierno, instituciones, violencia, apatía, bancos, dinero, mentira, televisión, periódicos, radio, democracia…
¿Cuánto vale nuestra dignidad? ¿Un plasma de 20 pulgadas? ¿Un carro del año? ¿Un contrato, una planta, un certificado, unos gramos de silicón? ¿El cuerpo inerte de un hermano? ¿Padre, madre, hijo?

Nuestra tierra huele a miedo, a balazos, partidos, alianzas, poder…
Y miramos por la ventana tímidamente después de oír los gritos, después salimos al llegar las sirenas y caminamos por la acera ensangrentada donde yace muerto nuestro vecino.
Entramos a casa, ponemos doble cerrojo y dormimos como animales irresolutos, incompletos…

Nuestra tierra huele a indiferencia,
Mañana le pagaremos tributo a esa muerte, con los impuestos, el banco, el súper, la hipoteca y rogaremos por un día más en esta patética subyugación, que huele a huérfanos, a diesel, a debates de circo, a niños quemados, a llanto de madre, a gritos de hermano, a sueños rotos, a vidas quebradas, aviones caídos, cascos con sangre, piernas rotas, caras desfiguradas, miembros castrados…

Nuestra tierra huele a tortura, ambición, a sicarios, a corruptos, a políticos, a desinterés, a insensibilidad a manos atadas, y nosotros hemos vendido a esa muerte nuestro sentido del olfato…

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