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Friederich Nietszche







miércoles, 23 de marzo de 2016

Cuando la cerveza Guinness salvo a Irlanda



Por Javier Sanz.

En 1939, al estallar la Segunda Guerra Mundial, el Primer Ministro Eamon De Valera declaró la neutralidad de Irlanda. Aquella decisión no gustó nada en Londres y provocó el enfado de Winston Churchill, en aquel momento Primer Lord del Almirantazgo. A pesar de todo, Irlanda mantenía su independencia política y nada se podía hacer desde Londres… o eso creía De Valera. 

En 1940, y ya como Primer Ministro, Churchill comienza su jugada para obligar a Irlanda a romper su neutralidad y poder utilizar los estratégicos puertos irlandeses.

Su macabro plan consistía en estrangular la economía irlandesa, con escasos recursos naturales y peligrosamente dependiente de los suministros británicos. Para ello, Churchill ordenó cortar los suministros de fertilizantes, gasolina, carbón… e incluso cereales. 

La economía irlandesa se derrumbó y el hambre comenzó a instalarse entre sus habitantes. En 1941 la situación de Irlanda era desesperada y De Valera comenzaba ya a plantearse ceder ante la pretensiones de Churchill, cuando apareció en escena Guinness. 

En marzo de 1942, en un esfuerzo por preservar el cereal para el pan, el gobierno irlandés impuso restricciones y prohibió la exportación de cerveza a Gran Bretaña. Algo que en teoría poco o nada afectaba al plan de Churchill, dio un giro de 180º cuando las tropas británicas comenzaron a protestar por la escasez de Guinness (incluso hubo disturbios callejeros). 

Por aquello de mantener la moral alta de los soldados, el gobierno británico volvió a suministrar cereal a Irlanda para que pueda mantener la exportaciones de cerveza. 

De Valera, ni tonto ni perezoso, entendió así que la Guinness era su baza para recuperar los suministros y su economía. Al poco tiempo, volvió a prohibir la exportación de cerveza alegando que no tenía suficiente carbón para seguir manteniendo la producción. Entonces los británicos tuvieron que volver a suministrarles carbón. Poco a poco, y manteniendo este patrón de intercambio, Irlanda consiguió recuperar los suministros, su economía y mantenerse neutral durante la guerra… a pesar de Churchill.

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